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Himnos
urbanos (fragmentos)
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Morado
en la calle Obispo
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En
el bar
Lo comprendí en el bar.
Parpadeaba la luz, por eso mismo.
La luz se detenía, atravesaba la variación
Hacia la iluminación o la oscuridad.
Algo que venía de allí: por eso mismo.
Y apretar las nalgas: apresar dentro la pinga ajena
Que era enviada como el castigo/ disfrute
De la comprensión que percibía el cuerpo.
Se
podía ser todavía un poco más chica?,
Preguntaban las chicas zalameras que habitan mi culo.
No comprender desde que situación;
Era todo lo que podía decirles como un administrador
serio
Que nunca perdía las maneras, aun por la pinga
firme que exhalaba bajo
Los pliegues del pantalón.
Pero la propia aplicación a la chica ayudaba
en la respuesta.
Abandonarme
a la chica: no había que pensar en la luz.
Por favor! Pero y: por eso mismo?
Lo que no se relacionaba con la luz, o de inalcanzada
forma,
Como una comprensión para la que sólo
estaba lista
Mi fe femenina.
Hacia
lo Súbito: quizás allí: por
eso mismo.
Rápido, en lo que su lengua bajaba,
Retirar el chicle de su boca & apretar las nalgas
Que hacía comprender a su pinga la necesidad
de la simetría.
Aunque
faltaba todavía un trocito
Que me mostraba orgulloso paladeado en su lengua
Haciéndome señas hacia detrás del
mostrador.
Adonde yo debía acudir
Para obtener lo que me imploraba.
La
luz seguía parpadeando;
Aunque tuviera todo el chicle en mi boca
Y su pinga oprimiendo el fondo blando de mi culo
Como un pulpo atrapado por el bichero.
Mover los brazos como lo haría el pulpo, en la
extensión del bar.
Los presentes que miran mi acto & luego no queda
nada. Separados;
Perdidos todos en las existencias.
La comprensión de su parpadeo:
Completamiento de la Unidad desde boca- culo que generaba
Los límites de mis estados puntillosamente definidos.
Masticación & cuerpo de la penetración:
La felicidad de mis actos boca- culo
Como el ser completo que era (esa fe que me proporcionaba
la dicha. Sabía que no era, no decirlo!)
Y que la luz parpadeante me acercaba en un fervor religioso.
Oye
tú su temblor:
La transustanciación de la luz en deseo es quien
te llama.
El karateca
Como en el ejercicio del cuchillo pinchando el espacio
entre los dedos,
Empezar por el que era antes el final; pero esperar
un poco,
El tiempo en que se levanta el cuchillo en el aire.
Y Súbito; por engañarlo, hacia la incorrección:
no el espacio, el dedo.
Cuánto tiempo debía esperar (permanecer)
en la esquina?
Allí vi a la gente caminar hacia la esquina.
Cuando pasaban junto a mí, apretar las nalgas:
el contador.
Que miraban mi dedo sangrante. Lo que se marcaba porque
era.
Como mi vida. O una flema en el piso que aparentaba
una moneda.
Hacia esas relaciones. Como lo que yo aparentaba.
Que ignoraba esa manera en que se recomponían
Los fragmentos de la flema debajo de cada miradura.
El sabrosismo: como decirlo a alguno: si quieres
te la chupo.
No, no era sencillo. El tormento que vendría
de la trayectoria impecable.
Como distraerme del conocimiento: esperar en la esquina.
Volver
ahora a su casa; lo que había sido último,
En la dinámica de los recorridos por las casas;
ahora primero.
Desde una dinámica & un fin arbitrarios.
No pensar eso: volver a la casa.
Haber dejado las llaves del carro para eso: el pretexto.
Ahora vendría la recuperación. Como lo
que era necesario.
Pude regresar a pie, igualmente.
Como lo que podía ser un fragmento verosímil
de tiempo.
Aunque un poco mayor: no era fácil la decisión
de la herida en el dedo.
Él lo notó: tardaste tanto en notarlo?
; me decía.
Haberle dicho que habían robado el carro
Sin que variara el transcurrir siguiente hacia ese sentido,
Como de otra significación: el reto mayor.
Decirlo en baja voz, sin que él me oyera;
Como un cochino, esperar que se alejara.
Ni siquiera el pensamiento de regresar a pie, con las
llaves.
Déjame
quedarme aquí contigo; le pedí.
Pues si regresar atrás, como el anterior (ahora
posterior)
Deberé herir con el cuchillo mi próximo
dedo,
Hacia la prevención de la incorrección.
Déjame; le había dicho; le estoy explicando
a él, como lo que no deseo;
Pero de modo burdo & explícito, como el perdón
al mental.
Déjame; le había dicho; le estoy explicando
a él, como lo que no deseo;
Pero de modo burdo & explícito, como el perdón
al mental: la falacia Incluida en mi representación
al mental! (procedure/ function. Mi estupidez)
Ver
la película, que desde antes.
Pues el tiempo afuera, breve: la alegría momentánea.
Estaba lo del karateca, antes. & otra vez, ahora.
Pero yo sin recordar la relación: al karateca
le gustaban o no las matemáticas.
Que había notado la primera vez de salir.
Mi incorrección principal de no saber cuál
era;
Que movía el conocimiento de los miembros del
público.
La sensación de no haber estado allí.
De mi ignorancia profunda.
Nada en ellos. Como lo que sólo tiene sentido
desde el sufrimiento.
Miraba
las reacciones de los miembros del público:
- Para que preocuparse por sus matemáticas, si
mira que buen karateca es?
- Para que es tan bueno en matemáticas, si ya
es buen karateca?
Buscaba. Otros indicios.
En la atmósfera inquietante venían las
impresiones de mi desconcierto.
El
hombre de subir el volumen; lo había hecho con
el vaso en la mano.
Maniobrando con los dedos restantes.
La sensación de la oscuridad & la existencia
del sofá
Y el sutil desarrollo del pensamiento de los seres allí
Que exhalaba un entendimiento que me sobrecogía.
Aislado en mi miseria!
Salir a la calle!
Olvidado
el pensamiento de ir a la segunda casa (penúltima),
Recuperarlo ahora, desechando el del karateca:
No como efectos o coincidencias, sino en la confusión
atenazante.
Ver como el cuchillo subía a la segunda casa:
era absolutamente necesario, sí.
Como la incorrección que refugiaba en el salto
atrás del traidor:
Comprobarlo además en la refracción de
la mano en el charco
Donde la distancia (tiempo) entre las primeras visitas
(últimas)
Y su revisitación; era la mayor; permitiendo
incluso pensar
Que eran momentos separados del deseo de regresar, aislado
del pretexto,
Y no como una sola unidad.
Era perfecto: a no ser por la sangre que interrumpía
la figura en el charco.
Los que pasan & miran lo que existe.
Corre!
En
el infame departamento de ventas
La carrera del ectasy me acorraló hacia un recodo
despejado;
Instalada en mi ojo hacia fuera, dejando que se filtrara
La estúpida naturaleza urbana;
Y me azuzó: corre!
Escupió de su ojo hacia fuera: corre!
Persiguiendo mi figura en el espacio como una pinga
inquietante.
& yo bajé corriendo por la escalera circular;
&
La pinga inquietante por la rampa exterior;
Persecutora desde el borde exterior; de mayor recorrido;
Instigando la carrera del ectasy.
& en el intercambio del ojo, la carrera del ectasy
Me impulsaba al punto de intersección de ambos
bordes: la agresión a mi cabeza.
Los golpes contra el muro; no demasiado fuerte: saber
en cada instante
De la representación donde con gusto me revuelco.
& todavía te ríes!
Los exteriores miraron sin hablar
Y prosiguieron el sentido económico de sus trayectorias
(incorrección de formulación: la reiteración:
hacia el culito! Antes de que ese tipo pasara.)
El pollito boca adentro, el de la foto, de menor recorrido.
Como el espacio de su piel, que yo debía atravesar;
Por donde corría la pinga inquietante. Acercarme
a la foto (pollito).
La pinga inquietante perseguí por fuera, de recorrido
mayor;
Incluso en mis calculadas detenciones; desde el pollito
fotogénico.
Yo, ganando recorrido.
Y la música, que exultaba.
Corre!, desvíate hacia el departamento de la
música!, me azuzaba;
Como lo inusual, el deseo que aparecía de repente
Y del que tenía hartas razones para desconfiar.
Abandonar el borde interior hacia la sala de la música
(cassette).
Las caras brutales, apuradas en sus carreras económicas;
relacionando.
No como formulación, sino como el que se probaba
las medias panties allí (desde el departamento
de la música, hacia fuera);
Haberse sentado sin haber visto la pinga restregante
debajo de su silla
(la metáfora de mi vida);
Y Súbito , en la conversación con el dependiente
(calculada previamente: engañoso!), como lo inesperado;
meter la mano & atraparla con fuerza de su abajura
agazapada.
No lo soporto. Corre!
En el departamento de la música, ahora hacia
dentro;
Con la angustia del cambio; vi el cassette engañoso:
No hacia la mitad del cassette, donde los cabezales
igualaban su recorrido;
Sino recorrido(cabezal 1) menor que recorrido(cabezal
2)!
Desde el borde exterior del cabezal 2 cursaba la pinga
persecutora.
Y en lo más duro: era la canción que prefería!
Cabezal 1 deber de más rápido que cabezal
2: Corre!
No en la circunstancia de la canción de la mitad
del cassette (no la canción odiosa: para confusión
de los conductistas, já!. Redactar de otro modo.
No!: hacia mi venganza.)
O en el tautológico final de una cara, o en la
detención. Que me punzaba.
La detención!, rápido! (hacia el pollito?);
para pensar su posibilidad, desde dentro, de la posibilidad,
& luego: Corre!
Volver a la escalera; correr! El azuzante por la rampa,
por el borde exterior.
La música, ya vista; ahora fugaba. La separación
de las revoluciones en el giro.
Los siameses especulados; empezando en las cuclillas
simétricas;
Iban separándose en sus movimientos, en el trayecto:
se rompía la carne en sus caderas juntas.
Casi llegando abajo; recordarlo;
No al suelo; a la salida de la escalera.
Los siameses, desde mucho antes. Subir rápido!
Demasiado! Abajo, el hombre que bajaba (cadena/ caminar)
Además, los siameses, no en esa posición:
La alegría que me reservaba para concentrarme
en cadena/ caminar:
Cuando pensaba que él llegando abajo, como el
ciclo terminado;
Notar que en la cadena, el recorrido de plegarse &
desplegarse en su dedo
Adquiría su sentido independiente al recorrido
de sus desplazamientos,
Del de llegar abajo, cristalizado en su patrón.
No como una correspondencia con terminar de plegarse
la cadena: lo que me asustaba.
Con el deseo de que el tiempo alterara: su expresión
en el cassette;
Y de hacer que el cassette- regidor alterara cabezales,
Con la fe de igualar la cadena & el caminar en alguna
trayectoria,
De donde debía fijar los puntos. Si?
Nada.
Sin razones confiables para ninguno de los actos.
Arriba, la forma de la escalera mayor sobre mi cabeza
Me contenía en su apasionante figura de transformaciones.
Burlaba el Súbito , a quien alcé el puño
hacia arriba.
Dominado por la vulgar representación en la que
no creía.
Y además: por qué arriba? & el puño
burdo,
Como una cosa significando otra.
Como tener que correr ahora, por el dolor: no había
que correr.
Tratar de olvidarlo: regresar al departamento de ventas.
Y decirle a la mujer: perdone, podría mostrármelo
de nuevo?
En
la guagua
Evento próximo: una tipa en la guagua que me
pide un trozo de hoja.
En peores hojas le he escrito a mi amiga; me
dice.
Le he dado sólo un trozo de la hoja; en el resto:
En la guagua.
Se lo explicaba: es que tengo un trozo escrito: En
la guagua.
Sin afirmar que no tenía más que esa hoja.
La molestia de conformarme con mi explicación,
arrebatado.
Atender: miedo de que me atacara, entonces.
No atacando, pero seguramente distrayéndome para
luego atacar:
Déjame ver lo que ha escrito; pedía.
Era mi evento próximo.
Me aplicaba a él:
En
la guagua
En
la guagua; lo que significa viajar en la guagua.
Una emoción del paisaje interior: lo que ocurre
sin saber totalmente.
Como que se teclee: enter; & que por alguna razón
en que volvamos arriba;
Bajar con: enter; & distraerme un rato en las líneas
inmediatas;
Pero que cuando vayamos a buscar la de abajo, después
de haber
Subido & bajado por las líneas de esa vecindad,
Descubrir que los: enters han mandado esa línea
varias páginas debajo;
Extraviado por las otras formas de la vecindad: el rencor.
Cada uno hacia la cápsula jadeante de sus vidas.
Pensarlo antes, en la calle. Esperar para atrapar esa
guagua
Y cuando ya estaba a punto de irse, entonces correr,
alcanzarla.
Que cuando subí yo también jadeaba.
Por si alguno; yo decirle: qué pasa, entiendo
tus movimientos.
Esa manifestación de mi cuerpo físico
Para la que se volvieron las cabezas.
La imposibilidad de saber cómo era capaz;
En los extraños días que confunden mi
situación en los estados.
Mi ser pasado, allí en la esquina
De donde partía mi aventura en la guagua, perdido.
Adiós!
Ese incómodo punto de seguir conmigo.
Lo que había venido en la guagua para mí
que luego me distraía.
Aprovecharé ese aliento que no quiere cuidarme,
Pero que me refleja en el grave susurro de mi unidad
Y que me excluye de los hartos parámetros de
la vergüenza.
Me sumerjo en la cercanía del hombre que lee:
La patada en el culo más grande de la historia.
El placer de estar aquí; & los síntomas
que la yerba transforma.
Esperar el momento en que atravesemos la esquina
Del imbécil en su silla de ruedas, como un punto
sostenido.
La voluntad ajena de la muchacha que avanza hacia mí.
Ah,
claro, es que tienes que entregar la carta ahora; le
decía;
Pues si tuvieras que entregarla mañana, no lo
harías así, en ese trocito.
Ahí fue donde vino su ataque:
No, realmente debo entregarla mañana, pero
no importa que la haga así. Además, deseo
hacerlo ahora; me decía.
Horrible: el punto de mi incomprensión. Y: deseo!
Que me impulsaba para nuestra lucha:
Quitarle el papel; ahora!
Ya tengo engañado al perro. La patada más
grande en el culo viene ahora; era lo que decía.
Golpearme ella, en el culo.
Aunque lo que leía el hombre, antes.
Debí bajarme antes, hacia lo de los 5 centavos!
Ahora, correr!
Y la esquina del imbécil, extraviada detrás.
Pero conservaba el trozo de papel.
Gracias por escribir esto por mí, perra;
le grité
A la guagua en movimiento.
Y: perra, eras el evento próximo,
Que no me diste tiempo a escribirlo, já!
Nada
en eso. Revolcado en mi indigencia.
Golpearme yo en el culo, como si antes. Creerlo, por
favor!
Yo primero. & de sacrificio, proporcionar luego
la circunstancia
Para que otro lo hiciera, sin saber que elidía
a ella. Prometerlo.
Y recordarlo, luego. Por ahora
Correr al establecimiento; & pagar con cinco centavos
Que luego debería retirarle de modo exagerado
Y a cambio darle otra moneda igual.
Lo que permitía sus pensamientos.
Una explicación que debía a la guagua
Y de la que soportaba sus insultos. Luego nada.
Su dirección se indicaba hacia otros clientes.
Aplicarme
a la espera de otra guagua.
Proseguir en la condición de siervo a la que
me debía.
Más
corta, más larga
En la canción, metafísica que tiene su
manifestación
En la cinta del cassette, cuando se acaba la canción,
al voltear por la otra cara estaba aquella otra canción
que también, sólo que más corta.
Si volteaba de la corta a la larga la sorprendía
prácticamente
A instantes de empezar: llegar a la floresta & el
proxeneta en su dirección,
& golpearlo con martillo en la cabeza?(recién
llegados?). pero si volteaba de la larga a la corta,
con aquel espacio en la cinta antes de empezar, el proxeneta
esperaba el golpe. aun que se lo diera?
La floresta: una imagen del campo en la ciudad. Recién
llegados a la floresta? :
Haber corrido sin pensar el cassette, & entonces
ponerlo.
El golpe al proxeneta tampoco era una dimensión
que se aplicaba puntualmente al conjunto de los pensamientos
sobre el cassette (de él, mirarlo dentro, desear
la vida desde allí, de sus ruedas). Mas bien
de intersección nula que yo traía: Hacia
la chica, abrir el culo!
Hacia el comportamiento de perro, de dientes amarillos.
Yo detestaba los dientes amarillo, del mendigo sonreidor
que vi una vez de niño en la escalera.
Ahora debía vengarse de mí: con los dientes
amarillos, en lo que se la chupaba; & sonreírle,
burdo, penetrar el sentido de lo burdo. Alegría
de un peo suyo! Lo grotesco que me salvaba de lo correcto
que mi madre imponía, antes.
Perra, cuando termines de chupármela debes
terminar de cocinar; me golpeaba el proxeneta (já,
sin relacionar el cassette de ningún modo; al
menos. Pero más corta, más larga; sin
él saberlo: su pinga entrando & saliendo
de mi boca)
Conservar también para mí el pensamiento
del campo/ ciudad.
Cuando las otras chicas me dicen: & tú
como puedes soportarlo?
Y es que conservo para mí el pensamiento del
campo/ ciudad.
Javier Marimón (Matanzas, 1975) Tiene publicados
La muerte de Eleanor (Editora Abril, 1998), Formas
de llamar desde Los Pinos (Editorial Letras Cubanas,
2000), El gran lunes (Ediciones Vigía,
2000) y El gatico Vasia (cómo engañó
al Súbito) (Ediciones Aldabón, 2001).
Obtuvo los premios Calendario 1997, José Jacinto
Milanés 1998, Pinos Nuevos 1999 y la Beca de
Creación Prometeo de La Gaceta de Cuba 2001.
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