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Nuestra sección de reseñas literarias contiene hoy un acercamiento a la poesía de amor de Nicolás Guillén, editada este año bajo el cuidado y selección de Ángel Augier.

Nicolás Guillén en su eterna primavera
Roberto Zurbano Torres

No es un secreto para nadie que Nicolás Guillén es uno de los grandes autores de las letras cubanas cuyo reconocimiento internacional -por encima de premios más y menos importantes, más y menos publicitados- le convierten en una de las figuras más importantes de la lengua española. En uno de los libros más exclusivistas de los últimos años, El canon occidental, de Harold Bloom, el nombre de Guillén aparece como uno de los pocos marginados del mundo que han atravesado la puerta de la gran literatura.
Entre nosotros los cubanos huelga decir que es Nicolás uno de los escritores más reconocidos por el público lector y no lector; es decir, la gente es capaz de reconocer su rostro y su voz, y hasta de repetir sus versos, a veces sin saber quién es el autor, lo cual quiere decir que ya muchos de estos versos han pasado a la memoria del pueblo que, -como pedía Machado- es una de las finalidades del poeta. Para cualquier cubano, desde niño, los versos de Guillén se tornan familiares y hasta llegamos a aprendernos algunos poemas, seguramente alguno de los motivos de son, cierto madrigal, los más osados llegamos hasta alguna elegía, y por supuesto, sus poemas de amor: claros, sentidos y de una capacidad de seducción tan orgánica, de tal encantamiento y musicalidad en las palabras que no resulta difícil aprenderse estos poemas, que están escritos no para ser pensados, sino para ser compartidos, dichos en alta voz, exclamados a alguien con cierta urgencia y descaro.
Sí, la poesía de Nicolás Guillen es una de las más osadas de la lengua, piénsese en la publicación de Motivos de Son y las sucesivas polémicas sobre su militancia negrista, comunista, caribeña y latinoamericanista. Es decir, Nicolás entra al canon de las letras cubanas de manera escandalosa; por una u otra razón su vida y su obra casi siempre serán carne de largas polémicas. Su obra periodística expresa las controversias epocales de las que fue protagonista y testigo. Mas, en el caso de sus poemas, pueden hallarse muchos manifiestos líricos-sociales que más de un estudioso ha tenido en cuenta. Algunos de estos poemas -manifiestos como El apellido o Tengo, por citar solo dos, explican por sí mismos una filosofía y una poética y hoy forman parte de los textos que explican los valores de una cultura y de una sociedad como las nuestras.
No creo que suceda lo mismo con los poemas de amor o sobre el amor escritos por Guillén a través de toda su carrera. Ya señalaba Luisa Campuzano en 1988 que: "Esta singular corriente de su poesía, muchas veces sumergida, muchas veces ahogada por la voz más urgente de los temas mayores de su canto, cobraba una nueva dimensión."
Sin embargo, este juicio me hace pensar en la significativa saturación política que sufrió la recepción de la poesía de Nicolás Guillén desde finales de los sesenta y hasta la mitad de la década del ochenta. Se hizo entonces una lectura parcializada de su obra, fenómeno del cual la poesía de Guillén pocas veces ha escapado -recordemos las lecturas exacerbadamente negristas de su obra, por ejemplo y la incapacidad de nuestros mejores críticos para entender el alcance universal de un gran poeta desde cualquiera de sus zonas temáticas y estilísticas. En ese documento imprescindible de nuestra historia lírica que es Lo cubano en la poesía, de Cintio Vitier, este autor desliza la siguiente frase: "Frente a un racismo, otro.", visión que nos llevaría a un análisis que ahora no viene al caso, pero que expresa la imposibilidad crítica de asumir la totalidad de la obra de Guillén como una poética descentrada de visiones puristas, colonizadas y/o teleológicas.
El tema del amor en Guillén -también uno de sus grandes temas- ha sufrido igualmente cierta resistencia crítica. Se aceptan aquellos poemas más líricos, más castizos y muy pocas veces asistimos a la amplitud con que nuestro poeta revela el universo amoroso en sus versos. Me gustaría afirmar que en todos los libros de Nicolás he hallado poemas de amor y sobre el amor. Reconozco también que en términos editoriales no fue hasta 1964 que Fayad Jamís le publicó en su bella colección Cuadernos La Tertulia Poemas de amor, que recogía 24 textos conocidos e inéditos escritos en toda su carrera. En 1975 apareció El corazón con que vivo, edición a la que se sumaron 16 textos más. No resulta inútil explicarnos por qué en estas y otras antologías de la poesía amorosa de Guillén publicadas en Cuba y en el extranjero aparecen y no aparecen ciertos poemas de amor. Por ejemplo, en la célebre antología Poesías de amor hispanoamericanas de Mario Benedetti, aparece el título Mi chiquita de Motivos de son. No tengo que decir que para muchos críticos la elección de este poema resulta un desacierto o una herejía, pero el gesto de Benedetti me parece revelador a la hora de explicar la poética de un autor como Guillén.
Ya en 1974 Nancy Morejón advertía en su brillante prólogo a la Valoración Múltiple de Nicolás Guillén que desde Motivos de son hay "un nuevo tratamiento del eros". Y aquí me gustaría entrar a señalar en la poética amorosa de Guillén la diversidad de asuntos que él va tocando. El eros, la mujer, la raza, la sensualidad y otras carnalidades, junto a la pacatería burguesa nacida de la mojigatería cristiana y la doblez moral republicana. Sigue diciendo Nancy Morejón.

"en los madrigales Guillén enfrenta la batalla estética del hombre negro por recuperar su belleza, adulterada y relegada por el sistema. La mujer es el medio más idóneo para llevar a cabo ese reconocimiento estético, que tiene una inmensa carga ideológica. El pensamiento revolucionario se sirve del tema erótico para cumplirse"

He insistido entonces en la selección de unos y otros poemas de corte amoroso, porque pueden hallarse en algunas de estas selecciones de manera consciente o inconsciente una operación metodológica que desproblematiza el tratamiento del eros, del amor y de la sexualidad en Nicolás Guillén, despojándola de sus valores más revolucionarios, dicho en términos ontológicos y sociales. Y en este sentido creo que la edición de Poemas de amor de Nicolás Guillén de la Editorial Unión, prologada y antologada por Angel Augier, es quizás la mejor edición de sus textos de y sobre el amor. En su lectura asistimos a un recorrido por la obra poética guilleneana en su totalidad, asuntos y estilos diversos aquí se juntan, como debe ser. Sólo lamento la ausencia de dos poemas que me aprendí a los doce años y, a mi juicio, al menos uno de ellos resulta imprescindible para entender la poética toda de nuestro Nicolás. El primero es A veces, ese poemita que no se apena de ser cursi para llegar a la amada, y el segundo es otro de los poemas manifiestos de Guillén: Digo que no soy un hombre puro, un intenso poema devastador y altisonante, que aun los adolescentes dicen en alta voz.
Hace poco volví a escuchar un fragmento de este poema en una fiesta de graduación universitaria, de la Facultad de Derecho, para más señas, y me sorprendió otra vez la honesta dureza del poema y la identificación de una nueva generación de lectores con la obra de Nicolás. También hubiera incluido un dulce texto como Nancy y algunos más, pero entiendo que cada generación hace su lectura, su selección, sus exclusiones.
En algún sitio de la primavera es el texto con que cierra este libro. Escrito en abril de 1966, no aparece públicamente hasta 1992; desde entonces, se ha publicado cuatro veces en Cuba y ha sido minuciosamente estudiado por Keith Ellis, quien le compara con Los versos del Capitán, de Pablo Neruda, por las similitudes de las situaciones que dan origen a ambos textos: "El secreto de esta obra es así un aspecto importante de su significación", nos advierte Ellis sobre el poema escrito y publicado en Cuba -aunque en una reedición super reducida- en 1966. Este es uno de los grandes textos amorosos de Guillén; es el poema del abandono y de la permanencia del amor después de la Muerte, ese otro gran tema de Nicolás. Un estudio más reciente corresponde al joven investigador cubano Alexander Pérez Heredia, quien en la última edición del Anuario del Instituto de Literatura y Lingüística, nos ofrece una reveladora carta que en mayo de 1966 el traductor checo Lumir Civrny envía a Nicolás dándole noticias de la traducción del texto, que entonces llevaba otro título.
La publicación de esta antología en las puertas del siglo XXI y del centenario del natalicio de este autor, nos ofrece a un Guillén dialogante, aun con las nuevas formas de escritura y de lectura que tienen lugar en la actual dinámica literaria cubana. Si la prosa narrativa ha ido alcanzando un lugar preferido por el mercado, y las antologías de ocasión, que versan sobre el cuerpo y las mil formas de eros, este libro de poesía recupera un lugar quizás marginado por las modas temáticas, estilísticas e ideológicas que desde los finales del siglo pasado intentan desplazar a la poesía de su lugar íntimo y espacioso, profetizando un largo verano a las formas narrativas, olvidando quizás que la gran poesía, es decir, la gran literatura, siempre tendrá su lugar en algún sitio de la primavera.


Notas

(1) Campuzano, Luisa: Cortés, cordial, feliz, fatal. Notas sobre la poesía erótica de Nicolás Guillén" en Revista de Literatura Cubana, número 11, (incluye las Actas del Coloquio Internacional sobre la obra de Nicolás Guillén realizado en la Universidad de Burdeos en septiembre de 1987); año VI, julio-diciembre de 1988, p. 226.
(2) Vitier, Cintio: Lo cubano en la poesía, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1970, p. 424.
(3) Morejón, Nancy: "Prólogo" en Recopilación de textos sobre Nicolás Guillén. Serie Valoración múltiple, Casa de las Américas, 1974, p. 16.
(4) Augier, Angel: "Introducción" a Poemas de amor de Nicolás Guillén, Ediciones UNION, La Habana, 2001, p.12.
(5) Ellis, Keith: "Amor y revolución permanente: Nueva poesía de amor de Nicolás Guillén" en Nueva poesía de amor de Nicolás Guillén. Edición bilingüe traducida y comentada por Keith Ellis, universidad de Toronto Press, Canadá, 1994.
(6) Pérez Heredia, Alexander. "Sitio de primavera en la poesía de Nicolás Guillén" en Anuario L/L números 29-30 (serie Estudios literarios 15/16). Instituto de Literatura y Lingüística de Cuba, 2001, p. 104.

 
 
 

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