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En
el año del centenario del nacimiento de Dulce
María Loynaz (1902-1997), son múltiples
los homenajes que se le rinden en Cuba y fuera de ella.
Entre ellos, reediciones de su obra. El caso del cuaderno
El Áspero Sendero, es peculiar. En sus
páginas se rescatan zonas de su creación
prácticamente desconocidas, purgadas de las distintas
selecciones poéticas por la propia Dulce, pero
rescatadas ahora por el investigador Roberto Carlos
Hernández y publicadas por Ediciones Extramuros.
La isla en peso
trae a sus lectores en exclusiva una selección
de estos poemas tempranos, suerte de ritual de iniciación
de una obra que luego sería robusta. Incluimos
aquí fragmentos de la nota introductoria al volumen.
AL
LECTOR
Temeraria
es la tarea de entregar a la imprenta -legando, por
tanto, al juicio público, ora al ademán
peyorativo, ora a la admiración y al aplauso-,
la obra deliberadamente oculta de un autor ya fenecido.
El áspero sendero, selección que
bajo este nombre agrupa una serie de poemas de Dulce
María Loynaz, escritos (o al menos publicados
en prensa periódica) en la primera mitad del
año 1920, es el fruto del afán de este
crítico de buscar la verdadera raíz a
ese árbol que más tarde sería el
universo lírico de la Loynaz. "La poesía,
como el árbol, debe nacer dotada de impulso vertical.
Y mientras más alto crece, menos se pierde en
ramas".(1)
Sería menester preguntarse por qué motivo
no incluyó Dulce María ninguno de estos
poemas en las múltiples ediciones de su obra,
si bien ella misma era tan partidaria de buscar las
raíces remotas...
Quien
me volviera a la raíz remota
sin luz, sin fin, sin término y sin vía.
Refiriéndose
a la andina Gabriela Mistral dice: "Todos los escritores
-y más que todos, los poetas- tienen un período
de formación, una etapa siquiera de balbuceo,
de tanteo, en que aún dejando presentir el buen
árbol futuro, no hay todavía árbol
ni escritor". (2)
Luego, ¿no consideró la Loynaz que son
precisamente estos poemas ese balbuceo aún inmaduro
de su voz, una vez que Versos, su primer poemario hasta
ahora, es una antología ya madura? (3)
Versos, primer cuaderno poético que nuestra
premio Cervantes da a la luz, recoge, según apéndice
al propio título, composiciones comprendidas
entre los años 1920 y 1938, mas el primer poema
de esta selección que ahora pongo a consideración
de los lectores, "El Áspero Sendero",
aparece publicado en el diario La Nación con
fecha 4 de enero de 1920, y el último "El
poema de Cristo", título que da la autora
a la comunión temática de diez sonetos,
aparecerá en el propio diario con fecha 1 de
abril de 1920, lo que evidencia que, al menos cronológicamente,
todos los poemas de la presente selección se
corresponden con el inicio de la etapa de Versos,
de lo que se infiere, aunque de manera totalmente especulativa,
que la Loynaz, en minucioso trabajo de selección
posterior, marginó conscientemente estos poemas,
pues cómo explicar entonces el olvido de sus
primeros trabajos entregados a la imprenta,
A la luz de estos hallazgos, verdadera arqueología
literaria (reparemos en que estos textos se encuentran
en amarillos y roídos periódicos, ya octogenarios)
sería prudente hacer una revisión más
novedosa de la obra loynaziana, de la que se ha dicho
hasta la saciedad, ser una obra poco emparentada con
sus coterráneas y coetáneas, una "isla"
u otro sinfín de calificativos, los que si bien
en gran medida se ajustan a momentos posteriores, no
se corresponden con esta etapa, a mi juicio, de búsqueda
de filiación estética de Dulce María
Loynaz, muy sujeta aún a los códigos del
Modernismo y el Neorromanticismo. Con detalle recuerdo
el esclarecedor ensayo de Enrique Saínz que con
el título de "Reflexiones en torno a la
poesía de Dulce María Loynaz" incluye
Pedro Simón en la Valoración Múltiple.
Pienso que Saínz, al igual que otros críticos,
basa sus reflexiones a partir del poemario Versos,
omitiendo la existencia del presente cuadernillo, nada
voluminoso pero que juega un papel trascendente a la
hora de buscar orígenes, primeras influencias,
inquietudes líricas que más tarde se darán
con toda madurez en la obra de Dulce María. Debemos
reparar que estamos ante una Dulce María de 18
años de edad. Cualquier opinión en torno
a esta selección poética debe tener presente
ante todo esta circunstancia. Solo partiendo de este
hecho podremos perdonar la pobreza de composiciones
como "Confesión" o "El amor y
Yo", portadoras de rima forzada y tono pueril que
linda en lo coloquial. Poemas de juventud sería
un título sugerente para este cuaderno, si no
hubiésemos preferido el del primer poema para
nombrar toda la selección. Salta a la vista el
uso de los temas e inquietudes propios del romanticismo
en composiciones como "Hojas secas", "Canción
de Invierno" o "La oración de la tarde",
sin que por ello se deje de apreciar la delicada influencia
de los modemistas, lo que denuncia el debate, tal vez
inconsciente de la autora, entre estas corrientes literarias.
En algunos poemas, en cambio, aunque la esencia es netamente
romántica, muchos elementos, como por ejemplo
el léxico, apuntan al modernismo (...)
El
Áspero Sendero no es pues una mera propuesta
editorial. Este cuaderno poético es el germen
de un corpus poético posterior, se siente en
sus páginas la voz todavía balbuceante
pero ya cristalina de una poeta mayor... sin raíces
no hay árbol ni fruto, degustábamos los
seguidores de Dulce María los frutos de su poética,
sin conocer la raíz que, aferrada a la tierra,
le trasmitió fuerza y vida.
Roberto
Carlos Hernández Ferro
Notas
1
Loynaz, Dulce María. "Mi poesía:
Autocrítica", en Ensayos Literarios.
Ed. Universidad de Salamanca. 1992.
2 Loynaz, Dulce María. "Gabriela y Lucila",
en La palabra en el aire Ed. Hermanos Loynaz Pinar del
Río, 2000.
3 No tenemos presente el divertimento Bestiarium
para emitir estos juicios.
No
penséis que en la vida hay una fuente
donde apagan los pobres soñadores
la sed de perfecciones y de amores,
que solo existen en ilusa mente.
Ni
viváis esperando ingenuamente
hallar en vuestra senda frescas flores:
quema el alma con mágicos fulgores
de la quimera el sol resplandeciente!
iQue
la vida es un áspero sendero
donde al soplo fatal del hado fiero
el hombre, fatigado peregrino
luchando con inútiles empeños,
va dejando sus dichas y sus sueños
en las hirientes zarzas del camino...!
4-I-1920
Bajo
los dardos del dolor impío
fue tu vida una estela de diamantes,
como el paso fugaz de las errantes
estrellas por el ámbito sombrío.
Una
vida sin sol, con el hastío
de las cosas terrenas: tan distantes
de los místicos sueños que brillantes
forjara tu sublime desvarío!
Y
tu alma, presa de dolor ignoto,
rompiendo las cadenas que arrastrara
huyó del mundo con ansioso empeño
como una mariposa que, ya roto
el capullo, su vuelo remontara
hacia el país divino del Ensueño! ...
1920
Era
un árbol frondoso que se erguía,
cual si ufano elevara su ramaje,
tejiendo con las flores y las hojas
oloroso festón de verde encaje.
Vigoroso
y gentil, creció lozano
más grande cada día, más hermoso,
y sus hojas mecidas por la brisa
saludaban al sol esplendoroso.
Luego...
pasó la alegre primavera;
el invierno llegó cruel y sombrío,
arrancando las hojas de aquel árbol
que rodaron marchitas por el frío.
Cuando
huyeron las brumas del invierno
las brisas de una nueva primavera
lleváronse en sus giros las marchitas
pobres hojas que el cierzo desprendiera...
Mi
corazón fue así como aquel árbol
que en floridas y alegres estaciones
soñador, ostentó las verdes hojas
de sus puras y dulces ilusiones...
Mas,
luego que pasó la primavera
y un invierno llegó más cruel y frío
del ensueño las hojas ya marchitas
cayéronse también del árbol mío...
Y
dispersas mis gratas ilusiones
por el soplo inclemente del destino,
quedó mi corazón, triste y desierto
como el árbol sin hojas del camino!
11-I-1920
Yo
adoro los días nublados de invierno
con sus tardes plenas de melancolías,
las tardes de invierno brumosas y tristes
jBrumosas y tristes como el alma mía!
jAdoro
esos días sin ruido y sin sol,
sin aves el cielo, las nubes en calma,
llenos de nostalgias, recuerdos y sueños
que en giros confusos invaden el alma!
Las
calles desiertas, las casas cerradas,
los parques sin niños, los campos sin flores,
las gentes envueltas en pieles y abrigos:
ocasos y auroras sin luz ni colores...
Sí,
debo adorarlos...! que son esas brumas
cual dulces recuerdos de mis alegrías,
cual flores que cruzan mi triste camino
cual luces que alumbran mis noches sombrías...
Recuerdos
de inviernos que ya se alejaron
dejando mi senda sembrada de abrojos,
visiones de un sueño ya casi olvidado
que plugo al Destino negar a mis ojos...
¡Son
las ilusiones de otros días fríos:
suspiros y risas que el tiempo apagó...
¡Oh, flores del alma, que apenas nacidas
la verdad amarga, severa tronchó!...
Yo
adoro los días nublados de invierno
con sus tardes plenas de melancolía,
las tardes de invierno brumosas y tristes,
brumosas y tristes como el alma mía!
19-I-1920
Vosotros
los que decís que yo le canto al dolor
escuchad estas estrofas impregnadas del ardor
de una juventud que asciende, pletórica de ilusiones
a las cumbres del ensueño, sin mirar los desengaños:
que siempre la vida es bella, cuando suma quince años.
jAmable
y dulce es la vida! y se encuentran en la tierra
la belleza y la virtud entre la escoria que encierra.
...¡Aún el mundo guarda flores, pájaros,
niños y madres
y yo con Darío afirmo, siempre alegre y soñadora,
que no se ha abierto del todo la cajita de Pandora...
¿Que
existen también maldades y miserias? -¡Ya
lo sé!
-Pero es mejor olvidarlas antes que perder la fe-
y yo practico la sabia filosofía optimista
de esperar siempre que vuelvan mis obscuras
golondrinas
y recoger frescas rosas sin fijarme en las espinas.
Es
verdad que escribo a veces de terribles desengaños,
de tronchadas ilusiones y de otros males extraños.
Mas comprenderéis, sin duda, que en eso no soy
sincera,
pues no puede haber invierno donde está la primavera
En
el rosal de mi vida por cada rosa tronchada
brotan los nuevos capullos de una esperanza encantada
-y declaro ingenuamente- tengo un alma tan sensible
para el mimo y el cariño, que en mi joven corazón
por cada ilusión que muere, nace una nueva ilusión
Así
transcurre mi vida, plena de encantos risueños,
en mi torre de marfil, encerrada con mis sueños
creyendo lo que yo quiero, en lo divino y lo humano...
Y
aunque los sabios impíos, desmientan mi santo
celo,
yo sigo creyendo siempre: que el cielo es azul...
y es cielo!
8-II-1920
(De
una anécdota de Tolstoi)
En
una callejuela de lejano poblado
diviértense los chicos en rueda bulliciosa:
agrupándose en tomo la multitud curiosa
un pobre perro muerto contempla abandonado...
"Esto
envenena el aire", dice un desocupado,
y al can escupe y burla con saña escandalosa:
porque en la vil basura exánime reposa,
el chiste lo escarnece del pueblo despiadado!
"¡Qué
hedor! ¡Qué villanía!" dicen
dos caminantes
"Miradle las orejas! Son nidos repugnantes
de moscas!", y otro exclama: "¡Me alejo
por no verlas!"
...Y
Cristo -que pasaba- detúvose un momento
y, al ver el perro muerto, dijo con dulce acento
"Sus dientes son tan blancos, que me parecen perlas!"
15-II-1920
Era
una mariposa cuyas alas
cual pétalos de blancas azucenas
coronaron los mágicos pistilos
que con oro formaban sus antenas.
Una
noche; la pobre mariposa
vio una luz... muy rosada, muy brillante
que irradiaba fantásticos destellos
cegando con su lumbre fulgurante.
Sintiéndose
atraída por el brillo
dejó la rosa... abandonó la rama;
remontando gozosa el raudo vuelo
en pos de su ilusión: la viva llama...
Mas: luego que logrando sus deseos
de
cerca los fulgores contempló,
sin poderlo evitar, la pobre incauta
arrojándose al fuego se quemó...
Mi
alma fue cual la blanca mariposa
y sintió la atracción de los reflejos
de venturas, de sueños y esperanzas,
que mintiendo brillaban a lo lejos:
Gozosa
abandonó su paz bendita,
al ver el resplandor de la QUIMERA,
y al sentirse atraída dulcemente,
en pos de ella voló con fe sincera.
Mas;
luego cual la incauta mariposa
al fuego se arrojó con loco empeño
¡¡...Y como ella quemó sus blancas
alas
en la fúlgida llama del ensueño...!!
22-II-1920
(A
mi hermano Carlos Manuel)
En
el diáfano vaso de nívea porcelana
agonizan las rosas...
La brisa de la tarde va esparciendo los pétalos
que en el aire semejan pálidas mariposas.
El
sol se va ocultando tras lejano horizonte
y en el cambiante velo
que han tejido las nubes con la franja de grana
encienden sus fulgores las estrellas del cielo.
El
sol se va ocultando... Se ha desprendido un rayo
de luz esplendorosa
para besar piadoso las flores moribundas
y su beso ha teñido los pétalos de rosa.
No
sé por qué estoy triste... Tomo las pobres
flores
me acerco a la ventana
y las arrojo! En tanto que un pálido recuerdo
viene a turbar mi mente, que en olvidar se afana.
No
sé por qué estoy triste... Mas, pienso
que esas rosas
como las ilusiones
se mueren cuando apenas nacían a la vida
en jardines fragantes, o en tiernos corazones...
Y
ya muertas, la mente quiere olvidar en vano
sus quimeras benditas!
Quién pudiera arrojarlas del alma desolada,
como se arroja un ramo de rosas ya marchitas!
1-III-1920
Dicen
que el amor es fuente
Donde apaga el alma ardiente
Su sed jamás extinguida;
Donde son verdad los sueños
Que con ingenuos empeños
Nos forjamos en la vida.
Que
es la sola flor que existe
En este camino triste
Lleno de zarzas y abrojos...
¡ Y que no hay gloria en la Tierra
Igual a la que se encierra
En el fondo de unos ojos...!
Dicen
que es algo sublime,
Que es lo que el hombre redime
y que es lo que el hombre ensalma
Dicen que amar es vivir...
Dicen que amar es sentir
el cielo dentro del alma...!
Dicen...
¡Dicen tantas cosas!
Con frases tan luminosas
Nos presentan al amor...
¡Que no quiero conocerlo!
Tal vez mis ojos al verlo
Se cieguen con su fulgor...
Renuncio
a todas sus glorias
verdaderas o ilusorias
Porque sé por experiencia
Que no se encuentra en el mundo
Un deleite más profundo
Que la paz de la inocencia.
Sentir
que reposa el alma
Sin que se turbe su calma
Ni se empañe su candor,
Esa es dicha verdadera...
Y si he de seros sincera:
Le tengo miedo al amor...
Me
decís que aunque no quiera
el brillo de la quimera
Deslumbrará mi razón;
Y a pesar de mis enojos
Bajo el fulgor de unos ojos
Temblará mi corazón... ?
Lo
dudo... Porque aunque sé
Que ya mi infancia se fue
Y el amor se me aparece
Con su tentador aliño...
¡Mi corazón es un niño...
Un niño que nunca crece...!
28-III-1920 |