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Convocan
al premio Cirilo Villaverde
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El
Centro de Promoción y Desarrollo de la Literatura
Hermanos Loynaz, la Dirección Provincial de Cultura
y el Centro Provincial del Libro y la Literatura de
Pinar del Río convocan a la segunda edición
del Premio Cirilo Villaverde, como homenaje a este a
este destacado intelectual, creador de textos imprescindibles
de nuestro patrimonio letrado como Cecilia Valdés
y Excursión a Vueltabajo. El certamen
se rige por las siguientes bases:
- Podrán participar todos los escritores cubanos,
con obra originales e inéditas, escritas en español
y que no estén sujetas a compromiso editorial
en Cuba o fuera de ella, ni pendientes de fallo en otro
concurso hispanoamericano.
- Las obras se presentarán por triplicado, en
cuartillas de autor, a dos espacios y foliadas, y deberán
identificarse con lema o seudónimo. En sobre
aparte se consignarán los datos del participante
y una síntesis biobibliográfica.
- Se aceptarán libros cuya extensión esté
comprendida entre las 100 y 200 cuartillas, en los géneros
de novela, testimonio y cuento (conjunto de relatos).
-El plazo de admisión vence el 31 de diciembre
de 2001. Los trabajos deberán remitirse a: Centro
Hermanos Loynaz, calle Virtudes no. 149, Pinar del Río,
CP 20100. Teléf.: 4754 (sede provisional); Centro
Provincial del Libro: calle Gerardo Medina no. 21, entre
Martí y Máximo Gómez, Pinar del
Río. Teléf.: 4769 y 2955; o Centro Nacional
de Promoción Literaria (Instituto Cubano del
Libro): Palacio del Segundo Cabo, O´Reilly no.
4, esq. a Tacón, Habana Vieja, Ciudad de La Habana,
Telef.: 615941.
-Se entregará un premio único de 5000
pesos (M.N.) y la publicación de la obra Ediciones
Hnos. Loynaz, y el pago del derecho de autor según
la ley vigente en el país.
- La premiación tendrá lugar en febrero
de 2002, durante la XXII Feria Provincial del Libro
de Pinar del Río.
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Cecilia
Valdés: la novela y la eternidad
Boris Leonardo Caro
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En
un lugar extraviado dentro del laberinto de calles y
panteones que conforman el Cementerio de Colón,
descansa Cecilia Valdés. Al menos así
lo asegura la inscripción fijada en el centro
de una desvencijada cruz, penosa sobreviviente del paso
implacable del tiempo. Al visitante puede quedarle la
duda de si es auténtica esta Cecilia; si no será
una de las tantas reliquias apócrifas que merodean,
como aves rapaces, a los mitos creados por la literatura.
Quizás nunca sepamos la verdad de su muerte;
la de su vida, con sólo sumergirnos en las páginas
de la obra escrita por Villaverde hace más de
un siglo, aparecerá ante nosotros. Sin embargo,
tampoco es del todo sencilla la historia literaria de
Cecilia Valdés. Intrincados caminos hubo de andar
antes de llegar a ser el texto conocido hoy.
Después de haber publicado algunas noveletas
en la Miscelánea de útil y agradable recreo,
Cirilo Villaverde, cumplidos los veintisiete años,
comenzó a escribir la más célebre
de sus obras. La idea provenía de su amigo don
Manuel Portillo, interesado en un artículo de
costumbres cuyo tema fuese el de las antiguas ferias
del ángel, celebradas cada 24 de octubre en conmemoración
de San Rafael.
La primera de las versiones de Cecilia salió
a la luz en La Siempreviva, el año de 1839. Los
redactores de esa publicación advertían
entonces: "Cuando publicamos el primer capítulo
de esta interesante novela en nuestra Siempreviva, olvídasenos
advertir a los lectores que, siendo una obra extensa
que piensa publicar su autor por separado, no podíamos
ofrecerles más que el boceto de ella, para que
juzgasen de su mérito. Ahora, aunque tarde, lo
hacemos e incluimos otro capítulo, que encierra
en sus breves páginas, casi todo el argumento
de la novela. Bien pronto verá la luz pública,
entonces podrán satisfacer su curiosidad aquellos
a quienes haya podido interesar su lectura... ".
Más tarde, Cuba Intelectual reproduciría
literalmente, bajo el título de La primitiva
Cecilia Valdés, los fragmentos aparecidos
en La Siempreviva.Efectivamente, el primer tomo de la
novela fue editado en la Imprenta Literaria de Don Lino
Valdés a mediados de aquel mismo año.
Villaverde siguió trabajando con ímpetu,
pero poco tiempo después se trasladó de
La Habana, donde vivía desde 1823, a Matanzas
para impartir clases en el colegio La Empresa. Allí
interrumpió la composición de Cecilia
y comenzó a escribir La joven de la flecha
de oro, concluida en 1841.
Del apacible oficio de novelista, Villaverde pasó
a vivir en carne propia los peligros sobre los cuales
probablemente hubiera leído en algún libro.
Acusado de conspiración por el gobierno español,
fue condenado a diez años de cárcel, mas,
pronto escaparía escondido en la bodega de una
goleta hacia los Estados Unidos. De regreso en La Habana,
en el año 1858, quiso refundir la novela y llevarla
hasta el final. "Había trazado el nuevo
plan hasta sus más menudos detalles", explica
Villaverde en la edición definitiva "escrito
la advertencia y procedía al desarrollo de la
acción cuando tuve de nuevo que abandonar la
patria". Por segunda vez, las agitaciones políticas
lo obligan a emigrar a los Estados Unidos. Es allí
donde puede terminar, finalmente, el segundo tomo de
Cecilia y darla a imprenta, cuarenta y tres años
después de haberla empezado. "Con esta manera
de componer obras de imaginación no es fácil
mantener constante el interés de la narrativa,
ni siempre animada y unida la acción, ni el estilo
parejo y natural, ni el tono templado y sostenido que
exigen las producciones del género novelesco",
admite Villaverde en el prólogo. "Hace más
de treinta años que no leo novela ninguna, siendo
Walter Scott y Manzoni los únicos modelos que
he podido seguir al trazar los variados cuadros de Cecilia
Valdés".
El 20 de octubre de 1894, murió Cirilo Villaverde
en Nueva York. Su obra cumbre ha sido considerada por
los estudiosos como la mejor novela costumbrista de
la literatura cubana.Al margen de toda fama, Cecilia
Valdés, la mulata hermosa que provocara las más
encendidas pasiones, reposa hoy en un ruinoso sepulcro
de la más grande necrópolis de la ciudad.
Un extraño fascinación invade, sin embargo,
a los que hasta allí llegan. Atraídos
por la leyenda, reviven de cierta forma el espíritu
de Cecilia, eternizado en las páginas de una
novela.
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Homenaje
a Serafina Núñez
Yasmín S. Portales
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En
la tarde de este jueves 4 de octubre se realizó,
en la Galeria Raúl Martínez del Instituto
Cubano del Libro, un homenaje a la poetisa Serafina
Núñez por su 88 cumpleaños.
En el encuentro hicieron uso de la palabra Basilia Papastamatíu,
por el I.C.L., el poeta César López, Premio
Nacional de Literatura, y Ramón Gaiza, historiador
de Marianao, ambos amigos de la autora de Rosa de mi
mansedumbre.César López, en sus sentidas
palabras, evocó el tiempo en que conoció
la obra de la laureada escritora. Destacó cómo
en los siglos XIX y XX, talentosas cubanas han puesto
muy en alto la poesía escrita por mujeres en
la isla.
Ramón Gaiza, por su parte, puso de manifiesto
la ternura y sensibilidad que siguen acompañando
a Serafina en sus relaciones personales, trato que no
han erosionado la edad ni el lauro.
La ceremonia culminó con la proyección
de dos videos: el testimonio de la presentación
de Penélope, una colección de poemas de
amor de Serafina Núñez musicalizados por
jóvenes creadores cubanos, y un documental-entrevista
a la escritora.
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Entregados en Santa Clara Los Premios
Literarios Fundación de la Ciudad
Alexis Castañeda Pérez
de Alejo
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El
pasado día 15 fueron entregados en Santa Clara
los Premios Literarios Fundación de la Ciudad,
que en esta XIII edición convocó los géneros
de poesía, literatura para niños y ensayo.
Un jurado integrado por Guillermo Rodríguez Rivera,
Bladimir Zamora y Carmen Sotolongo decidió entregar
el premio en poesía al libro El signo del
azar de Arístides Vega Chapú; a su
vez el jurado de literatura para niños: Omar
Felipe Mauri, Yamil Díaz y María Elvira
Fernández, seleccionaron como mejor al texto
Soñar el mar, también de Arístides
Vega Chapú y en ensayo el ganador resultó
El puño sabio. Apuntes para un estudio de
la obra plástica de Samuel Feijóo
de Roberto Avalos Machado, el jurado en este género
lo integraron Maggy Mateo, Omar Valiño y Misael
Moya.
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Homenaje a la fecundidad y al tiempo
Boris
Leonardo Caro
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"Con
desesperación viola cada día los secretos
de la piedra y el metal, pinta con la creencia de que
la vida será corta y es necesario ser fecundo",
así escribió una vez José Lezama
Lima refiriéndose al grabador Antonio Canet.
Ni tiempo ni inspiración le han faltado a este
hombre, dedicado desde los 14 años a descifrar
el lenguaje de las líneas y los colores.
Este viernes 19 de octubre, la galería Raúl
Martínez inauguró una muestra de su obra.
El director de la Editorial Letras Cubanas, Daniel García,
leyó las palabras de presentación.
Mientras, Canet, meditabundo, quizás reproducía
en su mente de pintor las imágenes de cada uno
de los hechos que se iban relatando: sus inicios en
el grabado, allá en el remoto 1959, la fundación
de Taller experimental de Gráfica de La Habana,
las exposiciones en Europa, México, Chile...
Durante diez años estuvo trabajando en las ilustraciones
de una edición de Cecilia Valdés que saldría
finalmente en 1985. Más de doscientas piezas
brotaron entonces de las maderas talladas por sus manos.
Ahora dirige, desde su antiquísima casa en Regla,
un Proyecto que lleva su nombre. Entre otras objetivos
tiene el de rescatar el grabado en madera y crear las
Ediciones Buril.
En 1978, el escritor Virgilio Piñera le dedicó
estos versos:
Oda
al pintor
"¡Que la cuaresma levante la polvareda
celeste!
¡Que las cenizas protejan tus cuadros y tus
bosquejos!
¡Que paren aquellos cantos que llevan luz a
tu aurora!
¡Y que demuestran que tu alma no es más
que la de otro Goya!"
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Un artista debe tener lucidez para
entender su obra, no traicionarla y resistir
Cesar
Güemes
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Nueve
años en los bajos de la biblioteca municipal
de Marianao, empaquetando revistas, sin posibilidad
de recibir llamadas telefónicas y mucho menos
de publicar, no acabaron con la vena creativa de Antón
Arrufat. Al contrario, la carrera literaria que había
empezado con poemarios como En claro, Repaso
final o Escrito en las puertas, y piezas
dramáticas como Teatro y Todos los
domingos, continuaría después de que
fue sometido a un proceso de ''rehabilitación''
luego de dar a conocer en 1968 su obra Los siete
contra Tebas, que al mismo tiempo le ganó
un premio nunca recibido y la exclusión de la
cultura de su natal Cuba. Al despuntar los años
ochenta, con varios libros inéditos, salió
a la superficie literaria y llegaría, el pasado
año 2000, a recibir el Premio Nacional de Literatura.
Está de paso en México para presentar
hoy su nueva novela, La noche del aguafiestas (Alfaguara),
durante un encuentro que sostendrá con Lisandro
Otero y Rafael Rojas en la Casa Refugio Citlaltépetl
(Citlaltépetl 25, colonia Condesa), a las 19:30
horas.
Escribir
hablando
-
Si dijéramos que La noche... es una novela
llena de palabras, ¿estarías de acuerdo?
-
Claro, ese concepto se relaciona con haberme dedicado
también a la poesía, porque los poetas
mantenemos una obsesión por las palabras y su
misterio. Es una forma de comunicación, la del
lenguaje, al mismo tiempo lógica y oscura. Luego,
he creído que la palabra es una forma de la conciencia,
es decir, entendemos nuestros amores y fobias cuando
escribimos, y de ahí que escribir sea una forma
de lucidez.
-
Aunque tu prosa se lee con rapidez, la escritura debió
resultarte muy pausada.
-
Escribo muy lentamente, es verdad. Nunca trabajo más
de una página al día y siempre directamente
a la máquina mecánica, de pie. Paseo por
mi casa y me voy diciendo lo que voy a escribir. Quizá
por eso la novela se lea rápido, porque en realidad
viene de esta técnica de escribir hablando, así
como hay otros que lo hacen en silencio, sentados y
con gran facilidad. Reynaldo Arenas, de quien fui gran
amigo, era capaz de hacer un cuento de 30 cuartillas
en dos noches. Para mí eso es imposible. Yo en
dos mañanas avanzo un par de páginas.
Y no quiero decir que la espontaneidad me sea desconocida,
porque la ejerzo en la poesía: los poemas me
salen con enorme energía y los escribosiempre
a mano, sobre una tabla y con un lápiz. Creo
que hay una buena comunicación entre la sangre
y el grafito, en cambio la pantalla luminosa de un ordenador
me genera distancia y me oscurece el espíritu.
-
Ahora que obtuviste el Premio Nacional de Literatura
hubo en el medio literario opiniones encontradas. No
faltaron voces señalando que en Cuba te habían
levantado el castigo. ¿Es cierto esto?
-
Es real en cuanto a metáfora, pero no en cuanto
a mi vida y la experiencia que tuve. El castigo se había
levantado hacía ya varios años. Salí
del almacén de la biblioteca donde estuve nueve
años, en cierto sentido confinado, realizando
un trabajo muy poco intelectual. Pero ya en los años
ochenta las cosas empezaron a cambiar. Volví
a publicar en revistas, di a conocer una novela que
hice justo en los sótanos de la biblioteca y
recibí invitaciones para viajar. El que se me
haya otorgado el premio nacional no sólo es un
reconocimiento para mi obra completa, también
es la cumbre de una ''rehabilitación'' que empezó
muchos años antes. En un país socialista
no se hacen las cosas de pronto, hay un proceso gradual
para los cambios. Fue indispensable acostumbrar a muchas
personas que me veían como un enemigo del Estado
a que pensaran que no lo era. Fue necesario educar a
muchos funcionarios para hacerlos entender que iba a
dejar de ser esa especie de enemigo social. Así
es, hablando mal y pronto, el modo en que se ''rehabilita''
a un escritor en Cuba.
-
¿Todo provenía realmente de tu obra Los
siete contra Tebas?
-
Así es. Mandé la obra a un certamen y
luego de ganarlo obtuve la exclusión de la cultura
cubana. La obra se editó aunque se decidió
no venderla y ahí empezaron los problemas. En
realidad el premio, consistente en un viaje a Hungría
y en un monto económico, fue un beneficio que
jamás recibí porque se pensó que
la obra no era aceptable por las instituciones. Y también
sucede que no fui la única persona marginada:
luego del llamado Congreso de Educación y Cultura,
efectuado en los años setenta, se decidió
que las personas homosexuales y los practicantes religiosos
no podían formar parte de la cultura. Así
que el actor, el músico y el pintor debían
ser ejemplares de cierto modo. La homosexualidad se
consideraba dentro de Cuba como un problema ideológico
y resultaba inconcebible que un bailarín o un
escritor tuvieran esa preferencia sexual y el público
lo supiera. Pues eso terminó al cabo de unos
años: los pintores, bailarines, músicos
y escritores que habían sido separados de su
trabajo regresaron. Finalmente el público estaba
muy acostumbrado a verlos dentro y fuera del ámbito
cultural y le importaba muy poco que fueran lo que fueran,
pero la moral pasajera de un gobierno es capaz de hacer
muchas cosas como ésa. Lo curioso es que una
revolución que aspiraba a una nueva moral reprodujera
morales tan viejas como la represión a las personas
distintas.
-
Hoy vemos que no te afectó de ningún modo
ese periodo de exclusión. En La noche del
aguafiestas estás entero e incluso fortalecido.
-
Eso indica que acepté el estado de cosas sin
resentimientos y sin remordimientos. Siempre he creído
que las relaciones entre un artista y el Estado, cualquiera
que sea, no son fáciles. Ya sabemos que el artista
tiene a un funcionario que lo proteja o está
solo. Las relaciones entre el poder y el individuo creador,
lo mismo que si es un científico o filósofo,
pueden ser hasta peligrosas. Hay periodos en que esa
relación se hace muy transparente y hasta benéfica,
pero hay otros en que se vuelve adversa para el creador,
nunca para el poderoso. Lo que un artista debe hacer
es resistir, tanto en el lapso del beneficio como en
el de la distancia. Es preciso tener cuidado en ambos
casos, porque hay beneficios que dañan tanto
como las distancias. Un artista requiere de cierta lucidez
para entender el sentido de su obra, no traicionarlo
y resistir. Si en vida no pasa, pasará después.
Y su obra ocupará el lugar que se merece, si
es que se merece algún lugar.

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