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Teresa Melo

Teresa Melo lleva unos años haciendo poesía en Santiago de Cuba, y ya se sabe que un animal de provincia resulta proclive a no ser visto, a permanecer clandestino entre sus iguales. Y tratándose de un poeta, ya se sabe.
Este año Teresa obtuvo el Premio Nicolás Guillén y de inmediato fue como su segundo nacimiento público. Tal es la fuerza del olvido, que pretenden remediar los títulos y aplausos. De ahí que
La isla en peso prefiera asomarse a esos textos suyos de cuando todavía era una olvidada más, pues acaso ya El vino del error, libro del cual presentamos una selección, prefigura su madurez. Ustedes dirán.

 

El vino del error (Fragmentos)

No condeno yo las palabras, que son como vasos escogidos y preciosos, sino el vino del error que maestros ebrios nos propinaban en ellos, y aún si no lo bebíamos nos azotaban, sin que nos fuera dado apelar a un juez sobrio

De las Confesiones de San Agustín


El vino del error
Teresa Melo

Fin de siglo

Qué serías, Ariel, sin esos grandes fuegos
retocando tu mapa del país.
Por desear la luz, por retenerla
atravesamos cualquier oscuridad
mataríamos al pájaro, si matándolo
pudiésemos salvarlo.
Así me escurro de las paredes donde oigo llorar
me voy a otra región a destrozar fantasmas.
EI tiempo no sucede
para ciertos abrazos y siluetas.
Ellos hacen su ronda vespertina
nos miran a distancia desde las barras
desde esas fotos ante vasos vacíos
que roban a la cámara las manos agarradas.
Tengo todo eso
en la caja que arrastro por la tierra,
no puedo abandonarla en escombrera alguna.
Vuelve, me tira de las ropas
en ese modo de denunciarse mía
contra todo designio o dejadez.
Entonces me voy al blando corazón
me lanzo y lloro con ganas de llorar de manera
común,
nunca más
esa suerte de suicidio en la rueda.
Una cuerda afloja su mensaje
y lo lanza a mis pies para que lo recoja
y muera por él y no por su aspereza.
Qué serías, Ariel, si no conocieras
el sabor de la carne masticada en soledad
en años
que no nos hicieron crueles con los otros
porque pudimos vernos con ojos de otros años.
Estamos hechos de verdades elementales
de palabras que ya no salen en los diccionarios
porque los diccionarios nunca sirvieron para nada
feliz.
AlIí no dice oscuridad donde debiera
ni claridad tampoco.
No dice las palabras que hacían suspirar
a torpes señoritas atadas a la radio
y no somos diferentes
lagrimeando cuando no nos miran
y el mundo se detiene en el beso final.
Fin de siglo pero nada más
porque siempre seremos la inocencia que fuimos.


Insomnio de Abelardo Barroso en EI Vedado

Escribe el nombre de los caballos
y en el verde lo oculta para arrastrarlo consigo.
Ha mirado a quien duerme en ese charco de
tiempo
y sabe sueña con la misma canción
dos sueños diferentes.
Duerme y todo lo ve el nombre
el hombre que escribe insomne en El Vedado
y canta un bolero que no se aprenderá
en otra lengua fácil masticable.
Este cuerpo echado ahí en abandono
solo sospecha y nada más por ahora es común
la ligereza es un arma que esgrime con elegancia
y Ie perdonan
el otro cuerpo tiembla y Ie señala.
Dice su mentira sin estremecerse ante el gesto crédulo:
los caballos siguen observando.
No imagines un rostro humano deseando el bien
sino la voz la mano que busca la grieta
los canales del cuerpo
y ha sacrificado ya los animales
aunque esa sangre a nadie hará feliz.
Si esta noche llovieran piedras de fuego
no veríamos al amigo que regresa
al amigo que no está y al enlutado
pero acaso el país se movería de lugar.
En el lugar en que ahora mismo está
no imagines nada
pero a los treinta años ya no imagines nada
que no puedas dibujar en el aire de aquí.
Hay unos fantasmas leves en su seda
y unos pájaros a punto de desaparecer
si él abandona ese puesto al borde del acantilado.
Hay que Abelardo Barroso no puedo dormir
en mi piscina abandonada.
Las razones del amor no tocan el fiel de la balanza
no se reflejan en el espejo no separan las aguas.
Pido mirando en el planisferio este único lugar
o no podré cerrar la puerta y tapar los huecos
por donde entre feroz un invierno sin frío
o no podré dormir nadie podrá dormir
ni abrir los ojos.


Recuento sin fin

Hablar de mí es tocar otros nombres/nacer una
otra vez como si nada/
mirarte dormir y conocer la paz/aunque no pueda
decir esta es mi casa/
aquí dormirás siempre junto a mí/Uno me dijo que
era libre/
al hablar mis palabras supe que era mentira/
pero esa verdad la conocemos/nada tiene que ver
mi mano/
con la orden que dan los altavoces/no puede
hacerme amar esa mordaza/
no puede tocar mi corazón/no puede atravesar el
pecho
sin antes destrozarlo/El muro que me separa de mí
misma/
otro lo levantó para mí/yo era alguien que nada
sabía/
pero sentía mis pies agarrarse al planeta/y eso me
bastaba/
Estoy parada en la capital del papel/temo a veces
que el odio la destruya/
En la ciudad que los perros eligieron/los viejos
dejan que los asalte el sol/
los acompaña una desesperanza/levantan los
brazos al unísono/
yo sé que lloraría entre esos brazos/Vi una
muchacha violada muchas veces/
abandonar un edificio sin color/otras muertes se
esconden por ahí/
los pájaros lo saben/solo el papel escamotea esas
verdades/
yo digo mis palabras/supe que era mentira/
Mi amigo cruzó el mar/ha caído en arenas
movedizas/
cualquier cosa con tal de respirar/No fue ella quien
atravesó el balcón/
fue el loco/el poeta/que me dio una canción sin
ninguna palabra/
saItó sobre sí mismo/se escurrió de sus dedos/
como un aceite que debemos probar/Menos mal
que duermes y no sabes/
que te miro dormir/y que renazco en ti como si
nada/
aquí está esa mano y la mía/dios está de mi parte
si la tomas/
Llueve de una manera especial y complicada/
conozco otros mundos/
mezclados esos mundos/las estampas parecen
sonreír/
estoy tranquila porque no tengo que creer en ti/
mecanismos de engaño/triste ver que funcionan
en algunos relojes/
otro día será pero al final será/1961 nací como si
nada/
para que estés aquí/cuando te amo y la ciudad
vigila/
y Ie sorprendo su respiración/porque vendrá/
no velamos en vano/y así sucesivamente.


Cercados por las aguas

Es cierto. No atravesaremos este mar
ni Ie conoceremos su probable semilla.
Como el pájaro en el nido vacilante
cercado por el mar y el sueño, su intención
duradera
el equívoco de los altavoces ahogando la alta voz.

Cercados por las aguas los ojos que
adivinaron la fijeza
de los ojos de Elia en flores temporales,
cercadas por las aguas
las piernas de quienes no pudieron
caminar por las aguas, cercadas
por las aguas las canciones que perdieron
su mitad tras esas mismas aguas.

EI viaje de la memoria en torno a esas señales
se irá desdibujando,
uno y otro morderán su cola,
uno y otro arañarán la piedra
pero el limo inunda esa piedra
lamida interminable por el agua.
Vamos siendo nuestra propia isla
arriesgando leyendas sobre los límites del mundo
nos sentamos a desgranar consejas
palabras traídas por otros
pero todo lo desconocemos.
Podría no haber nada más alIá de las aguas
podrían mentir los libros y los noticieros
y nunca lo sabríamos.

Cercados por las aguas usamos trucos
infantiles contra
la desmemoria, elementales carnadas,
por lo común,
inútiles, cuando está a punta de ser
barrido por las aguas
quien siempre estuvo a merced de las aguas.


Para una guía general de la ciudad

Como que llego
y la otra que soy agita los brazos me saluda
He recorrido los altos edificios
todos tienen un ángel detenido en el vacío
hasta que alguien grita
y el ángel cae sobre la acera
Los insomnes me regalan billetes anulados
yo sigo indiferente me oculto
tras la vara de pescar
vislumbran los peces que regalo a las aguas
Busco una guía general de la ciudad
estoy perdida
desde ningún punto deberían verse
caballos negros en el cielo
Estoy viendo caballos negros en el cielo

Una guía general de la ciudad
esa voz y sería lo mismo

La poesía es el conocimiento de la necesidad

II

EI día que Ia asesinaron había escrito en una pared
palabras conmovedoramente ingenuas
-un corazón puede mover al mundo-
A Ios siete días justos voIvió al mismo lugar
y Nietzsche escribió por ella
-el hombre es una cuerda tendida entre el animal
y el superhombre-

Han pasado muchos días desde entonces
ella sigue buscando un rostro de humo
un cuerpo de talco apenas un olor
en realidad no cambió mucho
tiene el pelo largo nuevamente
una cicatriz
las mismas palabras de esperanza
la misma fe en que ha de terminar
toda la suciedad que la arrincona

III

Un mes cualquiera viene entrando
por la puerta del fondo
y muchas cosas son iguales
espanta que alguien haga las horas y los días
y queden sin embargo impávidas las casas
mirando al impreciso
que atraviesa la sombra con su orgullo común
Hoy es ciudad la gente tan aprisa
que no escucha su paso
no engañarse no van a parte alguna
solo temen desvanecerse como viejos fantasmas
por eso corren con gesto desolado
En las esquinas pueden hablar de cualquier
cosa
te pueden señalar con treinta índices
cuídate de las mujeres sonrientes
ocúltate del hombre
que parece tener de espuma la mirada
Ellos van a murmurar sus conjuros
se van a suicidar si no desapareces
Hoy es ciudad afuera arrastran la vida
en un cansado toque de tambores
afuera el vecino arrastra su ventana
el poeta sus palabras
el otro sus pancartas
Sobre un tejado cualquiera agonizan los pájaros
Afuera hay altavoces
pero no pasa nada

IV

Afilan sus espadas palabras en la punta
vanidades de insecto
Quieren que todos sepan su mano en lo que tocan
Tienen tanto que hablar
es tan frágil su tiempo que la mana
no logra dejar huellas
Se guardan sus carajos ideas bajo llave
usan disfraces cuando salen a vivir
y les asusta ver a los desnudos
que van saltando sabre techos de vidrio
Estos hombres preparándose para guerras inútiles
dos líneas en algún papel de alimentar vejeces
nadie descifrará esos jeroglíficos
agujereado lienzo
treinta monedas por vender su alma

Luego morirán de pena

Una voz en La Habana:
-Vamos a jugar a quiénes de los que están
aquí, pudieran estár en cualquier lugar del
mundo ahora

Otra voz:
-Nadie

Nosotros podríamos estar en cualquier lugar del
mundo
ahora mira qué fácilmente
uno abre y cierra las ventanas
cuando el viento final igual las atraviesa
así de fácil podríamos
pero mira qué fácilmente
uno no es el extranjero de ningún lugar
uno no está nunca de regreso
Esa calle otra calle
y el único rostro anda por ellas movido por el
ademán
del director de escena
Todo parece estar listo para el gran final:
una manera de rasgarse con elegancia el estómago
o una gaviota congelada sobre las risas mudas
de extraños que bailan a otros extraños abrazados
Mira qué fácilmente una voz en La Habana
nos borra -lo pretende-
pero el final de la película
ni la voz en off ni dios ni yo lo conocemos

Tiene que haber un modo menos amargo
de salvar la luminosidad del cielo
para la foto infinita del turista
La isla cae en mí
como el martillo del juez sobre la mesa
sobresalta los rostros más inocentes
La isla está en mí
mira qué fácilmente lo decimos
los que no sabemos si vamos a salvar ningún cielo
ni a cruzar seguros la esquina
donde dos voces se interrogan y dicen:

vamos a jugar a quiénes de los que están aquí
pudieran estar
en cualquier lugar del mundo ahora


Teresa Melo Pereira
(Santiago de Cuba, 1961) Tiene publicados Libro de Estefanía (1990) y El vino del error (1998). En breve aparecerá Las altas horas, Premio Nicolás Guillén 2002.

 
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