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Desde hace un tiempo, el espacio Último jueves, que organiza la revista Temas, convoca a debatir diferentes asuntos de la realidad sociocultural cubana. Esas sesiones cuentan con especialistas invitados y la durísima intervención de un público libremente convocado. A menudo, tales sesiones acaban reproducidas en las páginas de la publicación.
La isla en peso dedica su
Estación crítica a un reciente debate que alrededor del tema de la marginalidad acogiera Último jueves. Agradecemos a los colegas de Temas la posibilidad de llevar a nuestros lectores las controversias que de puertas hacia adentro se producen y que, en este caso, dibujan el complejo panorama de la cultura cubana de cara a su utopía social.

 

¿Que significa ser marginal?
 

RAFAEL HERNÁNDEZ (Ensayista y director de la revista Temas): Queremos que esta mesa de hoy esté centrada en el fenómeno de la marginalidad entendiéndola como vivencia, como identidad y como problema, en el cual la dimensión cultural tiene una significación especial.
La primera pregunta sería: ¿Existe una identidad cultural marginal? ¿Podríamos hablar -y en qué medida- de una cultura marginal?

AURORA VÁZQUEZ (Profesora de Sociología de la Universidad de La Habana): Empezaré por valorar aspectos que me parecen de interés como punto de partida. Para poder comenzar a hablar de si existe o no una identidad cultural marginal, tendríamos que comenzar por definir y aceptar convencionalmente cuáles son las dimensiones en que definimos esa identidad cultural marginal, porque pienso que la propia construcción de la identidad supone una serie de ángulos que necesariamente son multidisciplinarios, y quien pudiera subrayar la imposibilidad de echar a un lado los elementos económicos y materiales, también tendría que aceptar que es imprescindible valorar lo psicológico, es decir, las motivaciones, los intereses esenciales de los sujetos -vamos a llamarlos sujetos sociales en tanto son individuales o colectivos. Por eso pienso que el punto de arrancada sería tratar de precisar en qué dimensiones vamos a valorar esa identidad cultural marginal y, a partir de ahí, precisar si existe, y de qué manera la vamos a conceptualizar, viendo, efectivamente, que una cosa es el correlato material -es decir, el fenómeno- y otra, su conceptualización.

MIGUEL MEJIDES (Narrador): ¿Qué hago yo aquí?, me preguntaba, porque yo nunca manejo conceptos, manejo el lenguaje artístico, el lenguaje de la metáfora. Me cuesta mucho conceptuar; o sea, el pensamiento científico, para mí, siempre fue muy problemático; nunca puedo tener un pensamiento científico. Por eso, a la hora de acercarme al mundo de la marginalidad lo hago desde la literatura. Me encantan los personajes marginales; no hay como un personaje marginal para desarrollar un hecho literario. Yo le decía al director de la revista Temas, que él y yo, muchachos buenos -yo, un guajirito lépero de Camagüey, y él un académico que ha viajado por muchas universidades-, no damos novela, somos tipos que nos acostamos temprano, y quizás nos tomamos un vaso de agua antes de hacer el amor, no somos novelables. La novela está -lo decía la profesora Aurora-, en lo psicológico, está en la locura y está en lo marginal. Siempre he pensado al marginal como mirando un buque, un barco lleno de luces; quizás una pareja amorosa en la proa, y desde la orilla, el marginal mirándolo.
A la hora de enfrentar los temas marginales y conceptualizarlos, lo hago desde la metáfora y la parte artística. Yo quería escribir un cuento sobre un marginal -y perdonen que hable de mí-, un cuento sobre el mercado negro, la economía sumergida, ese submundo, y me dije: ¿cómo enfrentar ese problema?, ¿voy a describir naturalistamente la realidad? Y me dije: no; me inventé un bizco, que viene a La Habana a trabajar en el turismo, y no le dan trabajo en ningún hotel porque es bizco, y aquello es el Palacio de la Belleza. Se encuentra en una estación de trenes a unos enanos y descubre cómo esos enanos, que viven bajo la ciudad de La Habana, que venden, matan vacas, entran automóviles, sueños y no sueños, reconstruyen el mundo marginal de la vieja ciudad de La Habana. Ese es el concepto de marginal para mí; esa metáfora de un bizco, unos enanos, una realidad muy dura. ¿Y cómo escribo estos temas? Hago trabajo de campo en ese sentido, aunque no científico. Me siento en el Prado y simplemente, observo. Me senté meses en el Prado y yo miraba a los personajes y así descubría lo marginal. Para esta mesa redonda yo me quise hacer el científico. Me he pasado seis días en Internet, leyendo artículos sobre marginalidad, y me di cuenta de algo: los problemas de la marginalidad en Sao Paulo, Buenos Aires, Madrid -eso es un reto para el pensamiento científico cubano- en nada se parecen a los problemas nuestros. Si vemos los índices de desempleo en Río de Janeiro, en Buenos Aires, la falta de salud pública, la muerte de muchos niños por 1 000 nacidos vivos, todos son grandes problemas en esos países, y hay un crecimiento enorme de la marginalidad. Pero en Cuba, ¿no están resueltos esos problemas?, ¿y no crece la marginalidad? Hemos resuelto esos problemas, ¿pero no existe la marginalidad?
A la hora de hacer el análisis de la marginalidad en Cuba, yo lo haría en dos partes; porque no es la misma en La Habana que en el interior del país. Hay situaciones muy específicas en la gran ciudad, que son como una gran incubadora de marginalidad, que no existen, por ejemplo, en Camagüey, en Manzanillo, en Santiago o en Matanzas. Luego, generalizamos la marginalidad y decimos: en Cuba no, o en Cuba sí. Yo sería más específico a la hora de analizar. Es muy diferente en La Habana: dos millones de habitantes, problemas acumulados, situaciones, historia, memoria, etc.
Y como decía Aurora, separar lo económico en los análisis de la marginalidad, sería un desastre. Podemos acercarnos, llevar la cultura a zonas marginales, pero si no hay un análisis económico, ni una solución a necesidades económicas acuciantes, el problema de la marginalidad no se puede resolver. No es suficiente garantizar la educación, la cultura, la salud pública. Es lo que pienso. El problema de la marginalidad es un ente integral que tenemos que entrar a analizar en su conjunto, y ¿por dónde empezar? Por la economía, que desempeña un papel fundamental; ese vivir diario, eso que los marginales dicen que hay que "lucharla".

RUBÉN ZARDOYA (Profesor de Filosofía de la Universidad de La Habana, director de la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar): Lo que yo puedo aportar es trasmitir algo de las experiencias que he acumulado durante estos últimos ocho meses, trabajando en la dirección de la Escuela de Trabajadores Sociales de Cojímar, y lo que he podido conocer sobre los programas que está desarrollando la Revolución para atacar, entre otros males, la marginalidad.
Debo reconocer que no he hecho investigaciones específicas sobre el tema de la marginalidad; solo algún que otro artículo aislado que he leído. No cabe la menor duda -sin economicismo de ningún tipo, que haga depender directamente conductas, formas de pensamiento, hábitos, etc., de determinadas condiciones materiales-, de que hay una determinación económica. Ahora bien, de determinación económica a determinismo ya habría un paso. Yo sí creo en el inmenso papel que puede desempeñar el trabajo cultural y educativo en la eliminación de formas de marginalidad, porque, en buena medida, la marginalidad responde a determinadas normas, valores, hábitos, conceptos sobre la vida, concepciones del mundo, sistemas de relaciones humanas, formas de percepción.
Recientemente, se han hecho investigaciones que, por ejemplo, logran determinar que solo un 2% de los jóvenes presos son hijos de profesionales y, curiosamente, también solo un 2% -en estudios que se han realizado en la ciudad de La Habana- de los jóvenes desempleados, son hijos de profesionales. Pienso que no son necesarias muchas mediaciones teóricas para, por lo menos, poder establecer que existe una relación entre cultura, marginalidad, desempleo (como una forma de marginalidad) y educación. Me parece que eso es algo incontrovertible.
Sí quiero insistir en lo siguiente: vemos un papel clave en el factor económico para crear marginalidad. No cabe la menor duda de que esto está asociado a graves limitaciones económicas, a la incapacidad de lograr un pleno empleo productivo; pero incluso el plano económico está asociado a la idea de que el problema del empleo -que lo veo directamente vinculado a la marginalidad-, no puede ser resuelto en la esfera de la producción material, de la industria, de la agricultura, porque allí la mano de obra compite con la tecnología. Y no digo que tan peligroso, pero casi tan peligroso y preocupante como el subempleo es el sobreempleo, del cual, en determinadas épocas, padecimos. Recuerden aquellas cafeterías en las cuales se vendía pan con croqueta y se ofrecía agua, y había cinco empleados.

RAFAEL HERNÁNDEZ: En las tres intervenciones se ha hecho referencia a lo importante que es entender la naturaleza económica de la marginalidad para poder definirla. ¿Ser marginal es ser pobre? La respuesta es: no. Hay gente que son pobres y no son marginales. ¿Ser marginal es ser delincuente? No; se puede ser marginal y no ser delincuente. ¿Ser marginal es no tener dinero? No; se puede tener mucho dinero y ser marginal. La problemática económica, por consiguiente, está presente, pero a través de una forma de vida específica, que tiene manifestaciones como fenómeno cultural. Esto no quiere decir que está expresado exclusivamente en las maneras de hablar o en las maneras de caminar, sino en todo un mundo de imágenes, de conductas concretas, de acciones y prácticas concretas que se realizan y que se autorreproducen. No todo marginal tiene una necesaria autoconciencia, pero sí se da como una identidad que se objetiva socialmente. Como decía la economista británica Jane Robinson, "puede ser que no se pueda definir lo que es un hipopótamo, pero todo el mundo se da cuenta de un hipopótamo cuando lo ve". Y con la identidad del marginal como fenómeno cultural sucedería algo así.
Antes de saber cómo superar la marginalidad -que es la última pregunta-, antes de poder profundizar en qué significa superar la marginalidad, tenemos que pensarla antes en su naturaleza, en su identidad y en sus manifestaciones concretas; es decir, en sus manifestaciones como cultura. En este sentido, les preguntaba antes, ¿podríamos hablar de una identidad de lo marginal?, pero ¿podríamos hablar de cultura, una cultura, o de culturas marginales que podrían ser descritas de la misma manera que podríamos describir -quizás no definir, pero sí describir-, al hipopótamo?

AURORA VÁZQUEZ: Las intervenciones de los compañeros que antes hablaron, me llevan necesariamente a considerar algunas cosas en relación con cómo definir o cómo ver una o varias culturas de la marginalidad. Creo que la primera de las cosas que sería interesante tener presente está en el sentido del otro, de la cualidad de diferente que tiene la marginalidad en su propia definición; es decir, cualquier definición de marginalidad parte de un centro que se instituye como el afirmativo. Es evidente, entonces, que la marginalidad en su propia definición, se está dando a partir de un lente de prejuicio.
Porque si nosotros, conscientemente, comprendemos que hay algo de esto en la propia definición de lo marginal, entonces podremos darnos cuenta de que esas culturas no tienen por qué tener un sentido negativo, ni por qué considerar una cultura como peor y otra como mejor. Lo diferente no tiene por qué ser mejor ni peor. Esos juicios de valor, si acaso tuvieran sentido, sería con el objetivo de medir su funcionalidad respecto al desarrollo de las relaciones sociales dentro de una cultura o de otra. Si valoramos la decantación de aquellos elementos de las relaciones, el estilo de vida, incluso las connotaciones éticas con respecto a determinados conceptos cargados de una perspectiva de género -como por ejemplo el de hombría-; si decantamos, repito, estos elementos que subyacen en algunas culturas marginales y que afectan, lastran el desarrollo o lo impiden, o de alguna manera coartan las posibilidades de crecimiento personal, de bienestar, de enriquecimiento humano de algunos de estos sectores, ya se vea en términos de género o no, esos son perfectamente comprensibles en algunas culturas, que aportan una visión positiva, constructiva, incluso enriquecedora, del mundo. De manera que la cuestión no es tan simple, no es tan sencilla como apostar por uno u otro medio de superación de la marginalidad. Creo que esa es una tarea que, evidentemente, está en terrenos resbaladizos y que nos están haciendo caminar al borde del prejuicio y de posiciones inconsistentes respecto a una política social coherente con el desarrollo personal y colectivo de todos los sectores y todos los segmentos de la sociedad cubana.

RAFAEL HERNÁNDEZ: Déjenme agregarles algo a las preguntas anteriores, que tiene mucho que ver con algo que mencionó rápidamente Aurora. Cuando hablamos de una cultura marginal, estamos hablando más bien de aquellos elementos que consideramos enajenantes o negativos en la cultura popular, ¿no hay, dentro de ese entorno que es la cultura marginal, elementos que no son enajenantes y negativos?

MIGUEL MEJIDES: Yo comparto las ideas de la profesora; toda cultura aporta. El intercambio de culturas aporta. Chano Pozo era un marginal, y la música cubana se integró al jazz, porque existió Chano Pozo. La música de cajón o el golpe de cajón en los solares habaneros, el güagüancó, la oralidad, Yarini, el mito. Y seguimos: la literatura, el arte, se han nutrido de todo esto, y ha sido muy positivo para la cultura cubana: y, en fin, la propia cultura cubana, en su conjunto, mirándola en el contexto del mundo completo, es marginal. Nosotros somos marginales en relación con el Primer mundo.
Yo pienso que el mundo se convierte en una especie de trasmisión de marginalidad; unos marginan a otros, y estos a otros, y así sucesivamente. Vemos en Brasil los procesos de marginalidad en Sao Paulo y otras regiones; pero, a la vez, en Brasil los indios marginados están exterminando la selva del Amazonas. Nosotros mismos, una isla tropical, con un determinado nivel cultural, desarrollo científico, de la humanística, del pensamiento y la cultura; pero para el Primer Mundo somos unos marginados, unos inditos del Caribe.
Ahora, en cuanto a lo específico de la pregunta de Rafael, sigo insistiendo que esto es muy difícil y muy peligroso, y andamos en una especie de cuerda floja. ¿Decidir qué es negativo en una cultura o en una trasmisión de cultura y qué es positivo? Muy peligroso, porque en cualquier momento nos podemos convertir en censores; en cualquier momento nos podemos convertir en gente que discrimina, que quita, que tacha, que decide qué es positivo o qué es negativo. A la larga, la cultura no se mide en un año, ni en diez años, sino en un tiempo mucho más largo. El tiempo de la cultura, para medirlo, contabilizar influencias y retroalimentaciones, es mucho más largo.
Yo no creo que exista una total cultura de la marginalidad. La cultura es una cosa muy compleja; sí pienso que existen atisbos culturales, dentro del conjunto de la nación cubana, que son aportados por los sectores marginales.

RUBÉN ZARDOYA: No hay la menor duda de eso. Solo quiero añadir algo, más bien, sobre lo que hablábamos del problema económico. Si el problema económico es clave, a mi juicio, no lo es tanto por cuánto se produce, qué cantidad de riqueza social se produce, eso es hasta cuantificable, sino, ¿cómo se distribuye esa riqueza? La cuestión está en encaminar pasos que permitan lograr una igualdad real de posibilidades para todos los ciudadanos; no solo se trata de oportunidades en sentido general. Podemos decir que, en abstracto, existe igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos cubanos; en la realidad, sabemos que no es así, y eso depende de una cultura, de una situación económica, de un status familiar, de un barrio donde se viva, de escuelas a las cuales se va.
Yo pienso que hoy día nosotros solo estamos en capacidad de superar todos los valores negativos que circulan en la marginalidad en una posición que se mantiene al margen del sistema institucional de la sociedad, de su torrente sanguíneo fundamental en el proceso de producción y reproducción de la vida social, si nosotros logramos, sin tener que achatar el polo superior y levantando progresivamente con toda una serie de medidas concretas capaces de incidir en la familia y ante todo en los niños, los adolescentes y los jóvenes, una igualación real de posibilidades.

RAFAEL HERNÁNDEZ: Bueno, sobre este tema que ha iniciado ahora de una manera más estructurada propiamente Rubén, ¿qué significa para ustedes, qué significa para nosotros la idea de superar la marginalidad? ¿En qué términos -si estamos hablando de un fenómeno que tiene esa complejidad-, que es un fenómeno económico, a la vez social, a la vez cultural, cuando hablamos de superar, se trata de superar qué marginalidad? ¿Qué rasgos de esa cultura de la marginalidad son aquellos rasgos de los cuales hablamos que se trata de superar, y qué significa superar?

AURORA VÁZQUEZ: Pensando en todo lo que hasta aquí se ha venido trabajando y todo, además, lo que se ha venido haciendo en los dos últimos años en el marco de los programas de la Revolución, que están indiscutiblemente dirigidos a la superación, a la transformación cualitativa de las circunstancias que se acumularon a lo largo de los diez años de mayor presión del período especial (a partir de 1991) es que intento darle respuesta a esta pregunta partiendo de algunas reflexiones que tienen un carácter conceptual.
Les digo esto porque a mí me parece que -y considero que esto no es privativo solo del estado cubano-, en general las superaciones de los grandes problemas sociales siempre dependen de un diseño desde la política social; claro está que este diseño desde la política social, que de alguna manera también se puede definir como los procesos preventivos en cualquier sistema social, estarán, evidentemente, sujetos a los objetivos fundamentales de ese sistema, de acuerdo con lo cual es evidente que la política social de nuestro estado está en garantizar -desde una manera mucho más efectiva-, lo que desde la visión, desde el ángulo jurídico, estaba ya legitimado y legalizado desde muchísimos años antes de los '90, que es la garantía del disfrute de los derechos plenos en igualdad de condiciones, para todos los ciudadanos cubanos. Ahora bien, esa política social diseñada macrosocialmente tiene, a partir del año 2000, una contraparte microsocial; es decir, una contraparte que ya no solamente va a atender a las ciencias jurídicas en el ámbito de la legalización general, sino que va a buscar, a hacer atenciones focalizadas, de alguna manera descentralizar esas propuestas de garantías de derechos, y yo pienso que realmente este es un paso muy importante, un paso fundamental y decisivo en torno a la superación de la marginalidad.
Yo pienso que lo principal dentro de esta focalización sería tratar de evitar la reproducción de los conceptos paternalistas y tutelaritaristas en la atención a estos grupos. Con esto lo que quiero decir es buscar que este tipo de atención focalizada vaya no a reproducir la asimetría entre una cultura y la que denominamos cultura marginal, sino a buscar en la participación más consciente, más responsable, en la co-participación, y en la co-responsabilidad entre el profesional que atiende a estos focos, y los sujetos activos que tienen que responsabilizarse y que, de hecho, lo que se busca es que se responsabilicen con sus transformaciones, con su enriquecimiento, hacia esa, digamos, hacia ese cambio social y, en este caso, cambio cultural, sin perder -y esto es justamente lo más delicado- las riquezas culturales que estos grupos atesoran.
De manera que el problema no está suficientemente visto si pensamos en hacer ascender o en cubrir brechas desde posiciones de alturas; creo que las posiciones de alturas van a estar entorpeciendo un poco el proceso; la visión estaría en el enriquecimiento, en la co-participación, en el estímulo de las motivaciones culturales, en el estímulo del desarrollo, y a partir de ese estímulo del desarrollo y del enriquecimiento, entonces están los cambios a partir de ellos mismos, porque nadie cambia por encargo, nadie aprende por encargo, nadie se supera por voluntad de otro, sino única y exclusivamente por voluntad propia. Y llegar a esos núcleos comunitarios, ya sean de zonas urbanas o rurales con una propuesta de desarrollo comunitario desde su centro mismo, desde la médula de su vivencia, y desde sus propias necesidades, iniciativas, desde sus propias expectativas, sería el punto, la chispa de arrancada para facilitar esos cambios en función de los intereses de esa macroestructura social y de la política social que nosotros estamos persiguiendo, que son objetivos humanistas y que son objetivos del enriquecimiento y del bienestar de toda nuestra población.

MIGUEL MEJIDES: Usted ha explicado perfectamente lo que pienso yo. Hay que acercarse por el lado humano; si vamos a ser misioneros, somos misioneros de la integración, junto a ellos. No somos los jesuitas que vamos a cambiar a los pobres indios guaraníes y les vamos a cambiar las costumbres, aunque los jesuitas fueron bastante respetuosos, no es el buen ejemplo.
¿Por qué digo esto? Muchas veces hacemos las cosas mecánicamente y cada ser humano, cada individuo, cada casa, cada barrio, cada lugar, es un corazón viviente diferente y al que tenemos que acercarnos con el lenguaje de otro corazón, y no estoy haciendo una novela mexicana, como decía un amigo mío.
¿Qué problemas hay en el alma de nuestra sociedad que crea marginales? ¿No tendríamos que hacer un autoanálisis también sobre qué problemas se han acumulado que no son ya ni económicos solamente, que han hecho que la marginalidad se mantenga y en algunos momentos ha crecido? ¿Qué problemas tenemos dentro de nuestra sociedad que tenemos que analizar y estudiar y un día discutir a camisa quitada, en que la marginalidad ya no está basada en barrios o zonas, sino la marginalidad ha ido a formar parte de entornos cercanos a cada uno de nosotros?
Yo, en la noche, hice un recorrido hace tres años con El Ambia, el de la UNEAC, un recorrido con varios amigos, y nos metimos en los barrios marginales. Me dio mucha tristeza, porque al final descubrí que estaba haciendo lo que critico ahora; casi estaba como el explorador descubriendo algo que conocía por referencias: se vive mal. Muchas veces en muchos barrios de La Habana, Dickens podría escribir grandes capítulos de sus novelas; muchas veces en barrios de La Habana está la Corte de los Milagros. Por lo tanto, para acercarnos a la Corte de los Milagros, no tiene que haber solo una gran bailarina en su gran danza; tiene que haber la danza del alma; tenemos que ser un evangelio vivo al acercarnos a ese lugar porque, insisto, si no vamos limpios de alma y de corazón, sin esquemas, es muy difícil, porque vamos a topar con otros esquemas, otros prejuicios, y entonces se va a cerrar el diálogo. Debemos hablar el idioma de Dios, pero no del Dios evangélico, del Dios del alma, ese es el que tenemos que hablar.

RUBÉN ZARDOYA: Me parece muy importante lo que decía Miguel, y por eso es tan importante el problema de la cultura, de la asimilación de la cultura, de la creación de cultura.
Yo pienso, por principio, que la marginalidad, lo que hoy llamamos marginalidad, es congénita al capitalismo; no parece caber ninguna duda a partir del análisis de las leyes de la reproducción capitalista, de que el capitalismo es incapaz; el capitalismo se ve obligado a una superproducción de población con respecto a sus posibilidades reales de la producción; de ahí surgen los conocidos ejércitos de desempleados, los excluidos, los sobrantes, de la gente que le sobra al capitalismo, tanto en las naciones capitalistas desarrolladas como en el mundo subdesarrollado; al capital le sobran pueblos enteros; para reproducirse y para una reproducción ampliada, él puede prescindir de pueblos enteros que nunca serán capitalizados.
Ahora bien, yo pienso que por principio, en el socialismo, en una sociedad socialista, no pueden existir ni presos, ni desempleados ni marginados, y en la medida en que existen presos, desempleados o marginados, en el sentido amplio de población superflua, que es el término también que se logra, habla de lo mucho que nos queda por andar, de lo balbuceantes que son estos pasos iniciales en aras del socialismo y de las derrotas cotidianas junto a los grandes éxitos que nosotros tenemos.
La gran tarea consiste en hacer estallar todo el conjunto de trabas sociales -tanto las que hemos heredado como las que nosotros hemos creado y reproducimos- que impiden que individuos y grupos de individuos se integren al pulso vivo de una sociedad, que sean capaces de realizarse como seres humanos en funciones socialmente útiles, en funciones que tengan validez no solo para sí mismos, sino para colectivos humanos, comunidades humanas y, sin duda, existen todavía muchas barreras que imposibilitan esto; que son barreras históricas, barreras económicas, barreras culturales y barreras de lo que llamábamos en sentido más general, una diferenciación real de posibilidades. Toda idea grandiosa o toda idea importante siempre corre riesgo de ser vulgarizada, de ser tergiversada, de encontrarse con formas -como decía Aurora- de paternalismo, -como decía Miguel-, de esquematismo.

Intervenciones del público:

ISABEL LEÓN (Arquitecta): Bueno, no es que haya venido aquí a aprender o qué sé yo, es a oír, pero salgo tan confundida como entré sobre un supuesto significado que pueda tener una cultura marginal.
El primer problema que veo es que hasta ahora las personas, los individuos aquí, han sido, en general, en el país, tratados como cifras, como números, que se mueven de una columna a otra y se manejan; entonces, las individualidades son las que crean todas estas distintas marginalidades, como se ha ido obviando; son problemas muy profundos, pero problemas, y no se tocan.
Yo, por ejemplo, me siento marginal desde el punto de vista, digamos, de la información. Yo oigo la mesa redonda y me dicen: "en internet, tal cosa"; yo no tengo acceso a internet; por lo tanto, yo, mis propios análisis no me los puedo hacer de una primera lectura que yo haga. No, yo tengo que analizar lo que ya otro analizó por mí y me presenta; o sea, yo me siento marginal porque no tengo acceso a internet.

Lo último que quería hacer, un comentario que no es exactamente, directamente, sobre la marginalidad, pero que me picó un poco como arquitecta, cuando el compañero Rubén Zardoya estuvo hablando del problema de la vivienda. Yo creo que el país sí tiene formas de resolver el problema de la vivienda; por decantación, lo primero es reconocer la falta de una política diseñada para implementar la solución del problema de la vivienda en Cuba; y segundo, reconocer que las vías que se han abordado hasta ahora no han dado resultado positivo. Entonces, ya eso está probado, porque hasta ahora llevamos cuarenta años y no hemos resuelto; por lo tanto, no podemos seguir machacándonos en las mismas vías que hemos estado desarrollando hasta ahora. De manera que lo primero que hay que hacer es aceptar que hay otras vías, que hay otras escalas. Hay países pobres, y que nosotros somos pobres, que han aplicado otra serie de cosas con determinados éxitos, a escalas que socialmente ellos pueden aplicar y nosotros pudiéramos todavía aplicar mucho mayor por la sociedad en que vivimos. Los éxitos más reconocidos de la Revolución han sido aquellos que se han masificado: educación, alfabetización, salud pública, médico de la familia, ¿y en la arquitectura, qué?, ¿en la vivienda, qué? Si cada vez lo que hay es más y más y más y más trabas para la autoconstrucción y para que sea la población la que resuelva los problemas de la vivienda en Cuba. Por lo tanto, yo creo que hay que partir de eso, pero eso sería otro tema, otra mesa, de rehacer la ciudad, del tema anterior; en fin, pero de ahí, pero de ahí lo que quiero decir, pero lo que sí quiero decir es; me chocó lo de la vivienda, porque es que a partir de la vivienda se reflejan cientos de marginalidades en este país; cuando tú tienes resuelto el problema ese, puedes resolver otra serie de cosas.

No se identifica: Quiero referirme al instrumento analítico con que se está valorando qué es la marginalidad hoy en esta sociedad socialista, porque yo soy negro, nací en un solar en el barrio de Los Sitios, y los pobres de ese barrio éramos marginales. Sin embargo, de esa población marginal -y por eso digo que lo marginal está asociado a la estructura, a la división de clases y a lo que impone la clase dominante-, surgieron valores de nuestro pueblo. Chano Pozo no fue un marginal, con todo el respeto del compañero; Chano Pozo fue un hombre valiente, temerario, machista, pero no era marginal, porque su producción incorporó a la cultura nacional y a la cultura norteamericana un valor; luego entonces, ¿qué cosa es lo marginal? ¡Ah! Por eso digo que el instrumento todavía que escucho al valorar lo marginal tiene detrás un aparato conceptual que fija el fenotipo, que fija el barrio, y eso es un problema de conducta, de actitud, de mentalidad. Hoy, en barrios residenciales que pueden ser Miramar, La Víbora o Vedado, Santos Suárez, hay más deterioro de valores que en esos barrios que hoy se les llaman insalubres, porque eso está dado por la formación de valores en la familia, conceptos de solidaridad, de fraternidad. Hoy hay jineteras que no tienen necesidad de vender su carne por cuatro dólares, y donde yo nací las mujeres de la vida eran guajiras que tenían diez niños, pero tenían que prostituirse porque la sociedad las obligaba, pero nadie le decía prostituta, le decíamos "mujer de la vida", y tenían valor. Por lo tanto, yo creo que hay que entrarle con la manga al codo; la Revolución está haciendo una labor grandiosa. Yo he tenido la oportunidad de estar en África, en la India, en países donde la gente se muere de hambre, y lo que está haciendo la Revolución no tiene paralelo con nada. Si hay todavía problemas en la vivienda, no está al alcance nuestro resolverlo. Lo que hay que entrarle es al deterioro de valores que tenemos muchos de nosotros, a la mentalidad consumista, individualista, egoísta, que nos acaba, que nos corrompe.
Y no le podemos dejar solamente al estado socialista que resuelva el problema de lo marginal. Lo marginal es una actitud ante la vida, que no está dada por un sector de la población, sino que está dada por esa forma en que usted enfrenta la vida; por eso, yo llamo la atención sobre el aparato conceptual con que todavía decimos "esos barrios marginales donde están hacinados". En mi casa vivíamos cuatro, dos padres en un cuarto, y allí nadie robó ni nadie se prostituyó, y estábamos hacinados. La pobreza no da marginalidad; la pobreza da marginalidad en el capitalismo porque están cerradas las puertas, y ahí es que entonces hay que ir contra el sistema. Gerardo Abreu Fontán, Arístides Viera, El Curita, esos mártires que dieron la vida por la Revolución, salieron de esos barrios, y en aquel entonces se consideraban marginales. Marginales hay que usan hoy cuello y corbata y son más marginales que los marginales reales.

MARÍA ISABEL: Yo creo que de una manera u otra aquí se ha puesto en evidencia -y lo decía Aurora muy atinadamente-, que hay prejuicio a la hora de evaluar qué cosa es lo marginal o no. Y yo creo que por eso el tema de la marginalidad no puede verse al margen del tema de la integración social. Entonces, en definitiva, ¿qué cosa es lo marginal? Todo aquello que excluye al individuo de la posibilidad de integrarse socialmente en una economía, en una sociedad, en una cultura, que es diversa, que es diferente y que no se rige por un patrón único. En la medida en que seamos capaces de ver eso y que podamos ver todos esos aportes que los diferentes elementos hacen a esa cultura y a esa sociedad, es que podremos realmente ubicar dónde es que está la marginalidad.
De todas maneras, yo creo que este es un tema muy polémico; o sea, que es difícil ponerse de acuerdo, y yo siento que el tema de la relación entre lo económico y lo cultural es un tema en el que hay que seguir abundando, en el que, quizás, haya mucha tela por donde cortar, porque yo estoy de acuerdo que es un tema de valores, que es un tema de estilos de vida, que la educación y la cultura juegan un papel imprescindible, pero también hay un elemento de condiciones de vida, de condiciones económicas, que contribuyen y favorecen a asumir determinadas actitudes y conductas ante la vida.
Y yo comprendo lo que dice el compañero y lo comparto en términos de los barrios insalubres, del hacinamiento, pero lo que sí no cabe duda, que a un joven que vive en una casa donde no cabe, porque como aquí mismo se ha dicho, viven dieciocho a veces en dos habitaciones, es muy difícil llevarle la Biblioteca familiar para que lea las obras de la literatura universal, porque, entre otras cosas, no tiene donde leerlas. Entonces, hay una relación entre lo económico y lo cultural que yo creo que no se puede obviar y que sería erróneo absolutizar cualquiera de los dos polos. No se trata de esperar a que se resuelva el problema económico, que haya viviendas, para entonces dar educación, pero tampoco se puede pensar que solamente con educación y con cultura se van a resolver problemas en condiciones económicas como las que existen no solo en nuestra capital, sino también en el resto de nuestro país, porque aunque la capital tiene sus características particulares, hay que visitar otras provincias para ver que hay otro tipo de condiciones difíciles que también, si no se les llama de marginalidad, por lo menos sí hay que llamarlas de exclusión social en el acceso a determinados bienes y servicios.

MARÍA DEL CARMEN ZABALA: Dos cuestiones solamente. Pienso que tal vez lo polémico, lo álgido sobre la discusión sobre el tema, obedece al hecho de que muy recientemente hemos visibilizado este fenómeno en nuestra sociedad, y por tanto son muy recientes las discusiones acerca del tema y eso -me parece a mí- lo torna muy difícil de abordar, porque desde lo conceptual, lo teórico, nos faltan todavía herramientas para poderlo discutir.
Más que la pregunta de qué significa ser marginal en nuestra sociedad actual, me preguntaría cuáles son las condiciones que favorecen la reproducción de este fenómeno social; es decir, cuáles son las causales de diverso orden que están haciendo que se reproduzca -y con cierta acentuación, además-, este fenómeno. Me parece que la respuesta, que no la tengo, tiene que estar en consonancia con lo último que expresaba María Isabel: no es un fenómeno que tenga una sola causa, es un fenómeno multicausal, y absolutizar cualquiera de esas causas me parece que nos conduce a error. Ni solamente se resuelve por la vía de la educación, la cultura, ni tampoco se resuelve únicamente por la vía del mejoramiento de las condiciones materiales de vida, aunque coincido plenamente en que, evidentemente, mejorar estas condiciones de vida, y en primer lugar la condición de la vivienda, es un factor esencial.
Lo segundo que quería plantear es situarme en el problema desde la acera opuesta; es decir, por un lado está la marginalidad. Yo me preguntaría: bueno, por el otro, ¿qué es lo que hay? La respuesta está en buscar las formas que garanticen una participación social efectiva de las personas en la sociedad. Participar no significa inscribirme en ni estar integrado a; participar significa, realmente, poder involucrarme, comprometerme, decidir, poder como persona, como comunidad, como espacio físico, tener la posibilidad de hacer gestiones, de tomar decisiones.
Retomando lo que planteaba Zardoya en su intervención, del conjunto de programas sociales que se están realizando actualmente en nuestro país, se impone en este momento buscar los puntos de comunión entre esos programas y un conjunto de iniciativas que del lado de las comunidades se vienen realizando desde los últimos años. Todavía no percibo el punto de encuentro entre estas iniciativas comunitarias, estos proyectos culturales, y algunos de los programas que se vienen realizando. Es algo sumamente importante.

OVIDIO: Nos hemos estado refiriendo a la marginalidad, los marginales, los otros, que no somos nosotros mismos, y yo invertiría la mirada: ¿acaso todos no somos también un poco marginales?
El concepto de marginalidad, Rafael señalaba que no se identifica con el de pobreza, no se identifica necesariamente con el de delincuencia, pero está muy asociado a la ilegalidad, a algo que fuerza a determinadas relaciones sociales adecuadas; y de alguna forma todos los aquí presentes no solo es que convivamos en medios donde la marginalidad ha penetrado, porque ya no está circunscrita a determinados barrios, a determinadas zonas, sino que ha penetrado en nosotros mismos. Es esa la única manera de sobrevivir, porque cada uno de nosotros compra productos mal habidos, y sabemos que son mal habidos; cada uno de nosotros trata en algún momento de obtener ingresos por medios que sabemos que no son los legales, pero hay que hacerlo porque hay que vivir. Entonces, ¿hasta qué punto el estado actual de nuestras normas jurídicas y de las relaciones estatales favorecedoras de la producción o no-producción de la vida, tienen una incidencia en que nos estemos convirtiendo todos a una cultura de la marginalidad? Estoy planteándolo, quizás, en términos extremos, porque no se trata de eso y hay diferenciadores, pero señalo este aspecto como un aspecto problemático, y le sigo concediendo la prioridad absoluta en este sentido a la política económica, que creo que, independientemente de que este es un problema global, integral, realmente lo que desencadena la posibilidad de cambios, a mi juicio, es salirse del cuadro de percepción de la política económica actual, trascenderlo y poder remontar este problema social.

Fidel Castro with to loca boys in a Washingtonl, D.C., park. From the Baltimore Afro-american (1959)

ELAINE MORALES CHUCO: Pienso que hay que partir de saber que existe; como mismo de heterogéneo es el mundo, heterogénea es también nuestra sociedad, heterogénea es también la marginalidad, y por tanto los modos de abordarla y de trabajar para erradicarla. Es muy importante hacer hincapié en la marginalidad de tipo económico, porque hay una diferencia con respecto a una norma x de consumo, y una diferencia en cuanto al consumo de determinados bienes importantes como a los que acaba de hacer referencia Ovidio, o al problema de la vivienda. Eso es un consumo, es un bien importantísimo a tomar en cuenta, pero hay otros tipos de marginalidad que no parten de la tenencia o no de determinados bienes económicos; es decir, de determinados bienes materiales, sino que parten de este otro segundo aspecto, y es la auto-percepción en general, la percepción que tiene la persona de sí mismo o de los espacios, de las oportunidades de integración que tiene dentro de una determinada sociedad, que lo hace sentirse, verse, o ver a otras personas marginales o no. Y eso es un aspecto importante, porque se pueden tener todas las condiciones materiales, pero si no se percibe incluido dentro, partícipe de determinados procesos, pues entonces nos percibimos como marginales, y encontramos y buscamos determinadas formas de expresión alternativas. En esas formas de expresión, y en dependencia del tipo de marginalidad, puede ser lícita, porque puede ser una alternativa totalmente lícita, una expresión lícita, o puede ser entonces una expresión, una conducta de las que acostumbramos a ver siempre como marginal, que entonces son las francamente antisociales, delictivas, y no debemos mezclar esas cosas, no son iguales. Por tanto, las maneras de enfrentar -y de enfrentar en el mejor sentido de la palabra- la marginalidad, depende de ese tipo de marginalidad y de esa percepción que tenga la persona, el grupo social e, incluso, la sociedad entera, en función de la situación en la que se encuentra.

YANISBEL PÉREZ: Desde mi formación profesional y como pensador sobre la vida, tengo el criterio de que estamos abocados a la marginalidad desde el momento en que nos insertamos en un mundo social donde nos enseñan quiénes tenemos que leer, a quiénes tenemos que aprender y cómo y de qué manera los tenemos que leer y que aprender.
Me pregunto dónde existe el tipo de educación que realmente eduque a un individuo, que construya su propio mundo y que no reproduzca -digamos, casi mecánicamente-, el mundo que le han impuesto y al que ha venido; o sea, cuántos individuos realmente auténticos construimos; esos individuos realmente auténticos que construimos, quizás sean los únicos individuos que yo no considere marginales.

ARIEL FERNÁNDEZ: Yo aún no sé si soy marginal, porque pertenezco a la segunda generación de la Revolución cubana, nací en la década del '70; me tocó mi juventud vivir la década del '90, y en mi juventud me tocó relacionarme con el movimiento de rap cubano, ¿no?, con los raperos cubanos.
Cuando comencé con el movimiento de rap, decían: "los raperos son marginales, porque nacen, viven en Alamar la gran mayoría, porque son de Cayo Hueso, porque son de Jesús María, son marginales". Yo decía; te juro que hasta ese tiempo nunca había escuchado la palabra marginal ni nunca había escuchado la palabra prejuicio racial. Yo creo que esos dos términos fueron tabú en esta sociedad durante muchísimo tiempo, en que se negaba que aquí había marginalidad, que se negaba que aquí había prejuicio racial, personas de pueblo me lo negaban, y resulta ser que en el año 2000, en las palabras del Comandante en Jefe yo encuentro la verdad; que es el discurso que dio Fidel cuando él fue a la Cumbre del Milenio en el año 2000, que se reunió en Harlem con los negros y latinos amigos de la Revolución; en este discurso, Fidel pronuncia estas palabras: "Tiempo tardamos en descubrir que la marginalidad, y con ella la discriminación racial, de hecho, es algo que no se suprime con una ley ni con diez leyes, y aún en cuarenta años nosotros no hemos logrado suprimirla totalmente.
"Hay zonas marginales, hay cientos de miles de personas que viven en zonas marginales, pero no solo negros y mestizos, sino también blancos. Hay marginación blanca que posee la sociedad anterior.
"Yo le decía que en nuestro país se ha iniciado una nueva época; espero algún día poder hablarles de las cosas que hoy estamos haciendo y cómo las vamos a seguir haciendo. Dinero para construir la vivienda donde viven todas las personas que podemos llamar en condiciones de marginalidad, no lo tenemos, pero tenemos otras muchas ideas que no esperarán para las calendas griegas, con las cuales nuestro pueblo unido, enteramente justo, hará desaparecer hasta el más mínimo residuo de marginalización y discriminación de cualquier tipo. Y tengo confianza absoluta de que lo alcanzaremos, porque a ello está dedicada hoy toda la dirección de nuestra juventud, de nuestros estudiantes y de nuestro pueblo."
Él conversa unas cosas más, pero yo en las palabras de Fidel escucho una verdad, una realidad, que la propia sociedad me niega, que las personas que trabajan en cultura, que trabajan en miles de lugares me están negando y que es una realidad evidente.
Yo creo en unas palabras que está diciendo Rubén Zardoya, en cuanto a igualar, en no subir y no bajar. Es imposible pensar que todos vamos a ser iguales; no podemos ser iguales; somos los mismos, pero nunca vamos a poder ser iguales, es imposible, cada uno tiene unos códigos de comportamiento, de convivencia, cada cual tiene una cultura. Yo creo que para combatir lo que apesta o lo que puede sobrar de la marginalidad, hay que contar con el marginal; no hay que traerlo a un lugar y explicarle. No; hay que preguntarle qué es lo que quiere, cómo piensa, cómo respira, cómo vive, cómo desea salir de eso, qué le molesta realmente a él. No creo que la marginalidad sea un defecto, conozco miles de personas que son señaladas como marginales, que son personas felices, que viven mucho más felices que los que no se consideran marginales. Yo aún todavía no sé qué cosa es la marginalidad, pero yo creo que todo proviene también de la cultura, de la historia; esos marginales o esas personas que consideramos marginales, esos negros, no conocen su historia, porque yo no la conozco y fui a la escuela, y con 25 años compro un libro en la Fundación Fernando Ortiz, un libro que se llama Lo que nos corresponde, y me entero de una parte de la historia cubana que no está en la historia que yo he estudiado, una parte de la historia de mis ancestros africanos, indios, de los mulatos de esta patria, que lucharon y dieron la sangre por esta Revolución, que no la estudié en la escuela.
Leo un libro como Diálogo imaginarios, de Rogelio Martínez Furé, y me transporto a otro mundo al cual nunca había llegado; busco Fundación de la imagen, de Nancy Morejón, y me transporto a otro mundo que no me han enseñado. Yo creo que hay que pensar ahora en estos nuevos proyectos de la Revolución en qué vamos a darle a esas personas que tienen estos problemas como material de estudio, porque si ellos no conocen su historia, nunca sabrán qué son, ¿entienden?

No se identifica: Aunque los fundamentos del concepto marginalidad puedan ser de naturaleza económica, se refiere más a lo cultural, a lo que el último compañero refería; códigos, maneras de comportamiento, visiones del mundo, conjuntos de valores que son marginales con relación a la cultura dominante, a lo central y a lo aceptado, y que, por lo tanto, hay ahí unas relaciones de poder y de dominación que no podemos olvidar.
En los inicios de la sociología latinoamericana, que fue muy pródiga en este tema de la marginalidad, el término se usaba más bien para ver los obstáculos a la modernización capitalista. Y se trataban de modificar aquellos factores que obstaculizaban el proceso de modernización.
Y hago esta introducción para decir que a mí me llama la atención que después de tantos años en que nos olvidamos de este concepto de marginalidad, que yo personalmente creo que hubiera sido útil para analizar las transformaciones que sufrimos ha llegado ahora -y me parece muy bueno que haya llegado-, pero está llegando de la forma, a mí me parece menos revolucionaria y menos radical, porque después de esos inicios para oponer, digamos, lo moderno a estas conductas que obstaculizaban el desarrollo, ha habido toda una recreación del concepto que lo ha radicalizado, y que entiende también lo marginal como una estrategia de enfrentamiento a un tipo de dominación, y que encuentra también en lo marginal una propuesta otra. Es un fenómeno complejo, donde hay un componente de resistencia porque mis códigos no siempre son entendidos, porque mis productos culturales no siempre son valorados como cultura, sino que son entendidos como algo subalterno, secundario, incluso molesto.
Entonces, a mí me preocupa un poco que esta nueva llegada del concepto de marginalidad, que aplaudo, que haya permiso oficial para que llamemos a lo marginal marginal, pero que lo estemos usando en su arista que reproduce la idea de la dominación y la alienación y la enajenación, desde una cultura central que dice que lo que se debe leer. Creo que superar la marginalidad desde una perspectiva socialista es, en primer lugar, participación, y auto-transformación. Ahora encontramos programas muy humanos, muy buenos, que aplaudo, pero resulta que no los sabe nadie; no los conocemos hasta que no den resultado, y se los estamos insuflando a los que consideramos marginales.
Me parece incluso que todo esto está teniendo una impronta paternalista, centralista, que va a reproducir problemas que tenemos, y que va a debilitar su origen y su vocación humanista, que es evidente, pero que si no pasa por esta auto-transformación, y si no pasa por un debate público -este es el gran mal: jamás hay debate público de lo que necesitamos y de cómo nos vamos a transformar nosotros mismos. Tenemos que esperar que a alguien se le ocurra cómo debemos transformarnos y cómo vamos a mejorar.

GLORIA ROLANDO: Quien visualizó este problema ahora se había fue porque lo marginó; marginó a los marginales y marginó la historia del negro en este país, porque los que vivimos en el barrio de Colón y somos intelectuales, o vivimos en la Habana Vieja, o vivimos en muchos de estos lugares, o en el Moro, cualquiera de esos repartos, sabemos que este problema de la marginalidad tiene un nombre y un apellido; aunque somos hijos de esta raza humana, tenemos un color, y este es un país donde todavía existe la discriminación racial y donde existe el prejuicio racial. Hace muchos años Sara Gómez, la primera mujer que hizo cine aquí en Cuba, dirigió De cierta manera, y en esa película ella dijo que el socialismo, que este país había que construirlo con todos, y presentó una de las parejas más polémicas del cine cubano, que fue la de una maestra blanca y de un mulato que quería ser abakuá y al mismo tiempo estaba dentro de nuestro proceso social.

AURORA VÁZQUEZ: De acuerdo con todo lo que se ha dicho acá, salta a la vista, por lo menos yo lo percibo así, que si hay algo sumamente complejo y todavía muy lejos de lograrse, es el ponernos de acuerdo sobre qué vamos a entender por marginalidad, a pesar de que todo el mundo -como decía alguien por acá-, identifica al hipopótamo.
Lo cierto es que los enfoques desde los puntos de vista psicológico, culturales, económicos o de cualquier tipo, son los que están, de una manera o de otra, viéndose como prioritarios. Eso lo único que nos hace es ponernos delante el reto de seguir investigando y, digamos, tratando de con esas investigaciones dar nuevas dimensiones a la valoración de la marginalidad, porque una solución puede ser decir "hay muchas marginalidades", creo que esa pudiera ser una, y otra cosa es decir "la marginalidad tiene dimensiones tales como", y cuando vayamos a hacer un estudio concreto, puntualizar en qué dimensiones estaríamos abordando el estudio en cuestión.
Pero lo que sí es perfectamente comprensible -y creo que muy claro-, es que todos estamos muy identificados con la necesidad de renovación de las ideas en torno a los métodos y mecanismos de superación de esta marginalidad, que todos estamos muy sensibilizados con eso, y que si en la misma medida en que nos preocupa, intentamos también poner nuestras ideas en función de actuar, creo que mucho se va a poder recoger como fruto y como cosecha de estas acciones, no solamente reflexiones.

MIGUEL MEJIDES: Ahora tengo un prejuicio, ¿yo no escribiré desde una cultura dominante? Me metieron el bicho en el cuerpo. Muy bueno. ¿No estaré escribiendo desde una cultura dominante? ¿Cómo son mis personajes? Estoy analizando solito aquí mientras ustedes hablaban, ¿cómo son?, y he salido mal parado a la hora del análisis, y me reservo las cosas que me he dicho por dentro.
Cuando hablé, amigo, de Chano Pozo, lo dije como amor de la cultura; quizás seguimos los excluyentes, me encantó eso también. Yo decía a la hora de meterme en este lío de hacer el ridículo, yo me decía: ¿qué demonios es marginal? Chano Pozo era producto no de la cultura dominante, era producto del pueblo, de lo marginal, excluyente y demás. No lo quise decir en sentido peyorativo, quise decirlo como valor, porque la rumba, la conga y la música negra en aquel momento hasta Caturla y demás y demás, era excluyente totalmente. Me parece que muchas veces escribo desde una cultura dominante, porque me doy cuenta que sí, que soy un blanquito culito blanco -perdonen la expresión-, haciendo literatura, y que luego no detectamos los problemas en realidad de lo que nos rodea. Nos creemos que a partir de la ficción, la metáfora y demás, hemos hecho el mundo, y el mundo está hecho mucho más complejo de lo que nosotros pensamos.

RUBÉN ZARDOYA: Sobre la idea de que en Cuba hemos tratado y tratamos a los individuos como cifras; creo que esta idea sería más correcto expresarla de la siguiente forma: en el mundo se tiende a tratar a los individuos como cifras; se sustituyen las tragedias y los problemas individuales por macrocifras que encubren polarización de riqueza y pobreza, marginación, explotación, opresión, y todas las palabras que nos aprendimos de los manuales. Si algo caracteriza esta nueva etapa del proceso revolucionario y de los programas que se están realizando, es que hemos abandonado las macrocifras. Cifras es: la cantidad es una determinación de la realidad y el pensamiento, y, por suerte, existe para que nos podamos entender, y hay que manejar cifras. Pero si algo está caracterizando estos programas es que hemos abandonado los porcientos, y que se están tratando los problemas de Juan, de María, de la joven de 29 años con nueve hijos y el padre de los nueve hijos preso.
En cuanto al problema de la vivienda, yo no soy especialista. Sí creo que se diluyen los términos y se degeneran cuando los ampliamos de tal manera que concluimos que todos somos marginales. No creo que nos acerque mucho a la comprensión decir que somos marginales porque no tenemos una computadora. Sí pienso que en estos momentos no hay posibilidades reales económicas de darle una computadora a todo el mundo, o de poner a la venta una computadora que la pueda adquirir todo el mundo a precios elementales. Lo que nosotros podemos hacer es repartir 60 000 computadoras por las escuelas, lograr que nuestros niños, desde el pre-escolar, tengan la enseñanza de computación, crear escuelas de formación de profesores de computación que enseñen a esos niños, crear Clubes de Computación, hacer un programa racional de asignación de computadoras a centros de investigación, centros académicos.
Por supuesto, estoy convencido de que no solo con educación y cultura se resuelve el problema -no vamos a reproducir aquí las consideraciones, en particular, del iluminismo francés-, pero también señalo que no es eso lo que piensa la Revolución. Insisto en que a veces suele manejarse un concepto estrecho de cultura que excluye lo económico. Es como cuando decimos Ministerio de Cultura, y resulta que se está entendiendo en una de las acepciones del término de cultura, que se centra fundamentalmente en el arte. Hay una cultura económica, y la economía forma parte de la cultura, y una Revolución socialista es una obra de gigantesca transformación cultural en todo, desde la base hasta la superestructura, desde las condiciones materiales más elementales de reproducción de la vida hasta las ideas nebulosas que pueda albergar la mente de un individuo o colectivos de individuos.
Desde ese punto de vista también hablar en términos de cultura implica, no implica, una ignorancia del momento económico. Yo realmente no encuentro elementos de ningún tipo para afirmar que nos estamos convirtiendo en una cultura de la marginalidad. Yo creo que es todo lo contrario, que estamos dando pasos acelerados para acabar con formas de reproducción de cultura marginal en el sentido tradicional del término en que se identifica al hipopótamo; en lo que uno suele identificar, individuos excluidos de, separados de, que no, a los cuales se les cierran las puertas y las posibilidades de integrarse.
Cuando se habla de igualar, no se trata, por supuesto, qué triste y gris e imposible sería un mundo donde fuéramos iguales: se trata de igualar posibilidades, donde igualar quiere decir trabajar para que haya un movimiento social para igualar posibilidades, no es hacernos a todos iguales, no es que todos vivamos abajo, todos vivamos a dan dén. Se trata de igualar posibilidades, de abrirte un abanico de posibilidades, de acabar con todos los obstáculos que frenan la igualdad de esas posibilidades reales, no declarada, no de discurso.
Creo que se pueden leer los veinticinco clásicos en un parque, y se puede leer en una choza, y se puede leer en un cuarto, y no creo que eso sea que la cultura central le imponga a la gente que tiene que leer los veinticinco clásicos. Eso es superficial; esa es mi opinión, con todo respeto. Aquí se le ofrece la posibilidad a los que quieran comprarla de hacerlo, pero como no tenemos recursos para publicar las decenas y cientos de clásicos o de obras interesantes, pues colectivos de especialistas del Ministerio de Cultura seleccionaron estos. ¿Qué vamos a hacer, un plesbicito para que haya una votación? ¿Cuáles son los veinticinco títulos de acuerdo a esto? Y a la gente se les ofrece esa posibilidad.
De la misma forma, identificar la idea de superación de la marginalidad con participación es importante pero, a mi juicio, incompleto. Pienso que los programas de la Revolución por lo que se están caracterizando es por cada vez involucrar una mayor participación de la gente. Todos estos programas no los puede hacer un hombre, no los pueden hacer dos hombres; trabajamos cientos y cientos de profesionales consagrados, doce, catorce, dieciséis horas diarias, y en todos los programas son miles y decenas y cientos de miles de compañeros involucrados con sus ideas, porque hay una idea de lograr una escuela, pero eso nadie lo concibe en su cabeza; eso sencillamente se consulta a las autoridades universitarias, se reúne a los claustros de profesores; ellos son los que crean los programas, ellos son los que crean los planes de estudio, crean la bibliografía, la reproducen y, además de eso, se está incorporando a jóvenes compañeros, que corrían el riesgo de convertirse en marginales -en cualquiera de los sentidos aquí esbozados--, a una obra de realización personal que, al mismo tiempo, implica un proceso de participación social en la solución de estos problemas.
Ahora, con respecto a los prejuicios raciales, sobran los prejuicios raciales. Yo lo digo de corazón, que yo me indigno cuando un muchacho mío, heredero de formas de expresión y de discriminación secular, me dice: "vino a verte un negro". Y yo le tengo que decir: "¿y por qué tú no me dices vino a verme un blanco cuando viene un blanco", y me dices: "vino a verte un señor?" Porque, de alguna manera, pese a la educación que uno le da, en el espíritu de Fernando Ortiz y El engaño de las razas, en el espíritu de Martí, se reproducen los esquemas. La obra de la Revolución ha sido gigantesca en aras de la emancipación racial y de la eliminación de la discriminación racial, que nos quedan miles de problemas. Justamente estos programas intentan atacar eso en su raíz y ofrecer posibilidades a aquellos sectores sociales que por razones históricas y culturales han estado afectados.

Grupo de rap Obsesión

Yo me siento optimista. Creo que cuando se conoce plenamente lo que se está haciendo, hay razones suficientes para sentirse optimista. Optimista en la acción, en el trabajo, en la consagración, que supone, por supuesto, una concepción clara, una teoría clara, una conceptualización clara, pero que encuentra un lastre pesado en el intelectualismo barato, y en las elucubraciones abstractas que conducen a la inmovilidad.

 
 
 

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