Seguir las
huellas que van dejando nuestras editoriales en forma
de libros y revistas es el fin cimero de esta sección,
siempre con el interés de añadir críticas
u opiniones que sustenten sino esclarezcan tales rastros.
El pensamiento
curvo, Bajo
la piel de todos, Tarde
en la ciudad y reseñas a nuevos números
de las revistas Catauro
y El Caimán Barbudo
son los primeros en dar buena cuenta de ello.
REVISTAS
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La
Revista Catauro por La ruta del esclavo
Miguel
Barnet
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La
tragedia que significó la esclavitud africana,
ha sido reconocida como el crimen mayor de la humanidad.
Cuatro siglos duró este holocausto que extrañamente
ha estado ausente de los libros de historia y de la
enseñanza escolar. Decenas de millones de hombres,
mujeres y niños fueron arrancados de sus lugares
de origen en el continente africano y llevados a América
y a las Antillas para la explotación de las
colonias y el trabajo en los campos y las casas de
los amos.
El
legado africano a las culturas del continente americano
ha sido, pues, el resultado de un largo y dramático
proceso histórico. La mayor parte de América
ha sido en gran medida construida y sostenida por
manos esclavas y sus millones de descendientes.
En
esta ocasión Catauro presenta un conjunto de
trabajos que reflejan la continuidad centenaria de
las investigaciones sobre la presencia transformada
de las culturas africanas en nuestro continente y
especialmente en Cuba. De este modo, junto con otra
serie de actividades y proyectos en proceso de realización,
damos a conocer una mínima parte de lo que
significa "La ruta del esclavo" en Cuba,
como parte del proyecto internacional auspiciado por
la UNESCO.
Como
ha expresado Federico Mayor, "[la trata del esclavo
transatlántica [
] constituyó un
choque que transformó el área geocultural
de América y el Caribe en un teatro vivo, en
el que se creó la dramaturgia del pluralismo
cultural".
Han
sido muchos los estudiosos que desde el siglo XIX
y a lo largo del XX dedicaron una parte de su fructífera
vida a la presencia africana en América, tales
como Raimundo Nina Rodrigues en Brasil, Gonzalo Aguirre
Beltrán en México, Miguel Acosta Saignes
en Venezuela, Melville J. Herskovitz en los Estados
Unidos, Nina S. de Friedemann en Colombia, Fernando
Ortiz y Lydia Cabrera en Cuba; todos con diversos
enfoques a partir de sus métodos de trabajo,
de las fuentes consultadas, de sus vivencias y de
sus propias capacidades interpretativas. Sin embargo,
lo cierto es que ellos abrieron el camino, trazaron
derroteros, plantearon nuevos problemas, auguraron
perspectivas y dieron luz a la valoración de
un gigantesco patrimonio que aún necesita ser
conocido a plenitud como parte de la cultura general
de las nuevas generaciones.
En
el caso de Cuba, una parte de los trabajos que ahora
ofrecemos también tienen una larga historia
precedente. Se remontan a las observaciones no sistematizadas
que, desde sus respectivas culturas de referencia,
hicieron múltiples viajeros y viajeras a lo
largo de la época colonial; a las visiones
normativas que aportó la literatura costumbrista;
la imagen diversa de pintores, grabadores, caricaturistas
y fotógrafos; a los hechos e interpretaciones
de los primeros historiadores y geógrafos.
Otros como José Antonio Saco, Antonio Bachiller
y Morales, José María de la Torre y
Esteban Pichardo sirvieron de seguro puente para la
magna obra de Fernando Ortiz.
Sin
embargo, esta temática no ha quedado trunca,
sino que se ha multiplicado. La semilla sembrada por
Ortiz y otros contemporáneos, como José
Luciano Franco, Rómulo Lachatañeré,
Salvador García Agüero y Emilio Roig de
Leuchsenring en la Sociedad de Estudios Afrocubanos
(1937-1946) y anteriormente en la Revista Bimestre
Cubana y Archivos del Folklore Cubano, tuvo continuidad
en el Instituto de Etnología y Folklore(1961-1973)
y en los trabajos de Argeliers León, Isaac
Barreal, Pedro Deschamps, Chapeaux, Gabino La Rosa,
Teodoro Díaz Fabelo, María del Carmen
Barcia, Rogelio Martínez Furé, entre
otros. Todo ello ha dado lugar no sólo a una
amplia bibliografía, sino a una toma de conciencia
colectiva sobre la significación de este patrimonio
como parte de la cultura nacional y continental.
Por
esta razón, hemos querido dar un avance del
amplio inventario sobre los sitios y lugares de la
memoria relacionados con "La Ruta del Esclavo",
realizado por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural
de Cuba y sus perspectivas para el trabajo de restauración
y conservación y su promoción en el
turismo.
Este
número de Catauro es un tributo a hombres y
mujeres que, frente a todas las contingencias, supieron
resistir para dejarnos una herencia cultural de valores
permanentes y forma parte de las actividades del Comité
Cubano de "La Ruta del Esclavo" no como
el recuerdo imborrable de lo que fue el drama de la
esclavitud africana, sino como perspectiva incluyente
de lo que significa una identidad asumida sin prejuicios
y con una plena conciencia de su significación
histórica.
Asimismo,
hemos incluido trabajos que revelan la presencia del
ingrediente africano en nuestro acervo cultural, de
los sistemas religiosos que aportaron una cosmovisión
del cubano y un tesoro artístico y cultural,
sin el cual Cuba no sería lo que es. Hemos
querido mostrar además que, a pesar de la violencia
y el dolor que causó la esclavitud, el diálogo
intercultural que generó hizo que aparecieran
en nuestro país y en el continente formas de
vida únicas y un imaginario que revela la poderosa
fuente nutricia de las culturas africanas, su resistencia
y su capacidad de adaptación al nuevo medio
en que se vio obligada a existir.
Insurrección,
sublevaciones, cimarronaje obligaron a ver la esclavitud
con otros ojos. Nuestra guerra de independencia contó
con la participación masiva de esclavos primero
y de la población negra liberada y sus descendientes
después. Cuba, en fin, no sería Cuba
sin el negro, como expresó elocuentemente Fernando
Ortiz.
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El
Caimán Barbudo (mayo-junio
2001)
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En
el 35 aniversario de esta revista cultural, la entrega
más reciente organiza un auto-homenaje que
reúne reflexiones de algunos de sus directores,
redactores y colaboradores de antes y ahora. Así,
ven la luz declaraciones de Jesús Díaz,
inéditas desde 1976, acerca de los orígenes
de la publicación, además de las memorias
sobre el tema vertidas por el escritor Leonardo Padura
Fuentes, entre otros vinculados al Caimán,
tal es el pintor José Luis Posada, cuyo trazo
vuelve a arropar al saurio, como en los viejos tiempos.
Plato fuerte de esta edición resulta el ensayo
Como la mala hierba (Piñera en el imaginario
cultural cubano de fin de siglo), del escritor
matancero Alberto Abreu, quien propone las coordenadas
donde la generación artística de los
80 cubanos sitúa al Virgilio insular y no menos
clásico, mientras reevalúa su actualidad
dentro de la creación plástica nacional
de ahora. El poeta y crítico Norge Espinosa
disfruta haciendo la exégesis de Chorus
perpetuus, la más reciente entrega del
colectivo Danza Abierta, en tanto revisa la poética
de su directora y coreógrafa, Marianela Boán
(sin dudas, una de las cimas del arte danzario cubano);
en tanto el crítico Abel González Melo
se acerca al teatro cubano actual con el estilete
cuestionador bien afilado en El teatro que nos
hace falta.
Textos sobre el eterno iconoclasta Robert Mapplethorpe,
el más reciente festival de rock cubano organizado
en la ciudad de Pinar del Río, algo de la novísima
poesía camagüeyana, una entrevista el
joven narrador Rogelio Riverón -premio UNEAC
de novela 2000 y mención en la edición
del concurso Casa de Las Américas 2001-, cierran
un número que además trae reseñas
de discos, libros y las habituales secciones.