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"Caer
en saco roto" suele ser, en buen cubano, desentenderse
de un asunto que exige urgencia. Sin embargo, la sección
que aquí bautizamos pretende vulnerar el pacto
etimológico reuniendo las noticias, sucesos y eventualidades
de toda clase que circundan a la literatura cubana. Un
poco para que no queden reducidas a mera nota de prensa.
En este número presentamos:
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Reconocimiento
a Eugenio Florit
Yasmín
S. Portales
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Eugenio
Florit es uno de los mejores -y menos conocidos- de
los líricos cubanos del siglo XX. En cierta ocasión
dijo que tenía tres patrias: España, donde
nació el 15 de octubre de 1903 y vivió
hasta los 15 años; Cuba, tierra de su adolescencia
y primera juventud entre 1918 y 1940; y Estados Unidos,
donde residió desde la década del cuarenta
hasta su muerte en 1999, vinculado a la diplomacia primero
y a la enseñanza después. Comoquiera que
el deber de CubaLiteraria es dar a conocer los logros
de la literatura cubana de todas las épocas la
inauguración de un sitio dedicado íntegramente
al poeta era solo cuestión de tiempo.
La espera ha terminado: para el fin de semana este nuevo
vínculo dentro del portal CubaLiteraria permitirá
ganar en conocimientos sobre la producción de
este sensible poeta, ensayista, crítico literario,
traductor y maestro de generaciones. Florit, dedicado
totalmente desde la década del cuarenta a la
pedagogía en los EE.UU., no es hasta ahora que
su obra empieza a recuperarse en Cuba. Parte de este
esfuerzo lo refrenda el sitio, el cual consta de una
detallada cronología, bibliografía activa
y pasiva, fragmentos de su obra lírica y una
iconografía básica, para reconocer en
todo momento de su vida sus relaciones con la intelectualidad
de vanguardia.
Florit pertenece al legado que Cuba deja a las letras
hispanoamericanas. A partir de su primer poemario, 32
poemas breves (La Habana, 1927) y Hasta luego (versos)
1990-1992 (Miami, 1992) -último de sus libros-,
además de sus colaboraciones en la Revista de
Avance, Orígenes y en un sinnúmero de
publicaciones, nos deja un legítimo orgullo a
todos los cubanos. Aún después de su desaparición
nos ayuda a engrandecer nuestro trabajo: este nuevo
sitio es una muestra de ese justo y merecido reconocimiento.
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La
fiesta de los cuerpos
Dean
Luis Reyes
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Los
griegos ya sabían que solo hay dos grandes temas:
la muerte y el sexo. Antes de que Balzac agregase a
la lista el dinero, troyanos y aqueos se mataron por
Helena; Medea derramó la sangre de sus hijos
a causa de la traición del marido; Alonso Quijano
soportó las huesudas ancas de Rocinante y nunca
dio con su Dulcinea; Otelo mató por celos y Cyrano
se sacrificó por amor. Demasiadas pasiones idénticas
entre un milenio y otro.
Se puede ser tajante admitiendo la vigencia universal
de tales asuntos porque hasta los nórdicos (esos
témpanos de hielo de 1.90 de estatura) sienten
y padecen, cuando llega el caso, por los requiebros
que ponen a hervir la carne de los caribeños.
Y a nosotros, que tanto se nos reconoce la ascendencia
calenturienta, hasta el punto de convertirla en atributo
del folclor de estas tierras, nos sobran ejemplos de
una tradición fundada en alabar los cuerpos,
el goce sensorial de la existencia y los placeres carnales
que son culpables a su modo de esta mulatez nuestra.
Ejemplar ha sido la operatoria de los escritores cubanos
haciendo de los desórdenes del cuerpo su tema.
Imaginación y Eros han coincidido en poner a
funcionar la zona erógena más destacada
de nuestra anatomía: el cerebro. Ya la célebre
Cecilia Valdés situaba el conflicto hombre-mujer
como eje central para asomarse a las contradicciones
clasistas de una época. Así que a nadie
extrañen las sobradas evidencias que tenemos
para historiar la ruta de lo sensual en las letras cubanas.
No
otra cosa persigue Víctor Fowler Calzada en la
antología que tuvo a su cargo, titulada La
danza eterna (Letras Cubanas, 2000). Sin abrumar
con un inacabable prefacio, en las palabras introductorias
Fowler explica: "Confío en que una lectura
histórica, en el tiempo, de nuestra poesía
erótica, de algún modo contribuya a que
los cubanos sepamos más de aquello que como Nación
somos; es posible a través de estos poemas averiguar
algo de nuestras prácticas y fetiches amorosos,
pero también acerca de conflictos raciales, sumisión
femenina o intolerancia en nuestra sociedad..."
Y el volumen, que le tomara cinco años de trabajo,
viene siendo un remanente de su amplia obra ensayística
alrededor del erotismo en la literatura cubana, que
ha desembocado en dos libros imprescindibles para adentrarse
en el asunto: La maldición. Una historia
del placer como conquista y Rupturas y homenajes,
premio UNEAC este último hace pocos años.
La danza eterna reúne, asumiendo sin reservas
los peligros que entraña toda selección,
textos poéticos de 143 autores cubanos, del siglo
XVIII hasta hoy. Allí yacen disímiles
maneras de enfrentar el tema, desde la alabanza de convencido
clasicismo a los ojos, la boca y la blancura de damiselas
casi helénicas, hasta la desnudez del lenguaje,
la renuncia a los tabúes y la multiplicidad de
actitudes ante la sexualidad y el amor por el otro,
-cuando no se trata siempre de pasiones precisamente
heterosexuales. Así que la selección oscila
de la visión casi luciferina (pero deseable hasta
el pasmo) de la mulata que hizo en su tiempo Francisco
Muñoz del Monte, hasta las furtivas pero sublimes
pasiones de "Desnudo ante la ventana" o "Tan
cerca del siglo XXI", de Abilio Estévez,
pasando por aquel martiano "Mucho, señora,
te diera / por desenredar el nudo / de tu roja cabellera
/ sobre tu cuerpo desnudo" o la audacia descriptiva
de Hilarión Cabrisas o el amado imposible de
la adolescente Juana Borrero o ese muchacho "eternamente
joven en su instante" que parece decir, según
Virgilio Piñera, "Yo soy la seducción.
Vengan a adorarme" o la hermosa presunción
de Raúl Hernández Novás, pues "Debes
ser una blanca llanura tendida" o las letras estremecidas
de Carilda Oliver o el afectado recato de José
Angel Buesa o el gato copulando con la marta de Lezama
o la "Fiebre de caballos" de Damaris Calderón,
alabando a Lidia.
Pero Fowler recoge no solo la poesía canónica
sino también la profana. De ahí que los
dobles sentidos juguetones de "El pirulí"
(tema de SBS) e "Inseminación artificial"
(de Pedro Luis Ferrer) y la igual de sugerente, pero
pretérita (para que nadie considere que esto
de "vacilar" el sexo es asunto nuevo) "Quimbombó"
(el que "resbala con yuca seca") o "Como
baila Marieta", "Cuidaíto, compay gallo"
y hasta "Longina", esa ejemplar "seductora,
cual flor primaveral". En todas se cumple la sentencia
del bardo: "Yo no he dicho palabrotas. Aquí
el mal pensado es usted." Y no se olvida el antólogo
de la poesía popular, cuartetas y décimas
que, como bien reconoce Víctor, leídas
no son nada, pues la fuerza de su gracia está
en el valor agregado del que las canta, siempre a su
manera, siempre con maldad y seducción renovadas.
También
por estos días, la editorial José Martí
presentó el volumen Irreverente Eros,
calificado como libro de cuentos eróticos antologados.
Mas, hace bien su responsable, el escritor Pedro Pérez
Rivero, en renunciar a la condición de antología
para su libro. No tiene Irreverente Eros la ambición
de periodizar un fenómeno o definir los perfiles
característicos de un proceso literario, sino
el de ilustrar, en un afán descriptivo, las múltiples
formas que asume hoy entre nosotros el Eros literario,
de ahí que agrupe los textos reunidos en atención
a la opción sexual que abrazan en su premisa
argumental. Así, "Por el uno" atendería
al onanismo y la autosatisfacción del deseo,
"Por el dos" exhibe las variantes de la sexualidad
en pareja y "Por el tres", ya se sabe.
No se escapa para Pérez Rivero, y en ello se
fundan las motivaciones del volumen, que han sido los
años recientes en Cuba época de oro para
la evocación de los cuerpos y las liturgias sexuales
en todas sus variantes. Cierto es que no ha andado distante
la literatura de la isla del "destape" social
propiciado por la relajación de las costumbres,
el descrédito de no pocos prejuicios para con
el debate público de estos temas y la incineración
de unos cuantos tabúes que han permitido pasar
velozmente de la provocación al debate franco
de los rituales carnales en la Cuba de ahora. Si bien
todo ello obedece a causas más profundas y complejas,
no se obvia la función que ha jugado ventilar
tales temas en la aceptación de una realidad
más compleja y un ser humano menos previsible,
por no decir que fue determinante su papel en la cruzada
por la asunción del diferente en un entorno social
que se quería demasiado homogéneo.
Luego, echo en falta textos de gente como Jesús
David Curbelo, Anna Lidia Vega o Alberto Garrido. Pero
esto es apenas mi rasero, y tales son los riesgos de
cualquier antología (perdón: selección).
Pedro se ha decidido por dos de los cuentos premiados
en el concurso de la revista La Gaceta de Cuba, algunos
inéditos o poco conocidos y otros que desnudan
su interés por resumir la diversidad de este
tema en las letras cubanas de hoy mismo.
Aunque la explosión sea evidente, así
como el interés por estudiar e historiar el devenir
del tema erótico entre cubanos, será siempre
sustancia de la literatura esta inquietud liberadora
de los cuerpos consagrados a esa demencia de entregarse,
en la dulcísima condición original de
lo humano, sin esquivas sociales ni más miedos
que el temblor del deseo. Esa turbación digo,
en cuya cima uno apenas puede preguntarse: ¿Será
esto tocar el infinito?
(Juventud
Rebelde)

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