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Los bueyes del tiempo ocre
Por desgracia, un buen conversador existe mientras respira sobre el mundo; cuando se le corta el resuello, ni la frase mejor resuelta ni la idea más vivamente escrita podrían demostrar que fue aquel un pico fino. Siempre faltaría el color de la mirada despierta y el ademán exacto. En los viajes de Samuel Feijóo por esos caminos añosos de la Cuba profunda, sostuvo conversaciones con amigos y conocidos donde solía probar sus dotes de hablador incansable. Y en algunas de ellas hasta filosofaba.
Lo que sigue son algunas ideas rescatadas del olvido por René Batista Moreno, e incluidas en su libro Los bueyes del tiempo ocre a manera de un Cosmos, un mapa ético, estético, político, que da cuenta de la geografía humana de ese individuo indefinible que era Samuel. Gracias a ese trabajo de arqueólogo La isla en peso puede acercar a sus lectores la palabra de Feijoo, que explica y se explica como un animal silvestre, apenas otro de los especimenes singulares que da esta tierra.
 
     
 
Ideario feijóosiano
 
     
 
Samuel Feijóo
Religión

Me enseñaron a confiar en un Dios y me llenaron de cristianismo protestante. Agradezco, sí, el Evangelio cristiano que me instruía sobre el amor al prójimo, al bien, y que me aclaraba acerca de los sucios caminos del vicio, el egoísmo, la riqueza económica, la mentira y la traición, y a distinguir la firmeza de su abnegado jefe, soñador y poeta, Jesucristo. Si mito: bello mito ensangrentado por los miserables falsos cristianos que en su nombre llenaron de viles guerras, de crímenes y de explotación al mundo. Jesucristo, traicionado y crucificado por la sanguinaria turba de dogmáticos, fanáticos, de la religión dominante de su tiempo.
Se hallaba Jesucristo junto a los humildes, predicando justicia, sembrando flores de sueños, bello iluso en un mundo brutal, queriendo llevar el espíritu humano al espiritual reino, todo amor, sueño, indefenso... Lo crucificaron miles de veces, en cada hoguera contra el justo disidente de la corrupción religiosa, que se decía caracterizado, en cada mártir de la ciencia asesinado en su nombre, cada pensador que no se resigne a llenar de cadenas inmundas su pensamiento. Trágico destino de los claros pensadores que avanzan sobre su tiempo...

Humildad

Mientras más verdadera humildad, más acero en el pecho, más diamante en la idea, más flor en el ojo que vela fiel al ciego fanatismo, la irresponsabilidad del necio y, tiernamente al ser puro, al abnegado, al valiente, que ama y obra. Alma humilde la mía, más no injuriable, no sumisa al mal, no degradable, no sobornable. Ella, con sus goces, sueños enormes y tragedias sin final, con humor alegre y limpio, con su infantil ser, su imaginación que no le cabe adentro, de tanta robusta ala abierta que tiene, con su espanto, sus enfermedades nerviosas dando el conocimiento del infierno que la naturaleza ha encerrado en el cuerpo humano, y su amor, su deseo de servir, de ser útil a los buenos por ese mismo amor a los desgraciados, mis únicos iguales, los únicos con los cuales puedo entenderme a fondo. Los victoriosos, los felices, no me necesitan, ni yo los necesito a ellos: ¿qué he de hacer con mis músicas de compañía sino llevarlas al sufridor, que puede, hambriento de ellas, gozarlas más, con más provecho y, por lo tanto, darme más goce?...

Arte

Del arte saco una alegría serena. Y de la punta del pincel, destellante en los colores, en los paisajes de mi patria, un éxtasis, vigilador. No un transporte total, sino un éxtasis observador, listo a enmendar la pérdida. Porque en el arte puedo lograr un ámbito amado, y conformarlo a esa realidad. Y ello es una labor propia del hombre, porque se da a sí mismo compañía hechicera, consolante de veras, y puede darla a sus semejantes, aquellos que necesitan la belleza como distinción. Porque es una verdad sin fin que "no sólo de pan vive el hombre". Y el hombre, tras su trabajo, necesita calmar las hambres de su espíritu. Pero se goza el artista en repetirlo, pues lo cierto no puede ser lo banal...

Distinto

¿Cómo pude resistir estas diferencias, estas soledades? Cómo entendí esta singularidad natural de mi persona, en medio tan ajeno, ser mío que se apartaba de los gustos dominantes, en medio de las seguras ideas y maneras de cuantos me rodeaban, es cosa que no pude precisar. Poco a poco me daba cuenta de que, muy a mi pesar, entonces, era distinto: que no gustaba de las baratas ideas y de las conversaciones lujuriosas de los jóvenes de mi barrio, llenas de palabras groseras. Allí todo hombre se dividía en macho o maricón. A la menor cortesía y fineza, sonrisa cariñosa, se corría el riesgo de pasar por maricón. Había que presentar violencia y rudeza de maneras, y hablar en idioma brutal, para definirse como macho. Y, yo con mis poesías, mis subidas a la azotea para ver la luna, leyendo mis libros que no eran pornográficos ni de cowboys, conversando sobre temas de música, de filosofía, del origen de los astros, de arte, de la patria imposible, de la incultura. Me hacía sospechoso, me remiraban, hasta que mi carácter viril estallaba, entonces se me tenía como inteligente, o por medio chiflado, y así borraban las viles sospechas. No iba yo jamás a un burdel, ni fui jamás. Miraba a las bellas muchachas, buscándole sueños como los míos...

Mujeres

Las admiraba. A alguna amé, pero eran tan altas para mí. No me atrevía. Algunas de ellas eran feas, desgarbadas. Nadie las cortejaba. Nadie las mencionaba como bellezas en el barrio. Eran delgadas, de rostros incorrectos. Entonces comprendí bien, y para toda la vida, que aquellas muchachas espirituales, finas, con brillos, limpios y cariñosos, no eran admiradas por el resto de mis amigos. Después lo seguí viendo, donde quiera: el amor, un mercado de la carne. Ello decidía el enlace. Las flacas, las jorobaditas, las narizonas... no inspiraban amor. Los senos grandes y las caderas decidían. Las hormonas sexuales decidían, por lo general. Así comprendí y me hice sabio en el conocimiento del titulado "amor"que no era más que puro sexualismo, disfrazado, sin que los preciosos, indelebles, creativos, asombrosos valores espirituales se tuvieran en cuenta para nada, por lo general...

Ètica

La ética, como dominio primero. Conozco por millares y millares y supermillares a los dominados por sus glándulas sexuales, centro ideal de sus vidas. Ellas piensan por ellos, determinan sus vidas y destinos, piensan inclusive por sus estómagos, sus vicios, todos carnales. Esclavos de la carne, no se han levantado todavía al Ser. Son intentonas de seres humanos, hijos de la violencia y de los apetitos viscerales. ¡Qué guerra de liberación necesitan, en su organismo general! Sin órganos de placer espirituales, la lectura, las artes, la belleza y la naturaleza, la conversación creativa, el verdadero amor, los goces de la ética y la filosofía, la amistad prodigiosa, sin el amor entero a la ciencia profunda... Esos paraísos le están vedados. En puesto de mando, representan una amenaza social enorme; en la educación, son rémoras; en la política, frenos; en las artes, reaccionarios; en la vida viva, curas dogmáticos, buitres del soñador. Rencorosos egoístas, aduladores infinitos, sonrientes con el superior, trepadores de oficio: donde ponen sus manos dejan las huellas de un carbón venenoso y todo, porque no hay ética...

Dogmatismo

Siempre he tenido choques con los dogmáticos, reaccionarios, gente inflexible y resabiosa, queriendo imponer sus criterios a rajatablas, cerrada ya para todo el desarrollo interior, "fósiles en dos patas". ¡Y qué susceptibles! ¡Y qué perseguidores para quienes no acatan, sin chistar, sus criterios de mediocres, que jamás dudan, pues la duda les desharía la ignorancia, tan agradable para ellos, base de sus seguridades y de sus soberbias!
Despertaba malestar mi amor al pensamiento libre. ¿Pensamiento encadenado? No sé que puede ser un pensamiento encadenado. Si un pensamiento no es libre, ni es bueno ni es pensamiento. ¿Qué puede surgir del pensamiento esclavo? Despertaba malestar entre orondos sabichosos con quienes a veces topaba hombres mayores, maduros de tiempo. Estos pensaban: "Si yo acato, ¿por qué tú no? ¿ Por qué tú no? ¿ Te consideras superior?"
¡Cuántas sospechas sobre mí de los cómodos asentidores y repetidores en artes, religión, ciencia y política! ¡ Ah, con que no te doblegas a la repetición cotorrera! ¿ Y no sigues nuestra tendencia, costumbres y modos de vida? ¿ No arguyes? ¡Pues ahí va la maza...!

Sueños

El hombre triunfará sobre la bestia. Es un maravilloso sueño. Lo sueño y lo sigo soñando. Si la bestialidad y el odio pueden más que la inteligencia amorosa actuante, soñé lo contrario. Y fui mejor por haber soñado el más bello sueño. Si vence la inteligencia humana amorosa, justiciera: soñé o luché por ese sueño, de mil modos, si tuve ese coraje, esa valentía, lo soñé y no fui traidor a mi sueño, y así muero, ya cercano mi fin, que deseo bien oscuro, como los millones de ignorados seres humanos que mueren sin una línea de recordación en prensa alguna, ni conmemoraciones ni duelo oficial o cultural alguno. Como el más humilde y anónimo quiero ser enterrado...

Búsqueda

Soy, pues, el que lanza el puente, para ganar conversación, calor humano... Así me acostumbré, y enorme sorpresa me es ver, fuera del amor de mujer, la imagen de un puente, que llega hasta mi casa para traerme al hermano esperado, limpio, libre, espiritual, creador, sufriente y risueño, valiente, humilde... Siempre salgo a buscarlo. El perro sale a buscar el mendrugo, no hay filosofía para él. Esa filosofía de perro es la mía. Ese can soy yo. Alegre, salgo a buscar, sin vergüenza, sin sufrimiento, el mendrugo del amor. Y lo he encontrado, feliz can. Pero tenía que ser firme a sí, en mi joven personalidad, en mi yo creciente, en mis raíces propias. Crearme una individualidad fuerte, o sería arrastrado por la opinión y el mediocre estilo de vida de los números otros. Un yo poderoso, jamás satélite. Listo a sumarme al bueno, a las causas buenas, pero jamás confiado a las palabras sino a los hechos limpios...

Pesimismo

Me rebelé contra el pesimismo, porque comprendí que el pesimismo es estéril y no abre futuro bello alguno: es la arena, donde no crece la yerba y sí el cardo, la punzante tuna. Tampoco acepté el optimismo arajatablas, que también lleva a la derrota. No. No barnizar con lacas extasiadas ni cubrir con pintura deleitosa la puerta tras la cual el dragón espera a los jóvenes. Sí enfrentarse a ese dragón de los sucios convencionalismos, de las miserias físicas y morales, de los vicios horrendos de la complacencia organizada, ciega, de la persuación banal, la trampa del mediocre y aún del ruín, de rejas mohosas, del solenme dogmático "yo lo sé todo, yo soy infalible". Sí enfrentarme al sucio dragón de las envidias, a las alabanzas productivas, a los jardineros de la mentira, y al esputo final de la vejez y la muerte. Si solo, no importa, porque la soledad del amoroso y libre es la soledad de la cumbre bella, que se elevó para pagar su precio, cerca del sol, del azul, de los astros, pero con la nieve perpetua en su pico.
Pero ese optimismo ciego, es un crimen. Ese optimismo irracional cultivado como una planta de invernadero, es peor que el pesimismo miserable, porque nos entrega confiadísimo y sin armas al dragón.

Crueldad

No puedo tolerar abusos con los niños y su mundo de veras mágico, mundo sensible a la injusticia como nadie, porque es pequeño el niño y débil, y privarle, por indefensión, del disfrute de su paraíso, cuenta entre las mayores crueldades. He visto mucho, mucho, pegarle a los niños. ¡Qué ira me coge ante esos padres miserables, cobardísimos, infames cerdos sin fin! El niño sensible conoce la miseria moral de padres y allegados muy pronto. Algunos se reponen y comprenden y hasta perdonan. Otros no. Y ahí comienza la gran batalla contra la injusticia y la violencia en el mundo. Después he visto cómo padres estúpidos y cobardes han pegado cruelmente a sus hijos, para "enseñarlos". Grito, voces brutales, golpes. Las indefensas criaturas tiemblan antes las crueldades de sus progenitores. No comprenden su presunto error, no sabe bien por qué se les castiga bestialmente. El miedo los daña, sus nervios se torturan. Azorados, sufren por lo que no entienden. ¡Cómo tiemblan, ante la ira de esos sementales despiadados que son sus padres, golpeándoles, insultándoles!. Tales bestias entienden que el maravilloso, aterrorizado niño es propiedad de ellos. A través de toda la vida he visto ese espectáculo de horror y degradación suprema: padres enfurecidos que no ceden en sus golpes ante las lágrimas y los gritos de espanto de sus niños.

Recuerdo

El primer recuerdo que tengo es de La Jorobada, el primer recuerdo en mi vida, limpio y permanente, es de una mañana de invierno muy clara, de sol muy blanco. Me veo empapado de una luz maravillosa barriendo el portal de la botica, sosteniendo la escoba con dedos helados. Recuerdo éste de una gran belleza, de un deslumbramiento por la luz matinal de mi tierra, del "invierno" de mi tierra. Persiste en mí. Aún siento esa fuerza preciosa de la luz de la mañana fría. Han pasado muchos años y siempre la siento con una nitidez asombrosa. A veces entra con nostalgia, a veces con alegría. Veo el polvo que levantaba la escoba, recuerdo el polvo...recuerdo la luz blanca... el viento de los amaneceres de invierno, el viento tan blanco como la luz de esos amaneceres que vio la indefensa infancia penetrándola con una poesía arrasante...

Escritor

Sé que el malvado inquisidor, de mente siempre sospechante, menos para él, de mente envenenada, lo malinterpretará todo: pero para él, no escribo, jamás escribiré, aunque fatalmente, su ojo "infalible"me leerá, hacha en mano, rabiosa hacha. Ahí ese dogmático con sus sospechas, sus odios connaturales, su pensamiento fecal, sus grilletes, siglo a siglo. Escribo para seres sanos, libres, amorosos, gente del mejor pueblo, justicieros, con humor y paz, y con justicia espiritual y material.
No soy un escritor perfecto, y a ninguna perfección de estilo o manera le dejo que me embarace la vida, el ser propio y su expresión y su modo. Cautivo de la estética, nunca. Sea la estética, lectores, cautiva del hombre artista, sea "lo adecuado"vencido por el estilo adecuado del ser, por sus corrientes disparadas, su dominio natural o su dominio es, a nuestro juicio, la más segura de las vías para que una naturaleza humana, que escriba sincera, no se amañe, ni se turbe las esencias, ni se le cuarteen los cuajos, ni a las yemas se les curtan los bríos de la flor que trae...

Poesía

Qué lejos estaba mi padre de considerar, con tantas caminatas camperas, lo que estaba haciendo con su niño, lo que estaba sembrando en su sangre absorta y hechizada. Me sembraba la poesía y el hechizo, la pasión vegetal, a todo riesgo, la sabiduría de la naturaleza, el vicio poderoso de ramas y pájaros y aguas y cielos y preciosas soledades en el monte. Criaba a un poeta. Le llenaba con el pueblo de las ramas y las aguas, de los verdes y los silbos, de la libertad del espíritu en la belleza, que aprendió de niño y para siempre...

Patria

En este país me puso la naturaleza, de él tomé muchas cosas: bellezas del paisaje, bondades camperas, artes populares... No. Nunca abandoné mi isla para irme a vivir en los civilizados New York, París, Roma... Como se me instó tantas veces por artistas que se fueron. No podían resistir. No tenían resistencia ni mi amor al paisaje natal y a los inocentes campesinos.. Sí, aquí me quedé por años y años, creando mi pobreza, aprendiendo, leyendo, creciendo, a veces expuesto a la dentellada innumerable, a la incomprensión agresiva, porque aquí nací. Allá se fueron los asqueados, los delicados, los irritados... Pero yo he cumplido la ley esencial de la naturaleza: aquí, en esta islita, ella me puso, y aquí debo sembrar, ayudar, aprender, ganar o perder, amar, luchar... Aquí nací y aquí muero, hijo de muchas patrias...

Política

Bajo las ruinas de la política ha surgido siempre una cultura universal, que permanecía oculta, casi aplastada, henchida de justicia, lenta, firme, inextinguible. Extinguirla es el sueño de los tiranos y de los espantosos dognmáticos, frenadores del desarrollo de la humanidad hacia mejores y mejores metas. Alguna vez una legítima hermandad universal alegrará nuestro planeta. No se matarán más los pueblos entre sí, no se perseguirá al inocente, no habrá explotadores del ser humano, ni miseria social, ni espiritual ni cultural, ni guerras, ni imperialismo. El más apreciado será entonces el más poderoso creador bueno, el más servicial, el más modesto y valiente servidor, cercenada la ambición malvada, el orgullo vil, la arqueante doblez... ¿Es un sueño? Soñarlo es mejor que aceptar una realidad eterna de crímenes, abusos, tiranías, las corrupciones del oro, los colonizadores, la explotación material y espiritual del ser humano...

Llanto

Dominado por mi pasión de coleccionar postales que aparecían en las cajetillas de cigarros, me animé a visitar una de las terribles casuchas del barrio, y allí me encontré a su poseedor, un negrito de ocho años, flaco, flaquito en extremo, reposando en su lecho de sábanas amarillentas. No lo olvido, mi alma de once años lo recogió para siempre: el rostro lindísmo y consumido del negrito tuberculoso, tuberculosis de hambre, y lo alegre que se puso al verme. Apenas podía hablar. Su linda, delgada madre negra, atentísima conmigo, agradesidísima por la visita, me introdujo en la covacha, y allí ví las postales, no sé cómo, y hablé con mi nuevo amiguito. Y me fui. Unos días después, cuando volví por él, ya había muerto. Aun hoy no puedo reprimir las lágrimas por aquel niño inocente y precioso, de sonrisa tan dulce, tan agradecida para mi. Lo recuerdo y lloro. Sin pena de llorar. Mi llanto es una realidad, son mis flores a su memoria que posiblemente nadie, nadie recordará ya en el mundo, con lágrimas tan puras...

Miedo

Ocurrió en el cementerio de La Habana. Se enterraba al general Cabreco, héroe de la guerra contra España, con solemnes ceremonias. Esto no lo sabía yo, pero mi padre lo supo de algún modo, y arreó conmigo y con mi hermano Nano al camposanto. Había allí una multitud esperando. Nos colocamos casi ante la fosa, enfrente de varios cañones. Cuando bajaban el ataúd, a diez varas de nuestros oídos comenzaron las salvas. A la primera; mi padre, con la muchedumbre, gozó del gran trueno. Temblé de miedo, horrorizado. Veía volar papeles encendidos desde la boca de los cañones, y a cada salva gritaba yo de un dolor intenso. Mis nervios estaballan. "Vámonos, papá, gritaba". Nano no decía nada. Al fin papá se alejó un poco, pero volvieron las salvas. El no quería perderse un detalle. Me sentí cogido, sin salida, por el miedo y el espanto. Indefenso, sin poder escapar de un lugar extraño y de tal estruendo, que hacía temblar la tierra y mi poca carne sobre ella. Mi terror contrastaba con la general complacencia. No olvidé el nombre del muerto, ligado a mi vida por pavoroso estampido.

Amistad

Buscaba amistades, muy deseoso de ellas, de alta espiritualidad, quietas, ansiosas de una cultura profunda. Pocas hallaba. Ni ciencias, ni artes, ni filosofía ni poesía les interesaban. Ningún sueño creativo. Sólo, en la mayoría, la jerga panza y sexo: ni un asomo de alguna dimensión radiante de espíritu. Pero no estaba solo porque existían algunos buenos muchachos con los cuales charlaba, jugaba a la pelota o iba al cine o al boxeo. En lo que mucha gente conocida se regocijaba no hallaba placer. No bebía alcohol, no fumaba, no frecuentaba burdeles, no era politiquero, chismoso, "bicho", zorro... no jugaba al azar. Leía, meditaba, me apartaba a ver árboles y costas. Al pasar los lustros conocí del fracaso interior de aquellos sementales sin más destino que el festín de sus testículos, y aquellos viciosos del barrio.
Eché esa cruz sobre mis jóvenes, débiles, pero ya invencibles espaldas. ¡Qué fuerza hallé para soñar dentro de mí sangre sueños propios. Apartado de la grosería y de los consejos y conductas del mediocre egoísta, caminaba las calles. Claro que existían mis iguales en La Habana, en las prodigiosas provincias... pero no los hallaba aún. En los campos encontré maravillas de hombres y mujeres: ingenuos, claros, sanos, serviciales, alegres, sonrientísimos del alma. Y la amistad que vino después con los árboles, arroyos, lomas, yerbas, pájaros, valles...donde hallé hogar, enseñanza, medicina. Así andaba, quitándome los collares del medio perdido: ni su estética, ni su religión, ni su filosofía banal. El desarrollo pujante de mi espíritu necesitaba de esencias y formas nuevas, vivas, limpias, libres, y de la amistad.

 
     
 
 

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