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Eros, deseo y encarnación en El pájaro: pincel y tinta china de Ena Lucía Portela
Nanne Timmer
Aymée como Penélope
Aymée García

I.Introducción

Al optar por una obra como El pájaro: pincel y tinta china (1) de Ena Lucía Portela supe que no estaba escogiendo una lectura fácil por ser ésta una obra "que busca a tientas, con dificultad y con pericia, su propia estructura, la armazón de un mundo en un sistema verbal." (Estevez 14) ¿Cómo estructurar una obra que parte de una apertura y de la subversión de un orden cerrado, una obra que busca su propia estructura?
Araújo analiza el juego intertextual que establece esta novela con un cuento anterior de la misma autora: "La urna y el nombre, un cuento jovial". Hay semejanzas entre algunas observaciones de Araújo y las mías pero la dirección de la lectura es otra. Aquí el concepto de erotismo, me obligó a consideraciones teóricas que me llevaron a orillas tal vez un poco lejanas a mi punto de partida. Mostraré los pasos de un análisis en el que el concepto 'erotismo' permite reflexionar más allá sobre sujeto y objeto y sobre identidad y deseo, planteamientos, desde mi punto de vista, esenciales en la obra.

I.1.Erotismo

Georges Bataille sugiere que el erotismo es la afirmación de la vida hasta en la muerte. Para Bataille el erotismo busca sustituir el aislamiento del ser, su discontinuidad por una continuidad profunda. Esta ansia de continuidad es la esencia del erotismo. Somos seres discontinuos, entre un ser y otro hay un abismo, provocado por la conciencia de la muerte. Quisiera usar esta idea de "continuidad" en el cual la frontera con el Otro desaparece en el erotismo y en la muerte, y que se acerca a la problemática de la distancia metafísica entre sujeto y objeto. El estudio Subjects of Desire, de Judith Butler, me ayudó a su vez para el concepto de 'deseo'. Quisiera aplicar estas ideas de 'continuidad' versus distancia entre sujeto y objeto para estudiar el deseo en las dinámicas interrelacionales entre los personajes de El pájaro... Estas dinámicas resultan en la construcción subversiva de un sujeto fragmentado y disperso, que se percibe en el análisis de la estructura de la obra. Primero me centro en el deseo como fuente de acción en la trama.

II.La trama
II.1. El deseo

El erotismo se inicia en la creación de un objeto de deseo (Bataille 171). Debido a este mecanismo parece haber una clara frontera entre lo exterior y lo interior, entre el sujeto y el objeto.

Desire is conditioned by a necessary otherness', and yet this otherness is surpassed every time that one selfconsciousness discovers the Other not as a limit to freedom but as its very condition."(Butler, Subjects of Desire, 86)

Esta idea de Butler me ayuda para analizar la dinámica del relato. Los personajes se mueven en el relato por su deseo individual. La exteriorización del deseo es el origen de su acción.
La novela narra (cuando narra), los relatos de Fabián, Camila y Bibiana en busca de su objeto de deseo: Emilio U.. Emilio U., es presentado como personaje, pero además como autor de la misma novela. En palabras de Nara Araújo: "[…] el escritor [Emilio U.] duplica a la propia novela pues narra dentro de ella, un relato difuso de ambiente oriental, con el título, El pájaro, pincel y tinta china." Y Araújo observa que "la anécdota se cierra sobre sí misma en una mise en abîme"(Araújo, Erizar y Divertir 24)
En este enredo de personajes e historias interrelacionadas, la voz narradora cambia de primera a segunda y tercera persona y gran parte de la novela es un metarrelato sobre el acto mismo de narrar. La historia empieza con el encuentro entre Fabián, un chico guapo y abusador, y Camila, un personaje que al principio no parece tener ni sexo, una "cucaracha" que no habla mucho. Fabián la lleva a su casa donde primero la viola. Después comienzan una vida juntos en la cual se dicen las peores cosas y donde ella soporta los malos tratos. La única persona que los visita es Bibiana, la "rubita next-door", también llamada "la ilustre niña", una belleza de chica. La rubita posa para Fabián a menudo, quien la acaricia con un pincel.
En este triángulo interrelacional entre Camila, Bibiana y Fabián vemos una dinámica de deseo donde cada uno tiene su función específica: Fabián quiere poseer, Camila se anula y se deja poseer. Bibiana quiere ser vista y posa para Fabián mientras que Camila, con su mirada observa a los dos. Este triángulo es roto por la introducción de un cuarto personaje. Un personaje no tan personaje, sino a la vez el autor de la novela, su creador. Véase el próximo fragmento que ilustra el descontento de Bibiana de la fascinación que siente Camila, también llamada la sacerdotisa, por el autor desconocido de su cuento favorito.

"¿Por qué los romances externos, por llamarlos de alguna manera, se empeñaban en corromperlo todo? (Hay que tener en cuenta que para la ilustre niña el término "todo" designaba por aquel entonces una noción más bien restringida.) Primero el loco con un lirio -por suerte extinto- y ahora la sacerdotisa con un autor, relación esta última que Bibiana ha erotizado sin pedir permiso a nadie, aunque presumo que no se equivoca demasiado. Pero no ha dicho nada al respecto." (126 e.c./159 e.e.)

Emilio U. simboliza la encarnación de los diferentes deseos y proyecciones. Camila lo busca porque su cuento le fascinó, lo busca en su función de narrador. El deseo de Bibiana es mimético ya que continuamente es consciente de los deseos de los demás y "le gustan los hombres tan sólo en la medida en que ellos la deseen primero" (127 e.c./ 160 e.e.). Bibiana quiere ser vista. El deseo de Fabián es más posesivo. Véase sus pensamientos: "Uno a veces necesita inmensamente transgredir para no sentirse humo, para otorgarle algún peso a la existencia" (42 e.c./57, e.e.) Estas palabras muestran la otra cara de Eros, su demon: poseer. (Martín Martínez 3).

"Una parte de él -guilty, más que guilty- hubiera deseado vivir de otra manera. ¡Y cuánto! En principio poseer algo, si no el continuo, quizás un algo más modesto […] (11,12 e.c./ 22 e.e.)

No por casualidad este deseo de poseer "el continuo" culmina en un asesinato final y en la destrucción del personaje y la muerte del narrador. Girard analiza el deseo como fuente de la violencia y "el continuo" recuerda a la 'continuidad' de Bataille añorada a ratos por nosotros, seres discontinuos, que solo se alcanza en la muerte. (Bataille108)
Es el deseo lo que quiere traspasar los límites, estas fronteras entre el yo y el otro de los seres discontinuos, como señala Butler: "[...] desire is that which requieres to be gotten beyond" (Butler Subjects of Desire, 1)

II.2. La Mirada

El erotismo que tiene su origen en la polarización del sujeto y objeto se desarrolla en el relato con la participación erótica de la Mirada. La Mirada coincide con el personaje Camila. Ella es 'voyeur' y focaliza externamente a los otros personajes. Parece, por lo tanto, tratarse de una clara frontera entre sujeto y objeto. Un sujeto que observa externamente al objeto.
Como apunta Martin Martinez en relación con 'el voyeur' "Eros proviene de orásis, es decir, de la visión o la mirada a la belleza. Se nos invita a asumir el amor como el origen [...] del motor de la plenitud que se supone el deseo de belleza." (Martín Martínez 2). Eso sí, según Martín Martinez, "la vinculación con lo bello, precisaba de un placer desinteresado, un placer sin el estremecimiento del deseo." (Martín Martínez 3).

La mirada en sí. Una esencia frágil y a la vez interminable, siempre en lucha con la oscuridad y el tiempo, poderes corruptores. Es, si acaso puede ser definida fuera de su condición de arquetipo, la mirada como espejo, la que no tiene fondo ni expresión porque reúne en sí todos los fondos y todas las expresiones, todos los lenguajes.[...]
Raras veces la confundía Bibiana con el deseo. Desear es fácil, se decía, ¡tantos la habían deseado! ¡Para algo era bella, no faltaba más! La Mirada, en cambio...(32 e.c./ 46 e.e.)

La mirada está fuera del objeto y observa sin habitar los espacios, pero a la vez es "como espejo, la que no tiene fondo ni expresión porque reúne en sí todos los fondos y todas las expresiones, todos los lenguajes" y por lo tanto es su objeto. La Mirada en este sentido logra la fusión con el objeto por ser una identidad sin esencia. El análisis del sujeto en relación con el erotismo se vuelve interesante ya que "In eroticism, as in any transgressive experience, the limits of the self become unstable, "sliding"." (Rubin Suleiman 75) Emilio U. y Camila se superponen por ser ambos sujetos que reúnen todas las voces, y los fragmentos. Los dos coinciden en estar en el lugar vacío del analista que describe Lacan. Y aquí, poco a poco entramos más en la idea de continuidad entre sujeto y objeto alcanzada en la transgresión. Donde mejor se ve esto es en el análisis de la estructura narrativa.

II.3 La estructura

Si observamos la estructura de la narración con su centro vacío y si consideramos la actitud de la Mirada (Camila) y la de Emilio U. , ambos "(como la sacerdotisa o el mismo narrador) menos dado a proyectarse"(85 e.c./ 108,109 e.e.), al nivel interpretativo podemos reflexionar sobre cierta sugestión de Judith Butler:

"[...] desire is also the mode in which consciousness makes its own negativity into an explicit object of reflection, something to be labored upon and worked through. In effect, we read our negativity in the objects and others we desire; as desirable, detestable, solicitous, or rejecting, these emotional facts of the world mirror our ontological insufficiency in Hegelian terms; they show us the negativity that we are, and engage us with the promise of plenitude or the threat of reaffirming our nothingness." (Butler, Subjects of Desire, 9/10)

La noción de deseo como el modo en que la autoconsciencia transforma su negatividad en objeto de reflejo nos ayuda en este análisis para considerar la dinámica entre los personajes contada con diferentes voces, como un todo en que las partes (los personajes) reflejan el todo y el todo refleja sus partes.

III.1. Las encarnaciones

No hay en esta novela narrador como una entidad fija, sino que se trata de un narrador esquizofrénico que cambia de voz y de identidad como si cambiara de traje. No es nadie y es todos a la vez. De allí que la búsqueda del narrador y la obsesión por ubicarlo, resultan ilusorias. El narrador de múltiples identidades se desdobla en omnisciente, testigo, narrador, y personaje a la vez.. O en palabras de Nara Araújo: "[…] un narrador en desplazamiento - a veces omnisciente, a veces equisciente, a veces insuficiente" y "un narrador metadiegético que se presenta a sí mismo"(Araújo, Erizar y Divertir 26)
En el siguiente fragmento se ve el cambio desde la voz de un narrador omnisciente a la voz de un personaje que habla en primera persona. No se distingue el párrafo que se refiere a los pensamientos de Fabián, sino que el narrador se toma toda la libertad de cambiar entre el narrador omnisciente y su personaje. Lo hace con tal velocidad que realmente se mezclan las identidades.

"Fabián reconocía en repetidas ocasiones que Camila no le tenía miedo y eso le gustaba, lo movía a tocarla de otro modo, sin el perchero.
Algo como besar despaciosamente, con los ojos cerrados y el pelo suelto, una cosquilla ligera, rococó, el pecho casi plano de la sacerdotisa, cuya respiración era entonces audible, acompasada. Las manos de ella, muy poco lo que se espera sean las manos de una muchacha, se apoyaban en mi cabeza, fuertes, y buscaban empujarla hacia abajo, hacerla rodar. Y los labios, la lengua inusitadamente hábil y obediente, iban hacia abajo, hacia donde querían las manos, por un camino de caracol, húmedo, expectante, de nuevo tenso en el abdomen ahuecado y duro que Fabián adoraba y quería comerse. El caracol mordía y era un dolor distinto. Ella gemía de placer aunque a no me gustara su voz y me empujaba todavía más, dejándome sin escapatoria, me empujaba hasta el vacío que yo temía porque allí habitaba lo cierto lo único cierto con todos sus olores y sabores y su hambre. El fin de la ilusión era abrir los ojos, sentir el peso de las piernas de la sacerdotisa como una cruz Bexacto, -una cruz de hierro- sobre mi espalda y continuar entre el desconcierto siempre renovado, la sensación angustiosa de ser víctima de mí mismo y los murmullos y ondulaciones de ella, hasta que se aflojaba, también despacio, la presión, yo alzaba la cabeza y veía como enfermo a una muchacha relajada y feliz que me decía hijo de puta.
Fabián no podía evitar en esos momentos la acometida de una tristeza oscura, el desapego previo a cualquier enunciado de abolición. Descontento de sí mismo y de todo, salía solo para encontrar nadie sabe qué cosas. Tal vez auténticos amantes de la lluvia. [...]" (25, 26 e.c./ 26,37 e.e.) (el subrayado es mío)

Parece que hay tres personas en este fragmento, pero la única posible conclusión es que el narrador está dentro de la cabeza de Fabián, o Fabián está en la cabeza del narrador. No es un 'estilo directo libre' como conocemos, sino que no es Fabián el que habla, sino que es el narrador en el disfraz llamado Fabián. Fabián es parte de él. En estos momentos la continuidad borra la frontera entre el sujeto y el objeto y el narrador se encarna en Fabián. En estos momentos de 'encarnación'el narrador se mete dentro de la piel de los personajes. Son éstos los momentos del deseo de continuidad con el otro.

III.2. El sujeto disperso

Es difícil distinguir niveles de narración si el narrador se presenta como omnisciente, narrador y personaje a la vez. Se sigue la historia desde diferentes ángulos, pero resulta arbitrario decidir cuál es el centro y el eje, el primer nivel de narración. ¿Por qué un narrador tendría que ser más verdadero que otro? El narrador es todos y ¿quiénes somos nosotros para descartar una parte de sus personalidades y reducirlo a una identidad fija? La identidad del narrador resulta muy parecida a la identidad que él le da a Camila cuando la describe de manera siguiente.

"Soy una diáspora, la visión final del estallido", diría Camila si en verdad tuviese algún interés en explicarse. "Estoy disgregada, puedo representar diversos personajes cuando yo quiera, puedo hacerlo bien y convencer a todo el mundo. Pero no estoy comprometida con ninguno de ellos. Cualquier apariencia de unidad, de sujeto coherente deducible de lo que digo, es falsa, es una ironía." (124 e.c./ 156, 157 e.e.)

Y este juego es muy consciente si observamos el siguiente fragmento:

"Ella [Camila] ignora, de más está decirlo, que ya Lacan, el pesado, el que seguro también tenía a alguien que le dijera "No seas así", se apareció un buen día con una linda y acabada teoría sobre la escisión del sujeto, sin la cual el lugar desde donde se habla sería apenas un misterio. A veces sigue siendo un misterio o, al menos, lo pretende. Por ejemplo, si adivinas quién soy yo, te doy un premio." (139 e.c./ 177 e.e.)

Y si alguien (como una investigadora con educación estructuralista) se detiene a analizar el juego de las voces para ganarse dicho premio, cae en la trampa que le pone la narradora y se encuentra al borde de 'la zona del peligro'. La búsqueda narratológica para definir el narrador primero muestra nada más que una obsesión existencialista contagiada por los personajes Camila, Fabián y Bibiana que persiguen a su narrador Emilio U. de manera parecida.
Estas transgresiones en la estructura de la obra llamadas 'metalepsias' en términos de Genette muestran la pregunta esencial de la obra: ¿dónde está el aquí? ¿dónde está el lugar de enunciación? Este 'aquí' indefinible se relaciona con lo que Butler observa sobre el sujeto en la filosofía occidental:

"As Hegel's doctrine of internal relations is successively challenged for its philosophical viability, desire increasingly becomes a principle of the ontological displacement fo the human subject, and in its latest stages, in the work of Lacan, Deleuze and Foucault, desire comes to signify the impossiblity of the coherent subject itself."(Butler, Subjects of Desire 6)

Esta idea de la desaparición del lugar de enunciación se observa en otro ensayo de Portela donde ella la usa en relación con la deconstrucción de la idea de la nacionalidad como elemento de construcción identitaria al llamarse "nowhere girl".

"Y le dijo al señor muy elegante y muy argentino "soy de Cuba". Era fácil de decir: apenas dos sílabas para designar al recipiente lleno de vino con una partida de locos adentro. Juro que se lo dijo de una manera neutra, como quien dice "soy de la Patagonia" o "soy de Luxemburgo", allí donde la frase "y me importa un rábano" debía quedar implícita. Un sujeto sin marcas geográficas o culturales. Flotante como el violinista verde o los enamorados en una esquina de la guerra del Bosco. En resumen: nowhere girl."(Portela, Tan oscuro como muy oscuro, 184)

Estas 'shifting boundaries' entre sujeto y objeto nos recuerda la negación posmoderna de una identidad fija, la "difuminación de la identidad" como lo llama Margarita Mateo quien apunta en relación con el posmodernismo: "hoy yo soy. Ya es bastante. Mañana también seré, probablemente, pero no sé cómo. No tengo por qué ser quien fui hoy, no tienen por qué coincidir las identidades." (Mateo, Ella escribía poscrítica, 44). Es una idea liberadora sobre la identidad: yo soy el otro implica una reflexión existencialista sobre la imposibilidad de la definición identitaria. Si es que El Pájaro... ubica la esencia del ser en algún lado, sería en las dinámicas interrelacionales, en el mismo deseo móvil y disperso. Esta idea se opone a una reducción de identidad por cualquier categoría, (sea ésta de género, raza o nacionalidad), como explica la propia novela de manera siguiente:

"¿Por qué sería tan difícil reconocer que uno es masoquista? Quizá porque uno teme que lo reduzcan sólo a eso y hagan tabula rasa del resto. No hay como los demás en cuestiones de reducirlo a uno, de recortarle su pluralidad como las pestañas de cartón a una cuquita. "(94 e.c./ 121,122 e.e.)

I.Conclusión

He querido analizar cómo El pájaro: pincel y tinta china propone una novela en proceso que desarrolla una trama basada en el erotismo como fuerza existencial que mueve los deseos de continuidad de seres discontinuos. Partí del erotismo y el deseo para llegar a analizar la construcción de un sujeto posmoderno disperso y fragmentado desarrollado en las transgresiones en la estructura de la obra. Un sujeto disperso que subvierte las reducciones y es libre para cualquier construcción identitaria a través del lenguaje y la escritura.


Bibliografía:

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Betancourt, Madeline y Fernández, Damián (eds.), Cuba, the Elusive Nation: Interpretations of National Identity, University Press of Florida, 2000.
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Bejel, Emilio, Gay Cuban Nation, Chicago and London: The University of Chicago Press, 2001.
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Butler, Judith, Subjects of Desire. Hegelian Reflections in Twentieth-Century France, New York: Columbia University Press, 1999(1987).
Cámara Betancourt, Madeline, "Antropofagia de los sexos como "metáfora de incorporación". Estudio de La urna y el nombre (cuento jovial) de Ena Lucía Portela", Torre de Papel, 1997, 7: 3.
Estévez, Abilio, "Ena Lucía Portela: un frisson nouveau", Prólogo a: Portela, Ena Lucía, El pájaro: pincel y tinta china, Barcelona: Casiopea, 1999.
Garrandés, Alberto, "Formas del realismo en la ciudad barroca", Casa de las Américas, 1999, 215, p.26-36
Genette, Gérard, Narrative Discourse (translated by Jane E.Lewin), Oxford: Basil Blackwell, 1980.
Martín Martínez, José "Eros o el goce de la Mirada", en: Alfaro. Eros, Valencia: Edicions Alfons el Magnànim, 1996, pp. 23-46 (versión en valenciano) y 143-159 (versión en castellano). http://www.uv.es/~martin/1.3.%20Alfaro.htm
Mateo Palmer, Margarita, Ella Escribía Poscrítica, La Habana: Casa Editora Abril, 1995.
Portela, Ena Lucía, El pájaro: pincel y tinta china, La Habana: Ediciones Unión, 1998.
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Nanne Timmer es profesora de la Universidad de Leiden, Holanda.

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