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Garzonas
y feministas cubanas en la década del '20:
La vida manda, por Ofelia Rodríguez Acosta
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| Retrato
de Consuelo Miranda
Fidelio Ponce |
En
abril de 1928, la periodista feminista Mariblanca Sabas
Alomá (1) publicó una
serie de artículos en la revista Carteles
sobre la homosexualidad (2) femenina
(o el "garzonismo" (3)
como se lo llamaba en Cuba en esa época). En dichos
artículos, Sabas Alomá, hablando en nombre
del feminismo progresista, articula un discurso homofóbico
que caracteriza al lesbianismo como una enfermedad social,
y aboga en contra de aquellos que lo asocian con el feminismo.
En sí los parámetros de su discusión,
así como la selección misma del tema, reflejan
el gran impacto que, sobre la sociedad cubana de entonces,
tuvieron los discursos del feminismo, del "amor libre"
o la liberación sexual de la mujer, y de la homosexualidad.
Muchas intelectuales feministas de este período,
aun las que como Sabas Alomá representaban el ala
más progresista del movimiento de la mujer en Cuba,
predicaban actitudes homofóbicas desde una posición
reaccionariamente defensiva en su afán de distanciarse
del estereotipo asociado a la orientación sexual
de la mujer feminista.
Sabas Alomá caracterizó al lesbianismo como
un crimen contra natura y un vicio que representaba
"la lujuria, el desenfreno y las desviaciones sexuales",
(4) el cual, como resultado de la
opresión de la mujer bajo el sistema capitalista,
desaparecería con la llegada del socialismo. Según
ella, el lesbianismo era "un asqueroso gusano que
está corroyendo hasta las entrañas a toda
una generación de mujeres". (5)
El discurso "científico" sobre la sexualidad
femenina mejor conocido en Cuba en esa época era
el que desarrolló el biólogo español
Gregorio Marañón, cuyas teorías circulaban
ampliamente en América latina en la década
del '20. (6) Se populariza este tipo
de discurso medicalizado y cientificista sobre la sexualidad
femenina en el mismo momento histórico en el que
surge el feminismo en Cuba y el movimiento del llamado
"amor libre" ha empezado a impactar a ciertos
sectores de la sociedad cubana. El acceso cada vez mayor
a la independencia económica y a la educación,
junto con el desarrollo de nuevos métodos de anticoncepción,
hizo que el concepto del "amor libre" fuera
viable para algunas mujeres y, al mismo tiempo, abrió
en cierto grado un espacio social para la mujer lesbiana.
La idea de la "liberación" sexual de
la mujer estaba surgiendo en la conciencia del público
como una fuerza a la cual era necesario controlar. Sin
duda ni la sexualidad femenina en general ni la sexualidad
lesbiana en particular podían ser ya controladas
sólo a través de la ignorancia y la negación.
Como respuesta a la necesidad de censurar la libertad
sexual de la mujer, emergía un discurso que asumía
la posición de superioridad del médico o
del científico (hombre, por supuesto).
Marañón presenta una perspectiva ante el
lesbianismo basada en un concepto de la homosexualidad
en cualquiera de sus manifestaciones como aberración,
anormalidad y defecto trágico. A la vez establece
íntimos vínculos entre la mujer sexualmente
"liberada" y la lesbiana. Para Marañón,
todo se reduce a la siguiente fórmula: si, por
un lado, una mujer manifiesta un alto nivel de deseo sexual
o si, por otro, se niega a complacer a su esposo sexualmente,
si padece de la depresión, no se conforma con la
vida doméstica o no está feliz en su matrimonio,
tiene que ser una lesbiana. Según Marañón,
las lesbianas son mujeres, que poseen "características
viriloides" y que se inclinan a la participación
en la esfera pública. Una "verdadera"
mujer, que se conforma al "prototipo de la fineidad"
siempre está sexualmente disponible para su esposo,
pero a ella sólo le interesa el sexo como medio
para no perder a su marido y para concebir hijos, y considera
que el matrimonio y la maternidad son su más alta
misión en la vida. La posibilidad de que la moral
sexual y matrimonial haya sido establecida según
los principios del privilegio heterosexual masculino ni
siquiera se le ocurre a Marañón.
Como hemos visto, Sabas Alomá no tiene problemas
con la noción de la lesbiana como aberración
desviada y mujer masculinizada. Sin embargo, está
en fuerte desacuerdo con lo que considera como el intento
de Marañón de igualar al lesbianismo con
el feminismo. (7) "No se masculiniza
la mujer en el nuevo ejercicio de derechos, responsabilidades
y deberes que hasta ahora habían sido privativos
del hombre". (8) El feminismo,
plantea Sabas Alomá, aboga por una fase superior
en la evolución de la humanidad en la cual las
mujeres participan activamente como ciudadanas en la esfera
pública, mientras que el garzonismo existe
desde las épocas de "Safo y de Victoria Colonna
", y es tan viejo como cualquier otro "vicio".
Según ella, el feminismo y el lesbianismo son diametralmente
opuestos. "La garzona -afirma Sabas Alomá-,
lejos de constituir una etapa del feminismo, florece
y supervive a pesar del feminismo. " (9)
Ridiculiza la tendencia de la mayoría de la población
a estereotipar a las feministas como mujeres "masculinas"
e insinúa que las ideas de Marañón
han contribuido a dicha perspectiva: Para
una desoladora inmensa mayoría de las gentes,
"feminismo" es sinónimo de "masculinidad".
Feminista, entonces, es la mujer que ha dejado de ser
mujer; nos la representan en un tipo negado de belleza
y de gracia, con la voz baritonal, el genio endemoniado,
la frase insultante para el sexo fuerte siempre a flor
de labios, cuello, corbata, antiparras, ademanes hombrunos,
y ihorror de los horrores!, la sombra acusadora de un
bigote incipiente, jcoqueteando con las teorías
del doctor Gregorio Marañón! (10)
Sabas
Alomá no está de acuerdo con la tesis
de Marañón, la cual plantea que la homosexualidad
es producto de factores biológicos. Ella acepta
la posibilidad de cierto grado de potencialidad biológica
pero insiste en que hay factores sociales importantes
que son necesarios para su actualización. Su
intensa homofobia la lleva a conclusiones que son profundamente
misóginas. Desde su perspectiva, la homosexualidad
en potencia es desatada por la ineptitud de mujeres
"no aptas para la la maternidad", o sea, mujeres
que no tienen educación, y que no han sido liberadas.
Implicando -con su invocación de la matriz- que
una feminista nunca produciría una hija lesbiana,
plantea que "el feminismo no es, ni será
nunca, matriz generadora de esa la masculinización
de la mujer". (11) Según
ella, sólo el diez por ciento de las mujeres
que se casan tienen la capacidad "científica
" de educar a sus hijos correctamente. "En
el 90 por ciento de las restantes están las madres
de las garzonas". (12)
En apoyo a sus planteamientos, publica una carta de
la Tesorera de la Alianza Nacional Feminista, Leticia
de Arriba de Alonso, "La Marquesa de Tiedra",
(13) quien la felicita por su campaña
antiIesbiana y declara que una mujer que es "esencialmente
apta para la maternidad" nunca podría ser
la madre de una garzona. Al contrario, las mujeres
que han sido oprimidas y confinadas a la esfera privada,
y que "no tienen ninguna experiencia en el mundo
ni una educación verdadera", están,
según ella, más inclinadas a cometer errores
en la crianza infantil que podrían desatar el
potencial biológico de la homosexualidad. Empleando
tropos que podrían ser interpretados como inversiones
de imágenes asociadas al parto ("las entrañas"
y el "gusano" parasítico), Sabas Alomá
a su vez afirma que con la liberación de la mujer
que brinda el socialismo, el asqueroso gusano del lesbianismo
será purgado.
Por otro lado también se oyeron voces alternativas
en defensa del lesbianismo. Como respuesta a su primer
artículo, Sabas Alomá recibió,
y seguidamente publicó, una carta de la abogada
escritora Dra. Flora Díaz Parrado (14)
planteando que la lesbiana es "un tipo justo dentro
de la incongruencia humana" y que su comportamiento
es más aceptable que el de la mujer servil. Ella
es verdaderamente audaz en su reivindicación
del lesbianismo, atreviéndose a tomar una posición
abiertamente positiva. Una vez más los órganos
internos de la mujer son invocados pero esta vez como
fuente para el nacimiento revolucionario del lesbianismo:
"La garzona [. ..] tiene una revolución
íntima, muy honda, en la entraña".
Díaz Parrado identifica la Primera Guerra Mundial
como el fenómeno social catalítico que
llevó a lo que ella considera una tendencia mundial
hacia el lesbianismo que se estaba dando como un paso
en la evolución de la "mujer del futuro".
La Dra. Díaz Parrado también le recuerda
a Sabas Alomá que las nociones populares son
susceptibles al cambio y que, tal y como la gente de
su generación ahora se ríe irónicamente
ante la percepción que tenían sus ancestros
de los epilépticos y los enfermos mentales como
desviados morales, así también podrá
ser vista como ridícula algún día
la visión negativa del lesbianismo que comparten
sus contemporáneos.
Esta actitud abierta con respecto al lesbianismo es
reiterada en la novela de Ofelia Rodríguez Acosta,
La vida manda, (15) la cual
presenta -dentro de una narrativa predominantemente
heterosexual- un subtexto altamente audaz que presenta
al lesbianismo como una identidad liberadora para algunas
mujeres.
Nacida en Cuba en 1902, Ofelia Rodríguez Acosta,
además de prolífica novelista, fue una
destacada activista feminista. (16)
La vida manda, su segunda novela, tuvo grandes
éxitos comerciales, agotándose rápidamente
sus dos ediciones y provocando debates intensos. Una
gran parte de la conmoción provocada por la novela
provino de las católicas derechistas dentro del
movimiento mismo de la mujer, quienes estaban escandalizadas
por la posición abiertamente atrevida tomada
por Rodríguez Acosta ante la sexualidad, a favor
del amor libre y la libertad reproductiva. Mariblanca
Sabas Alomá responde a los que censuran la novela
de Rodríguez Acosta en su reseña del libro:
Juzgar
el libro de Ofelia con las antiparras arcaicas (sic)
y antipáticas de la moral al uso, es ridículo,
risible y tonto. Quede para los ineptos y para los mediocres.
El lector inteligente lo tomará en sus manos
libre de prejuicios. (17)
En
las primeras líneas de su reseña -y en
contradicción a su llamado por una lectura no
prejuiciosa-, le asegura al lector, como quien no quiere
la cosa, que la protagonista de la novela -y por implicación,
su autora también- es una "verdadera mujer":
"Novela de una mujer, de toda una mujer,
por una mujer". (18) De este
modo, Sabas Alomá refuerza una lectura heterosexual
del texto y desvía la atención del subtexto
subversivo de la novela.
Caracterizando a La vida manda como "quizás
[. ..] el único libro valiente que se ha escrito
en Cuba de muchos años acá", (19)
Mariblanca Sabas Alomá declara que "a Cuba
le ha nacido su novelista" (20).
Sin embargo, a pesar de la generalizada aclamación
merecida por Rodríguez Acosta en los años
inmediatamente posteriores a la publicación de
esta novela, no recibe ni en una de las historias literarias
publicadas después de 1940 más que la
obligada mención de paso. Esto resulta aún
más alarmante a la luz del hecho de que su proyecto
literario constituye un esfuerzo pionero en el desarrollo
de la novela contemporánea de tema explícitamente
feminista en América Latina.
A diferencia de mayoría de los personajes femeninos
de las novelas feministas de las primeras décadas
del siglo XX escritas por autoras latinoamericanas,
La vida manda presenta una protagonista que no es
de las elites, casada y encerrada en la esfera doméstica,
y que tampoco es virgen, madre, monja o prostituta sino
una humilde trabajadora clerical que explora las opciones
al alcance de la mujer soltera que aspira a lograr la
independencia a través del trabajo asalariado
y que, desafiando las convenciones sociales, rechaza
el matrimonio y la domesticidad y reclama el derecho
a establecer relaciones íntimas no tradicionales
basadas en la igualdad. El proyecto novelístico
se centra en una desarticulación audaz de los
parámetros de género, sexo, amor, familia,
y maternidad, tradicionalmente vistos como inseparables.
En La vida manda, la protagonista, cuyo nombre
es Gertrudis (en una problable referencia tanto a Gertrude
Stein como a Gertrudis Gómez de Avellaneda),
es presentada como un sujeto activo que está
en el proceso de establecer su propia identidad. Desde
el principio de la novela, es caracterizada como una
mujer fuerte e independiente con claras ambiciones de
"llegar a ser alguien", que se identifica
abiertamente con el feminismo y con los ideales socialistas
y que es atrevida en la expresión de sus perspectivas
políticas. Gertrudis es una mujer "auto-construida"
cuya confianza en sí misma está basada
en su habilidad de mantenerse económicamente
a través de su participación en la fuerza
laboral.
Una característica destacada de esta novela es
la experimentación que presenta en su representación
de la sexualidad y las relaciones de pareja. Rodríguez
Acosta interpola el discurso sobre el "amor libre"
que está circulando en Cuba en la época
y pone a prueba su viabilidad para la mujer. Central
en la visión subversiva que Gertrudis representa
es la creencia en la posibilidad de las uniones libres
basadas en el deseo, el respeto, la honestidad y la
igualdad. La protagonista jamás expresa el deseo
de seguir la ruta tradicional del matrimonio y la domesticidad,
la cual no es presentada en ningún momento como
la meta para la realización de la potencialidad
femenina.
De hecho, Rodríguez Acosta cuestiona conscientemente
toda una gama de convenciones relacionadas a la sexualidad
femenina y a los papeles socialmente asignados a la
mujer. El deseo y el placer sexual de Gertrudis ocupan
un lugar central en su mundo. Aun cuando es virgen todavía,
Gertrudis es presentada como un sujeto deseador y un
agresor sexual. Como la antítesis de la tímida
novia, persigue activamente su satisfacción sexual
mientras reclama su derecho a la realización
erótica. Aburrida y físicamente insatisfecha
en el tradicional camino del noviazgo, Gertrudis deja
a su prometido por un amante con el que espera satisfacer
su curiosidad y deseo sexuales.
El aspecto sexual de su relación con su amante
Damián es predominante. Como mujer joven con
una relación sexual fuera del matrimonio, Gertrudis
nunca pestañea ante la idea de desafiar las convenciones
sociales y simplemente cree que es su prerrogativa llevar
la vida que a ella le dé la gana de llevar. Sin
embargo, es precisamente su relación con Damián
la que provee el marco para el fracaso de su visión
utópica.
A través de la relación de la protagonista
con su amante, Rodríguez Acosta pone a prueba
la viabilidad del discurso del "amor libre"
y lo encuentra deficiente como solución y alternativa
a la subordinación de la mujer dentro del matrimonio
tradicional. Gertrudis se da cuenta de cómo sus
valores han sido manipulados por su amante para su conveniencia.
Descubriendo que Damián estaba "felizmente"
casado y que no tenía las más mínimas
intenciones de dejar a su mujer e hijos por ella, Gertrudis
entiende que él ha alentado su creencia en el
"amor libre" como estrategia para maniobrarla
hacia un tipo de relación que, desprovista de
compromisos y responsabilidades, a él le era
muy ventajosa.
-jY
qué bien encontrabas que yo fuera una mujer sin
prejuicios, indómita, emancipada de preceptos
y convencionalismos sociales! [. ..] Indudablemente
resulta muy cómodo para ti. (21)
No
hay intento alguno por parte de la autora, sin embargo,
de sugerir que el matrimonio tradicional es preferible
o superior a la "unión libre". De hecho
la novela no presenta ni un solo matrimonio exitoso
ni una sola familia que sea completa en el sentido tradicional.
Tampoco hay ningún personaje masculino que podría
ser inferido como compañero apto para alguno
de los personajes femeninos.
La novela contiene un subtexto de identidad lesbiana
y de homoerotismo que presenta una alternativa subversiva
dentro de un texto predominantemente heterosexual. La
presencia de este tema en la novela, aunque disimulada,
es significante y puede ser leída como una afirmación
velada del lesbianismo como camino viable para la autorrealización
de la mujer.
A través de su trabajo free-lance como
mecanógrafa de textos literarios Gertrudis conoce
a una poeta lesbiana llamada Delia Miranda. En un gesto
narrativo representativo de la invisibilidad social
de la lesbiana en la sociedad cubana de la época,
no se hace ninguna referencia explícita a la
orientación sexual de Delia. Su lesbianismo es
presentado de modo implícito y disimulado, y
muchos lectores simplemente no se dan cuenta de ello.
La identidad lesbiana de Delia tal y como Rodríguez
Acosta la presenta se basa únicamente en su expresión
del deseo lesbiano, no en una caracterización
abierta por parte del narrador o por la de los otros
personajes. No se da una estereotipización física
ni psicológica de este personaje en la novela.
De hecho, nunca llega a ser descrita físicamente,
y no hay mención alguna de sus gestos o modo
de vestir. Aunque es claramente independiente y agresiva,
jamás es descrita como masculina. Es emocionalmente
balanceada y no muestra señales de estigmatización
social. Una poeta exitosa, representa un modelo de la
creatividad femenina. Visto globalmente, Delia es un
personaje claramente positivo en la novela.
Delia es la única persona en la novela verdaderamente
capaz de reconocer el valor y el potencial de Gertrudis.
A lo largo de la novela, cuando ambas mujeres hablan
una de la otra, utilizan un lenguaje profundamente humanizado,
que contrasta con el lenguaje cosificador usado por
los personajes masculinos en sus referencias a la protagonista:
[Gertrudis]
encarna nuestro tiempo. Ella vive ahora [. ..] [es]
una mujer que trabaja, lucha, es pobre, y al mismo tiempo
sabe pensar [...] practica la libertad de amar [...]
ninguna religión. (22)
Rodríguez
Acosta le da la clave al lector para una lectura apropiada
de esta novela desde la perspectiva de la estética
lesbiana, reconociendo el uso del silencio de un modo
que no fue articulado teóricamente como estrategia
textual lesbiana hasta décadas después
de que fuera escrita esta novela. Delia misma señala
la función comunicativa del silencio en las interacciones
lesbianas disimuladas:
-¿En
qué me ha conocido usted, Delia?
-En sus silencios. Sus silencios son de una elocuencia
irrebatible, a veces, desconcertante. Ponerles atención,
es verla a usted llorar, añorar, pensar descarnadamente:
amar. .. (23)
Uno
tiene que leer entre líneas, buscar la intención
autoral en los silencios. "El amor que no se atreve
a pronunciar su nombre", suele señalarse
a través de lo que se omite, de lo que no se
dice, de los silencios. La interacción entre
Gertrudis y Delia es narrada de un modo que no deja
dudas de que sus encuentros son altamente sexualizados.
Cuando se conocieron "Delia la examinó de
arriba a abajo". (24) Un comentario
de Gertrudis provoca una mirada de Delia que Gertrudis
lee literalmente como un anuncio comercial de luces
intermitentes. La mirada, con sus posibilidades subversivas,
comunica lo que se calla, lo que es socialmente reprimido.
(25) Lo intermitente del anuncio
en este pasaje puede ser interpretado como una referencia
a la fragmentación de la identidad social de
Delia y a la necesidad de la comunicación disimulada
o en clave como estrategia para burlar el silencio impuesto
a la población lesbiana y gay. Tal y como lo
hacen las luces intermitentes de un anuncio lumínico,
la mirada de Delia se enciende brevemente y luego se
apaga enseguida, imagen que da la idea de los momentos
furtivos y breves en los que Delia permite ver su verdadera
identidad, como si estuviera probando la reacción
de Gertrudis.
Después, cuando por primera vez las dos mujeres
se encuentran solas, Gertrudis se asegura de controlar
los términos de la conversación. Empleando
frases cargadas de ambigüedad -como "usted
sabe que yo sé quién es usted"- establece
cierto nivel de complicidad a la vez que impone una
clara distancia con respecto a la otra mujer. Se establece
aquí el hecho de que Gertrudis reconoce la orientación
sexual de Delia y la acepta sin reproches, reflejando
un momento audaz de la novela:
[D:]
-[...]Usted no me evita ...
[G:] -Pero no la busco. .. ¿Por qué voy
a evitarla?
[D:] -¿Y por qué no va a buscarme?
[G:] -Eso es; lo uno y lo otro, ¿por qué?
[D:]
-Me alegra cuanto me dice. ¿Quiere usted ser
mi amiga?
[G:] -No; yo no quiero tener amigas.
[D:] -¿Por qué ese aislamiento? ¿Quiere
usted amortajarse en vida? jEs tan dulce la amistad!
[G:] -Profésela usted, si quiere. Hoy por hoy,
yo me basto sin ella. .. [...] Yo puedo tratarla a usted
cuantas veces la vea. Me siento un poco comprendida
por usted; pero si fuéramos amigas, quizá
se echara todo a perder. Usted sabe que yo sé
quién es usted.
[D:] -¿Y me censura?
[G:] -No.
[D:] -¿Me compadece?
[G:] -Tampoco.
[D:] -Soy así de un modo inevitable.
[G:] -Sea usted como usted quiera, y por lo que quiera.
Lo único que a mi me interesa de usted es su
corazón. (26)
La
siguiente vez que se encuentran solas, Delia es la que
establece lo términos de la conversación.
Su manera directa y cándida asusta y confunde
a Gertrudis quien se siente demasiado vulnerabIe ante
la pasión de su interlocutor. La explícita
declaración de amor que Delia le hace a Gertrudis
no viene acompañada por ninguna explicación
o comentario del narrador. Simplemente aparece como
un eslabón más en la cadena de acontecimientos.
Delia
le tomó una mano, que calentó entre las
suyas, y con voz queda:
- ... la quiero, Gertrudis, hasta el sacrificio. No
lo olvide usted; recuérdelo siempre [. ..]
- No la entiendo, o quizá es que no puedo entenderla
en este momento.
- Yo nunca he amado a una mujer como a usted, hasta
la renuncia, hasta la pureza de los sentidos, con estar
los sentidos tan pendientes de ella...
- Delia, calle usted. i Calle usted, por favor! Me trastornan
sus palabras porque no puedo razonar. Ha hecho usted
mal en elegir este momento para decírmelas; estoy
indefensa. Pero, de todos modos, creo [que] no ha debido
hacerlo nunca. i Qué lástima! Pierdo su
casi amistad. Porque, usted sabe, yo no soy mujer que
soporta estas situaciones. Le ruego me deje usted en
la próxima esquina. (27)
A
pesar de su profunda afinidad con Delia, Gertrudis no
es capaz de considerar la posibilidad de encontrar su
ideal de una relación verdaderamente igualitaria
con alguien del mismo sexo que ella. Gertrudis no logra
ver más allá de los parámetros
de lo socialmente aceptable (28)
pero, no obstante, Rodríguez Acosta parece estar
determinada a estirar esos parámetros. La presentación
que hace Rodríguez Acosta de la relación
entre Delia y Gertrudis abre un espacio para la posibilidad
de realización erótica desprovista de
la duplicidad y la manipulación sexista que se
da en otros capítulos de esta novela dentro del
contexto de la relación romántica heterosexual.
Uno de los momentos más transgresivos del texto
toma lugar durante una íntima reunión
de intelectuales en la cual todo el mundo está
bebiendo. Las descripciones detalladas de los movimientos
de los dos personajes revela un intercambio profundamente
erótico y señala un nivel de contacto
entre las dos mujeres que jamás podría
presentarse explícitamente en un texto como éste.
La dinámica erótica entre las dos mujeres
se centra alrededor de su contacto ocular. Como señala
la crítica literaria argentina Beatriz Sarlo:
"[. ..] hay cosas que sólo pueden hacerse
a través de los ojos, que todavía no son
lícitas de hacer con las manos (y que quizá
no lo serán nunca)". La mirada, explica
Sarlo, "sigue un guión erótico, que
escrito para las manos sería demasiado atrevido."
(29)
[Gertrudis]
se sentó, justamente frente a Delia. Los demás
jugaban y gritaban en absoluta independencia. Gertrudis
se sentía excitada, intranquila hasta el último
repliegue de su carne y de su alma. .. Sintió
clavada en ella como ponzoñoso aguijón
la mirada buida de Delia. Inmóvil, se puso a
mirarla ella también. ..La mirada de Gertrudis,
hipnotizada, bajó hasta los labios de Delia,
que se estremecía voluptuosamente. ..Se agitó
pecaminosamente en la larga, interminable, dulce mirada
de la otra mujer. Delia sonríe triunfalmente.
Esa sonrisa húmeda y palpitante, despertó
a Gertrudis. La bebida se le subía a la cabeza.
(30)
Levantándose
de la silla de pronto, Gertrudis corre a donde los demás
están jugando a las barajas, y, "sintiendo
la atracción del vicio con íntimos temblores
en el alma ", (31) comienza
a apostar con desenfreno. Se abandona completamente
al juego "con un ansia cada vez más grande
de faltar, de ser mala, de llegar al fondo de todas
las cosas". (32) El aire se
hace espeso con vapor y, perdiendo la conciencia, se
imagina que es "poseída " por todos
los invitados. "Toda quemada de deseos, ardió
espontáneamente". (33)
Pasan por su mente escenas de sus primeras experiencias
sexuales y de pronto, en un estado onírico, una
figura nebulosa se la lleva y "Sus deseos fueron
calmados físicamente, sin que ella supiera cómo
ni por quién". (34)
Luego trata de dilucidar quién fue: "¿Sería
Damián?", se pregunta, "¿Félix?
¿Antonio? ¿Delia?". (35)
El hecho de que se le incluye el nombre de Delia en
la lista de sus amantes posibles es un reconocimiento
directo del potencial de la sexualidad lesbiana, lo
cual corrobora las referencias homoeróticas disimuladas
en los pasajes anteriores. Por cierto, los otros tres
nombres de la lista son de personas que ni siquiera
estaban presentes en la fiesta.
Esta escena es la última en la que aparece Delia
en la novela. Las implicaciones eróticas eran
tan obvias para el lector sensible y su lógico
desenlace tan subversivo, que resultaba demasiado transgresivo
seguir el hilo de la relación entre las dos mujeres
hasta sus últimas consecuencias. Queda, por lo
tanto, como interrogante sin respuesta explícita
y, así, como posibilidad abierta. En los pocos
capítulos que restan de la novela, sólo
se vuelve a mencionar a Delia cuando unas mujeres que
trabajan en la oficina con Gertrudis, al querer difamarla,
comentan la posibilidad de que las dos mujeres sean
amantes.
Al perder la fe en la posibilidad de encontrar la realización
personal a través de la relación romántica,
Gertrudis ajusta el enfoque de su visión utópica
orientándola hacia la formación de una
nueva generación con una ética sexual
avanzada y con una concepción más flexible
del papel de la mujer en la sociedad. Decide tener un
hijo y hace un trato con su ex fiancé
para que él la ayude a lograrlo. No media ninguna
ilusión de romance entre ella y el futuro padre
de su hijo. Rodríguez Acosta presenta esta decisión
por parte de Gertrudis sin comentarios, como algo completamente
factible. (36) A la vez, sin embargo,
se empeña en demostrar las diferencias entre
las perspectivas tomadas por los dos potenciales padres
ante la situación y cómo éstas
corresponden a sus respectivos géneros sexuales.
Gertrudis comprende que a Antonio sólo le interesa
el proyecto porque le permitirá al fin hacer
el sexo con ella: "La aventura tenía para
él un sabor picante, con rescoldo de viejos e
insatisfechos apetitos". (37)
Ella también se da cuenta de que él probablemente
lo vea como una manera de vengarse de ella por no haberse
casado con él. Por otro lado, para Gertrudis,
lo de tener un hijo es un intento desesperado de darle
sentido a su vida a través de la influencia que
esto le permitiría tener sobre las generaciones
futuras. Citando a Oscar Wilde, plantea: "Si la
vida es un problema para mí, yo también
soy un problema para la vida." (38)
La selección de Antonio como padre para su hijo
es significativa. Éste es el mismo hombre que
le entró a golpes en plena calle cuando ella
rompió su noviazgo con él, obligándola
a reconocer las limitaciones físicas objetivas
determinadas por su género que le dificultaban
defenderse. Es casi como si, al recurrir a la maternidad
como su última oportunidad para la autorrealización,
Gertrudis se resignara a aceptar un papel que le había
sido biológicamente asignado por ser mujer y
asumiera una actitud diametralmente opuesta a las estrategias
genéricas transgresivas que había propugnado
con tanto entusiasmo al principio de la novela. Pero
no vayan a pensar que Rodríguez Acosta esté
planteando que ése sea el camino a seguir. Al
contrario: como resultado del embarazo, Gertrudis pierde
su empleo. Además, el niño se muere a
los pocos días de nacido, dejando a Gertrudis
sola, desempleada y emocionalmente destruida.
Al principio de La vida manda, Gertrudis es descrita
como una joven con un fuerte sentido de confianza en
sí misma que se considera como una ciudadana
y activa participante en la esfera pública. Al
final de la novela, sin embargo, ha perdido completamente
este sentido de seguridad, de sí como sujeto.
Como afirma el narrador, ha olvidado que tiene voz,
o sea, la habilidad de expresarse, de articular e interpretar
su propia realidad:
Hacía
cuatro días que no hablaba. Había olvidado
su propia voz. Su espíritu estaba en la misma
posición, como su pensamiento. De espaldas a
la vida. (39)
Cuando
se termina la novela el ideal de la protagonista de
independencia económica y de liberación
sexual ha resultado ser una utopía autoengañadora,
sus esperanzas para la realización artística
o intelectual han sido ahogadas, sus más queridos
parientes han muerto y su único aliado masculino
ha tomado un puesto diplomático en el extranjero,
su aspiración a la realización a través
de la maternidad soltera ha sido frustrada con la muerte
de su niño, e incluso ha sido despedida de su
puesto clerical con el gobierno federal. Y si eso fuera
poco, para colmo, tampoco triunfa en su gesto de rebelión
última -la toma de su propia vida-. Cegada en
un abortado intento de suicidio, pierde su visión
(i.e. su impulso utópico), y parece haberse
quedado completamente loca.
Había
abierto ya sus ojos y no veía aún. ¿Qué
sucedía? Los cerró y tornó a abrirlos.
iNada! Toda su alma se quedó de pronto en silencio.
Un pavoroso silencio de muerte. Una luz invisible, interior
inmanente, empapó su pensamiento todo. Comprendió:
iCiega! (40)
Así
se termina la novela, con esta imagen curiosamente ambigua
de contraste entre la vida y la muerte, de apertura
y cierre, luz y silencio, cognición y carencia
de acción, iluminación y ceguera.
Uno podría postular que al principio Gertrudis
creía que como trabajadora asalariada, mujer
cubana blanca, heterosexual y sexualmente "liberada"
se le permitiría participar activamente en su
sociedad al Iado de sus compatriotas masculinos. En
el final de la novela, sin embargo, ha quedado claro
que esta visión del personaje sobre su inclusión
en la vida cívica y sobre la libertad respecto
de las limitaciones patriarcales no resulta viable dentro
del marco de las relaciones sociales existentes. El
privilegio masculino permanece intacto tanto en la fuerza
laboral como en las "uniones libres" heterosexuales,
y las mujeres siguen bajo la opresión de las
vidas truncas de sumisión y silencio.
Sería un error asumir que Rodríguez Acosta
escribe en contra del feminismo al ilustrar los peligros
del estilo de vida de la mujer independiente. No se
da en la novela una exageración de los males
del "amor libre" o de la vida de la mujer
fuera de la esfera doméstica. La protagonista
no se vuelve prostituta ni monja ni tampoco añora
una segunda posibilidad para vivir la trayectoria del
matrimonio heterosexual tradicional. De hecho, el intento
de suicidio de Gertrudis pone en paralelo las estrategias
empleadas por mujeres latinoamericanas de las décadas
del '20 y del '30 tales como la poeta Alfonsina Storni
quien, bajo similares condiciones de frustración
trágica provocada por las limitaciones y las
convenciones sociales rígidas asignadas a su
género, se suicidió.
Por otro lado, el papel del subtexto lesbiano en esta
novela -aunque disimulado- es utópico, no trágico.
Delia es presentada como una mujer verdaderamente autónoma
y exitosa y representa una opción para la autorrealización
que Gertrudis no puede aceptar. Gertrudis está
ciega a una alternativa que Delia puede ver muy claramente.
La poeta lesbiana norteamericana Adrienne Rich ofrece
una visión perspicaz sobre el impacto de tales
formas de negación sobre la autorrealización:
Esta
mentira mantiene atrapadas psicológicamente a
un sinnúmero de mujeres, que luchan por adaptar
la mente, el espíritu y la sexualidad a un guión
prescrito porque no pueden ver más allá
de los parámetros de lo aceptable. [. ..] La
lesbiana que se encuentra atrapada en el "closet"
y la mujer presa por las ideas prescritas acerca de
lo "normal" comparten el dolor de las opciones
limitadas, las conexiones rotas, y el acceso perdido
a la auto-definición libre y poderosamente asumida.
(41)
Aunque
Rodríguez Acosta no condena la homosexualidad
explícitamente, en la novela hay una destacada
ausencia de cualquier modelo de sexualidad femenina
o de femineidad que excluiría una identidad lesbiana,
la cual es bastante significativo dada la homofobia
rampante del movimiento feminista en Cuba y la invisibilidad
social generalizada de la lesbiana en la sociedad latinoamericana
de la época. Su presentación de Delia,
la poeta lesbiana, contradice los términos del
discurso de Marañón acerca del lesbianismo
como aberración enraizada en factores biológicos
y también contradice la perspectiva de Sabas
Alomá del lesbianismo como una enfermedad social
y un vicio inducido por madres ineptas bajo el capitalismo.
Al presentar en su novela un personaje lesbiana positivo,
Rodríguez Acosta interviene en el debate sobre
la homosexualidad femenina y sugiere que las feministas
deberían abrir sus ojos a la realidad del lesbianismo
y considerar la posibilidad de que ésta sea una
identidad liberadora para algunas mujeres.
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| Sexo
y sexualidad en América Latina
Daniel Balderston y Donna J. Guy
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notas
1.
Fundadora del Grupo Minorista, Sabas Alomá participó
activamente en muchas otras organizaciones culturales
progresistas de la época. Fundó la revista
Astral en 1922 y fue colaboradora activa de varias revistas
de las décadas del '20 y del '30 como Carteles,
Bohemia y Avance. En 1923 asistió al Primer Congreso
Nacional de Mujeres de Cuba, y en los años subsiguientes,
asistió a muchos eventos similares tanto en Cuba
como en el extranjero. En 1930 publicó su colección
Feminismo, cuestiones sociales-crítica literaria
(La Habana, Editorial Hermes, 1930), la cual presentaba
en forma de libro sus artículos periodísticos
sobre asuntos referentes a la mujer. Su poesía
fue antologada por Juan Ramón Jiménez
y Camila Henríquez Ureña en su volumen
La poesía en Cuba en 1936 (La Habana, Institución
Hispanocubana de Cultura, 1937). Para más información
sobre Sabas Alomá, véase el estudio de
K. Lynn Stoner: From the House to the Streets: The Cuban
Women 's Movement for Legal Reform 1898- 1940, Durham,
Duke Universlty Press, 1991, págs. 89-97.
2.
Véase Mariblanca Sabas Alomá: "Pepillitos
y garzonas", "Feminismo contra garzonismo"
y "Génesis económica del garzonismo",
abril de 1928, incluidos en Feminismo, ob. cit., págs.
95-113.
3.
Este término se popularizó en Cuba con
la amplia circulación en la década del
'20 de la versión en español de la novela
de Victor Margeuritte: La Garconne, París, Flammarion,
1922, la cual tuvo un gran impacto sobre los debates
alrededor del concepto del amor libre. La protagonista
de la novela es una mujer joven cuyas aventuras sexuales
incluyeron contactos íntimos con otras mujeres.
La Garconne también fue publicada en inglés
por lo menos cinco veces a partir de 1923 (Londres,
A.M. Philpot), y en ruso en 1926 (Riga, Knigo O.D. Strok).
4.
Sabas Alomá: Feminismo, ob. cit., pág.
98.
5.
Ibíd., pág. 104.
6.
Gregorio Marañón: Estudios de fisiopatología
sexual, Colección Marañón, vol.
20, Barcelona, Manuel Marín Editor, 1931.
7.
Claramente, las implicaciones personales para Sabas
Alomá fueron profundas e incómodas.
8.
Sabas Alomá: Feminismo, ob. cit., pág.
109.
9.
Ibíd., pág. 97.
10.
Ibíd, pág. 47.
11.
Ibíd., pág. 97.
12.
Ibíd., págs. 99-100.
13.
Ibíd., págs. 101-2.
14.
Ibíd., págs. 106-8.
15.
Ofelia Rodríguez Acosta: La vida manda, Madrid,
Biblioteca Rubén Darío, 1929. Apareció
una segunda edición en 1930.
16.
Para más información sobre Ofelia Rodriguez
Acosta, véase Stoner: From the House to the Streets,
págs. 97-102. Véase también el
estudio pionero de Susana Montero, La narrativa femenina
cubana 1923-1958, La Habana, Editorial Academia, 1989.
17.
Sabas Alomá: Feminismo, ob. cit.; pag. 235.
18.
Ibíd., pág. 231.
19.
Ibíd., pág. 235.
20.
Ibíd.
21.
Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., pág.
151.
22.
Ibíd., pág. 143.
23.
Ibíd., págs. 80-81.
24.
Ibíd., pág. 35.
25.
En su estudio de la noevla serial argentina para mujeres
de la década del ´20, El imperio de los
entimientos (Buenos Aires, Catálogos, 1985),
la crítica argentina Betariz Sarlo -obviamente
familiarizada con el discurso lacaniano- habla de la
función erótica de la mirada en las convenciones
literarias de la narrativa popular:
Si lo que el otro quiere decir está prohibido
solo la mirada puede (...) disolver, con sus mensajes
ambiguos, las prohibiciones éticas y sociales.
En este sentido, es más difícil de decodificar,
pero más poderoisa que la lengua, porque no (hay
una) teoría de la mirada: los ojos dicen más
que las palabras y (...) son (...) mensajeros que comunican
lo que las convenciones sociales no esperan o reprimen
en la lengua oral (pág. 128).
26.
Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., págs.
103-4
27.
Ibíd., 146.
28.
Parafraseado del ensayo de Adrienne Rich: "Compulsory
Heterosexuality and Lesbian Existence", en Henry
Abelove, Michele Aina Barale y David M. Halpern (comps.):
The Lesbian and Gay Studies Reader, Nueva York, Routledge,
1993, págs. 227-54.
29.
Sarlo: El imperio de los sentimientos, ob. cit., pág.127.
30.
Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., págs.
92-94.
31.
Ibíd., pág. 194.
32.
Ibíd.
33.
Ibíd., pág. 195
34.
Ibíd.
35.
Ibíd.
36.
Rodríguez Acosta promovía activamente
la campaña a favor de la igualdad de derechos
para los hijos nacidos fuera del matrimonio. Un ejemplo
de la posición radical tomada por las defensoras
de esta campaña puede verse en los artículos
de Sabas Alomá sobre el tema:
La moral del futuro valorizará definitivamente
el derecho de maternidad: toda mujer podrá o
no tener un hijo o varios hijos, según le convenga,
según lo desee, dentro del matrimonio o fuera
del matrimonio, sin que en sus determinaciones a este
respecto intervenga otro factor que no sea su propia
determinación. ("Contra el torno, otra vez",
Feminismo, ob. cit., pág. 123.)
37.
Rodríguez Acosta: La vida manda, ob. cit., pág.
235.
38.
Ibíd., pág. 236.
39.
Ibíd., pág. 250
40.
Ibíd., pág. 252.
41.
Rich: "Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence",
ob. cit., pág. 244.
Sexo y sexualidades en América Latina. Compiladores:
Daniel Balderston y Donna J. Guy. Ed. Paidós
Nina
Menéndez es profesora de Español en
California y se especializa en la escritura de las mujeres
cubanas a principios del siglo XX.
El
presente texto fue tomado de la compilación Sexo
y sexualidad en América latina, reunida por Daniel
Balderston y Donna J. Guy, publicada hace unos años
en español por Paidós.
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