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Un
día como hoy (4 de agosto de 2002), Virgilio
Piñera hubiese soplado noventa velitas. Si un
ataque cardíaco no lo hubiera fulminado en 1979,
ahora estaría riéndose del espectáculo
En
otro tiempo yo vivía adánicamente
La isla en peso |
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En
las primeras líneas de una suerte de autobiografía
que aún no se publicó íntegra,
Virgilio Piñera dibuja como sigue su arribo al
mundo: "Juzgo ocioso declarar el año de
mi nacimiento. Se cita el año de la llegada al
mundo cuando se pertenece a un país donde, en
el momento en que se nace, algo ocurre -ya sea en el
campo de lo militar, de lo económico, de lo cultural.
En tal caso, la fecha tendría sentido. (...)
Pero no, ¡qué curioso! cuando en 1912 (...)
yo vine al mundo nada de esto ocurría en Cuba."
Ese episodio inicial de su biografía resulta
el pórtico de una vida de negación. Negación
de cualquier más allá, de toda gloria
después del ahora mismo. Oposición a cualquier
trascendencia para la carne y los deseos humanos -panorama
tan frágil- que experimentó como nadie
el "eterno tironeado de sí". Un individuo
difícilmente canonizable en una cultura tutelada
por el canon occidental, allí donde los héroes
épicos y los autores de obras "edificantes"
ganan la partida frente a los dubitativos y patiflojos.
Lo que más me ha inquietado siempre del tipo
de hombre que Piñera fue es su beligerancia.
Frente a cada hombre que dice "no" me hago
la misma pregunta: ¿por qué lo hace? Confirmar
los credos públicos, asentir ante el consenso
general, coincidir con los otros, evita roces a menudo
terribles, definitivos, y permite andar por la vida
con menos sobresaltos. Luego, ¿qué arrastra
a alguien a contradecir la moral regente, a rebatir
verdades dominantes y desmentir los cómodos anclajes
a una tradición, unos valores, una manera de
verse y creerse? ¿Solamente elevarse en el escándalo
o acaso ser fiel a su verdad más fiera, terrible,
esa que la mayoría de la gente calla para no
desentonar?
Virgilio Piñera desmintió la brillantez
verdeazul de la isla. Trajo de regreso la extrañeza
de Casal y compartió los fogonazos ocres de la
pintura de Fidelio Ponce. Rescribió la cornucopia
tropical echando luz sobre todas las miserias humanas
de esta Antilla paradisíaca, ventiló las
visiones de los cuerpos famélicos, hijos del
hambre y la desidia, disimulados por otros cuerpos relucientes
y broncíneos pero igualmente condenados a la
putrefacción. Elevó, ante el desboque
de sentidos casi catártico del origenismo y su
invención de un Cosmos cubano -que perseguía
investirnos de cierta tradición clásica,
trascendental y destinada a la epopeya-, un larguísimo
lamento arropado de ironía capaz de levantar
las faldas a tanta gravedad. Gracias a ese humor aparencialmente
descreído y amargo, aunque apenas consciente
del envés de tal discurso grandilocuente sobre
lo nacional, consiguió hacer perdurar la lucidez
de los cubanos.
Frente a la solemnidad que a menudo enmudece la bullanguería
y la burla nacional, ante ese estado de extrañeza
que bien se presta para ponernos profundos y quintaesenciarnos,
Virgilio ponía cara de burla. La destrucción
de lo nacional como falacia luminosa, quiero decir,
moverle el piso a todo cuanto parece fijarnos a un escenario
y una manera de ser, fue su obsesión. Percibió
que tanta celebración de los sentidos estaba
escatimando la configuración definitiva de una
idea compleja -por tanto verosímil, por tanto
cercana a su objeto- de lo cubano.
Mas, el devenir es terco. A pesar de los aplazamientos
constantes de un análisis más sereno,
menos caldeado por los pases de cuenta teleológicos
o la elección de Piñera como caballo de
batalla de un grupo que persigue reubicar sus fuentes
y paradigmas; a pesar incluso de la censura feroz de
su escritura durante los largos años 70 -y un
poquito más también-, Piñera es
hoy más buscado que nunca en nuestra escena teatral,
en los estudios literarios y en el ensayo.
El Premio UNEAC 2002 dio al matancero Alberto Abreu
el lauro por su volumen Virgilio Piñera:
un hombre, una isla. He dicho en otra parte
que ese libro es la voz de mi generación al respecto,
pues no solo repasa desde múltiples enfoques
los aspectos más sobresalientes de la obra piñeriana
-en un disección que no olvida las interconexiones-,
sino que lo escruta como ente singular, obsesionado
por la autenticidad en tanto dejación de todas
las adherencias y contaminaciones de esa voluntad humana
que llega al mundo libre de determinaciones externas
a sí misma pero que -por el camino- se compromete,
a menudo hasta autodestruirse.
Hablo de una generación que respeta más
que todo la fidelidad a sí mismo, la tenacidad
a menudo fatal de aferrarse a un credo. Y para Piñera
fue suficiente, en medio de las genuflexiones a que
le obligó la vida, sostener una verticalidad
estética, un sacerdocio de la literatura, a una
palabra que no vendió, prestó o rindió
a nada ni nadie, que siempre fue territorio libre de
concesiones. El escritor Abilio Estévez, que
lo conoció en aquellos años 70 - justo
el período en que llegó a escribir cinco
libros-, dijo una vez: "Tengo múltiples
razones para sospechar que el hombre que yo conocí,
es decir, el que había comenzado el último
lustro de su vida, fue el más verdadero. (...)
Solo en su apartamento desnudo, en pleno corazón
de La Habana, despierto desde temprano, escribía
incansablemente (...) Escribir es lo único que
me mantiene vivo, afirmaba."
Por estos días se le recuerda en La Habana. Alguien
se pellizca pues no acaba de creer que el irreverente
sea ahora paradigma. En este punto, no puedo menos que
rescatar su imagen de recién fallecido: "La
expresión de Virgilio en el ataúd era
muy impresionante: parecía sonreír con
cierta sorna. Fue enterrado como riéndose de
la situación y de la gente", contó
Juan Enrique Piñera, su hermano. El flaco como
siempre, incapaz de callarse las verdades.
Dean
Luis Reyes
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Ganan
autores cubanos premios de cuento y poesía
Casa de Teatro |
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Los
escritores cubanos Amir Valle Ojeda y Jorge Luis Arcos
acaban de recibir el Premio Internacional Casa de Teatro,
convocado por la institución dominicana homónima,
en las categorías de cuento y poesía, respectivamente.
Ambos autores se suman así al grupo de cubanos
que ganaran el Casa de Teatro. Fueron antes Guillermo
Vidal y Leonardo Padura, en novela y José M. Fernández
Pequeño, en cuento.
El relato Los cronopios, las putas y un ruinoso
Café en el París de entonces, flagrante
homenaje al argentino Julio Cortazar, es uno de los premios
internacionales más importantes que obtiene Amir
Valle, padre de un puñado de novelas, varios volúmenes
de cuentos, así como ensayos y artículos
críticos.
Por su parte, el escritor Jorge Luis Arcos obtuvo el lauro
de poesía con carácter compartido por su
cuaderno lírico Del animal desconocido.
Esos textos aparecerán publicados por cuenta de
la Casa de Teatro, institución de la República
Dominicana liderada por el intelectual Freddy Ginebra. |
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Premio
Juan Rulfo para Cintio Vitier |
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El
intelectual cubano Cintio Vitier , recibió este
8 de julio el premio literario Juan Rulfo a la totalidad
de su obra. Al otorgarse la duodécima entrega
de este premio, uno de los más prestigiosos en
las letras de Hispanoamérica, el jurado reconoció
en Vitier
a "un auténtico humanista cuya trayectoria
intelectual lo convierte en uno de los más notables
exponentes de la creación y el pensamiento latinoamericanos
del siglo XX".
El jurado, integrado por Beatriz Espejo, Ambrosio
Fornet, Noé Jitrik, Julio Ortega, José
Miguel Oviedo y Vicente Quirarte, informó en
un comunicado la unanimidad de su decisión a
favor del escritor caribeño, Premio Nacional
de literatura en Cuba en el año 1988. Cintio
Vitier, considerado con justicia un maestro por varias
generaciones literarias, ha dejado huellas trascendentes
en el espacio lírico cubano a través de
libros como Vísperas (1953)
y Testimonios (1968), sus indagaciones
sobre el sujeto poético insular en su libro Lo
cubano en la poesía, marcan un territorio
de reflexión renovada en el campo intelectual
cubano, donde también han sido fundamentales
sus estudios y compilaciones sobre la poesía
y el ensayo cubano durante el siglo XIX. Vitier es el
segundo cubano que obtiene este lauro, anteriormente
otorgado en el año 1993 al poeta Eliseo
Diego, escritor con una cercana vinculación
vital y estética a la persona y obra de Vitier,
desde que ambos coincidieran en el núcleo intelectual
que formó al grupo Orígenes,
uno de los puntos cenitales en la historia literaria
de la isla.
El premio Juan Rulfo es considerado el segundo premio
en importancia de las letras iberoamericanas, sólo
precedido por el "Miguel de Cervantes" de
la Real Academia de la Lengua Española, y el
primero en Latinoamérica. Este premio ha sido
concedido a relevantes intelectuales del continente
como los narradores Julio
Ramón Ribeyro, Juan
José Arreola y Nélida Piñón
y los poetas Juan
Gelman y Nicanor
Parra.
José René Rodríguez Roig |
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En
el centenario de Guillén |
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Aunque
la conmemoración del centenario de Nicolás
Guillén está en marcha desde hace meses,
mientras se acerca el día 13 de julio, fecha del
onomástico cien, arrecia la presencia de su figura
entre nosotros.
El eje central de todas viene a ser la Conferencia Internacional
El Centenario de Nicolás Guillén,
que entre el ocho y el 13 de julio reunió en el
Aula Magna a conocedores de la obra del Poeta Nacional
con discusiones alrededor de su creación literaria
y los cruces de arte, cultura y pensamiento en la actualidad
de su legado.
Alrededor de la conferencia se anuncian conciertos de
la Orquesta Sinfónica Nacional y la Schola Cantorum
Coralina, además de presentaciones de intérpretes
como Pablo Milanés, Jorge Luis Prats y José
Luis Cortés, este último con composiciones
inéditas para la ocasión. Los soneros anuncian
un concierto especial, aparte de la gala organizada por
el centenario.
Se suma a esto recitales de poesía, exposiciones
de artes plásticas, puestas teatrales y una programación
cinematográfica a propósito de la efemérides.
Se convocó también a los niños de
nivel primario al concurso de artes plásticas Por
el mar de las Antillas anda un barco de papel,
así como al "Leer a Guillén" para
niños, adolescentes y jóvenes.
En el resto del país, la tunera Jornada Cucalambeana,
la Fiesta de la Cubanía, en Bayamo, el coloquio
de poesía del Festival del Caribe, en Santiago
de Cuba, entre otros encuentros, harán su aparte
para evocar al poeta.
Entre las publicaciones, el plato fuerte vendrá
a ser la reedición del libro de poesía para
niños Por el mar de las Antillas anda un
barco de papel, así como Poemas
de amor y Prosa de prisa (edición
ampliada y comentada, en cuatro tomos), a cargo de Ediciones
UNIÓN. La editorial electrónica CubaLiteraria
prepara un CD sobre la vida y obra de Guillén y
la SGAE un disco-libro con todas las grabaciones de sus
poemas en su propia voz.
Y a fines de junio, Casa de las Américas celebró
el Encuentro Internacional Dulce María
Loynaz, Nicolás Guillén y la poesía
hispánica del siglo XX, en cuyo marco
el dibujante René de la Nuez dedicó al Poeta
Nacional la exposición Son Motivos. |
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Publican
en México nueva antología del poeta
cubano Nicolás Guillén |
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MEXICO,
DF, México (Librusa) - El poeta cubano Nicolás
Guillén, considerado por sus editores como "autor
de una obra en la que se expresan las voces marginadas
de una parte esencial de la cultura hispanoamericana",
vuelve a sus lectores de la mano de una nueva antología
editada por el Fondo de Cultura Económica (FCE)
de México.
"Guillén fue un escritor de diversos registros
que siempre buscó su renovación ensayando
distintas modalidades poéticas. Desde sus primeros
poemas se manifiesta su filiación romántica
y modernista, con influencia visible de Campoamor, Bécquer
o Darío, entre otros", indica el FCE en un
comunicado donde anuncia el lanzamiento oficial de la
antología titulada Donde nacen las aguas.
"Poco a poco aparece lo lírico en su trabajo,
cuando cualquier fenómeno de la realidad es transfigurado
por la calidad de un sentimiento. Pero fue el afán
de conjugar una visión cosmogónica con la
musicalidad de una atmósfera entre mágica
y misteriosa lo que lo llevó a desarrollar el poema-son,
una de esas 'raras cristalizaciones poéticas que
a veces demoran siglos en ver la luz'", agrega la
nota.
Asimismo, destaca que "en esos poemas predomina una
mirada de gran sensualidad en los que Guillén hace
uso de la nostalgia para transfigurar un paisaje o una
simple conversación. Son piezas donde hay un cuidadoso
manejo de los recursos rítmicos y fónicos,
por medio de los cuales hay una intención de anticipar
el color auténtico del trópico".
Los editores también observan que "en los
versos de Guillén conviven los enanos de ombligo
enorme con la gente del color de ébano, las personas
sencillas y tiernas, descendientes de esclavos, con la
gente que llora en yoruba. Como en instantáneos
cabarets donde el tedio se engaña, aparecen, de
repente, los que reman en lágrimas y los que trabajan
con un haz de destellos".
Nicolás Guillén nació en 1902 y murió
en 1989. Entre sus obras figuran títulos como Tengo,
Poemas de amor, Cantos para soldados y sones para turistas,
El son entero, La paloma de vuelo popular, Por el mar
de las Antillas anda un barco de papel y Poemas para niños
y mayores de edad.
La antología Donde nacen las aguas
será presentada el 10 de julio a las 19:00 horas,
en la Embajada de Cuba, en la capital mexicana, según
el comunicado del Fondo de Cultura Económica. |
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Novela
de Antonio José Ponte en Mondadori |
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La
primera novela de Antonio José Ponte (Matanzas,
1964) acaba de aparecer en España bajo el sello
Mondadori. Contrabando de sombras parece
de inicio una historia de fantasmas, una crónica
del trasmundo, pero en verdad persigue dotar de misterio
metafísico el sentido de lo cotidiano en una Cuba
donde la sobrevivencia difícil vuelve esquivo el
acto de entender.
A partir de la muerte de uno de los personajes, su amigo
Vladimir tropieza con acontecimientos extraños
que traen de vuelta episodios turbios de su pasado. Irá
entonces al cementerio una vez y otra, para descubrir
el límite difuso entre la orilla de los vivos y
el horizonte cercano de los muertos, y volverá
a una ciudad hecha de ruinas y sombras
Antonio José Ponte reside en La Habana desde 1980.
Se dio a conocer como poeta y crítico dentro de
la generación poética de los años
ochenta, en tanto trabajaba como ingeniero hidráulico,
guionista de cine y profesor de literatura.
Tiene publicados los libros de cuentos In the
cold of the Malecón & other stories
(City Light Books, 2000) y Cuentos de todas partes
del Imperio (Editions Deleatur, 2000) y los ensayos
Las comidas profundas (Editions Deleatur,
1997), Ramón Alejandro (Art Tribu´s,
1999) y Un seguidor de Montaigne mira La Habana
(Verbum, 2001). Su obra lírica aparece recogida
en Asiento en las ruinas (Letras Cubanas,
1997). |
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Presentan
nueva novela de Leonardo Padura |
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La
novela de mi vida, libro con el cual el narrador
cubano Leonardo Padura obtuviera el Premio Internacional
de Novela Casa de Teatro 2001 en República Dominicana,
fue presentado simultáneamente en la sede de la
UNEAC capitalina y en el Palacio del Segundo Cabo.
En su nueva obra, Padura parte de la vida del poeta cubano
del siglo XVIII José María Heredia, para
hacer, con la coartada de la biografía novelada,
una revisión de algunos de los procesos históricos
más sobresalientes de la Cuba de los pasados 200
años.
Al decir de Jorge Luis Arcos, en la nota de contraportada,
es esta la novela "más ambiciosa que ha escrito
Padura, y una de las más ambiciosas y complejas
que ha intentado escribir un autor cubano."
La novela de mi vida llega al lector
doméstico a través de la editorial UNIÓN,
que la publica al unísono del sello español
Tusquets. Padura debuta así en una variante literaria
distante del policial al cual nos tiene acostumbrados,
pues con libros como la tetralogía Las
cuatro estaciones (Pasado perfecto, Vientos de cuaresma,
Máscaras y Paisaje de otoño) ha
obtenido dos veces el Premio Internacional Dashiell Hammett
a la mejor novela policial del año en 1997 y 1998,
entre otros reconocimientos. |
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Lanzan
en la isla la edición cubana de La novela
de mi vida, de Leonardo Padura |
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La
Habana. El lanzamiento de la edición
cubana de La novela de mi vida, la
obra más reciente de Leonardo Padura (La Habana,
1955), terminó aquí con un enigma: ¿se
rendirá el año próximo el reconocimiento
que merece el poeta cubano José María
Heredia en el aniversario 200 de su natalicio?
''Espero que este libro de alguna manera pueda ser
un homenaje" a Heredia, expresó Padura,
autor más conocido por su tetralogía
policiaca en torno del detective Mario Conde, pero
que con esta novela (''mi obra más ambiciosa
y compleja") se lanza a la búsqueda de
las raíces de la identidad cultural cubana.
La novela de mi vida está
basada en la dramática vida de Heredia, quien
murió exiliado en México, y fue publicada
el año pasado por Casa Teatro, institución
cultural dominicana. El libro salió aquí
esta semana con el sello de Ediciones Unión
y ya circula en España y América Latina
en la versión de Tusquets.
Al evocar el bicentenario de Heredia, el autor dijo
que ve ''con cierta preocupación que no existe
un ambiente todavía sobre este acontecimiento,
que es sin duda uno de los más importantes
de la historia literaria cubana. José María
Heredia no sólo es nuestro gran poeta romántico,
nuestro gran poeta. Es el primer hombre que expresa
la cubanía y creo que esto es algo muy importante
como para no tenerlo en cuenta".
Pareciera que los desencantos que tuvo en vida el
escritor y político se prolongan a través
de los siglos, como narra Padura. En el estado de
México, donde Heredia fue un personaje de la
vida pública, ya se le prepara un homenaje.
Este martes, en la presentación del volumen
de Unión, la editorial de la Unión de
Escritores y Artistas de Cuba, el ensayista Ambrosio
Fornet también evocó el vacío
que hay hasta ahora en la isla sobre el autor de la
Oda al Niágara: ''No puedo abstenerme
de pensar, ante la proximidad del bicentenario de
Heredia, que al convertirlo en personaje de sí
mismo, Padura, sin proponérselo, le ha rendido
un homenaje perdurable destinado a trascender las
efemérides".
Fornet dijo que la obra es una ''novela extraordinaria"
sobre ''el más conocido y admirado de los poetas
cubanos anteriores a Martí, el que suscitó
las adhesiones más categóricas, símbolo
vivo y palpitante de la patria". Heredia ''fue
por mucho tiempo un inquietante enigma... en ningún
otro autor cubano aparecen tan precaria y a la vez
tan sólidamente entrelazadas la vida y la letra,
como si sólo la realidad física de la
escritura pudiera garantizar la realidad física
del escribiente... en el recuento de sus críticos
y biógrafos proliferan los signos de interrogación
y los puntos suspensivos".
Padura relató que el título viene de
una carta de Heredia, en la que narra su visita a
las cataratas del Niágara, inspiradora del
que quizá sea ''el poema más importante"
de la literatura cubana: ''¿Cuándo acabará
la novela de mi vida para que empiece su realidad?"
La historia entrelaza tres momentos. El primero es
la vida de Heredia, sus pasiones juveniles, su afán
independentista, su exilio en Estados Unidos y en
México (donde fue político, juez, parlamentario,
periodista, amigo y víctima de Santa Anna),
el drama del destierro, su destino desgarrador y el
entorno del primer pensamiento insurgente cubano.
El segundo tiempo ocurre un siglo después.
El último de sus hijos entrega a su logia un
crucial documento autobiográfico del padre.
Es la Cuba de una nación agitada y en formación,
explorada desde el secretismo de la masonería.
El tercer plano es el de un joven profesor contemporáneo,
estudioso de Heredia, víctima de la burocracia
y el autoritarismo que le destruyen la vida y lo obligan
a exiliarse. La narración queda unida por la
búsqueda de los misteriosos papeles del poeta.
El hilo argumental transcurre sobre reflexiones en
torno al origen de la cultura cubana, pero, en palabras
de Padura, es también ''el espejo de la realidad
cubana contemporánea", donde Heredia y
su joven biógrafo se miran a través
de 180 años de historia.
De Padura, el Fondo de Cultura Económica publicará
este año el libro de ensayos Un camino
de medio siglo: Carpentier y la narrativa de lo real
maravilloso.
GERARDO
ARREOLA, La Jornada, México
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