La
Revista de Cuba publicó en 1879 el epistolario
de José Zacarías González del Valle,
uno de los más jóvenes concurrentes al
círculo delmontino en los años en que
la juventud ilustrada cubana pergeñaba grupos
polémicos y el proyecto de una Cuba letrada.
En esas cartas, dirigidas a su amigo Anselmo Suárez
y Romero, las cuales verían la luz como cuaderno
y bajo el título de La vida literaria
en Cuba (1836-1840) en 1938, puede seguirse
la pista del proceso creador de Francisco,
que luego ha sido considerada la primera novela declaradamente
antiesclavista de nuestra narrativa y sobre todo del
mundillo creativo que dio lugar a una novelística
y a un pensamiento definidamente cubanos. Por aquí
desfilan, como mundanos contemporáneos, José
de la Luz y Caballero, José Jacinto Milanés,
Cirilo Villaverde, José Antonio Saco, Félix
Tanco, Ramón Palma.
Para el conocimiento general, debe aclararse que José
Zacarías (1820-1850) fue maestro desde muy joven,
hasta fungir como catedrático de Texto Aristotélico
y de Física en la Universidad habanera. De esa
labor nacieron textos para la enseñanza de tales
materias, inexistentes en la Cuba de entonces. Mas,
la labor por la cual quizás sea mejor recordado
-aparte de su polémica filosófica con
Luz y Caballero alrededor del eclecticismo de Víctor
Cousin- será siempre copiar y corregir los borradores
de Francisco, así como dar conocer
la obra entre quienes finalmente la pusieron al alcance
de nosotros.
Es por ello que La isla en peso
reverencia aquellas luces en ésta, la primera
de dos entregas donde reproducimos selecciones del diálogo
íntimo que mantuvieran los amigos, como exorcismo
de las lejanías e impedimentos de una vida intelectual
que se iba haciendo mientras era vivida.
7
de julio de 1838
Querido
Suárez:
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La
vida literaria en Cuba (1836-1840)
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¿Qué
diantres de engarizápola es la que has
armado con las cartas, y si le dije al calesero tuyo,
o si le dejé de decir. . .? ¿Tú
crees que mis palabras traslucían la intención
miserable de no contestarte si no me respondías,
de no escribirte si no me escribías y todo lo
demás de la etiqueta? No, por Dios.
Lo que hubo en realidad es que el día anterior
al domingo en que vino tu criado por mi casa, te había
dejado en frente de la que es tuya aún en la
Habana, una carta con el manuscrito primitivo de Carlota
Valdés que me pediste, y el que no sé
si habrá llegado a tus manos con dicha carta,
lo cual dudo, porque no me hablas nada del caso en la
última tuya del 29. En tal expectativa no te
escribí. Días pasados dejé en el
mismo lugar para que te lo remitiesen, tu último
ejemplar de El Álbum y éste y
el anterior de tu hermano. ¡Dios quiera que no
se haya extraviado! Tú encarga a los conductores
la posible diligencia.
Palma me invita a que en su nombre te pida algunos escritos,
del género sobre todo de Carlota; piensa
escribirte.
He visto a Zambrana: tu obra está ya impresa
y no hay remedio, le pertenece. Él la celebra
mucho: La Flor de Mayo saldrá dentro
de 10 días.
Domingo dice no te dé cuidado por el Outre-mer.
Memorias y agur.
Día
12 a las ocho de la mañana.
Suárez
querido:
Sé
más amigo de escribirme por Jesucristo: mira
que hace días ¿desde cuándo?
desde que me trajo una carta tu hermano Alonso, que
no sé de tí.
Domingo del Monte siempre me pregunta por tí:
Palma lo propio y aun dice éste que te piensa
escribir; y yo, espera que espera eso que estás
escribiendo sobre la música que en
la vida acaba de llegar: verdad igualmente aplicable
a la novela.
De un momento a otro están las prensas para
dar a luz dos obras literarias : la Siempreviva
y la Flor de Mayo. En la última sale
algo tuyo, como ya lo sabes hace tiempo. Zambrana
me dijo que allá en las Puentes te había
hablado sobre el asunto.
En el próximo número del Álbum
puede salir a lo que entiendo, un articulito mío
La belleza, donde vierto algunas de las especies
que sostuve en aquella sesión que tuvimos una
tarde en casa de Calvet. ¿Te acuerdas?
¡Hombre! aquel discurso que tú hicistes
sobre el estudio del derecho y empleo necesario de
la interpretacion ¿dónde está?
Mándamelo: o perfecciónalo. Poco a poco
he ido encontrando en Sala casos de interpretación
extensiva y restrictiva, que al principio nos hacían
falta, sobre todo los de la primera clase. Aquel trabajo
no me parecía escaso de mérito, y habiéndole
hablado varias veces de él a mi hermano, me
ha mostrado deseos de leerlo: con que vamos a ver
si me lo remites cuanto antes en forma.
¿Quieres creer que a pesar de su insoportable
cansancio y fastidio he tenido valor de irme leyendo
a ratos la novela Persiles y Segismunda,
y que ya estoy en el segundo tomo? iOh milagro que
solo puede explicar el atractivo de la dicción
elegante y pura del autor de D. Quijote!
Día 12 a las 2 de la tarde.-He estado en las
conclusiones de Física en el colegio de San
Carlos. Me hicieron réplica improvisado a falta
de otro, y me ha dicho Ruiz que tampoco falte mañana.
Suponte en qué apuro me vería, cuando
sobre no tenerle hoy a la Física tanta afición
como antes, y habérseme olvidado lo poco que
sabía, no iba preparado de ningún modo.
Los estudiantes me agradaron más por su talento
que por lo que saben, ayudándolos a pensar
los he visto llegar a consecuencias admirables, y
me he persuadido al verlos tan jóvenes que
el entendimiento humano tiene una espontánea
rectitud para pensar, que luego las mil y mil causas
de nuestros errores destruyen o debilitan. En fin,
veremos los de mañana.
A tu hermano Alonso lo he visto hoy; pero íbamos
tan de prisa él y yo, que no me detuve a preguntarle
por ti.
Hoy ha salido en el Diario un bello, pero
triste artículo de José A. Echeverría
sobre la novela de Palma. Digo triste porque lejos
de halagar preocupaciones dice con todo desenfado
que nuestras costumbres están muy corrompidas.
Ojalá le contesten, como me aseguran que se
va a hacer, para que el punto se ilustre convenientemente.
Yo veo a Echeverría en una situación
comprometida al extremo, porque es tan amargo decir
las verdades, no hallará eco en millones de
criaturas que piensan que el patriotismo se reduce
a defender como campeón obligado al suelo en
que se nace y en elogiarlo perennemente ocultando
los defectos de sus moradores. Nada menos que eso:
el padre que quiere a su hijo le dice sus faltas para
que las remedie; y todo hombre que aprecie a otro
debe hacer otro tanto. Nada de falso celo, ni de deslumbrarse
por las apariencias.
La sección de educación de la Habana
en cuya lista de colaboradores figuran los mozos más
amantes de su Patria, lamenta todos los años,
cual si su destino fuera solo el de llorar, el cuadro
de miseria moral e intelectual que presenta Cuba,
donde a fe de una estadística muy reciente
hay la más grande desproporción entre
los niños que se educan y los que quedan sumidos
en bárbara ignorancia. Pues estaríamos
bien, si estos males no se encarecieran por manchar
la honra del País, y si no se pregonaran para
que el más frío ocurra (como se ha logrado
de algunos) a hacer lo posible por su salvación.
Amarga será la verdad, pero siempre es útil.
Díceme ahora Esteban que a la una estuvistes
acá a verme; si te esperas un momento nos hallamos.
Día 13 - Algunos días antes de irte
para las Puentes comencé el adjunto centenar
de palabras e ideas románticas, y no habiéndolo
tú visto, a lo que creo, te lo remito en cuerpo
y en alma. ¿Qué te parece?
Adiós, se acabó por esta vez.
Agosto 8 de 1838.
Querido
Suárez:
Recibí
la tuya fecha 3.
Con anticipacion tenía escrita para ti una
carta desde el mes pasado; pero como la señora
de frente a tu casa aquí en la Habana, me dijo
que ya ustedes habían entregado la llave de
ésta, la retuve hasta que encontrara oportunidad
de remitirla adonde estás.
Pienso dejar así ésta como la dicha
atrasada y tu Álbum en la tienda de
la propia mujer, porque ya que aún con la circunstancia
expuesta, he recibido la tuya que según me
dijo, le dejaron los Escobares es muy probable que
alguien de tu casa pase por allí y te lo lleve
todo. Aclara estos enredos para que nuestras comunicaciones
no se interrumpan.
Manuel tiene en su poder según tu encargo el
discurso sobre la interpretación, que le ha
gustado. Piensa escribirte.
El autor de la crítica contra La Siempreviva
es Calvet: y su artículo estuviera mejor si
Govantes no le hubiera añadido y quitado cosas
a su placer, desfigurándolo muchísimo.
Yo lo ví original. En mi carta adjunta te doy
mi opinión sobre la tal Siempreviva.
Despacha a Balzac. ¿Has visto escritor más
guapo?
En el Diario de mañana creo que saldrá
un artículo mío sobre el famoso drama
El Conde Alarcos que ha producido el ingenio
cubano de D. José Jacinto Milanés. ¡Qué
drama! ¡Incomparable! Tiene enloquecida a la
gente... nada de romántico...; mucho de buen
gusto, de delicadeza, de idealidad, de poesía...
En mi artículo hago un extracto de sus actos.
Verás si con todo de ser extracto
te conmueve. Acaba de llegar de Matanzas: y yo tuve
la dicha de ser de los primeros que lo han leído.
Está dedicado a Domingo del Monte, que como
tú sabes es el patriarca de toda la pandilla
literaria de buen gusto.
Acabé de leer a Persiles y Segismunda
¿a quién se lo entrego? No quiero más
obras por la presente, que me veo ahogado. ¡Vive
Dios!
Agosto 17 de 1838.
Sr.
D. Anselmo Suárez:
Recibí la tuya del día catorce y quedo
enterado de todo su contenido. Calvet me dió
el precio de los números de El Álbum
que te he mandado.
En viendo a Domingo le pediré para ti más
novelas de Balzac.
Manuel no ha soltado aún el discurso sobre
interpretación.
Me hablas de mi artículo sobre el drama de
Milanés: y al tenor del extracto te prometes
que el drama sea una gran cosa. Créelo así.
Juzgo imposible conseguírtelo para que lo leas;
pero se ha de imprimir pronto a lo que creo, y entonces
más bien me parece fácil satisfacer
tu deseo. He tenido el gusto de recibir carta congratulatoria
del propio D. J. Jacinto Milanés, con fecha
del 14, en la que recordándome las relaciones
poco estrechas que de solo vernos, tuvimos las pocas
veces que él ha venido por la Habana, se repite
mi amigo. Le he contestado y me prometo seguir con
él correspondencia formal.
Conozco el estado de tus estudios filosóficos
y comprendo el candor con que me dices que eres sensualista.
Por el Diario y Noticioso le dan actualmente
a Costales buena zurra, León y Mora en éste,
y en aquél el Bachiller Fernández. Léela
que podrías aprovechar algo. Cuando nos podamos
juntar y ver más a menudo en la Habana, trataremos
de estudiar la cuestión detenidamente como
ya hemos visto otras.
¡Compadre! ¡Comte...! No lo abandones.
Yo tengo por acá tus extractos, que Manuel
ha revisado con mucho gusto, y esperamos más.
Junto con esta dejaré en casa de Pérez
los dos tomos de Persiles y Segismunda.
5 de Setiembre de 1838.
Sr.
D. Anselmo Suárez:
Recibí la tuya del dos de Setiembre, y quedo
enterado de su contenido. Ya Del Monte me había
dicho que le prometiste escribir algo para un Álbum
que piensa regalarle de composiciones negreras al
comisionado inglés Mr. Madden, para que éste
forme una idea exacta del estado de la opinión
acerca de la trata y de los siervos entre los jóvenes
que piensan en el país. Veremos esa novela
que sin duda le preparas.
Yo también estoy ahora haciendo otra para otro
Álbum, no para el de Madden (al cual
pienso destinarle unos versos que de viejo tenía
ahí hechos) sino para el de una niña.
En tal concepto, mi idea en ella ha sido no mezclar
al amor para nada, para que se apropie más
a la persona que posee el álbum. Tú
la verás porque no dejaré de conservar
una copia.
Outre-mer, compadre, es una obra maestra
a lo que veo. No la he concluído todavía;
pero ya llevo leído un tomo y me parece excelente.
¡Qué don de colorir el de Mainard! ¡Qué
imágenes tan encantadoras y tan delicadas!
Conservo infinidad de ellas en la memoria como modelos
de originalidad y de gracia.
Te remito los dos ejemplares del quinto número
de El Álbum, correspondientes a tu
hermano Alonso y a tí.
Hasta el número venidero no salen los Recuerdos
del Cólera. Te remitiré en primera
ocasión mi segunda novelita o cuento titulado
Amor y desamor, que me ha devuelto Palma
para que le arreglase el comienzo, habiéndole
parecido que un hombre moribundo no podría
hablar tanto, en lo cual convenimos.
Le entregué a Domingo la novela Petrona
y Rosalía, sobre la cual no están
acordes nuestras opiniones. A mi juicio el tal cuento,
si bien desprovisto del arreo romancesco con que se
podía y debió haber engalanado dándole
más campo a la acción, es no obstante
una obra apreciable por la fidelidad con que pinta
las horribles escenas de nuestra vida privada, por
la tendencia moral y trascendente que se le descubre
de mostrar en toda su fea e inmunda realidad los crímenes
y la corrupción de un pueblo como el nuestro,
devorado por el cáncer de la doméstica
esclavitud. Sin duda que Da. Concepción Malpica,
(o como se llame aquella mujer) no está acabada,
porque debió traer su historia de más
atrás, indicando aunque lo hiciera de paso,
lo conducente a penetrarnos de su carácter,
mucho más cuando ya había sido ella
adúltera, según al fin se descubre;
pero ¿quién no halla en las escenas
donde ella interviene, el retrato de mil originales
como ella? Nos quema la sangre leído, lo que
puesto en obra en la sociedad justificamos, o cuando
más disculpamos.
El autor de Petrona y Rosalía si de
algo peca es de demasiado fiel a loshechos, porque
yo no sé quién pueda dudar que en nuestra
sociedad pasa lo mismo que él describe. Yo
creo que su obra debe correr lo posible, porque viéndonos
retratados, comenzaremos por odiar el retrato y acabaremos
por mejorarnos a nosotros mismos. En tal concepto,
yo se la proporcioné a los Calvets, que tú
sabes lo entusiastas que son de todo lo bueno, y la
han copiado íntegra.
¡Cuánto siento que no estés en
la Habana! Uno o dos días a la semana hago
una explicación de filosofía moderna
en nuestra Academia de derecho. La primera, que fue
el sábado pasado, entusiasmó bastante
a la gente. La materia por fortuna era bien clara.
En fin, cuando vengas trataremos del asunto, agur.
Setiembre
15 de 1838.
Suárez
querido:
Días
hace que no sé si vives o si mueres. ¿Qué
diantres te ha sucedido? ¿Ya acabaste de leer
a Balzac?
Ayer asistí a la apertura de la clase de Filosofía
que en el convento de San Francisco da el por tantos
títulos apreciado D. José de la Luz.
Pronunció un discurso largo como de hora y
media para descubrir su plan de estudio, hoy que tan
reñidas disputas trabajan a los partidarios
de las diversas escuelas filosóficas. Fue su
blanco exclusivo la de Cousin que él reputa
como un espiritualismo embozado. Hazte cuenta
que habrá unos quince días que nos encontramos
el Sr. Luz y yo en la Universidad y estuvimos hablando
largamente, cada uno en defensa de sus opiniones filosóficas
sin convenir en muchos puntos; y que al oir yo repetirle
desde lo alto de su cátedra y en medio de una
concurrencia numerosa los mismos argumentos reforzados
por algunos más, o más bien, desenvueltos
lógicamente; por débil y mezquino que
al lado de una reputación como la suya me considerase,
no podía contener mi deseo de vindicar a Cousin,
tanto más cuanto que de todos los asistentes
estoy seguro que yo solo era el cousinista.
Así fue que cometí la importunidad de
acercármele cuando bajó de la cátedra,
y de decirle sin reparar en lo cansado que estaba,
que había sido en alguna parte injusto con
Cousin, que éste tachaba con razón al
Conde de Verulamio de sensualista, porque dice que
cuando la inteligencia humana obra sobre la materia
hace cosa de provecho, y cuando sobre sí misma
y sus misterios, teje como la araña
muy sutiles telas, pero muy inútiles y frívolas.
Sicut aranea texens telam dice Bacon. A lo
cual me contestó el Sr. de Luz en estos términos:
pues bien, Valle, quite usted eso de la araña
y vea usted si lo demas de Bacon no es excelente.
Díjele entonces que Bacon quiso en Filosofía
una reforma ab imis fundamentis y que eso era despreciar
la historia. En fin, mediaron algunas cortas explicaciones
y viéndolo cansado por extremo, y que los demás
lo llamaban, yo también lo invité a
retirarse y cedí. Nada más hubo; sin
embargo varios me atribuyeron siniestras intenciones,
otros importunidad, y yo quiero que tú sepas
el asunto por si acaso te hallas por ahí con
quien lo haya sabido mal y rectifiques, si se ofrece
y nada más, la opinión. Por la tarde
estuve en el Real Colegio Cubano para oir el discurso
de apertura de su clase de Filosofía que pronunció
Manuel. Asistió D. José de la Luz, y
no bien me discernió al concluir, vino a donde
yo estaba y me abrazo con cariño diciendo jocosamente
"a éste es al que yo quiero convertir"
y con cuyo motivo se renovó la disputa y quedamos
conformes, reconociendo él los extravíos
de Bacon que yo le apuntaba, y venerando yo por mi
parte el genio de Bacon y sus eminentes servicios
por las luminosas observaciones que me hizo el Sr.
de Luz con aquella profundidad y tino de convencimiento
que lo distinguen.
Por el Diario sabrás ya de esa nueva
publicación titulada El Plantel que
dirigen Echeverría y Palma. Muy pronto debe
repartirse el primer número, en el cual sale
mi novelita titulada Carmen y Adela, que
apenas cuenta de vida una semana.
Nada me has dicho sobre mis observaciones acerca de
la novela Petrona y Rosalía. Yo la
juzgo descarnada, desprovista de arreos novelescos,
de campo de acción, de buen artificio en suma;
pero interesante, fiel, trascendente y necesaria para
morigerar y rectificar nuestras costumbres. Tuyo affmo
Setiembre 25 de 1838.
Querido
Suárez:
He
vuelto a leer tu primer capítulo de la novela
Francisco, y me ha tornado a agradar infinito.
Yo creo muy valiente la pintura del aventajado Ño
Antonio: es un mayoral de tomo y lomo, humano
y blando hasta derretirse, cortés y pulido
por extremo, comedido y prudente, un angelito por
último de los que dan en su conducta y en sus
obras el mejor ejemplo del adelanto y cultura de nuestra
querida patria. ¡Leyendo tu pintura que juzgo
exacta (pues aunque hasta hoy no sé a ojos
vistos qué cosa es un ingenio, ni un mayoral,
por inducciones muy verídicas e infalibles
lo he adivinado), casi se me hacía imposible
creer que en una criatura humana cupiese tanta degradación,
tanto embrutecimiento, tanta ferocidad, Cuando oigo
a Ño Antonio contar sus fechorías
de allá arriba, las atrocidades que
cometió con aquella dotación y las que
cometía con la que manejaba en la actualidad,
tan frescamente, con tal descuido, sin que en su pecho
de mármol latiese su corazón a presencia
de los espectáculos que preparaba con el más
bárbaro desenfreno; me acuerdo, Suárez,
de las tempestades, del trueno, del rayo, de aquella
lluvia aniquiladora de fuego que refieren las sagradas
letras y tiemblo de hallarme en una tierra amenazada
de la ira de Dios porque la riega constantemente la
sangre y el sudor de una raza infeliz. A este momento
de postración sigue otro de esperanza en que
me propongo ser un apóstol de humanidad, un
predicador incansable de amor al prójimo oprimido,
defendiendo doctrinas, que hagan más justo
y más risueño el porvenir de nuestra
cancerada patria. Este es el recurso que nos queda,
hablar, conversar del asunto convenciendo, circular
las buenas obras, escribir, y ser prudentes respecto
a los mismos que padecen, por su conveniencia; y la
nuestra.
Pero volviendo ya a tu novela insisto al devolvértela
en lo que te dije cuando me la leíste. No me
justifiques a la señora; píntamela haciendo
lo que hace; pero por lo mismo rebájale, desfúmale
las tintas de bondad de que sobrecargaste el retrato,
no sea que contraste en viva oposición su carácter
con sus hechos. Para ello se presta el colorido general
de la novela. La Mendive nacida y criada en la Habana,
esto es, en la atmósfera de corrupción
que mantiene la esclavitud, naturalmente debía
pensar como una habanera con todo de su esclarecida
alcurnia y buena alma. Por eso me doy a creer que
aunque protectora de Francisco no sienta bien que
desempeñase oficios de madre, ni que
él fuera un hijo, porque hasta allá
no pudo haber ido este amor, cuando en la primera
ocasión en que debía excitarse es tan
débil y tan mezquino que rehusa bajo frívolos
pretextos darle la mano de la mulata al honrado calesero.
Este hecho sin embargo es característico
y lejos yo de rehusarlo, creo que sus antecedentes
deben prepararse mejor para que estén en su
lugar. Sea la Mendive afable, cariñosa, humana
y cuanto quieras; pero veámosla sometida a
la causa de la esclavitud, veámosla no poderse
contener aún con sus siervos más queridos,
imponerlea la ley, ser poco amiga de explicar las
razones en que se funda, irritarse hasta lo último
a la desobediencia y entonces no asombrará
que mande al ingenio tan sofocada por la ira y la
soberbia al cuitado Francisco, de cuyo desliz ella,
y solo ella es la autora y principal motivo.
Paréceme asimismo que le debes al lector alguna
ligera explicación sobre el distinto cuadro
que presentan el ingenio y la casa de la Habana, la
que es más fácil de desempeñar
y evitará objeciones.
Quisiera que cuando el segundo capítulo (de
que te oí una parte) comience a interesar,
no pierdas la ocasión de descubrir los pensamientos
tristes y conmovedores de Francisco, el estado de
su alma, su verdadera índole. Balzac es el
novelista que sabe tal vez interesar a los lectores
con cualquier cosa, nada más que por la profundidad
psicológica con que se entra por la
inteligencia y el corazón de sus personajes:
y yo nunca que pueda despreciaré un recurso
artístico tan precioso, porque es el único
que puede despertar en los ánimos la compasión
o el sentimiento que corresponda.
A pesar de tu permiso no me he atrevido a corregir
el primer capítulo, porque esas correcciones
son muy leves y nadie sino tú mismo debe hacerlas
para que la obra conserve su unidad, máxime
cuando se refieren al carácter de un personaje.-Tuyo
affmo.
Octubre
1º. de 1838.
Suárez
querido:
Nada he vuelto a saber de tí desde que estuviste
a verme, y eso que entonces te dije algo sobre tu
olvido y me prometiste enmienda.
Ahí van los otros dos números de El
Álbum por cuyo importe y el de los anteriores
me eres deudor de dos duros.
Verás mi novela Amor y dinero y me
darás tu parecer facultativo.
Domingo del Monte a quien he visto hoy, me pregunta
por la tuya y por lo que haces ahora. Yo le contesté
que no sé nada, por que tú ya no me
escribes con la frecuencia que primero. Con que escribirme
siempre, aunque sea para decirme si llovía
o tronó en las Puentes.
¿Has leído con más detenimiento
en El Plantel a Carmen y Adela?
¡Sabes que parece cosa de brujería que
habiendo yo escrito hasta tres cuentos o novelitas,
y cedídolas desde luego para que las publicasen,
hayan ido apareciendo por un orden inverso al de su
creación!
Carmen que fué la última se
publicó la primera, la penúltima ahora,
y la más atrasada, los Recuerdos del Cólera,
¿quién sabe cuando?
¡Hombre! ¿qué te parece la Excursión
a la Vuelta-Abajo por Villaverde? Para mí
es delicada, excelente: para tí debe ser divina,
que conoces el campo y sabrás estimar su exactitud.
¿Recibiste tu primer capítulo de Francisco
y una carta mía?- Agur.