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Ellas
hablan de la isla
Vitalina
Alfonso |
La
madeja intercultural que descubre el acercamiento más
somero a las culturas del Caribe se ha estado acentuando
especialmente en el último medio siglo, cuando
los cruzamientos e interconexiones han vuelto bien complejo
el panorama. Vitalina Alfonso, investigadora de las
narrativas de la región, acaba de ver publicado
un libro que es resultado de una larga pesquisa periodística
entre un puñado de escritoras caribeñas
asentadas fuera de su geografía. Desde ellas
y sus experiencias vitales, transcritas a manera de
documento literario, recogidas ahora en un libro de
entrevistas, se revisan mejor esos desplazamientos culturales
que van más allá de los meros alejamientos
de la geografía de origen.
La
isla en peso reproduce aquí una
de las entrevistas que componen Ellas hablan
de la isla. En este caso, se trata de la cubana
Cristina García (La Habana, 1958), autora de
las muy conocidas novelas Soñando en
cubano (Dreaming in Cuban,
1992) y Las hermanas Agüero (The
Agüero Sisters, 1997).
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| Con
frecuencia se simplifica el tema cubano-americano
Vitalina
Alfonso
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Vitalina
Alfonso: Cristina, en ocasiones has afirmado
que se debe a los escritores latinos, en gran parte,
que la literatura estadounidense se mantenga vibrante
y dinámica, e incluso consideras que sin que
se produzca un proceso de pérdida de identidad,
más temprano que tarde ocurrirá un proceso
de inclusión de estos en la corriente central
a partir de la redefinición de dicha corriente.
¿Podrías hablarme un poco más
de ello?
Las
personas que están escribiendo alrededor de
las fronteras de las culturas están en una
posición muy privilegiada. En mi caso, abandoné
Cuba cuando era muy joven. Tenía solamente
dos años, de manera que no experimenté
mucho el sufrimiento directo de la dislocación,
pero sí viví en cierta medida la de
mis padres y su adaptación a los Estados Unidos.
Eso me permitió adquirir cierto tipo de perspectiva
-que con los años se ha ido modificando--,
que considero privilegiada. Ha sido como observar
y vivir la realidad de las dos culturas en que he
estado inmersa desde una ventana. Esta experiencia
me ha llevado a conducirme como una forastera en la
cultura americana. Soy lo que los antropólogos
denominan un observador participante en una cultura.
Tengo la misma posición hacia la cultura de
mis orígenes por lo cual siento que estoy colocada
en un lugar singular e interesante para escribir.
Lo más llamativo y excitante que se está
escribiendo ahora en los Estados Unidos proviene de
esas fronteras, no estrictamente de lo latino sino
de otras fronteras.
¿Cómo se manifiesta este fenómeno
en el mercado del libro latino?
Creo
que existe una tremenda ansia por esa literatura,
y me siento feliz porque no se trata solamente de
empezar a conocer al otro, sino que se trata de saber
quiénes son esas personas que te rodean y a
quienes no conoces, y de la comprensión, del
entendimiento propio de los norteamericanos, en el
lugar y en la nueva realidad que constituyen los Estados
Unidos. En la pasada década de los 60, en particular,
hubo una enorme influencia de la inmigración
de Centroamérica, Latinoamérica y el
Caribe, y también de Asia. Esas tremendas influencias
han cambiado la faz de la nación, están
cambiando la literatura, a la gente, y se producen
cambios en la vida cotidiana desde los actos mas triviales,
como lo que se quiere comer para la cena de la noche
del viemes, hasta en cosas más fundamentales
que ocasionan cambios en la vida de todo el mundo.
Hay una verdadera ansia por este tipo de literatura
que se denomina ahora literatura latina, lo que se
hace evidente en la explosión de una gran cantidad
de cursos especialmente en las universidades y el
interés que estos reportan. En cada universidad
de los Estados Unidos se imparte al menos uno de esos
cursos, en adición a los de literatura asiático-norteamericana,
literatura afronorteamericana y otras literaturas.
Fíjate que te he dicho hace un momento que
esta literatura ahora se denomina "latina".
Así la llaman, pero en los próximos
diez o quince años muchas categorías
como estas cambiarán su significado, pues se
irán quedando atrás con los cambios
de la realidad. Mi hija, por ejemplo, por parte de
su padre es japonesa -su abuela es japonesa y su abuelo
es un judío ruso-, y por mi parte es cubana,
aunque mi padre nació en la América
Central de padre español y madre guatemalteca.
Mezclas de esa índole en muchos ciudadanos
de los Estados Unidos harán que muchas categorías
ahora al uso, carezcan de sentido y tendrá
que hacerse una nueva lectura de todos esos fenómenos.
Existe, además, una ansiedad profunda por conocer
los tópicos, la naturaleza y los cambios de
lo que está sucediendo en la cultura norteamericana.
Hoy,
a casi ocho años de la publicación de
Dreaming in Cuban, ¿estás
de acuerdo con el papel que muchos críticos
Ie han asignado de una especie de motor impulsor para
una visión literaria diferente del conflicto
entre las dos orillas?
Lo
pienso, en cierto sentido, pero no hay en absoluto
una división en blanco y negro sobre el tema.
A pesar de su complejidad con frecuencia se simplifica
el tema cubano-americano. Existe la gran ruptura,
pero hay muchos pequeños factores que se pierden
en el clima de las dos Cubas, las dos orillas, por
lo cual creo que debe haber verdaderamente más
reflexión sobre la complejidad de las relaciones
entre las personas de las dos Cubas -a propósito,
existe solamente una Cuba, pero está el concepto
de otra Cuba en Miami. Muchos de los académicos
interesados en este tema han contribuido a una desproporcionada
división. Se produce una especie de polémica
inferior de un lado a otro y lo que efectivamente
está sucediendo se pierde. Lo que me interesa
difiere de esos puntos de la polémica, y sí
ver el proceso en toda su complejidad. No trato de
explorar el nivel de la gran ruptura, sino explorar
todos los aspectos sumergidos de esa situación.
A
raíz de la publicación de tu primera
novela, en una entrevista (1)
concedida a la profesora e investigadora lraida H.
López, al referirte a la utilización
de la religiosidad popular de los ancestros, en este
caso de la santería, Ie expresabas que llegaste
a ella casi de una forma autómata mediante
el personaje de Felicia pero que al mismo tiempo constituía
un inevitable paisaje cultural. ¿ Definirla
así para ti implica que estás consciente
de que escribes primordialmente para un lector al
que la santería Ie es totalmente ajena?
Me
siento una extranjera al escribir sobre la santería.
No la manejo y tal vez se hace evidente cuando he
escrito sobre ella. En la actualidad conozco un poco
más porque tengo una prima que se ha hecho
santera. Cuando vine a Cuba en 1984 ella era una adolescente,
pero, ahora, a través de ella he podido conocer
a otras santeras, he asistido a ceremonias y me siento
un poco más cercana a estas creencias. Para
ser sincera, no pienso realmente en el público
al abordar estos temas y tampoco si son exóticos
o no. Lo que hago es que a través de los personajes
me exploro a mí misma, pues son mis propias
obsesiones, es una especie de cruz personal.
En un libro en que estoy trabajando ahora, y que probablemente
terminaré en los próximos meses, no
hay santería. Será, por ahora, mi último
libro de tema cubano y así tendré una
especie de trilogía: Dreaming in Cuban,
The Aguero Sisters y Conga
Palace, que quizás sea como lo titule,
pero no estoy segura. Cuando pienso en otros libros
que quiero escribir, no pienso en realidad en Cuba
ni en temas de santería, tengo otras ideas,
aunque no puedo predecir nada todavía. Comienzo
a sentirme un poco más íntimamente expuesta
a ese tema y creo que cuando empecé a escribir
lo hice desde una posición muy naif.
¿El
uso de las cursivas cada vez que se mencionan utensilios,
ritos, deidades, etcétera, fue una decisión
tuya o del editor de Dreaming in Cuban?
¿Es para enfatizar, a propósito, el
distanciamiento hacia una cultura foránea?
Realmente
yo lo escribí en cursivas y no solo todo lo
relacionado con la santería, sino también
lo que estaba escrito en otro idioma que no fuera
el inglés. Fue una decisión consciente,
una decisión de marketing. Ahora existe una
gran controversia acerca de esta política editorial
debido a la cantidad de textos bilingues que están
surgiendo. Muchos insisten en que el español
no debe aparecer en cursivas pero todavía es
una decisión individual. Lo concebí
así y tanto el editor como mi agente lo dejaron
de esa manera. Pensando en Conga Palace,
no estoy segura que criterio asumiré.
Algunos
críticos, a raíz de la publicación
de Dreaming in Cuban,
señalaron como deficiencia la inautenticidad
de los ambientes que tienen como escenario a Cuba.
¿,Estás de acuerdo con ello? ¿Piensas
que igual puede suceder con tu segunda novela The
Aguero Sisters?
Confronté
este problema con Dreaming in Cuban
porque cuando comencé a escribirla había
pasado solamente dos semanas en Cuba, una de ellas
en Guanabo, en casa de mi tía. O sea, pudiera
decir que no era ninguna experta en Cuba, pues ésta
solo había estado hasta ese momenta en mi imaginación.
Para que se me hiciera más cómodo escribir
sobre ella apelé a la fórmula de crear
un pueblo de ficción, como lo han hecho otros
escritores latinoamericanos, y de esa manera poder
tener más libertad. Es decir, no verme obligada
a describir detalladamente un lugar que luego pudiera
ser identificado exactamente en Cuba, sino apoyarme
en una especie de proyección de un estado sicológico.
Dreaming in Cuban es por eso una
especie de acometida surrealista. Uno sabe que no
está realmente afincado en las particularidades
de Cuba, sino que habita un tipo diferente de espacio,
más bien el espacio de la imaginación.
De hecho, en un momento Pilar, la más joven
de los personajes de la novela, dice: "Y solo
está mi imaginación en el lugar en que
debiera estar nuestra historia". Esa frase encierra,
en buena medida, cómo fue mi experiencia al
tratar de recrear a Cuba en un vacío relativo.
El único modo para mí de hacerlo era
crear y poblar un espacio imaginario. Dada la situación
del exilio cubano, tiene un cierto sentido, porque,
incluso, la información sobre Cuba no tiene
que ver tampoco con la realidad. De cualquier modo,
para mí describir a Cuba era realmente un acto
de imaginación activa y hubiera sido presuntuoso
pretender hacerlo de una manera rigurosa.
The
Aguero Sisters retoma varios aspectos
de Dreaming in Cuban,
como son los temas del dominio en la familia y las
divisiones de ésta por la política.
¿ Constituyen ellos para ti obsesiones, o los
consideras ejes esenciales de los tiempos que corren?
Lo
que traté de hacer en The Aguero Sisters
fue explorar la emoción general de la pérdida,
de una forma distinta, sin utilizar el ano 1959 como
el gran "antes" y "después",
como la fecha de la gran división. Casi accidentalmente
empecé con la idea general de utilizar la historia
nacional como una especie de gran metáfora,
en el sentido de comprender la memoria sobre el tiempo
y lo que sobrevive. Indagar sobre las pérdidas,
las extinciones y las alternativas; lo que acaeció
en la historia nacional, y lo que sucedió también
en términos del mito familiar, y cómo
se perciben a sí mismos los miembros de las
familias, también cuáles son los detalles
que seleccionamos para crear nuestras propias historias.
Ver las divisiones creadas dentro de una familia concreta,
luego de la muerte de la madre, con una gran cantidad
de rivalidad y oposición sobre esa memoria.
De esta manera podía explorar las divisiones
políticas y la historia nacional en su conjunto
de una manera mucho más personal y al mismo
tiempo mas metafórica. Por supuesto, las hermanas
estarán divididas después de la Revolucion,
pero lo que yo estaba tratando de hacer, en cierta
medida, era no tener a 1959 como una especie de piedra
de toque irradiadora para todo el libro; quise que
fuera un libro extenso y con un abordaje diferente.
¿Consideras que estos temas son
leit motivs de autores coetáneos a ti por ser
también biculturales?
Es
parte del ocultamiento en situaciones biculturales,
porque abarca otros niveles y complicaciones, pero
existen suficientes divisiones en una familia determinada,
sea tu apellido García o Smith, en términos
de concurrencia de un mito, de una leyenda e historia
familiar. Esto es absolutamente universal y es necesario
para comprender tu autopercepción, para dar
forma a un patrón, reorientar nuestra memoria,
nuestros sentidos y a nosotros mismos. Desconozco
si tiene sentido resumirlo a uno u otro tipo de autor
pero no creo concebirlo así. Las familias felices
son iguales a las infelices en muchos sentidos...
En la lucha por elegir una realidad y una situación
está la condición de una escritura meritoria.
¿Hay una especificidad literaria
en la producción de los cubanos en los Estados
Unidos, o pudieran ser englobados en una pancaribeñidad
literaria?
Personalmente
pienso que el camino a la universalidad está
a través de lo específico, a través
de los detalles. No nos identificamos con Madame
Bovary porque sea francesa, específicamente,
o con otros grandes personajes en la literatura. De
igual modo, espero que a través de los detalles
y las texturas, así como de las especificidades
en nuestras situaciones, se abra una ventana hacia
una posible identificación con cualquiera que
ame la literatura. Es mejor ver esta literatura de
los cubanos más alIá de una pancaribeñidad,
pues si lo llevas a los extremos se convierte más
en sociología que en literatura. De hecho,
muchos de los esfuerzos iniciales de los escritores
latinos tenían estas características
y ellos son presentados en los Departamentos de Sociología,
no en los de Literatura. Estoy interesada en trabajar
con la literatura, no con la sociología. La
diferencia real radica en si la literatura que haces
expresa directamente una agenda política o
no. Temas como las obsesiones son los de mi mayor
interés y si abordo lo político es en
uno u otro personaje especffico, y asf me parece fantastico,
pero no estoy perso- nalmente interesada en las novelas
polemicas en absoluto.
¿Hubieras
podido escribir Dreaming in Cuban
desde la misma perspectiva si hubieras estado viviendo
en Miami?
Si
hubiera crecido o vivido en Miami no hubiera podido
de ninguna manera escribir ese libro. Aun hoy, cuando
hago lecturas de mi obra en Miami, busco a lo largo
del libro y digo: "Oh, ¿qué debo
leer esta noche aquí?", y me encuentro
diciéndome: "No, esto no, humm, mejor
esto, pero, hummm". Si me autocensuro así
con un libro ya publicado, imagina que sería
si yo hubiera crecido allí e intentado escribirlo
allí. Solo si estuviera totalmente aislada,
algo así como en un invernadero, lo cual es
imposible. Vivir en California me ha beneficiado,
debido a la distancia.
Fui a Miami como periodista aproximadamente por un
año y medio y mis padres viven allí
ahora, de manera que voy alrededor de un par de veces
al año. Pero la ciudad ha cambiado enormemente
en los ultimos diez o quince años. Cuando la
situación de Elián no creo que en Miami
hayan tenido todo el dominio sobre el discurso público,
como solían tenerlo antes. Ya existe una joven
generación de cubanos fuera de Miami que está
haciendo complejo ese discurso y está rompiendo
vínculos con él. Por otra parte, Miami
es muy diferente ahora y estoy estimulada con esto.
Es diferente lo que observé cuando estuve en
eI 87-88. Todavía tengo cuidado con lo que
digo, pero ya en una lectura que realicé en
Miami, con un público numeroso, de 300 o 400
personas, muchas de ellas cubanas, la gente me preguntó
de un modo directo: "Oh, ¿usted va a Cuba?"
y cosas por el estilo. Diez años antes, al
responder: "Sí, yo voy", la gente
no hubiera dejado que continuara la reunión
gritando o haciendo cualquier otro tipo de cosa. Nada
sucedió, de manera que, poco a poco, todo está
cambiando. Necesito aún algo de distancia,
una distancia física, sicológica y emocional.
Viví allí una etapa infeliz porque me
sentí eliminada. Ahora me siento bien cuando
voy de visita, y no es tan severa la situación
como solía ser.
¿Qué
estás escribiendo ahora?
Es
muy probable que el próximo año salga
mi nuevo libro, Conga Palace. Estoy
casi terminándolo, lo concluiré esta
primavera. Usualmente toma un año desde el
tiempo en que lo termino a que se publica, así
que es posible que salga a la venta en la primavera
de 2001. No sé muy bien cómo describirlo,
pero es un libro en el que hay una especie de diálogo
entre Cuba y Asia, un diálogo de 140 años.
Es la historia de un trabajador cubano, es decir,
la historia de un trabajador chino que viene a Cuba
en 1847, y entonces 140 años después
se cuenta la historia de su bisnieto, quien abandona
Cuba para irse a los Estados Unidos y termina peleando
en Vietnam. O sea, es un círculo cerrado, pero
separado por diversas generaciones. Hay una especie
de entretejimiento de las historias, voces femeninas,
por supuesto, y un diálogo muy desfragmentado.
La
Habana, enero de 2000
Traduccion
del inglés por Emilio Jorge Rodríguez
nota:
(1).- Iraida H. López: "Y solo está
mi imaginación en el lugar en que debiera estar
nuestra historia", en Anales del Caribe, La Habana,
no. 13, 1993-1994, pp. 235-245.
Vitalina
Alfonso (La Habana, 1960) Estudiosa de la literatura
latinoamericana, caribeña y cubana. Ha publicado
el ensayo Narrativa puertorriqueña
actual. Realidad y parodia (1994) y Cuentos
para ahuyentar al turismo (Antología
de cuentos de autores de Puerto Rico, 1991).