uno


 
   
Remolino en las aguas (Omiyiero)

Tocar las puertas del cielo
Inés María Martiatu Terry
Pepe el romano

En Omiyiero, Remolino en las aguas, Gerardo Fulleda León establece un diálogo con su personaje, ese mito de principios de los años 60, la cantante La Lupe. Este texto nos hace asistir al rito de la escritura dramática en su forma más trascendente. El autor desata la fábula y la hace crecer de una manera que parece lineal, pero que concita aquí poco a poco su propio pasado y las vivencias de aquellas noches de asombro y música.
Momentos de una posible vida de La Lupe parecen en el texto combinar con canciones de su repertorio de las épocas que no ilustran, sino que hacen avanzar la acción y forman parte esencial de la propuesta. Su infancia santiaguera, una historia de amor casi incestuosa y su relación contradictoria con lo sagrado y lo sensual.
Pero esta no es la historia de La Lupe. Hay un contrapunto con la otra. ¿La verdadera? ¿La referida? El autor no quiere una biografía, quiere una metáfora en que estén el amor, el dolor, la desesperación, la tristeza y el misterio. Quiere una metáfora en que se implica a sí mismo y su propia experiencia de La Lupe. Una historia verdadera que quizás no aparezca por ninguna parte y una referida que es la que nos ofrece.
En el Coloso de Marusi, Henry Miller se preguntaba por qué las cantantes negras cantan como cantan, qué las hace diferentes. La Lupe es de la estirpe de las Bessie Smith, las Billie Holliday y de nuestras Rita Montaner o Elena Burke. Hay una experiencia que arrastran, hay una vivencia personal que arrastran. Su expresividad enriquece los timbres siempre impuros para la formación de las tesituras convencionales. Los melismas del dolor no las dejan dar una nota exacta y él "rubato", ese jugar con el ritmo, las impulsan con una energía difícil de describir. Esa es la clave de la ritualidad que se establece con su público.
En el bolero está todo ello. En él trasciende lo que somos y queremos. No es raro que Fulleda haya seleccionado este personaje y enfatizado en su forma mas legítima la canción. Esta obra es un homenaje al bolero y a estas mujeres, sacerdotisas que ofician consigo mismas un sacrificio sin temor a desgarrarse en el tiempo.
En aquellos años ella no solo cantaba boleros, sino que incursionaba en el blues y otros géneros de fusión con la música de aquí y de allá. Repetía hasta enloquecer aquello de Fiebre. Luego se dice que ya en los Estados Unidos cantó la versión original, Fever, en un inglés maltratado y a su manera, pero que la mantuvo semanas y semanas en el hit parade.
Esa mujer-mito, vivió vertiginosamente las profecías que llevaba de su isla. Paseó el mundo y cantó boleros. Se hizo rica y poseyó casas, automóviles y abrigos de piel. También se dice que ella misma desataba el fuego en sus mansiones. La Lupe se hizo pobre, la más pobre porque perdió no solo el dinero, sino todo lo sagrado que llevaba de su Yemayá.
El remolino la llevó a la miseria, al hambre, ya no pudo ni siquiera cantar. Entró como una pesadilla en un mundo espiritual donde su sensualidad es pecado y donde su expresividad se vio amordazada por la culpa que la llevó hasta la muerte prematura.
En este monólogo musical, Fulleda no solo reivindica el reinado de una mujer a través de un género, sino también una sensibilidad, una forma de expresión que niega toda visión superficial o maniquea de lo popular, de los que quieren excusarse en una supuesta risa fácil. No saben que la alegría de una mujer como La Lupe, puede ser feroz y que su tristeza es inconsolable. Por eso La Lupe sí cantaba boleros. Por eso cantaba así, como Henry Miller no supo explicarse. Ella estaba desesperada y cantaba golpeaba con sus puños, con sus pies, con el cuerpo todo, con su voz, con toda su fuerza. Ella cantaba desesperada porque estaba tocando las puertas del cielo y nadie abría.


La actriz Trinidad Rolando interpreta a la Lupe en Remolino en las aguas

Remolino en las aguas (Omiyiero)
Monólogo de Gerardo Fulleda León


"Sentí arder y helarse todo mi cuerpo"
Fedra de Racine


Esta no es una anécdota de la vida de La Lupe, no es tan siquiera una semblanza de ella.
Es tan sólo una revisitación de un tema clásico entre nosotros, caribeños incapaces de encararlo con la solemnidad conque lo hicieran también los maestros que nos antecedieron; y asumido desde la perspectiva de una mujer polémica que, como pocas, supo imponer sus miedos, aspiraciones y su grandeza creadora. Y que, de haber pasado por situación semejante, seguro hubiera actuado así y no de otra forma. Así lo he recibido yo. El resto es… "puro teatro".

El autor


Para Lali, con la que converso, por
teléfono, en tiempo de bolero.


(Escenario vacío. Una percha con ropa, lo más un sillón y una mesita. Dos o tres botellas vacías. Fotos y cartelones de la Piaff, Rita Montaner y de la actriz que intepreta la obra).

Yiyiyi: (Entra con dos maletas, una en cada mano, cantando "Quiéreme siempre")

Quiere, quiéreme siempre/ tanto como yo a tí/ nunca, nunca me olvides/ cielo, dime que sí…/ (lo canta con la contención y mesura conque lo haría una cantante del comienzo de los años sesenta. De repente se detiene y se echa a reír con una carcajada descomunal) ¡Eso, eso! Eso puede cantarlo cualquier vendedor de mangos en una plaza. Pero yo no, yo no. ¡Yo soy yo! ¿Y quién coño soy yo? "Una loca". "Una descocada en escena" "Una impúdica" ¡Esta isla es un infierno! Y yo su demonio. (Retoma la misma canción, ahora con su estilo personal y la lleva hasta el final) ¡Tengo que ensayar! Faltan tres días, tres y orita está aquí. No puedo de la otra forma, no. Se van a reír de mí así. Seré una más (Va y se da un trago) Pero esto no es lo que quieren de mí, según él. ¿Qué entonces, a ver, qué? La cubanita que mueve las nalgas y se desarma en provocaciones eróticas en una rumbita; y no la otra, la que siente el tambor en su vientre, la que se ripia toda para endulzar su sangre. Pero… ¿Cómo es posible cantar de otro modo? Tarados, ¡Tarados y más tarados! ¿Y el mundo del compositor? ¿Y el sentimiento que narra? Sólo les importa el bell canto. Cantar es un problema físico también, aunque nadie lo crea el corazón no está sólo en el pecho. Suda en el pelo, arde en las manos y explota en el vientre. Y todo, todo el cuerpo tienen que comprometerse. (Canta: "Hoy he vuelto a estar/ por primera vez/ sola contigo/ desde aquél momento,/ en que te fuiste/ para no volver…") Pero no, el dice que así como soy voy a escandalizar al distinguido. Que en Panamá y en Santo Domingo aman las buenas cantantes y las buenas costumbres. ¿Y quiénes, carajo, llenan La Red noche tras noche, a pesar del decorado submarino ¿Marcianos? "Estudiantes, obreros y profesionales", con sus parejas. Proletariado a pulso. ¡Brrrrr! ¡Me erizo! Porque esto no hay quien lo cambie totalmente. ¡Ni a mí! Pero allí lo soy todo. Me estremezco y ellos también. Vaya, nos erizamos todos. Y el fantoche ese me viene con el cuento ahora de que así vamos a alejar a la gente de allá, que no están acostumbrados a mí, que… ¡pues que se acostumbren! No soy un papagayo. Yo soy una mujer de este tiempo. Y quiero expresarme como siento. ¡Yo soy la Yiyiyi, yo soy la Yiyiyi! No seré La Única, pero soy yo… ¡la completa! ¡Yo! (gime) ¡Estos martillazos en la cabeza! Se me revienta, toc, toc, toc, (Va a un extremo donde en un pequeño altar hay una sopera de Yemayá) ¡Ay, mi madre, virgen santa, madre de agua, conduélete de esta pobre hija tuya, no me dejes caer en la desesperación ni en la locura. Tú que fuiste la creadora de todo lo vivo, entre cielo y tierra. ¡Dueña de los océanos! ¡Apiádate de mí! Aquí está tu hija, Omiyiero, remolino en las aguas, clamándote sosiego. ¡Me ahogo! (Se quiebra de dolor. En el último instante toma las siete manillas de Yemayá y se las pone en el brazo. Poco a poco comienza a entonar un canto a Yemayá con la boca cerrada, en murmullos. Se va serenando) El es el culpable, él solo. Y que no pueda deshacerme de él. Él lleva el empresario al cabaret, él habla con el modisto, con la prensa, él quiere cambiar mi repertorio y mi imagen. ¿Y yo? ¡Pintada en la pared! La negra chocolatera que tiene que sudar, poner la voz y el sentimiento y tragarse la bilis. ¡Pues no! Que se busquen a otra porque a ese precio no voy, ni por los ochocientos dólares a la semana. ¡Dos días tan solo faltan, dos días! ¿Cuándo vendrá? ¡Este dolor de cabeza! (Va a dos o tres botellas y se empina. Están vacías) Y el ron más escaso cada día, ¿Cómo seguir ensayando así? Claro, a él lo que le importa es hacerse de dinero para sus tragos, su fuma y sus mujercitas.
Me tiene hasta aquí. Él sí, es el único con su dril cien, siempre cuidando la línea del pantalón. Y su pañuelo blanco y oloroso, sus uñas tan cuidadas y largas. Y su andar… (lo imita) Si más parece una odalisca que otra cosa.
¡Y eso vuelve loca a las mujeres de este país! Aquí todas estamos locas de remate. Si lo vieran antes del cuajo, desnudo y con esas plataformas en que anda, lo dejaban como al gallo de Morón: sin plumas y cacareando. Pero lo que tiene, es suerte. ¡Sí! en esta tierra es una suerte inmensa ser del sexo fuerte. Que parieran a ver donde metían la fortaleza. ¡Já! Y díganlo: suerte que esta idiota haya caído en sus manos: "Oye Yiyiyi, te puedo llevar a la cumbre, ya viste al intelectual aquél, tu no eres un fenómeno artístico, eres un fenómeno fenomenológico" ¡Pa´ su madre! Ni la gente fista de Santiago dice esas cosas. (Lo siguiente lo canta y arrolla con una conga oriental de fondo) ¡Ay, Santiago, Santiago de mi vida me voy a llevar conmigo tus carnavales, tus gentes, hasta la conchinchina a esconderme en un volcán! ¡Solavaya! Con el calor de esta tierra basta y sobra. Yo creo que eso fue lo que me achicharró el cerebro allá, en mi infancia. El divino, el soberbio africano. Y de eso son estos dolores de cabeza, además de este colorcito que, por cierto, no me viene tan mal. Aunque él las prefiere rubias, pelirrojas y trigueñas claras. Las prietas para criadas y putas… (Cesa de arrollar) ¡Su madre! Pues que encuentre una de esas con mi voz y mi talento. Tanga, la bailarina sicodélica, mucho tren con su cuerpo, tanto tren con su cadera y lo mueve todo como una salá caguama. Mimí, la melodiosa, todo lo canta igual, como una melcocha pegada a una dentadura postiza. ¿Dónde esconde el sentimiento? ¿En la floritura? ¿Qué quiere decir en su canto? Pero él se siente adorado, realizado, entonces se vuelve un caramelo y los ojos le brillan como…
¡Es el más malvado ángel! Hay que oírlo después cómo se jacta con los otros: "Le hice esto, le hice lo otro, la puse así y asao, nos subimos encima de la lámpara, nos lanzamos desde la azotea". ¡Alarde, alarde, alarde! Por lo visto los hombres en esta tierra no hacen las cosas para darse gusto ellos, ni para darle el gusto a una, sino para que los demás sepan que ellos sirven, que son machos, varones, masculinos. ¡Eso es lo que más disfrutan! Como aquel renacuajo que me topé una noche… (Se ríe) Me engatusó: todo un señor escaparate de tres puertas, pero… con una llavecita de cofre. Y la bulla que armaba, tuve que pararlo. "Ven acá, mi niño, donde están los espectadores para este match. Pues que yo sepa las paredes no aplauden". No levantó más ni la cabeza. (Se muere de risa y termina cantando Buchipluma no más, a la mitad de los acordes lo cambia por Bruca maniguá. Termina la canción y busca un trago: inútil) "!Un día, sólo un día falta!" ¡Y no llega! La verdad que no es su caso, digo yo, bueno él… es tremendo… ¡Sinvergüenza! Ni a mí me respetaría si le diera la oportunidad. Le encanta andar medio encuero, aquí, por la casa, pavoneándose como un rey en el exilio. Con sus muslos al aire y el pecho enmarañado, repantigado en su sillón mirando la pelota y tomándose su cerva fría. "Yiyiyi, tráeme otra fría, anda". Le daría una piedra de azufre que le queme el vientre… (Apenas lo dice audiblemente) "Sexo" (la palabra le quema la boca) ¡Madre mía! ¡Virgen santísima! ¿Qué digo? ¿Qué pienso? ¿Qué me ocurre? ¡Un trago, por Dios! ¿Quién se toma el ron en esta covacha? ¿Cómo siendo hija tuya no tengo seis meses, ese miembro viril entre las piernas? ¡Una verga enorme para taladrarle con ella las entrañas a ese! Sí, madre mía, como él hace con todas y conmigo -con mi tranquilidad, quiero decir-. Se aparece en la cocina cuando el mediodía es más excitante. Cuando una quiere tenderse a la sombra en una playa desierta. Y siento su respiración por detrás de mi oreja, jadeante, y al darle el café su mano me roza, tibia y pegajosa como un licor. Y sus ojos… "¡Ahogaría a un caballo con sus ojos!" Madre, madre mía… ¿Qué condición es esta? ¿Qué piedra de rayo amarra mi cintura? ¿Qué sed, qué sed me ahoga? (Canta Yo te soñé anoche y al terminar con esta canta Mi primer beso de amor) Él, él tiene la culpa de todo, él se cree que me tiene en sus manos porque me tuvo… ¡Ay, madre! ¡No, no, no! (Transición total) Yo no quise, yo no estaba, no fui yo. Yo estoy haciendo la primera comunión. Luego oiré la primera misa santificada. Oigo las campanas de la catedral, resuenan: dan, dan, dan. ¿No las oyes, madre? Estoy pura, pura en este traje blanco y mi velo. ¡Sí! Jamás sabré de hombre, ni de pecado alguno. Seré profesora como quiere papá: seca, fría y aburrida. Quiero acercarme a ti, virgen mía, ser uno de tus ángeles… ¿o me quieres de Satanás? ¡Hereje, hereje, hereje! (Se contiene y canta un fragmento del Ave María. Lo corta) Voy a casa de la tía, más tarde, a comer lechón y a tomar prú con pan y guayaba y a jugar con los primos a las casitas. No, no, no, no sé, lo juro. No sé quién manchó mi traje, no lo sé, madre. Mi corazón está limpio como las palmas de mis manos, como mi voz en el primer día. Perdón, madre, perdón. (Solloza convulsamente, comienza luego a cantar Señor eterno Dios) Sólo fue una vez, tú lo sabes, una vez. Bueno, realmente dos, pero basta para condenarme. ¿Basta? ¿Cómo recuperar el sueño? ¿De qué manera arrancarme su imagen de los poros? Martín Benítez Rielo, "Mereces caminar por arenas sangrientas, sin que nadie te aguarde, ni siquiera los peces, ni las piedras, ni la ciudad, ni la hierba ni…" ¿No has querido oírme, madre? Tú eres la única que puedes apartarlo de mí, tú, tú. Tú sabes en lo que incurro. Sabes que me pierdo. Que puedo irme al fondo, no del mar, sino de un pozo, el más tenebroso y fétido. Y dejaste que todo ocurriera. ¿Cómo no me borraste el sexo o que se ahogara él en el? ¡Alcahueta! ¿Cuándo comenzó esta locura? ¡Dios! ¿Cómo dejaste que engendrara en mí tal monstruosidad? ¿Qué dirán los vecinos? ¿Lo sabrán? ¿Y la familia, lo sospecha…? ¿Y mi público…? Me señalarán con el dedo, me cubrirán con su baba: "Esa, esa vive con su hijastro. (Trata de lanzar un grito y le sale ahogado. Comienza a trastabillar sin saber qué hacer, dónde esconderse o escapar) ¡Un trago, un trago aunque sea de veneno! ¿Cómo puedes abandonarme? ¿Con qué derecho me viras la espalda? No te hagas la divina desconocedora. Tú sabes lo que me ocurre. "Sentí arder y helarse todo mi cuerpo". Es más fuerte que mi aliento. Y me desoyes. ¿Me niegas? ¿Esta es una prueba? Como si a ti no te pasó lo mismo con tu hijito de crianza, el diablo rojo ese, del rayo y la tumbadora. ¿Eh? Giro y giro a su alrededor y en mis sentimientos como en un océano. No tengo donde asirme. ¿Estoy en mis cabales? Quiero sólo un poco de paz, un peñasco donde asirme. Pero no, madre mía. Aunque haya echado ese cuerpo y maldad bajo mi techo, entre mis manos… Casi somos de la misma edad. ¡En fin un hombre y una mujer! Y le he dado lo mejor de mí, sí, en todos los sentidos. Porque así fue. ¡Nadie puede decir lo contrario! Mal agradecido. Y es el vivo retrato de su padre, que en paz descanse. El hombre más hermoso de la tierra, arrogante como una ceiba. Nunca me daba tregua en la cama. ¡Cómo lo amé! Me hizo suya cuando apenas era una mujer. ¡Ah, que locura! Pero este, este es… mejor, corregido y ampliado. Su ternura es un sedante que despierta el fuego que no sabía alentaba en mí. Fue como debía ser. Lo esperaba igual que cuando truena, y llueve y caen rayos. Y los ríos se desbordan y el mar ruge borracho de su poder y quiere tragarse la tierra. (Pausa larga) Tan patón como es. Pero cuando baila, pegadito, es así, así, tan suavecito. Y ahora la Mimí esa o la Tanga quieren quitármelo, arrastrarlo lejos de mis pies. Que se lo lleven a ver si lo llenan como yo. "Sólo tenemos un jardín en el alma". Y el mío se ha secado. Estas son las últimas tormentas que paso por ti, lo juro, por esta. (Hace la señal de la cruz con los labios) Y tú vas a ayudarme, madre mía, aunque tenga que darte a comer siete carneros, no, ¡un elefante de la India con seis camellos!
Quiero escapar, quiero quedarme y huir al mismo tiempo. Estar fija como el Capitolio y móvil como la luna. ¿Caben en esta maleta todos mis recuerdos? Dejaré mis odios y frustraciones en este cuarto. ¿El tiquet del avión incluye un gran amor? ¡El gran amor! (Canta Teatro) No voy a destruir mi destino y mi carrera por alguien que solo quiere jugar conmigo un momento. Alguien que me usa como un trapo para saciar su deseo. ¿Y el mío? ¡El mío! El mundo está lleno de hombres. En cientos les he visto en la mirada la codicia de mi cuerpo, con las lenguas afuera, dispuestos a ofrendarme villas y castillas y sacarme el diablo del cuerpo (Canta Con el diablo en el cuerpo) "¡Horas, tan sólo me quedan horas!" ¿Y no va a volver? ¡Mi reino por un trago! Muerto estás, lo dicho olvidado. Martín, descansa en paz. Mi público me reclama. "Hija, eres un genio, un animal musical". Me dijo a mí, en mi propia cara, en el cuchitril ese, el cubista Picasso. ¡Ja! "Una gran creadora del arte del frenesí". Para que lo sepan todos y que ese americano barbudo sí es grande con su "viejo mar". Lo mío no es epilepsia, no lo es aunque lo diga el barrio, La Habana entera y el mundo. ¿La Piaf la tenía? Y desde el primer día que la vi, sin entender las palabras, sentí su alma y eso es lo que vale: ¡alma! Poner el alma a cantar. Yo lleno el Sans Souci, el Montmatre y Tropicana, con ella. Cuando regrese estarán a mis pies las emisoras de mierda de este país, con mis discos. La gente va a cantarme hasta para dormirse o hacer chucu chucu y yo: en la cúspide. No podré caminar por La Habana Vieja sin que los muchachos me sigan pidiéndome autógrafos. Yo no quise cambiar La Habana. La Habana cayó a mis pies. Aunque ahora haya gente a las que les molesto. Pues que se lo pierdan ¡Me voy con mi música a otra parte- (Canta Fiebre con el máximo de frenesí) ¡Ja, ja, ja! El muro del malecón será corto para los trozos de periódicos que hablarán de mí. En cada jardín del Vedado habrá un cartel con mi nombre y mi retrato colgado en las verjas. (Comienza como a posar para fotógrafos y andar como una reina mientras saluda a su público. Entona y canta Jala jala. Termina en grande como si recibiera un atronador aplauso. Poco a poco se va quedando rígida, como si todo se le trocase en una máscara. Cree oír algo) ¿Será él? ¡Qué se vaya a la porra! ¡Mentira Yiyiyi, eres la peor ilusionista del mundo! Tu voz falsa, tu triunfo falso, tu olvido falso, falso, falso. Aún quieres retenerlo Yiyiyi, a mí si no puedes engañarme. Engaña al mundo, dale la espalda a todos si eso quieres. Vete tras él como una oveja, a llenarle su bolsillo de dinero. Cántele a borrachos sentimentales y aburridos que padecen y padecerán por no estar en el horno de La Habana, pero a mí… ¡Maldita! ¡Siá cará! (Se comienza a posesionar un espíritu de ella, trata de evitarlo, pero no lo logra: se presenta su abuela) "Hum, mira, mi nieta, te aguarda un largo tramo, no puedes jugar con candela. ¡Te quemarás! ¡Mon dieu! Pero no te asustes. Mira… vas a ver mundo, mucho mundo. Tanto que tus pupilas se te desorbitarán. Te corona una ciudad grande, con otra lengua. Tu nombre llega a las estrellas: pieles, oro y todo el lujo del mundo son tuyos. ¡Más de doce mil dólares a la semana por oír tu voz! Si quieres eso y más, ma petite, reza siempre. Haz un templo de tu casa. Y pon mucha fruta en ella, por tu cuerpo y en el mar. Mucha fruta siempre y no dejes que se ponga amarga nunca. Puede ser malo para ti. Ma petite, tienes que ser tú misma. Pero si siempre te obstinas en ser tú misma, todo puede volvérsete sal y agua. ¡Oh, razona, ma petite, razona! (Se va el espíritu. Convulsiones. Y queda como sin saber qué ha ocurrido) ¿Qué pasó? (Cae en cuenta) ¡Otra vez! Vieja refunfuñona, nunca tendré sosiego. Todo el mundo quiere dominarme y no pueden, nunca podrán. Si me quedo aquí lo pierdo en mano de las otras, brujas y jóvenes. Y la envidia y la difamación acabarán conmigo. Y si me lo llevo dejaré de ser yo, para ser una cantante más buscando… (Pausa) Pero hay una solución a todo. Sencilla y limpia. La mejor (decidida busca en un bolso y saca una navaja, la abre y la contempla fascinada) Breve, tan sólo cruzando su cuello… o el mío. Y adiós problemas, adiós dolor, adiós presiones y chismes y tanta cosa inútil, adiós. (Inicia la acción para degollarse lentamente, se detiene en el último instante y mira horrorizada la navaja) ¡Qué culpa ni un carajo! Yo no soy cristiana ni un personaje de tragedia. (La lanza fuera de sí) "Me quedan minutos, minutos me quedan". Ya no viene. Ya tengo una determinación. Y la seguiré hasta el final. Yo voy a hacer mi vida. Y tú vas a ayudarme porque tienes que hacerlo. Sí, tienes que hacerlo. (Va a la sopera y comienza a regar el agua por todos lados como limpiándose y se pasa el agua por el cuello, los brazos, las piernas y la última se la derrama en la cabeza) Yo voy a ir con él a donde sea y si me pierdo lo gano y si lo gano qué importa perderme. Con astucia, con maña, con la brujería que haya debajo de la tierra, con el dinero que gane, robe o prostituya. Pero lo tengo en mi cama un día más, un mes más, una pesadilla más. ¡Quiero suicidarme para no morir! (Se escucha un ruido afuera como de puerta que se abre) Martín, Martincito, ¿eres tú, cielito? Llegó, mi madre, llegó. Espérate un momento, no entres aún, un momento nada más. (Busca algo de bebida. Al fin consigue una sobrita. Se arregla, se transforma en otra) Entra amor. (Comienza a cantar ¿Qué te pedí? en su estilo. Con toda la intensidad y el frenesí que La Lupe le imprimía a sus interpretaciones. Aprovecha el puente de la canción para decir) "Son segundos los que quedan, segundos". ¿Sabes, nene? Creo que les gusto a la gente porque hago en escena lo que a ellos les gustaría hacer pero no son lo suficientemente libres como para hacerlo. ¿Qué te parece, mi niño?
¿Gustaré o no así, allá? Esta es la que viaja, la que canta. ¡Cariño, yo soy la divinidad! (Retoma el Qué te pedí, en su segunda parte hasta el final)
Apagón

Nota: en la obra se utilizan algunos versos de Nancy Morejón con su licencia. Los títulos de las canciones a interpretar pueden ser otros del repertorio de La Lupe a gusto del director.

Estrenada por la Compañía Rita Montaner en 1996. Participó el mismo año en el Festival Internacional de Teatro de Gotemburgo. Fue incluido en el programa del Festival de Teatro de Camagüey y La Habana en 1997. En mayo del 2001 se presentó en el Festival Internacional del Monólogo de Miami. Intérprete: Trinidad Rolando. Dirección: Tony Díaz


atrás
siguiente
 
 
 

SUBIR