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Remolino
en las aguas (Omiyiero)
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Tocar
las puertas del cielo
Inés
María Martiatu Terry
En
Omiyiero, Remolino en las aguas, Gerardo Fulleda
León establece un diálogo con su personaje,
ese mito de principios de los años 60, la cantante
La Lupe. Este texto nos hace asistir al rito de la escritura
dramática en su forma más trascendente.
El autor desata la fábula y la hace crecer de
una manera que parece lineal, pero que concita aquí
poco a poco su propio pasado y las vivencias de aquellas
noches de asombro y música.
Momentos de una posible vida de La Lupe parecen en el
texto combinar con canciones de su repertorio de las
épocas que no ilustran, sino que hacen avanzar
la acción y forman parte esencial de la propuesta.
Su infancia santiaguera, una historia de amor casi incestuosa
y su relación contradictoria con lo sagrado y
lo sensual.
Pero esta no es la historia de La Lupe. Hay un contrapunto
con la otra. ¿La verdadera? ¿La referida?
El autor no quiere una biografía, quiere una
metáfora en que estén el amor, el dolor,
la desesperación, la tristeza y el misterio.
Quiere una metáfora en que se implica a sí
mismo y su propia experiencia de La Lupe. Una historia
verdadera que quizás no aparezca por ninguna
parte y una referida que es la que nos ofrece.
En el Coloso de Marusi, Henry Miller se preguntaba
por qué las cantantes negras cantan como cantan,
qué las hace diferentes. La Lupe es de la estirpe
de las Bessie Smith, las Billie Holliday y de nuestras
Rita Montaner o Elena Burke. Hay una experiencia que
arrastran, hay una vivencia personal que arrastran.
Su expresividad enriquece los timbres siempre impuros
para la formación de las tesituras convencionales.
Los melismas del dolor no las dejan dar una nota exacta
y él "rubato", ese jugar con el ritmo,
las impulsan con una energía difícil de
describir. Esa es la clave de la ritualidad que se establece
con su público.
En el bolero está todo ello. En él trasciende
lo que somos y queremos. No es raro que Fulleda haya
seleccionado este personaje y enfatizado en su forma
mas legítima la canción. Esta obra es
un homenaje al bolero y a estas mujeres, sacerdotisas
que ofician consigo mismas un sacrificio sin temor a
desgarrarse en el tiempo.
En aquellos años ella no solo cantaba boleros,
sino que incursionaba en el blues y otros géneros
de fusión con la música de aquí
y de allá. Repetía hasta enloquecer aquello
de Fiebre. Luego se dice que ya en los Estados
Unidos cantó la versión original, Fever,
en un inglés maltratado y a su manera, pero que
la mantuvo semanas y semanas en el hit parade.
Esa mujer-mito, vivió vertiginosamente las profecías
que llevaba de su isla. Paseó el mundo y cantó
boleros. Se hizo rica y poseyó casas, automóviles
y abrigos de piel. También se dice que ella misma
desataba el fuego en sus mansiones. La Lupe se hizo
pobre, la más pobre porque perdió no solo
el dinero, sino todo lo sagrado que llevaba de su Yemayá.
El remolino la llevó a la miseria, al hambre,
ya no pudo ni siquiera cantar. Entró como una
pesadilla en un mundo espiritual donde su sensualidad
es pecado y donde su expresividad se vio amordazada
por la culpa que la llevó hasta la muerte prematura.
En este monólogo musical, Fulleda no solo reivindica
el reinado de una mujer a través de un género,
sino también una sensibilidad, una forma de expresión
que niega toda visión superficial o maniquea
de lo popular, de los que quieren excusarse en una supuesta
risa fácil. No saben que la alegría de
una mujer como La Lupe, puede ser feroz y que su tristeza
es inconsolable. Por eso La Lupe sí cantaba boleros.
Por eso cantaba así, como Henry Miller no supo
explicarse. Ella estaba desesperada y cantaba golpeaba
con sus puños, con sus pies, con el cuerpo todo,
con su voz, con toda su fuerza. Ella cantaba desesperada
porque estaba tocando las puertas del cielo y nadie
abría.
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La
actriz Trinidad Rolando interpreta a la Lupe en
Remolino en las aguas
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Remolino
en las aguas (Omiyiero)
Monólogo
de Gerardo Fulleda León
"Sentí arder y helarse todo mi cuerpo"
Fedra de Racine
Esta no es una anécdota de la vida de La Lupe,
no es tan siquiera una semblanza de ella.
Es tan sólo una revisitación de un tema
clásico entre nosotros, caribeños incapaces
de encararlo con la solemnidad conque lo hicieran también
los maestros que nos antecedieron; y asumido desde la
perspectiva de una mujer polémica que, como pocas,
supo imponer sus miedos, aspiraciones y su grandeza
creadora. Y que, de haber pasado por situación
semejante, seguro hubiera actuado así y no de
otra forma. Así lo he recibido yo. El resto es
"puro teatro".
El
autor
Para Lali, con la que converso, por
teléfono, en tiempo de bolero.
(Escenario vacío. Una percha con ropa, lo más
un sillón y una mesita. Dos o tres botellas vacías.
Fotos y cartelones de la Piaff, Rita Montaner y de la
actriz que intepreta la obra).
| Yiyiyi:
(Entra con dos maletas, una en cada mano, cantando
"Quiéreme siempre") |
Quiere,
quiéreme siempre/ tanto como yo a tí/
nunca, nunca me olvides/ cielo, dime que sí
/
(lo canta con la contención y mesura
conque lo haría una cantante del comienzo
de los años sesenta. De repente se detiene
y se echa a reír con una carcajada descomunal)
¡Eso, eso! Eso puede cantarlo cualquier
vendedor de mangos en una plaza. Pero yo no,
yo no. ¡Yo soy yo! ¿Y quién
coño soy yo? "Una loca". "Una
descocada en escena" "Una impúdica"
¡Esta isla es un infierno! Y yo su demonio.
(Retoma la misma canción, ahora con
su estilo personal y la lleva hasta el final)
¡Tengo que ensayar! Faltan tres días,
tres y orita está aquí. No puedo
de la otra forma, no. Se van a reír de
mí así. Seré una más
(Va y se da un trago) Pero esto no es
lo que quieren de mí, según él.
¿Qué entonces, a ver, qué?
La cubanita que mueve las nalgas y se desarma
en provocaciones eróticas en una rumbita;
y no la otra, la que siente el tambor en su
vientre, la que se ripia toda para endulzar
su sangre. Pero
¿Cómo es
posible cantar de otro modo? Tarados, ¡Tarados
y más tarados! ¿Y el mundo del
compositor? ¿Y el sentimiento que narra?
Sólo les importa el bell canto. Cantar
es un problema físico también,
aunque nadie lo crea el corazón no está
sólo en el pecho. Suda en el pelo, arde
en las manos y explota en el vientre. Y todo,
todo el cuerpo tienen que comprometerse. (Canta:
"Hoy he vuelto a estar/ por primera vez/
sola contigo/ desde aquél momento,/ en
que te fuiste/ para no volver
")
Pero no, el dice que así como soy voy
a escandalizar al distinguido. Que en Panamá
y en Santo Domingo aman las buenas cantantes
y las buenas costumbres. ¿Y quiénes,
carajo, llenan La Red noche tras noche, a pesar
del decorado submarino ¿Marcianos? "Estudiantes,
obreros y profesionales", con sus parejas.
Proletariado a pulso. ¡Brrrrr! ¡Me
erizo! Porque esto no hay quien lo cambie totalmente.
¡Ni a mí! Pero allí lo soy
todo. Me estremezco y ellos también.
Vaya, nos erizamos todos. Y el fantoche ese
me viene con el cuento ahora de que así
vamos a alejar a la gente de allá, que
no están acostumbrados a mí, que
¡pues que se acostumbren! No soy un papagayo.
Yo soy una mujer de este tiempo. Y quiero expresarme
como siento. ¡Yo soy la Yiyiyi, yo soy
la Yiyiyi! No seré La Única, pero
soy yo
¡la completa! ¡Yo!
(gime) ¡Estos martillazos en la
cabeza! Se me revienta, toc, toc, toc, (Va
a un extremo donde en un pequeño altar
hay una sopera de Yemayá) ¡Ay,
mi madre, virgen santa, madre de agua, conduélete
de esta pobre hija tuya, no me dejes caer en
la desesperación ni en la locura. Tú
que fuiste la creadora de todo lo vivo, entre
cielo y tierra. ¡Dueña de los océanos!
¡Apiádate de mí! Aquí
está tu hija, Omiyiero, remolino en las
aguas, clamándote sosiego. ¡Me
ahogo! (Se quiebra de dolor. En el último
instante toma las siete manillas de Yemayá
y se las pone en el brazo. Poco a poco comienza
a entonar un canto a Yemayá con la boca
cerrada, en murmullos. Se va serenando)
El es el culpable, él solo. Y que no
pueda deshacerme de él. Él lleva
el empresario al cabaret, él habla con
el modisto, con la prensa, él quiere
cambiar mi repertorio y mi imagen. ¿Y
yo? ¡Pintada en la pared! La negra chocolatera
que tiene que sudar, poner la voz y el sentimiento
y tragarse la bilis. ¡Pues no! Que se
busquen a otra porque a ese precio no voy, ni
por los ochocientos dólares a la semana.
¡Dos días tan solo faltan, dos
días! ¿Cuándo vendrá?
¡Este dolor de cabeza! (Va a dos o
tres botellas y se empina. Están vacías)
Y el ron más escaso cada día,
¿Cómo seguir ensayando así?
Claro, a él lo que le importa es hacerse
de dinero para sus tragos, su fuma y sus mujercitas.
Me tiene hasta aquí. Él sí,
es el único con su dril cien, siempre
cuidando la línea del pantalón.
Y su pañuelo blanco y oloroso, sus uñas
tan cuidadas y largas. Y su andar
(lo
imita) Si más parece una odalisca
que otra cosa.
¡Y eso vuelve loca a las mujeres de este
país! Aquí todas estamos locas
de remate. Si lo vieran antes del cuajo, desnudo
y con esas plataformas en que anda, lo dejaban
como al gallo de Morón: sin plumas y
cacareando. Pero lo que tiene, es suerte. ¡Sí!
en esta tierra es una suerte inmensa ser del
sexo fuerte. Que parieran a ver donde metían
la fortaleza. ¡Já! Y díganlo:
suerte que esta idiota haya caído en
sus manos: "Oye Yiyiyi, te puedo llevar
a la cumbre, ya viste al intelectual aquél,
tu no eres un fenómeno artístico,
eres un fenómeno fenomenológico"
¡Pa´ su madre! Ni la gente fista
de Santiago dice esas cosas. (Lo siguiente
lo canta y arrolla con una conga oriental de
fondo) ¡Ay, Santiago, Santiago de
mi vida me voy a llevar conmigo tus carnavales,
tus gentes, hasta la conchinchina a esconderme
en un volcán! ¡Solavaya! Con el
calor de esta tierra basta y sobra. Yo creo
que eso fue lo que me achicharró el cerebro
allá, en mi infancia. El divino, el soberbio
africano. Y de eso son estos dolores de cabeza,
además de este colorcito que, por cierto,
no me viene tan mal. Aunque él las prefiere
rubias, pelirrojas y trigueñas claras.
Las prietas para criadas y putas
(Cesa
de arrollar) ¡Su madre! Pues que encuentre
una de esas con mi voz y mi talento. Tanga,
la bailarina sicodélica, mucho tren con
su cuerpo, tanto tren con su cadera y lo mueve
todo como una salá caguama. Mimí,
la melodiosa, todo lo canta igual, como una
melcocha pegada a una dentadura postiza. ¿Dónde
esconde el sentimiento? ¿En la floritura?
¿Qué quiere decir en su canto?
Pero él se siente adorado, realizado,
entonces se vuelve un caramelo y los ojos le
brillan como
¡Es el más malvado ángel!
Hay que oírlo después cómo
se jacta con los otros: "Le hice esto,
le hice lo otro, la puse así y asao,
nos subimos encima de la lámpara, nos
lanzamos desde la azotea". ¡Alarde,
alarde, alarde! Por lo visto los hombres en
esta tierra no hacen las cosas para darse gusto
ellos, ni para darle el gusto a una, sino para
que los demás sepan que ellos sirven,
que son machos, varones, masculinos. ¡Eso
es lo que más disfrutan! Como aquel renacuajo
que me topé una noche
(Se ríe)
Me engatusó: todo un señor escaparate
de tres puertas, pero
con una llavecita
de cofre. Y la bulla que armaba, tuve que pararlo.
"Ven acá, mi niño, donde
están los espectadores para este match.
Pues que yo sepa las paredes no aplauden".
No levantó más ni la cabeza. (Se
muere de risa y termina cantando Buchipluma
no más, a la mitad de los acordes lo
cambia por Bruca maniguá. Termina la
canción y busca un trago: inútil)
"!Un día, sólo un día
falta!" ¡Y no llega! La verdad que
no es su caso, digo yo, bueno él
es tremendo
¡Sinvergüenza!
Ni a mí me respetaría si le diera
la oportunidad. Le encanta andar medio encuero,
aquí, por la casa, pavoneándose
como un rey en el exilio. Con sus muslos al
aire y el pecho enmarañado, repantigado
en su sillón mirando la pelota y tomándose
su cerva fría. "Yiyiyi, tráeme
otra fría, anda". Le daría
una piedra de azufre que le queme el vientre
(Apenas lo dice audiblemente) "Sexo"
(la palabra le quema la boca) ¡Madre
mía! ¡Virgen santísima!
¿Qué digo? ¿Qué
pienso? ¿Qué me ocurre? ¡Un
trago, por Dios! ¿Quién se toma
el ron en esta covacha? ¿Cómo
siendo hija tuya no tengo seis meses, ese miembro
viril entre las piernas? ¡Una verga enorme
para taladrarle con ella las entrañas
a ese! Sí, madre mía, como él
hace con todas y conmigo -con mi tranquilidad,
quiero decir-. Se aparece en la cocina cuando
el mediodía es más excitante.
Cuando una quiere tenderse a la sombra en una
playa desierta. Y siento su respiración
por detrás de mi oreja, jadeante, y al
darle el café su mano me roza, tibia
y pegajosa como un licor. Y sus ojos
"¡Ahogaría
a un caballo con sus ojos!" Madre, madre
mía
¿Qué condición
es esta? ¿Qué piedra de rayo amarra
mi cintura? ¿Qué sed, qué
sed me ahoga? (Canta Yo te soñé
anoche y al terminar con esta canta Mi primer
beso de amor) Él, él tiene
la culpa de todo, él se cree que me tiene
en sus manos porque me tuvo
¡Ay,
madre! ¡No, no, no! (Transición
total) Yo no quise, yo no estaba, no fui
yo. Yo estoy haciendo la primera comunión.
Luego oiré la primera misa santificada.
Oigo las campanas de la catedral, resuenan:
dan, dan, dan. ¿No las oyes, madre? Estoy
pura, pura en este traje blanco y mi velo. ¡Sí!
Jamás sabré de hombre, ni de pecado
alguno. Seré profesora como quiere papá:
seca, fría y aburrida. Quiero acercarme
a ti, virgen mía, ser uno de tus ángeles
¿o me quieres de Satanás? ¡Hereje,
hereje, hereje! (Se contiene y canta un fragmento
del Ave María. Lo corta) Voy a casa
de la tía, más tarde, a comer
lechón y a tomar prú con pan y
guayaba y a jugar con los primos a las casitas.
No, no, no, no sé, lo juro. No sé
quién manchó mi traje, no lo sé,
madre. Mi corazón está limpio
como las palmas de mis manos, como mi voz en
el primer día. Perdón, madre,
perdón. (Solloza convulsamente, comienza
luego a cantar Señor eterno Dios)
Sólo fue una vez, tú lo sabes,
una vez. Bueno, realmente dos, pero basta para
condenarme. ¿Basta? ¿Cómo
recuperar el sueño? ¿De qué
manera arrancarme su imagen de los poros? Martín
Benítez Rielo, "Mereces caminar
por arenas sangrientas, sin que nadie te aguarde,
ni siquiera los peces, ni las piedras, ni la
ciudad, ni la hierba ni
" ¿No
has querido oírme, madre? Tú eres
la única que puedes apartarlo de mí,
tú, tú. Tú sabes en lo
que incurro. Sabes que me pierdo. Que puedo
irme al fondo, no del mar, sino de un pozo,
el más tenebroso y fétido. Y dejaste
que todo ocurriera. ¿Cómo no me
borraste el sexo o que se ahogara él
en el? ¡Alcahueta! ¿Cuándo
comenzó esta locura? ¡Dios! ¿Cómo
dejaste que engendrara en mí tal monstruosidad?
¿Qué dirán los vecinos?
¿Lo sabrán? ¿Y la familia,
lo sospecha
? ¿Y mi público
?
Me señalarán con el dedo, me cubrirán
con su baba: "Esa, esa vive con su hijastro.
(Trata de lanzar un grito y le sale ahogado.
Comienza a trastabillar sin saber qué
hacer, dónde esconderse o escapar)
¡Un trago, un trago aunque sea de veneno!
¿Cómo puedes abandonarme? ¿Con
qué derecho me viras la espalda? No te
hagas la divina desconocedora. Tú sabes
lo que me ocurre. "Sentí arder y
helarse todo mi cuerpo". Es más
fuerte que mi aliento. Y me desoyes. ¿Me
niegas? ¿Esta es una prueba? Como si
a ti no te pasó lo mismo con tu hijito
de crianza, el diablo rojo ese, del rayo y la
tumbadora. ¿Eh? Giro y giro a su alrededor
y en mis sentimientos como en un océano.
No tengo donde asirme. ¿Estoy en mis
cabales? Quiero sólo un poco de paz,
un peñasco donde asirme. Pero no, madre
mía. Aunque haya echado ese cuerpo y
maldad bajo mi techo, entre mis manos
Casi somos de la misma edad. ¡En fin un
hombre y una mujer! Y le he dado lo mejor de
mí, sí, en todos los sentidos.
Porque así fue. ¡Nadie puede decir
lo contrario! Mal agradecido. Y es el vivo retrato
de su padre, que en paz descanse. El hombre
más hermoso de la tierra, arrogante como
una ceiba. Nunca me daba tregua en la cama.
¡Cómo lo amé! Me hizo suya
cuando apenas era una mujer. ¡Ah, que
locura! Pero este, este es
mejor, corregido
y ampliado. Su ternura es un sedante que despierta
el fuego que no sabía alentaba en mí.
Fue como debía ser. Lo esperaba igual
que cuando truena, y llueve y caen rayos. Y
los ríos se desbordan y el mar ruge borracho
de su poder y quiere tragarse la tierra. (Pausa
larga) Tan patón como es. Pero cuando
baila, pegadito, es así, así,
tan suavecito. Y ahora la Mimí esa o
la Tanga quieren quitármelo, arrastrarlo
lejos de mis pies. Que se lo lleven a ver si
lo llenan como yo. "Sólo tenemos
un jardín en el alma". Y el mío
se ha secado. Estas son las últimas tormentas
que paso por ti, lo juro, por esta. (Hace
la señal de la cruz con los labios)
Y tú vas a ayudarme, madre mía,
aunque tenga que darte a comer siete carneros,
no, ¡un elefante de la India con seis
camellos!
Quiero escapar, quiero quedarme y huir al mismo
tiempo. Estar fija como el Capitolio y móvil
como la luna. ¿Caben en esta maleta todos
mis recuerdos? Dejaré mis odios y frustraciones
en este cuarto. ¿El tiquet del avión
incluye un gran amor? ¡El gran amor! (Canta
Teatro) No voy a destruir mi destino y mi
carrera por alguien que solo quiere jugar conmigo
un momento. Alguien que me usa como un trapo
para saciar su deseo. ¿Y el mío?
¡El mío! El mundo está lleno
de hombres. En cientos les he visto en la mirada
la codicia de mi cuerpo, con las lenguas afuera,
dispuestos a ofrendarme villas y castillas y
sacarme el diablo del cuerpo (Canta Con el
diablo en el cuerpo) "¡Horas,
tan sólo me quedan horas!" ¿Y
no va a volver? ¡Mi reino por un trago!
Muerto estás, lo dicho olvidado. Martín,
descansa en paz. Mi público me reclama.
"Hija, eres un genio, un animal musical".
Me dijo a mí, en mi propia cara, en el
cuchitril ese, el cubista Picasso. ¡Ja!
"Una gran creadora del arte del frenesí".
Para que lo sepan todos y que ese americano
barbudo sí es grande con su "viejo
mar". Lo mío no es epilepsia, no
lo es aunque lo diga el barrio, La Habana entera
y el mundo. ¿La Piaf la tenía?
Y desde el primer día que la vi, sin
entender las palabras, sentí su alma
y eso es lo que vale: ¡alma! Poner el
alma a cantar. Yo lleno el Sans Souci, el Montmatre
y Tropicana, con ella. Cuando regrese estarán
a mis pies las emisoras de mierda de este país,
con mis discos. La gente va a cantarme hasta
para dormirse o hacer chucu chucu y yo: en la
cúspide. No podré caminar por
La Habana Vieja sin que los muchachos me sigan
pidiéndome autógrafos. Yo no quise
cambiar La Habana. La Habana cayó a mis
pies. Aunque ahora haya gente a las que les
molesto. Pues que se lo pierdan ¡Me voy
con mi música a otra parte- (Canta
Fiebre con el máximo de frenesí)
¡Ja, ja, ja! El muro del malecón
será corto para los trozos de periódicos
que hablarán de mí. En cada jardín
del Vedado habrá un cartel con mi nombre
y mi retrato colgado en las verjas. (Comienza
como a posar para fotógrafos y andar
como una reina mientras saluda a su público.
Entona y canta Jala jala. Termina en grande
como si recibiera un atronador aplauso. Poco
a poco se va quedando rígida, como si
todo se le trocase en una máscara. Cree
oír algo) ¿Será él?
¡Qué se vaya a la porra! ¡Mentira
Yiyiyi, eres la peor ilusionista del mundo!
Tu voz falsa, tu triunfo falso, tu olvido falso,
falso, falso. Aún quieres retenerlo Yiyiyi,
a mí si no puedes engañarme. Engaña
al mundo, dale la espalda a todos si eso quieres.
Vete tras él como una oveja, a llenarle
su bolsillo de dinero. Cántele a borrachos
sentimentales y aburridos que padecen y padecerán
por no estar en el horno de La Habana, pero
a mí
¡Maldita! ¡Siá
cará! (Se comienza a posesionar un
espíritu de ella, trata de evitarlo,
pero no lo logra: se presenta su abuela)
"Hum, mira, mi nieta, te aguarda un largo
tramo, no puedes jugar con candela. ¡Te
quemarás! ¡Mon dieu! Pero no te
asustes. Mira
vas a ver mundo, mucho mundo.
Tanto que tus pupilas se te desorbitarán.
Te corona una ciudad grande, con otra lengua.
Tu nombre llega a las estrellas: pieles, oro
y todo el lujo del mundo son tuyos. ¡Más
de doce mil dólares a la semana por oír
tu voz! Si quieres eso y más, ma petite,
reza siempre. Haz un templo de tu casa. Y pon
mucha fruta en ella, por tu cuerpo y en el mar.
Mucha fruta siempre y no dejes que se ponga
amarga nunca. Puede ser malo para ti. Ma petite,
tienes que ser tú misma. Pero si siempre
te obstinas en ser tú misma, todo puede
volvérsete sal y agua. ¡Oh, razona,
ma petite, razona! (Se va el espíritu.
Convulsiones. Y queda como sin saber qué
ha ocurrido) ¿Qué pasó?
(Cae en cuenta) ¡Otra vez! Vieja
refunfuñona, nunca tendré sosiego.
Todo el mundo quiere dominarme y no pueden,
nunca podrán. Si me quedo aquí
lo pierdo en mano de las otras, brujas y jóvenes.
Y la envidia y la difamación acabarán
conmigo. Y si me lo llevo dejaré de ser
yo, para ser una cantante más buscando
(Pausa) Pero hay una solución
a todo. Sencilla y limpia. La mejor (decidida
busca en un bolso y saca una navaja, la abre
y la contempla fascinada) Breve, tan sólo
cruzando su cuello
o el mío. Y
adiós problemas, adiós dolor,
adiós presiones y chismes y tanta cosa
inútil, adiós. (Inicia la acción
para degollarse lentamente, se detiene en el
último instante y mira horrorizada la
navaja) ¡Qué culpa ni un carajo!
Yo no soy cristiana ni un personaje de tragedia.
(La lanza fuera de sí) "Me
quedan minutos, minutos me quedan". Ya
no viene. Ya tengo una determinación.
Y la seguiré hasta el final. Yo voy a
hacer mi vida. Y tú vas a ayudarme porque
tienes que hacerlo. Sí, tienes que hacerlo.
(Va a la sopera y comienza a regar el agua
por todos lados como limpiándose y se
pasa el agua por el cuello, los brazos, las
piernas y la última se la derrama en
la cabeza) Yo voy a ir con él a donde
sea y si me pierdo lo gano y si lo gano qué
importa perderme. Con astucia, con maña,
con la brujería que haya debajo de la
tierra, con el dinero que gane, robe o prostituya.
Pero lo tengo en mi cama un día más,
un mes más, una pesadilla más.
¡Quiero suicidarme para no morir! (Se
escucha un ruido afuera como de puerta que se
abre) Martín, Martincito, ¿eres
tú, cielito? Llegó, mi madre,
llegó. Espérate un momento, no
entres aún, un momento nada más.
(Busca algo de bebida. Al fin consigue una
sobrita. Se arregla, se transforma en otra)
Entra amor. (Comienza a cantar ¿Qué
te pedí? en su estilo. Con toda la intensidad
y el frenesí que La Lupe le imprimía
a sus interpretaciones. Aprovecha el puente
de la canción para decir) "Son
segundos los que quedan, segundos". ¿Sabes,
nene? Creo que les gusto a la gente porque hago
en escena lo que a ellos les gustaría
hacer pero no son lo suficientemente libres
como para hacerlo. ¿Qué te parece,
mi niño?
¿Gustaré o no así, allá?
Esta es la que viaja, la que canta. ¡Cariño,
yo soy la divinidad! (Retoma el Qué
te pedí, en su segunda parte hasta el
final)
Apagón
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Nota:
en la obra se utilizan algunos versos de Nancy Morejón
con su licencia. Los títulos de las canciones
a interpretar pueden ser otros del repertorio de La
Lupe a gusto del director.
Estrenada
por la Compañía Rita Montaner en 1996.
Participó el mismo año en el Festival
Internacional de Teatro de Gotemburgo. Fue incluido
en el programa del Festival de Teatro de Camagüey
y La Habana en 1997. En mayo del 2001 se presentó
en el Festival Internacional del Monólogo de
Miami. Intérprete: Trinidad Rolando. Dirección:
Tony Díaz
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