La
Revista de Cuba publicó en 1879 el epistolario
de José Zacarías González del Valle,
uno de los más jóvenes concurrentes al
círculo delmontino en los años en que
la juventud ilustrada cubana pergeñaba grupos
polémicos y el proyecto de una Cuba letrada.
En esas cartas, dirigidas a su amigo Anselmo Suárez
y Romero, las cuales verían la luz como cuaderno
y bajo el título de La vida literaria
en Cuba (1836-1840) en 1938, puede seguirse
la pista del proceso creador de Francisco,
que luego ha sido considerada la primera novela declaradamente
antiesclavista de nuestra narrativa y sobre todo del
mundillo creativo que dio lugar a una novelística
y a un pensamiento definidamente cubanos. Por aquí
desfilan, como mundanos contemporáneos, José
de la Luz y Caballero, José Jacinto Milanés,
Cirilo Villaverde, José Antonio Saco, Félix
Tanco, Ramón Palma.
Para el conocimiento general, debe aclararse que José
Zacarías (1820-1850) fue maestro desde muy joven,
hasta fungir como catedrático de Texto Aristotélico
y de Física en la Universidad habanera. De esa
labor nacieron textos para la enseñanza de tales
materias, inexistentes en la Cuba de entonces. Mas,
la labor por la cual quizás sea mejor recordado
-aparte de su polémica filosófica con
Luz y Caballero alrededor del eclecticismo de Víctor
Cousin- será siempre copiar y corregir los borradores
de Francisco, así como dar conocer
la obra entre quienes finalmente la pusieron al alcance
de nosotros.
Es por ello que La isla en peso
reverencia aquellas luces en esta segunda entrega donde
reproducimos la parte final de nuestras selecciones
del diálogo íntimo que mantuvieran los
amigos, como exorcismo de las lejanías e impedimentos
de una vida intelectual que se iba haciendo mientras
era vivida.
22
Octubre de 1838
Suárez
amigo
Recibí
de manos de tu hermano Alonso la última que
me has escrito comenzada en 21 de Setiembre y concluida
en 2 de octubre, junto con el primer capítulo
ya enmendado de Francisco.
Me agradó tanto la especie de novelita o cuento
que en ella me insertas que se la leí a Del
Monte la misma tarde y opinó de conformidad,
habiéndose reído no poco de los chistes
que contiene: conclúyela en otra carta, pues
en la que tengo a la vista no has hecho más
que pasarnos la miel por los labios; y entonces, si
finaliza (como no lo dudo) con igual interés
y no son personales los hechos al punto de servirte
de obstáculo la verdad, será luego publicada
en El Álbum. Domingo me observó
al leérsela, que ya se notaba en tu estilo
y en el modo de tratar el asunto la influencia de
la lectura de Balzac, no por faltas en la dicción
que al contrario es castiza, ni por copias más
o menos bien hechas de este autor, sino por la fina
observación de las costumbres llevada a cuantos
pormenores se escapan a muchos novelistas por insignificantes,
y que constituyen sin embargo la mejor parte del retrato
y vida de los personajes.
Quedo
enterado de cuanto me dices acerca de Balzac, Fígaro,
Comte y Francisco; y respondo, que
requeriré a Manuel y yo mismo haré la
diligencia porque vayan los artículos de Larra,
que respecto a Comte, le pediré a J. Rafael
Travieso, cuyo es el primer tomo, me facilite el segundo;
pero en razón a que has concluido con aquel
y para que su amo no tenga desconfianza para los préstamos
viendo que almacenamos y no devolvemos, será
bien que me lo remitas para entregárselo, advirtiendo
en cuanto a Francisco que ahora me agrada
más y que lo quería ver tal como te
ha quedado, con las correcciones que le hiciste y
que me satisfacen. Devuélvotelo, pues, para
que los sigas de muy buena gana y no de compromiso,
como me escribes, lo cual es contrario así
a tu afición a las bellas letras, como al principio
que de tu novela ha de deducirse, principio de eterna
justicia, social y consolador.
Estoy de acuerdo acerca de las reflexiones que sobre
el propio Francisco me haces contestando
a las mías, al final de tu carta.
Ya le había entregado el Outre-mer
a Domingo, y no pude copiarte lo que me dices. Lo
juzgo innecesario: y más bien apruebo que tú
mismo seas el autor del epígrafe, fabricándote
uno que le cuadre. Yo hice lo propio los otros días.
Aquellos cuatro versitos que verás en El
Álbum sobre mi composición poética,
los hice exprofeso para epígrafe; me dejé
de bullas.
Concluí mi (Memoria sobre educación)
y la he entregado con la desconfianza que te manifesté
los otros días. Ni yo tengo el tesoro de conocimientos
necesarios, ni la principié a trabajar cuando
debía: así es que casi la atropellé
y salió peor de lo que hubiera podido. Si no
saca el premio, sabré prácticamente,
lo que ya tenía entendido, y es que no llena
como es debido el programa. ¡Paciencia y trabajar!
Estas contrariedades de la fortuna y en especial cuando
son tan merecidas, traen el inestimable bien de hacerlo
a uno estudiar por fuerza y de persuadirle que es
un trompeta.
Han comenzado las tareas de la Academia de Jurisprudencia
nuevamente con otros empleados y ministros recién
elegidos por el Capitán General. Vilches queda
de Director, Govantes salió de Presidente,
vice Zambrana, Fiscal 1º Cruz, 2º Manuel,
Secretario 1º Osés y 2º Fernando
de León. El lunes hay estrados a que Calvet
y yo hemos de asistir en calidad de Ministros del
Supremo Consejo en un pleito de gananciales seguido
contra un militar. Yo ni he visto los autos, ni estoy
bien instruído de la cuestión: ahí
veremos. Si tengo lugar te daré en instruyéndome
una noticia clara del negocio y de la opinión
que yo siga, cambiando así áridas
cuestiones de derecho, por novelas y chistes.
Todos los buenos amigos que se reúnen en casa
de Calvet a estudiar derecho español y Filosofía,
a saber, ellos dos, Gutiérrez, Osma y Travieso
que suele aparecerse, se acuerdan de tí. Allá
voy esta tarde a leerles tu carta para que se rían
un poco. -Tuyo affmo.
Noviembre
10 de 1838
Suárez
querido:
 |
| José
Jacinto Milanés |
Milanés
en carta fecha 8 del corriente le dice a Domingo lo
que sigue: "He visto el primer capítulo
de una novela titulada Francisco, creación
del joven Suárez, aquel de quien V. me habló
en un párrafo de sus cartas anteriores. Cosa
muy buena en mi sentir, y cuya primera parte me abre
las ganas de ver las demás con el más
vivo anhelo. El mayoral pintado en ella, está
de mano maestra y ha sido notable tino y donaire en
el autor prestarle una manera de hablar tan criolla.
Con efecto, nuestros campesinos tienen una lengua
española propia de ellos, taraceada de tropos
rarísimos, en los que vivamente se pintan la
peculiar malicia de su ingenio hecho desde la cuna
a ver rozándose de una manera violenta las
clases negra y blanca, la dominadora y la sometida.
Dígamele V. a Suárez si tiene ocasión
de verle, que me considere como uno de sus admiradores
y que tengo ansia de tratarle, aunque sea por escrito.
Que le miro como uno de los más diestros escritores
de esa y que por este motivo no me perdonaría
mi indolencia, si perdiese esta ocasión que
me ha dado su obrita de tenerle por amigo, brindándole
igualmente y sin jactancia con mi inutilidad."
Y yo tengo el gusto de transcribirte el voto de este
eminente poeta, para lo cual me entregó Del
Monte la carta donde está.
Poco a poco, como lo consienten mis otros quehaceres,
voy copiando el segundo capítulo del tan celebrado
Francisco: yo creo que éste agradará
más todavía que el primero. Llevo cerca
de la mitad. Mi novela sigue la misma suerte: un rato
consagro a su copia, otro a la de la tuya, y cada
vez se me figura que va nublándose más
el horizonte. Acabo de venir de la Universidad y parece
que no tardarán las oposiciones a la cátedra
de Filosofía; he aquí nuevos cuidados,
nuevas ocupaciones.
Manda en lo que gustes a tu affmo.
14
Noviembre 1838
Suárez
querido:
En
carta de Milanés que he recibido hoy después
de verte echar la tuya en el correo, me dice lo que
sigue:
"He recibido la de usted, y por ella sé
con sumo gusto mío que es usted gran amigo
de Suárez, cuya carta no he recibido aún,
aunque la espero con indecibles ganas."
"La novelita Una nube en el cielo lleva
un título tan picante, que tiene usted alerta
nuestra curiosidad, esperando saber en qué
publicación saldrá, para leerla muy
deseosamente. Por Dios que al menor huelgo que le
permitan sus tareas, meta usted la pluma al 2º
capítulo de Francisco, tirando a rematarlo
y remitírmelo con toda prontitud, porque usted
colegirá qué ansia de verle excitarían
en mí las palabritas que me dijo acerca del
contenido de ese 2º capítulo. Si todo
es tan especialmente criollo, tan lindamente original,
tan desafectado y candoroso como lo que llevo leído,
dígole a usted que esa novela de Francisco,
vendrá a ser una de nuestras mejores joyas
literarias, y su autor uno de los más valientes
genios de esta Antilla, porque las prendas que le
realzan como hablista cubano y como poeta no son de
las que se topan ahí tras cada página,
y sobre todo el riquísimo minero que revelan
sus obras de sensibilidad ricamente varonil, desnuda
de empalagamiento, es su mejor y más peregrina
dote."
Inútil es instruirte en lo que yo le dije a
Milanés en la carta a que me contesta, cuando
puedes por sus palabras colegirlas. Tuyo afmmo.
Noviembre
17
Suárez
querido:
Soy
de opinión que tú mismo seas el que
corrija el 3er. capítulo de Francisco
en la parte del diálogo con el guardiero, y
sin marcarte expresamente lo que sea impropio en boca
del negro, me parece que a tí te basta para
dejarlo en forma más natural y verosímil
tener presente que él no había de ponerse
a hacer como tú sutiles y filosóficas
distinciones entre los gustos reservados a opresores
y oprimidos, sino a aquellas que buenamente saltan
a los ojos de cualquiera, ni menos detenerse a describir
la poesía de la tarde en que se hablaban, pintando
el cielo, el río y el campo con extremadas
voces que no acomodan ni se adecúan a su capacidad,
y sí a la del novelista cuya traza se descubre
al punto. También es conveniente aligerar el
diálogo y quitarle las apariencias cervantinas
que lo ponen lánguido, y debilitan y enervan
el interés de la acción o de lo que
se va diciendo: así pues, en habiéndose
dicho por los interlocutores lo necesario, afuera
repeticiones, ni aclaraciones innecesarias.
Juzgo asimismo inverosímil o por lo menos excepcional
por extremo lo de escribirse Dorotea y Francisco
mientras éste permaneció en el ingenio,
lo cual nada induce para la trama del cuento, demora
inútilmente al lector y lo persuade tal vez
a estimar incierto todo lo demás, y esto no
te lo digo solo por el efecto que en mí haya
causado el 3er. capítulo, sino porque leyéndoselo
a otros, ninguno ha dejado de oponerme unos mismos
reparos, entre ellos los Calvets. Ya que tu obra es
justamente celebrada por tan especial, criolla, y
verdadera, bueno es que así como las conversaciones
del mayoral no discrepan un punto de lo cierto, a
todo le suceda lo propio.
Ahora vengamos a lo que me dices de lo subversivo.
No creas que Domingo te dijera eso porque crea que
"no como tú dices, no debe escribirse
aquí para nuestro bien y el de los esclavos".
Nada de eso: él y yo y todos los que celebran
tu obra, lo hacen porque les recuerda un principio
de justicia ultrajada bárbaramente,
lo hacen porque estiman conveniente su circulación
entre aquellos cuya mejora de conducta puede alcanzarse
con su lectura; y lo harán aún estrellándose
contra las olas enfurecidas de nuestro interés,
aunque ese interés fuera el de la Patria misma,
porque es muy mezquino e insignificante en la balanza
donde se pesan los derechos divinos de la humanidad.
La mejora de nuestra conducta, he aquí el fin
que debe proponerse el que escribe obras semejantes:
y esa mejora es bastarda y raquítica como se
funde en cálculos rastreros de utilidad personal,
porque su origen ha de tener más nobleza para
que ella dure eternamente, es decir, que deben producirla
el desengaño de que no nos manejamos bien y
el convencimiento de que somos unas criaturas manchadas
con el borrón más negro de injusticia
y de barbarie. Así que Domingo te indicó
que suprimieras lo subversivo, no porque,
maleando sus buenos principios, lo crea perjudicial,
sino porque vió que el novelista no debe poner
arengas en boca de sus personajes, y menos siendo
inverosímiles; que la moralidad o la máxima
política que domine en tu obra, se desprenderá
como de suyo, sin apuntarla, ni pregonarla a cada
paso, y que por lo mismo que la novela tuya sirve
para ir corrigiendo nuestras costumbres, ha de salir
verdadera, cubana y tan provista de hechos indisputables
que no haya más que ver el retrato y abominarlo.
No es, pues, un escrito incendiario, porque no nos
falta buena dosis de prudencia y vemos que por desgracia
hay que conciliar extremos opuestos: en tal concepto,
no circulará entre quienes, por su ignorancia
misma, aunque se quiera no podría circular,
sino entre los que alguna parte pueden tener en que
vayan neutralizándose algún tanto los
efectos de la esclavitud doméstica.
¡Qué ganas tengo de que leas a Comte
en su 4º tomo! Te vendría de perla.
Va el 3er. capítulo. Tuyo affmo.
Habana,
18 de Enero de 1839
Suárez
querido:
Con ansias deseo el último capítulo
de Francisco, el capítulo maestro,
porque así como los anteriores descubren tu
habilidad de buen observador y fiel retratista, el
que espero ha de mostrar tu ingenio dramático,
dote no menos apreciable. Sí, el desenlace
de toda aquella máquina de hechos atroces cuanto
verdaderos debe ser la corona, el complemento digno
de la obra que emprendiste; y yo espero que puesto
ya en tan buen camino, el éxito debe corresponder
a tus esfuerzos.
Yo, amigo, he dejado de la mano mi Luisa,
cuya entrada leíste en ésta antes de
partir para Guines; y si me sigue el desaliento que
me ha tomado, probablemente dormirá en el estado
que tiene más espacio del que puedes figurarte.
Me preguntarás ¿y de cuando acá?
¿tú no te has metido de rondón
a novelista y mal que bien has zurcido ya hasta
cuatro, si bien cortas todas como para principiar?
Cierto, te contestará, y de la misma manera,
puedo hacer verte más; pero no estemos ahí,
sino en que ya debo entrar en mayores honduras, y
no puedo. Las historietas o cuentos que he urdido
comprueban cabalmente mis pocas fuerzas. Otro más
fecundo hubiera formado de cada una un libro; otro
más rico de observaciones hechas en el gran
mundo (sobre el cual muy poco sé, o tal
vez nada), les hubiera dado muchísimo interés,
mientras que bajo mi pluma se reducen a unas relaciones
compendiosas y de poco efecto, y eso estando el asunto
de algunas de ellas en cierto modo a mi alcance. Así
yo he tratado de pintar en Amar y morir,
en Carmen y Adela, hechos que han solido
suceder a mi vista; y por eso estas dos novelitas
tienen más interés y facilidad de estilo;
pero en Amor y dinero variaron las circunstancias,
y falto de recursos por mi carencia de conocimientos
prácticos sobre la materia, me vi en el caso
de colocar la relación en boca de uno de los
personajes y de no profundizar mucho en ella por temor
de que me faltara la tela y se quedase corto el vestido.
También te acordarás de lo que me sucedió
con la Nube en el cielo, donde me metí
a referir asuntos de casados, que no son por cierto
de mi cuerda; tú sabes que fue preciso a insinuación
tuya y de Calvet corregir una cosa por impropia en
realidad y en práctica, pero que a mí
poco conocedor todavía de las mujeres no se
me ofreció reparo alguno para ponerla.
Por lo cual vengo en conocimiento de que me es indispensable
abandonar por algún tiempo la pluma, mientras
oliendo donde guisan, acopio un buen caudal de noticias
y de observaciones exactas para crear caracteres que
no desdigan de lo que es verdaderamente; y así
como tú me anuncias que te vas a meter a observador
de costumbres para escribir algunos artículos,
yo haré lo propio aunque más ampliamente
para tener datos y ciencia del corazón humano
con que enriquecer algún otro cuento o novela.
Domingo está ahora en el ingenio de su suegro
junto a Matanzas y en una carta que le escribe a mi
cuñado me manda memorias con encargo de repetírtelas
a tí de parte suya. Yo le escribo por el correo
de hoy.
Ninguna otra tuya he recibido después de la
que me trajo Gutiérrez. Veremos si al dejar
esta en casa de Agustín me encuentro alguna.
Acuérdate más de mí y aprovecha
cualquier coyuntura. Por el correo te mandé
una: no sé si habrá llegado a tus manos:
voy a él siempre según me advertiste,
y nada...
Agur por hoy, que no deja de irte buena ración.
Tu affmo.
P.
D. Van adjuntos los últimos borradores de Francisco.
Habana 10 de Mayo
Querido
Suárez:
Ayer
te escribí, y al enviarte mi carta, recibí
la tuya del día cinco dentro de la cual venía
parte del resto de Francisco.
Juzgo harto regulares para primeros ensayos tus dos
sonetos que me transcribes, siendo mejor el primero
que el segundo, pues en este, además de cierta
languidez en el estilo poético hay dos faltas
de prosodia en la medida, esto es, de versos faltos
de armonía. Para adquirir buen oído
no son los poetas antiguos los mejores modelos, pues
más pagados del concepto y de la frase, suelen
no tener el aliño necesario en el número
y rotundidad métrica. Así, vale algo
más por lo tocante a esta dote estudiar y leer
la escuela moderna; v. gr. a Quintana, a Gallego,
Martínez de la Rosa, Lista, etc.
Respecto a Francisco te aconsejo que tires
a concluirlo, porque ya va demasiado largo, y se columbra
cierto estudio en dilatarlo. Yo, en lo que tengo por
acá, procuraré quitar lo que pueda para
que haya ligereza, sin quitarle las preciosas gradaciones,
y para que por el vicio de lánguido no pierda
un punto el lector el interés con que principia
su lectura.
A Alonso que te remita el último Álbum
(con cuyo número finaliza la obra) para que
veas qué guapa ha salido tu carta sobre Las
Puentes. ¡Qué buen artículo de
costumbres es! a Domingo, a todos le ha caído
muy en gracia... El Álbum ha concluído,
buen Suárez, su carrera con la brillantez posible
y puédelo como un triunfo en una tierra como
esta, clásica de la novelería y la superficialidad;
levantó el vuelo con la celebre Pascua
en San Marcos, ostentó en sus páginas
las coloridas pinceladas del ardiente Villaverde,
tu triste Carlota Valdés, los suaves
versos del Cisne de Matanzas, los varoniles
consejos de Domingo del Monte, las atrevidas inculpaciones
de Palma: en suma, como una mariposa delicada que
cambiase de alas en cada publicación periódica
salió a encantar la vista de un público
que con muy pocas excepciones ni comprendió
su interés, ni sus miras de elevar un monumento
exclusivo a la literatura de nuestra imitadora patria.
Ten la bondad de entregar o hacer entregar la adjunta
orden en Güines a la persona que dice el sobre.
Manuel me la ha encargado por necesitarse que vaya
por persona segura y no se extravíe en el correo.
Es sobre un pleito del estudio, para evacuar unas
diligencias.
Sin otra cosa a la sazón manda a tu affrno.
23 de Julio de 1839
Suárez
querido:
No
te figures que el haberte dicho lacónicamente
que me parecía bien la conclusión de
Francisco depende de no gustarme mucho: hícelo
así por falta de tiempo para alargarme; pero
hoy te repito que me ha gustado infinito porque noto
hasta un adelanto en tu estilo, es decir, que vas
al punto principal y evitas explicaciones inútiles
y lánguidas. Ya me parece que otra vez te he
dado mi juicio, franco y sincero para contigo siempre,
acerca de tu estilo. Es tu principal defecto la demasiada
abundancia de palabras, el excesivo apego a describir
todos los pormenores cuando algunos no hacen a las
veces falta: pondré un ejemplo. Después
de referir los golpes que le dió Ricardo a
Dorotea te detienes a enumerar las reflexiones que
ésta hizo, siendo así que lo más
interesante que es la barbaridad del joven absorbe
la tensión y no la deja reposar en esta otra
parte menos animada por fuerza. En otro lugar dices:
"Tres días continuó yendo a la
enfermería donde tenían el consuelo
de hablarse etc." Yo considero inútil
la 2ª cláusula, sabiendo el lector, su
contenido en cuanto se entera de la ida a la enfermería,
porque viéndose los amantes lo demás
se infiere de suyo sabidos los antecedentes. Yo me
he tomado, pues, la libertad de hacer lo que me previenes
tocante a corregir es decir, a suprimir; al irte los
borradores léelos con las supresiones que yo
hago y verás que aligerándose la acción
no pierde nada la fuerza de los sucesos. Villaverde
y Domingo convienen en esta opinión mía
que te he anunciado antes de ahora. Por último,
la conclusión de Francisco es en sí
excelente, y acaba con el más verosímil
horror. Nadie la puede juzgar violenta ni mal preparada,
y es un medio muy delicado el que usas de descubrir
la deshonra de la pobre Dorotea sin ofender el pudor.
¿Por qué no combates esas preocupaciones
de los que te impiden dedicarte al Magisterio? ¿Por
qué no citas ejemplos, ya que no valga la razón
pura, y dejando aparte los infinitos habaneros de
buena familia y aún de comodidades que hoy
se dedican a la enseñanza, no les mientas a
D. José de la Luz, a D. Felipe Poey, a Travieso,
a Jorrín, etc., etc.?
Haz cuanto esté de tu parte, Suárez,
por ponerte al frente de la escuela de Günes.
Oh! ¡qué gusto me daría saber
que te tengo de compañero en el magisterio,
sí, porque tú sabes que yo soy también
maestro, maestro de primeras letras, título
más apreciable para mí que el de Catedrático
que obtengo en la Universidad...! No te arredres por
la consecución del título: tus conocimientos,
tu clara inteligencia te lo aseguran y sobre todo
el de la enseñanza primaria, cuyo examen han
sufrido infinitos de menos instrucción y alcances.
Tú sabes que Manuel es el secretario y que
se trataría de servir en tí a la causa
más noble, la de la educación de un
pueblo cubano; tú sabes que saldrías
despachado con la mayor brevedad; que sin el título,
teniendo influjo con los Sres. de la Diputación,
podrías regentear el establecimiento desde
luego, a reserva de ocurrir cuanto antes por el título
que se despacha en dos días, de lo cual hay
en la Sección infinitos ejemplares; en suma,
no desperdicies la ocasión de hacer un bien
tan grande. Mira que destronar de tal puesto a los
empíricos que por desgracia lo ocupan, es hacer
bajar una estrella del cielo para que alumbre la tierra.
Yo te prometo comunicarte mis escasos conocimientos
prácticos en el magisterio, y sea éste
un nuevo vínculo de nuestra afectuosa amistad.
Tuyo affmo.
Setiembre 4 de 1839
Suárez
querido:
Recibí
la tuya del 29.
 |
| Ricardo
Palma |
Entregué
a Domingo los libros que me enviaste; y me ha devuelto
La Vieille Fille para que te la envíe
de nuevo porque me asegura habértela regalado.
Así lo hago.
Siento el término triste de tus esperanzas
sobre la escuela; con cuyo motivo he admirado como
siempre la generosidad de tus afectos.
Las conclusiones se verificaron el día 22.
Los alumnos expusieron ampliamente la nueva doctrina:
eran cinco nada más, y cuatro Doctores de réplicas
a saber, el Prior Fray Pedro Infante, Horruitiner,
Castro y mi hermano Manuel. A la conclusión
entró al combate conmigo D. José de
la Luz, que como tú sabes de antemano, no está
en buena con la teoría moderna. Yo me sostuve
con el calor que pude, la discusión se dilató,
concluyendo a las 12 y media de un campanillazo del
rector. Se tocaron los puntos principales, explanándose
por ambas partes, de suerte que los inteligentes pudieron
juzgar. Omito referirte los esfuerzos colosales
de Luz, la sabiduría y erudición que
desplegó, cuando te son bien conocidas.
¡Cómo me hubiera alegrado de tenerte
por juez, Suárez inolvidable! Mis ojos te buscaban
allí, como si me hubieses avisado que venías...
si te hubieras aparecido; no lo extraño absolutamente
entonces...
Hay ahora aquí tal movimiento por la Filosofía
que pone espanto. Si acaso llegan por allá
los Diarios habrás visto la contienda suscitada
sobre el principio de utilidad entre Ruiz y Manuel.
Yo he tomado cartas por el Noticioso, y si
acaso sale mi artículo el jueves, te enviaré
un ejemplar, para que lo leas con interés y
me hables con sinceridad; como de costumbre entre
nosotros. Verás cómo me descarto de
personas e incidencias y voy al grano: si allí
hay algo bueno, es esto.
La autobiografía de Manzano la tiene Domingo,
y las cartas.
¿Sabes que tus cartas sobre el campo me agradan
muchísimo? que me interesa su lectura cual
la de una novela, y que las hallo tan coloridas y
originales como las descripciones de la Vuelta-abajo
por nuestro Villaverde? ¿Sabes también
que respecto de la segunda sobre la indolencia de
los guajiros la estimaron muy severa Allende y José
Rafael Travieso, al paso que Massana y otros conocedores
la juzgan imparcial, a lo que me agrego yo pensando
(por inferencia) en la constitución moral de
nuestra sociedad campestre. . .? No me ha gustado
menos la 3ª que acabo de recibir.
De Francisco qué quieres que te diga,
sino que es una obra interesante por el lado de la
novela, como apreciable por la exactitud de sus descripciones,
pintura de la servidumbre y generosos pensamientos
del autor...? Es verdad que Francisco es
un carácter especial con asomos fantásticos;
pero ni le falta verosimilitud, ni escasea en toda
la obra conocimiento de la realidad, mostrada desnudamente
a ocasiones, y cual ella es. Disculpo tanto más
el único defecto que en cuanto al plan de la
composición se te dirige, cuanto que le es
imposible al novelista que retrata horrores, no acogerse
a un personaje, hacerlo bueno e idealizarlo, para
que sea una protesta contra los demás y lleve
el sello de sus pensamientos. A eso se debe el buen
concepto que te han merecido.
Siempre tuyo.
¿No llegó el elenco, y una carta de
Del Monte?
15 de Noviembre de 1839
Tanco
le dice a Domingo en carta de 15 de Noviembre, lo
que sigue:
"Te devuelvo la novela de Suárez leída
por mí y por otros aficionados, que son pocos
en Matanzas no precisamente al género, sino
al asunto de la novela, y por mi parte debo decirte
que es obra de gusto y que veo en ella nuestra tierra
con todo su horroroso colorido: así es como
creo yo que debe escribirse, y no de otra manera,
que es perder el tiempo. Dejemos la ridícula
manía o el error de pintar una sociedad escogida:
la sociedad, blanca sola, aislada porque los negros
se destiñen y ensucian a esa sociedad,
y es preciso verla con los tiznes que le deja su roce:
es decir, que es necesario, indispensable ver los
negritos. Dile al señor Suárez que su
novela tiene la aprobación de cuantos la han
leído, y no tienen embrutecida la razón
y abotargada la sensibilidad: que está todo
muy bien pintado sin afectación, con un lenguaje
natural y propio de cada personaje; que el mayoral
está divinamente representado de puro infernal
y malvado que es, y como lo son todos los mayorales".
Tu affmo