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Espacios,
silencios y los sentidos de la libertad. Cuba
entre 1878 y 1912
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Fernando
Martínez Heredia
Rebecca J. Scott
Orlando F. García Martínez
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Hace
apenas dos semanas era presentado en La Habana un libro
de historia que propone un serie de replanteos, especulaciones,
recuperaciones y aportes al discurso historiográfico
de Cuba. Espacios, silencios y los sentidos de la
libertad. Cuba entre 1878 y 1912 es el resultado
de un largo y sostenido trabajo de la comunidad de historiadores
de la provincia de Cienfuegos y en general de las provincias
centrales de Cuba, rectoreado por la Universidad Central
de Las Villas y con el impulso de la profesora norteamericana
Rebecca Scott, estudiosa de los temas de la esclavitud
y la raza.
Años de acercamientos y estudios conjuntos derivó
en la celebración de un Taller de Historia celebrado
entre el 5 y el 7 de marzo de 1998 con investigadores
que, trabajando sobre las fuentes documentales existentes
en archivos cubanos y extranjeros, abordaran este período
cenital para la configuración de la nación
cubana y permitieran la confluencia de distintos ángulos
de análisis y maneras de enfrentar un período
complejo y polémico de nuestra historia.
Los textos presentados a ese encuentro acaban de ver
la luz en este volumen, editado por la Colección
Clío de Ediciones Unión, con la colaboración
de la Universidad de Michigan y el apoyo del Rockefeller
Center for Latin American Studies de la Universidad
de Harvard, la John D. And Catherine T. Mac Arthur Foundation,
la Reynolds Foundation y el Cuban Regional Archives
Project.
Durante la presentación del texto, un grupo de
historiadores e investigadores de los asuntos de la
identidad histórica cubana improvisaron un panel
que La isla en peso desea ofrecer a sus lectores por
la importancia de estas ideas al vuelo en el momento
actual de nuestra cultura, sea de ayer u hoy, pues es
siempre la misma.
Fernando
Martínez Heredia: La búsqueda de temas
es probablemente el problema de método más
importante en la ciencia histórica cubana actual,
y hasta de las ciencias sociales. No debería
quizás serlo, pero hay épocas y épocas.
Ahora, lo que quiere denotar el título de este
libro es que andamos a la búsqueda de los espacios
que habitaron los cubanos (espacio local, regional,
nacional) y sus interrelaciones. Estamos persiguiendo
esa cosa que llaman la libertad, que es tan diferente
entre un orador francés y un hombre que ha salido
de prisión en libertad condicional.
Entonces, ¿qué era la libertad para las
clases sociales y los grupos raciales en Cuba? O sea,
los sentidos de esa libertad. Y están los silencios:
toda historia constituida tiene sus zonas de silencio,
su gente que da la impresión que nunca tuvo voz.
Cuando alguna circunstancia cambia, cambia la aproximación
y comienzan a sonar otras voces. Tenía mucha
razón Ramiro Guerra hace más de medio
siglo cuando, al terminar su historia de la Guerra de
los Diez Años, escribía en el prólogo:
"Cada generación de cubanos va a tener que
volver a escribir la historia de la Guerra de los Diez
Años". Entonces esos silencios van a ser
sustituidos por una nueva población histórica.
Oscar
Zanetti: Este libro es una obra, en primer término,
oportuna, pues aparece en el momento del centenario
de la creación del estado nacional cubano; que
indaga en las condiciones sociales en que se gestó
aquella República desde una perspectiva, más
que novedosa, renovadora. La periodización propuesta
con ese parteaguas del 98, que constituye un hito en
la historia, es matizada por la observación de
procesos que no se interrumpen allí y sin los
cuales no sería posible entender la realidad
histórica. Propone un escenario no habitual en
la historiografía cubana. Nos traslada a un escenario
distinto, Cienfuegos en lo fundamental, y ahí
veremos procesos en una escala que tampoco es la habitual.
Desde el punto de vista del tratamiento del problema,
no diría que estamos propiamente ante microhistoria
aunque en el texto de Rebecca (Reclamando la mula
de Gregoria Quesada: el significado de la libertad en
los valles del Arimao y del Caunao, Cienfuegos, Cuba
(1880-1899) se cumplen los cánones para este
tipo de análisis; sino un enfoque microhistórico
compartido para rescatar desde lo pequeño la
presencia histórica del sujeto, y no de cualquiera,
sino del sujeto popular. Este es un camino abierto en
nuestra historiografía por grandes personalidades,
pero lamentablemente no transitado con la asiduidad
que su importancia requiere.
María
del Carmen Barcia: Yo le hubiera añadido
algo al título. Hubiera dejado espacios, silencios,
pero también hubiera puesto voces. Porque el
libro tiene muchas voces. Voces que prestan los sentidos
de esa libertad. El libro tiene una periodización,
entre 1878 y 1912, cuestión muy importante para
los historiadores y que es poco usual. Me parece que
la base de esta periodización es el conflicto
político; conflicto emanado de las coyunturas
y sobre todo potenciado por el problema racial; eso
es lo que ha justificado que se enmarque en esas fechas:
entre la abolición de la esclavitud en Cuba y
la represión del movimiento de los Independientes
de Color. El núcleo del libro, a mi modo de ver,
es el tema de raza y nación.
La historiografía escrita en Cuba no debe ni
puede continuar soslayando el debate en torno a este
tema. Hay muchos trabajos alrededor del tema negro y
en ellos se aborda el tema religioso, cultural; pero
el problema negro sigue sin ser lo suficientemente trabajado
desde la perspectiva histórica. Éste debe
ser abordado desde las más desprejuiciadas formas
de análisis. En esa dirección, es bien
importante la definición de las categorías
con que se trabaja. Por ejemplo, la categoría
de afrocubano; o hispanidad (nosotros no decimos hispano-cubano
para hablar de un descendiente de español). Se
trata de la visión del hombre en esa época:
cómo él se ve: como afrocubano o como
negro cubano... ¿No estaremos siguiendo presupuestos
importados, que nos viene de otras tradiciones historiográficas?
Félix
Julio Alfonso: En 1986, Cuba conmemoró dos
hitos significativos de su historia colonial: la emancipación
definitiva de los esclavos y el natalicio del general
dominicano Máximo Gómez. Una simple ojeada
a las publicaciones de aquel momento dejaría
ver que el 150 aniversario del Generalísimo acumuló
mayor atención y espacio que el centenario del
fin de la servidumbre. Diez años después,
en 1996, la situación se reprodujo, y entonces
supimos más los cubanos sobre la biografía
de Antonio Maceo que sobre los miles de soldados que
lo acompañaron durante la invasión por
más de mil kilómetros y lucharon bajo
su mando. Esta es una manera de ver la historia bastante
arraigada entre nosotros y que no deja de ser legítima,
pero que se revela cada vez más insuficiente
para la comprensión de nuestro pasado. Su extensión
a las aulas suele convertirse en una de las formas más
elaboradas del tedio.
No por azar abre Rebecca Scott este volumen. En un sentido
muy personal, considero que su artículo sobre
la mula de Gregoria es una verdadera joya del análisis
microhistórico, pues consigue enseñarnos,
junto a los avatares de Siriaco y Cayetano Quesada reclamando
la mula, cómo cambiaron las relaciones entre
las personas en apenas una década, al extremo
que ellos inscribieron su animal en el mismo registro
donde una vez estuvieron consignados como propiedad
del ingenio, ganándole el pleito al administrador.
Nos enseñará más, incluso, sobre
la guerra, que la propia batalla de Mal Tiempo, ocurrida
unos años antes a pocas leguas del valle del
Arimao.
Pedro
Pablo Rodríguez: En este panel hay mujeres,
hombres, tembas, jóvenes, negros, blancos y mulatos,
lo cual demuestra que se ha sido cuidadoso en su elección.
Quiero referirme a dos temas: el libro es resultado
de la colaboración intelectual entre estudiosos
que trabajan en los Estados Unidos y Cuba. Así
que está demostrando que es posible y necesaria
la colaboración intelectual entre ambas partes
alrededor de temas que resultan importantes para la
Historia de Cuba. Por otro, el libro demuestra que puede
hacerse historia regional en serio. Es hora de que acabemos
de salir del pesado lastre en que se nos está
convirtiendo la historia regional en Cuba, bajo cuya
coartada están apareciendo malas crónicas
de acontecimientos. Eso está lastrando la historiografía
cubana y está haciendo pasar por historiadores
a autores que son cronistas.
De paso, este libro viene a ser el colofón de
la labor que durante tantos años se hizo en la
revista Islas al abordar con seriedad la historia social
y económica de las diferentes zonas de la región
central de Cuba. Son trabajos paradigmáticos
porque muestran que a partir de la historia de una región
como complejo histórico nos aportaron una línea
de trabajo significativo. Este libro ayuda a que se
entienda de modo verdaderamente histórico qué
es la historia regional e incluso la historia local.
Víctor
Fowler: "Si una pregunta puede ser hecha, entonces
puede ser contestada", dijo el filósofo
vienés Wittgenstein. En ese sentido veo el aporte
metodológico del libro.
Pero mi imaginación es la del literato y como
tal leo. Al ver el texto de Jorge Ibarra incluido en
el libro recordaba que hace poco leía un texto
sobre las peñas y tertulias de Cuba escrito por
un villaclareño. Y dentro de las grandes peñas
aparecía la de Santa Clara, a inicios del siglo,
en la cual iban a reunirse todas las noches José
Miguel Gómez, Mendieta, Laredo Brú, entre
otros. Se reunían a conversar en el parque de
Santa Clara, eran los amigos. Así que un libro
no puede evitar enlazarse con otros aparecidos en fecha
cercana, y este llega ahora después de que fuera
publicado Lo que nos corresponde: La lucha de los
negros y mulatos por la igualdad en Cuba. 1886 - 1912,
de Aline Helg, sobre la represión de los Independientes
de Color.
Ahora, éste tiene una narrativa interna con un
gran peso del tema de la raza y tal parece que, desde
los ángulos en que está tratando ese tema,
es como una fuerza telúrica que va a estallar
en 1912. Sobre el fenómeno del alzamiento o la
represión de 1912 me ha quedado siempre la duda
de qué pasó después. Estamos mirando
siempre a unas víctimas y yo me pregunto qué
ocurre que los actores y regiones de este movimiento,
aunque debieron mantener un rencor contra la represión,
este es reabsorbido dentro del cuerpo nacional. No es
entonces la historia de una continuidad épica
sino que hay tácticas de reabsorción y
queda por aclararse si se debió a un ablandamiento
o a una continuada violencia y vigilancia sobre estos
actores.
Y hay un asunto que valdrá la pena discutir en
el futuro sobre las metodologías de análisis
que son sumamente discutibles. Siempre me ha preocupado
mucho cuando se va a discutir en Cuba sobre el problema
racial y se habla de "los negros". Es muy
posible que eso no exista en la vida social; en la vida
social cubana el negro no existe; existen grupos que
tiene historias distintas y responden sobre todo a lealtades
culturales distintas. Si algo me interesó de
este libro es el peso que tiene la cultura en él.
La cultura como adaptación, como intercambio,
creación, transformación y como negociación.
Y en todo ese período en Cuba hubo una intensa
negociación cultural. La idea de fondo era construir
una República, y ello implicaba una reconfiguración
completa de la hegemonía cultural. En determinado
momento de crisis grave podrá haber una unidad
en torno a un mismo tema, pero el propio fenómeno
de la guerra del 12 muestra que esta unidad existe dentro
de una fragmentación inmensa.
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