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| Adolfo
Martí |
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lírica en Cuba empezó con sonetos. Y todavía
se escriben muchos, compartiendo una larga línea
de evolución con la décima, esa otra forma
clásica de la expresión poética en
Cuba.
Del poeta Adolfo Martí Fuentes (1922-2002) acaba
de aparecer en Cuba Sonetos fieles, una especie de selección
de su larga obra en ese registro, que tuvo en Alrededor
del punto (1971) el momento más alto, pues devolvió
a tal variante estrófica ciertos aires clásicos
difuminados entre los excesos del coloquialismo galopante
de la época al interior de buena parte de la poesía
cubana. De ese cuaderno elegimos una corta muestra, que
al cabo se convierte en homenaje al autor, recientemente
fallecido. |
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No
sé qué me seduce en el soneto
que siento ufano, cuando bien me inspiro,
fluir intactos y de un solo giro
catorce endecasílabos al reto.
¿Será que me impresiona
del cuarteto
el brillo que cual mágico zafiro
imprime al verso ? Debe ser que admiro
la hermosa pulcritud del buen terceto.
Esto pensando, sin motivo alguno,
quise escribir y en un papel ajado,
con un lápiz tan corto como inquieto,
fui
llenando renglones uno a uno,
e imagínense el susto que me he dado
al ver que me ha nacido otro soneto. |
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| Sonetos
fieles |
Esta
madera músicas aflige,
tersuras recorriendo sudorosas.
Nace en manos de Amor y rumorosas
algas de fiebre pubertal exige.
El fresco cedro su estupor colige
de sueños arduos para las esposas.
Abrazadas raíces tormentosas,
Sátiro a Lesbia un guiño astral dirige.
En torno la hermosura navegando
distante de la flor. Sordo paisaje
la posible quietud crucificando.
Donde un árbol de fuego se desviste
madera oscura de cualquier ramaje
para mi claro corazón de triste.
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A
veces es la piel como un convento
de santos laicos o de budas chinos;
parecen emigrarle remolinos
de lúbricas gaviotas en el viento.
A veces se despierta en un lamento
de filo largo, como largos pinos,
empolvando su angustia entre caminos
de afanes tercos y apetito lento.
Y a veces solo sirve de coraza:
como portaestandarte de la raza
en tintas oficiales, y otras veces
tiene la ancha medida de un abismo:
invariable es entonces el mutismo
de sus bruscas, punzantes morbideces.
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Sucede
que uno escribe a los amigos
y los amigos no responden nada:
están lejos, muy lejos, la mirada
perdida en sus ombligos, sus ombligos.
Si no son puertas han de ser postigos
los que cerráis, amigos de portada,
para no entretener vuestra mirada
fuera de los ombligos, los ombligos.
Que no sentís ajenos desabrigos
ni queréis que se os turbe para nada
que no sea miraros los ombligos.
He pensado, carísimos amigos,
puesto que no cambiáis vuestra mirada,
mis cartas dirigir a los ombligos.
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Está
podrido el lodo, está podrido
y de su entraña en sucia pestilencia
surgen vahos absurdos. La inocencia
de la tarde será que se ha perdido.
Porque el paisaje es hosco y aterido
y hay una paz de vertical demencia
y no se advierten signos de clemencia,
sino signos de muerte y de gemido.
Yo me pregunto: ¿pero el mundo
es lodo
y pudrición y muerte y se ha dormido
para siempre el amor? ¿Sólo retama?
Observo entonces con angustia todo
y alcanzo en el rincón mas escondido
esta verde sorpresa de la rama.
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Una
flor desgajada, una presencia
de estrellas desveladas en mi frente.
Déjame, amor, besar esta vertiente
desde mi corazón hasta tu ausencia.
Si ríos de profunda transparencia
llevan mis ojos en fugaz corriente,
es preciso que acaso te frecuente
con raíces de amarga adolescencia.
Déjame, amor, dormirme por tu
alma,
que en la posible y luminosa calma
de la noche mas bella que te ha visto,
sueño que soy, y tras soñar
despierto
así, como si nunca hubiese muerto,
como si fuese realidad que existo.
1951
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Tú
en medio al verde y al azul perdida,
clarificada en sol, fértil, suave,
con la impaciente sencillez de un ave
libre, despierta, matinal, henchida.
Tú asomada en rumores naturales,
sin conquistar al fin y conquistada,
acariciando en la fugaz mirada
yerbas, flores, mesetas, pedregales.
Amada, tu sabor de tierra fina
me tiende junto ti. Siento -la siento-
una fuerza ancestral que a mi se aferra,
como si ocultos en profunda mina
hubiésemos pactado el juramento
de nacer a la vez sobre la tierra.
1953
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Esta
subida luz de donde llega
tu cauce de palomas en abrazo
definitivo y tierno como un lazo
que nunca se desata ni doblega.
Esta rendida sombra que congrega
tu silueta profunda en cada trazo
y me lleva fragante a tu regazo
como la flor que un jardinero riega.
¿Serán para decirnos en
secreto
las tintas esenciales de un idioma
que no estará por las gargantas quieto?
¿Será tal vez, y acaso
tú lo sabes,
la sombra de las flores este aroma,
y esta luz será el vuelo de las aves?
1954
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La
estrella de su cumbre se resbala
alguna noche de encendido invierno:
puede crecer entonces lo mas tierno
en la cálida luz que ella señala.
Si entonces encontrara un ángel
ala
para ascender de su dolido infierno,
habría de soñarse que lo eterno
su dulce aliento sobre el bien exhala.
¡Oh, pesadumbre de esperar! Y
aquella
perfecta dinastía de la estrella
desde su regia sal gobernadora,
hasta que llegue al fin su alta caída
y el ángel pueda asirse a nueva vida,
por todo el cielo que la luz devora.
1955
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Contigo
es que me acuesto y me levanto,
amada, corazón, flor de alba pura;
contigo es la razón y es la locura;
contigo va mi risa y va mi llanto.
Contigo son las fiebres del espanto
por la cifra total de mi amargura;
contigo un alfabeto de ternura
construye el instrumento de mi canto.
Contigo son las noches y el abrigo
y los días desnudos como un gesto
-gota de miel en el furor de tanto-.
Esto me pasa, dulce bien, contigo:
que casi levantándome me acuesto,
contigo que me acuesto y me levanto.
1964.
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Sobre
la tierra callada
tu verde perfil de cuna,
reciba nanas de luna
al pie de la madrugada.
Toda despierta y cuajada
de esmeralda y aceituna,
por la mañana eres una
alfombra alegre y mojada.
y cuando sientes la roja
sangre de los guerrilleros,
tu estremecida congoja
relumbra en su extenso manto
por los mágicos luceros
que crecen desde tu llanto.
1957
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Frente
a tu mar la angustia se desvela
de pistolas absurdas y sombrías:
latigazo de fuego, cruz en vela,
calabozos oscuros, cacerías
de tu mejor y firme centinela.
Frente a tu mar, frente a tu mar los
días,
Cuba lejana, dolorosa escuela,
te amargan el idioma que sabías.
Hay un amo de espuela y cerradura,
tabaco de Virginia, picadura
de ten cents en su mano sofocada.
Creció de cárcel dura
a vena rota
frente a tu mar,
y desde el mar te brota
de violenta canción la madrugada,
México D.F. 1958
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