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La Revista de Cuba publicó en 1879 el epistolario de José Zacarías González del Valle, uno de los más jóvenes concurrentes al círculo delmontino en los años en que la juventud ilustrada cubana pergeñaba grupos polémicos y el proyecto de una Cuba letrada. En esas cartas, dirigidas a su amigo Anselmo Suárez y Romero, las cuales verían la luz como cuaderno y bajo el título de La vida literaria en Cuba (1836-1840) en 1938, puede seguirse la pista del proceso creador de Francisco, que luego ha sido considerada la primera novela declaradamente antiesclavista de nuestra narrativa y sobre todo del mundillo creativo que dio lugar a una novelística y a un pensamiento definidamente cubanos. Por aquí desfilan, como mundanos contemporáneos, José de la Luz y Caballero, José Jacinto Milanés, Cirilo Villaverde, José Antonio Saco, Félix Tanco, Ramón Palma.
Para el conocimiento general, debe aclararse que José Zacarías (1820-1850) fue maestro desde muy joven, hasta fungir como catedrático de Texto Aristotélico y de Física en la Universidad habanera. De esa labor nacieron textos para la enseñanza de tales materias, inexistentes en la Cuba de entonces. Mas, la labor por la cual quizás sea mejor recordado -aparte de su polémica filosófica con Luz y Caballero alrededor del eclecticismo de Víctor Cousin- será siempre copiar y corregir los borradores de Francisco, así como dar conocer la obra entre quienes finalmente la pusieron al alcance de nosotros.
Es por ello que
La isla en peso reverencia aquellas luces en esta segunda entrega donde reproducimos la parte final de nuestras selecciones del diálogo íntimo que mantuvieran los amigos, como exorcismo de las lejanías e impedimentos de una vida intelectual que se iba haciendo mientras era vivida.


22 Octubre de 1838

Suárez amigo

Recibí de manos de tu hermano Alonso la última que me has escrito comenzada en 21 de Setiembre y concluida en 2 de octubre, junto con el primer capítulo ya enmendado de Francisco.
Me agradó tanto la especie de novelita o cuento que en ella me insertas que se la leí a Del Monte la misma tarde y opinó de conformidad, habiéndose reído no poco de los chistes que contiene: conclúyela en otra carta, pues en la que tengo a la vista no has hecho más que pasarnos la miel por los labios; y entonces, si finaliza (como no lo dudo) con igual interés y no son personales los hechos al punto de servirte de obstáculo la verdad, será luego publicada en El Álbum. Domingo me observó al leérsela, que ya se notaba en tu estilo y en el modo de tratar el asunto la influencia de la lectura de Balzac, no por faltas en la dicción que al contrario es castiza, ni por copias más o menos bien hechas de este autor, sino por la fina observación de las costumbres llevada a cuantos pormenores se escapan a muchos novelistas por insignificantes, y que constituyen sin embargo la mejor parte del retrato y vida de los personajes.

Domingo del Monte

Quedo enterado de cuanto me dices acerca de Balzac, Fígaro, Comte y Francisco; y respondo, que requeriré a Manuel y yo mismo haré la diligencia porque vayan los artículos de Larra, que respecto a Comte, le pediré a J. Rafael Travieso, cuyo es el primer tomo, me facilite el segundo; pero en razón a que has concluido con aquel y para que su amo no tenga desconfianza para los préstamos viendo que almacenamos y no devolvemos, será bien que me lo remitas para entregárselo, advirtiendo en cuanto a Francisco que ahora me agrada más y que lo quería ver tal como te ha quedado, con las correcciones que le hiciste y que me satisfacen. Devuélvotelo, pues, para que los sigas de muy buena gana y no de compromiso, como me escribes, lo cual es contrario así a tu afición a las bellas letras, como al principio que de tu novela ha de deducirse, principio de eterna justicia, social y consolador.
Estoy de acuerdo acerca de las reflexiones que sobre el propio Francisco me haces contestando a las mías, al final de tu carta.
Ya le había entregado el Outre-mer a Domingo, y no pude copiarte lo que me dices. Lo juzgo innecesario: y más bien apruebo que tú mismo seas el autor del epígrafe, fabricándote uno que le cuadre. Yo hice lo propio los otros días. Aquellos cuatro versitos que verás en El Álbum sobre mi composición poética, los hice exprofeso para epígrafe; me dejé de bullas.
Concluí mi (Memoria sobre educación) y la he entregado con la desconfianza que te manifesté los otros días. Ni yo tengo el tesoro de conocimientos necesarios, ni la principié a trabajar cuando debía: así es que casi la atropellé y salió peor de lo que hubiera podido. Si no saca el premio, sabré prácticamente, lo que ya tenía entendido, y es que no llena como es debido el programa. ¡Paciencia y trabajar! Estas contrariedades de la fortuna y en especial cuando son tan merecidas, traen el inestimable bien de hacerlo a uno estudiar por fuerza y de persuadirle que es un trompeta.
Han comenzado las tareas de la Academia de Jurisprudencia nuevamente con otros empleados y ministros recién elegidos por el Capitán General. Vilches queda de Director, Govantes salió de Presidente, vice Zambrana, Fiscal 1º Cruz, 2º Manuel, Secretario 1º Osés y 2º Fernando de León. El lunes hay estrados a que Calvet y yo hemos de asistir en calidad de Ministros del Supremo Consejo en un pleito de gananciales seguido contra un militar. Yo ni he visto los autos, ni estoy bien instruído de la cuestión: ahí veremos. Si tengo lugar te daré en instruyéndome una noticia clara del negocio y de la opinión que yo siga, cambiando así áridas cuestiones de derecho, por novelas y chistes.
Todos los buenos amigos que se reúnen en casa de Calvet a estudiar derecho español y Filosofía, a saber, ellos dos, Gutiérrez, Osma y Travieso que suele aparecerse, se acuerdan de tí. Allá voy esta tarde a leerles tu carta para que se rían un poco. -Tuyo affmo.

Noviembre 10 de 1838

Suárez querido:

José Jacinto Milanés

Milanés en carta fecha 8 del corriente le dice a Domingo lo que sigue: "He visto el primer capítulo de una novela titulada Francisco, creación del joven Suárez, aquel de quien V. me habló en un párrafo de sus cartas anteriores. Cosa muy buena en mi sentir, y cuya primera parte me abre las ganas de ver las demás con el más vivo anhelo. El mayoral pintado en ella, está de mano maestra y ha sido notable tino y donaire en el autor prestarle una manera de hablar tan criolla. Con efecto, nuestros campesinos tienen una lengua española propia de ellos, taraceada de tropos rarísimos, en los que vivamente se pintan la peculiar malicia de su ingenio hecho desde la cuna a ver rozándose de una manera violenta las clases negra y blanca, la dominadora y la sometida. Dígamele V. a Suárez si tiene ocasión de verle, que me considere como uno de sus admiradores y que tengo ansia de tratarle, aunque sea por escrito. Que le miro como uno de los más diestros escritores de esa y que por este motivo no me perdonaría mi indolencia, si perdiese esta ocasión que me ha dado su obrita de tenerle por amigo, brindándole igualmente y sin jactancia con mi inutilidad."
Y yo tengo el gusto de transcribirte el voto de este eminente poeta, para lo cual me entregó Del Monte la carta donde está.
Poco a poco, como lo consienten mis otros quehaceres, voy copiando el segundo capítulo del tan celebrado Francisco: yo creo que éste agradará más todavía que el primero. Llevo cerca de la mitad. Mi novela sigue la misma suerte: un rato consagro a su copia, otro a la de la tuya, y cada vez se me figura que va nublándose más el horizonte. Acabo de venir de la Universidad y parece que no tardarán las oposiciones a la cátedra de Filosofía; he aquí nuevos cuidados, nuevas ocupaciones.
Manda en lo que gustes a tu affmo.

14 Noviembre 1838

Suárez querido:

En carta de Milanés que he recibido hoy después de verte echar la tuya en el correo, me dice lo que sigue:
"He recibido la de usted, y por ella sé con sumo gusto mío que es usted gran amigo de Suárez, cuya carta no he recibido aún, aunque la espero con indecibles ganas."
"La novelita Una nube en el cielo lleva un título tan picante, que tiene usted alerta nuestra curiosidad, esperando saber en qué publicación saldrá, para leerla muy deseosamente. Por Dios que al menor huelgo que le permitan sus tareas, meta usted la pluma al 2º capítulo de Francisco, tirando a rematarlo y remitírmelo con toda prontitud, porque usted colegirá qué ansia de verle excitarían en mí las palabritas que me dijo acerca del contenido de ese 2º capítulo. Si todo es tan especialmente criollo, tan lindamente original, tan desafectado y candoroso como lo que llevo leído, dígole a usted que esa novela de Francisco, vendrá a ser una de nuestras mejores joyas literarias, y su autor uno de los más valientes genios de esta Antilla, porque las prendas que le realzan como hablista cubano y como poeta no son de las que se topan ahí tras cada página, y sobre todo el riquísimo minero que revelan sus obras de sensibilidad ricamente varonil, desnuda de empalagamiento, es su mejor y más peregrina dote."
Inútil es instruirte en lo que yo le dije a Milanés en la carta a que me contesta, cuando puedes por sus palabras colegirlas. Tuyo afmmo.

(primera edición)

Noviembre 17

Suárez querido:

Soy de opinión que tú mismo seas el que corrija el 3er. capítulo de Francisco en la parte del diálogo con el guardiero, y sin marcarte expresamente lo que sea impropio en boca del negro, me parece que a tí te basta para dejarlo en forma más natural y verosímil tener presente que él no había de ponerse a hacer como tú sutiles y filosóficas distinciones entre los gustos reservados a opresores y oprimidos, sino a aquellas que buenamente saltan a los ojos de cualquiera, ni menos detenerse a describir la poesía de la tarde en que se hablaban, pintando el cielo, el río y el campo con extremadas voces que no acomodan ni se adecúan a su capacidad, y sí a la del novelista cuya traza se descubre al punto. También es conveniente aligerar el diálogo y quitarle las apariencias cervantinas que lo ponen lánguido, y debilitan y enervan el interés de la acción o de lo que se va diciendo: así pues, en habiéndose dicho por los interlocutores lo necesario, afuera repeticiones, ni aclaraciones innecesarias.
Juzgo asimismo inverosímil o por lo menos excepcional por extremo lo de escribirse Dorotea y Francisco mientras éste permaneció en el ingenio, lo cual nada induce para la trama del cuento, demora inútilmente al lector y lo persuade tal vez a estimar incierto todo lo demás, y esto no te lo digo solo por el efecto que en mí haya causado el 3er. capítulo, sino porque leyéndoselo a otros, ninguno ha dejado de oponerme unos mismos reparos, entre ellos los Calvets. Ya que tu obra es justamente celebrada por tan especial, criolla, y verdadera, bueno es que así como las conversaciones del mayoral no discrepan un punto de lo cierto, a todo le suceda lo propio.
Ahora vengamos a lo que me dices de lo subversivo. No creas que Domingo te dijera eso porque crea que "no como tú dices, no debe escribirse aquí para nuestro bien y el de los esclavos". Nada de eso: él y yo y todos los que celebran tu obra, lo hacen porque les recuerda un principio de justicia ultrajada bárbaramente, lo hacen porque estiman conveniente su circulación entre aquellos cuya mejora de conducta puede alcanzarse con su lectura; y lo harán aún estrellándose contra las olas enfurecidas de nuestro interés, aunque ese interés fuera el de la Patria misma, porque es muy mezquino e insignificante en la balanza donde se pesan los derechos divinos de la humanidad. La mejora de nuestra conducta, he aquí el fin que debe proponerse el que escribe obras semejantes: y esa mejora es bastarda y raquítica como se funde en cálculos rastreros de utilidad personal, porque su origen ha de tener más nobleza para que ella dure eternamente, es decir, que deben producirla el desengaño de que no nos manejamos bien y el convencimiento de que somos unas criaturas manchadas con el borrón más negro de injusticia y de barbarie. Así que Domingo te indicó que suprimieras lo subversivo, no porque, maleando sus buenos principios, lo crea perjudicial, sino porque vió que el novelista no debe poner arengas en boca de sus personajes, y menos siendo inverosímiles; que la moralidad o la máxima política que domine en tu obra, se desprenderá como de suyo, sin apuntarla, ni pregonarla a cada paso, y que por lo mismo que la novela tuya sirve para ir corrigiendo nuestras costumbres, ha de salir verdadera, cubana y tan provista de hechos indisputables que no haya más que ver el retrato y abominarlo. No es, pues, un escrito incendiario, porque no nos falta buena dosis de prudencia y vemos que por desgracia hay que conciliar extremos opuestos: en tal concepto, no circulará entre quienes, por su ignorancia misma, aunque se quiera no podría circular, sino entre los que alguna parte pueden tener en que vayan neutralizándose algún tanto los efectos de la esclavitud doméstica.
¡Qué ganas tengo de que leas a Comte en su 4º tomo! Te vendría de perla.
Va el 3er. capítulo. Tuyo affmo.

Habana, 18 de Enero de 1839

Suárez querido:
Con ansias deseo el último capítulo de Francisco, el capítulo maestro, porque así como los anteriores descubren tu habilidad de buen observador y fiel retratista, el que espero ha de mostrar tu ingenio dramático, dote no menos apreciable. Sí, el desenlace de toda aquella máquina de hechos atroces cuanto verdaderos debe ser la corona, el complemento digno de la obra que emprendiste; y yo espero que puesto ya en tan buen camino, el éxito debe corresponder a tus esfuerzos.
Yo, amigo, he dejado de la mano mi Luisa, cuya entrada leíste en ésta antes de partir para Guines; y si me sigue el desaliento que me ha tomado, probablemente dormirá en el estado que tiene más espacio del que puedes figurarte. Me preguntarás ¿y de cuando acá? ¿tú no te has metido de rondón a novelista y mal que bien has zurcido ya hasta cuatro, si bien cortas todas como para principiar? Cierto, te contestará, y de la misma manera, puedo hacer verte más; pero no estemos ahí, sino en que ya debo entrar en mayores honduras, y no puedo. Las historietas o cuentos que he urdido comprueban cabalmente mis pocas fuerzas. Otro más fecundo hubiera formado de cada una un libro; otro más rico de observaciones hechas en el gran mundo (sobre el cual muy poco sé, o tal vez nada), les hubiera dado muchísimo interés, mientras que bajo mi pluma se reducen a unas relaciones compendiosas y de poco efecto, y eso estando el asunto de algunas de ellas en cierto modo a mi alcance. Así yo he tratado de pintar en Amar y morir, en Carmen y Adela, hechos que han solido suceder a mi vista; y por eso estas dos novelitas tienen más interés y facilidad de estilo; pero en Amor y dinero variaron las circunstancias, y falto de recursos por mi carencia de conocimientos prácticos sobre la materia, me vi en el caso de colocar la relación en boca de uno de los personajes y de no profundizar mucho en ella por temor de que me faltara la tela y se quedase corto el vestido. También te acordarás de lo que me sucedió con la Nube en el cielo, donde me metí a referir asuntos de casados, que no son por cierto de mi cuerda; tú sabes que fue preciso a insinuación tuya y de Calvet corregir una cosa por impropia en realidad y en práctica, pero que a mí poco conocedor todavía de las mujeres no se me ofreció reparo alguno para ponerla.
Por lo cual vengo en conocimiento de que me es indispensable abandonar por algún tiempo la pluma, mientras oliendo donde guisan, acopio un buen caudal de noticias y de observaciones exactas para crear caracteres que no desdigan de lo que es verdaderamente; y así como tú me anuncias que te vas a meter a observador de costumbres para escribir algunos artículos, yo haré lo propio aunque más ampliamente para tener datos y ciencia del corazón humano con que enriquecer algún otro cuento o novela.
Domingo está ahora en el ingenio de su suegro junto a Matanzas y en una carta que le escribe a mi cuñado me manda memorias con encargo de repetírtelas a tí de parte suya. Yo le escribo por el correo de hoy.
Ninguna otra tuya he recibido después de la que me trajo Gutiérrez. Veremos si al dejar esta en casa de Agustín me encuentro alguna. Acuérdate más de mí y aprovecha cualquier coyuntura. Por el correo te mandé una: no sé si habrá llegado a tus manos: voy a él siempre según me advertiste, y nada...
Agur por hoy, que no deja de irte buena ración. Tu affmo.

P. D. Van adjuntos los últimos borradores de Francisco.


Habana 10 de Mayo

Querido Suárez:

Ayer te escribí, y al enviarte mi carta, recibí la tuya del día cinco dentro de la cual venía parte del resto de Francisco.
Juzgo harto regulares para primeros ensayos tus dos sonetos que me transcribes, siendo mejor el primero que el segundo, pues en este, además de cierta languidez en el estilo poético hay dos faltas de prosodia en la medida, esto es, de versos faltos de armonía. Para adquirir buen oído no son los poetas antiguos los mejores modelos, pues más pagados del concepto y de la frase, suelen no tener el aliño necesario en el número y rotundidad métrica. Así, vale algo más por lo tocante a esta dote estudiar y leer la escuela moderna; v. gr. a Quintana, a Gallego, Martínez de la Rosa, Lista, etc.
Respecto a Francisco te aconsejo que tires a concluirlo, porque ya va demasiado largo, y se columbra cierto estudio en dilatarlo. Yo, en lo que tengo por acá, procuraré quitar lo que pueda para que haya ligereza, sin quitarle las preciosas gradaciones, y para que por el vicio de lánguido no pierda un punto el lector el interés con que principia su lectura.
A Alonso que te remita el último Álbum (con cuyo número finaliza la obra) para que veas qué guapa ha salido tu carta sobre Las Puentes. ¡Qué buen artículo de costumbres es! a Domingo, a todos le ha caído muy en gracia... El Álbum ha concluído, buen Suárez, su carrera con la brillantez posible y puédelo como un triunfo en una tierra como esta, clásica de la novelería y la superficialidad; levantó el vuelo con la celebre Pascua en San Marcos, ostentó en sus páginas las coloridas pinceladas del ardiente Villaverde, tu triste Carlota Valdés, los suaves versos del Cisne de Matanzas, los varoniles consejos de Domingo del Monte, las atrevidas inculpaciones de Palma: en suma, como una mariposa delicada que cambiase de alas en cada publicación periódica salió a encantar la vista de un público que con muy pocas excepciones ni comprendió su interés, ni sus miras de elevar un monumento exclusivo a la literatura de nuestra imitadora patria.
Ten la bondad de entregar o hacer entregar la adjunta orden en Güines a la persona que dice el sobre. Manuel me la ha encargado por necesitarse que vaya por persona segura y no se extravíe en el correo. Es sobre un pleito del estudio, para evacuar unas diligencias.
Sin otra cosa a la sazón manda a tu affrno.

(séptima edición)


23 de Julio de 1839

Suárez querido:

No te figures que el haberte dicho lacónicamente que me parecía bien la conclusión de Francisco depende de no gustarme mucho: hícelo así por falta de tiempo para alargarme; pero hoy te repito que me ha gustado infinito porque noto hasta un adelanto en tu estilo, es decir, que vas al punto principal y evitas explicaciones inútiles y lánguidas. Ya me parece que otra vez te he dado mi juicio, franco y sincero para contigo siempre, acerca de tu estilo. Es tu principal defecto la demasiada abundancia de palabras, el excesivo apego a describir todos los pormenores cuando algunos no hacen a las veces falta: pondré un ejemplo. Después de referir los golpes que le dió Ricardo a Dorotea te detienes a enumerar las reflexiones que ésta hizo, siendo así que lo más interesante que es la barbaridad del joven absorbe la tensión y no la deja reposar en esta otra parte menos animada por fuerza. En otro lugar dices: "Tres días continuó yendo a la enfermería donde tenían el consuelo de hablarse etc." Yo considero inútil la 2ª cláusula, sabiendo el lector, su contenido en cuanto se entera de la ida a la enfermería, porque viéndose los amantes lo demás se infiere de suyo sabidos los antecedentes. Yo me he tomado, pues, la libertad de hacer lo que me previenes tocante a corregir es decir, a suprimir; al irte los borradores léelos con las supresiones que yo hago y verás que aligerándose la acción no pierde nada la fuerza de los sucesos. Villaverde y Domingo convienen en esta opinión mía que te he anunciado antes de ahora. Por último, la conclusión de Francisco es en sí excelente, y acaba con el más verosímil horror. Nadie la puede juzgar violenta ni mal preparada, y es un medio muy delicado el que usas de descubrir la deshonra de la pobre Dorotea sin ofender el pudor.
¿Por qué no combates esas preocupaciones de los que te impiden dedicarte al Magisterio? ¿Por qué no citas ejemplos, ya que no valga la razón pura, y dejando aparte los infinitos habaneros de buena familia y aún de comodidades que hoy se dedican a la enseñanza, no les mientas a D. José de la Luz, a D. Felipe Poey, a Travieso, a Jorrín, etc., etc.?
Haz cuanto esté de tu parte, Suárez, por ponerte al frente de la escuela de Günes. Oh! ¡qué gusto me daría saber que te tengo de compañero en el magisterio, sí, porque tú sabes que yo soy también maestro, maestro de primeras letras, título más apreciable para mí que el de Catedrático que obtengo en la Universidad...! No te arredres por la consecución del título: tus conocimientos, tu clara inteligencia te lo aseguran y sobre todo el de la enseñanza primaria, cuyo examen han sufrido infinitos de menos instrucción y alcances. Tú sabes que Manuel es el secretario y que se trataría de servir en tí a la causa más noble, la de la educación de un pueblo cubano; tú sabes que saldrías despachado con la mayor brevedad; que sin el título, teniendo influjo con los Sres. de la Diputación, podrías regentear el establecimiento desde luego, a reserva de ocurrir cuanto antes por el título que se despacha en dos días, de lo cual hay en la Sección infinitos ejemplares; en suma, no desperdicies la ocasión de hacer un bien tan grande. Mira que destronar de tal puesto a los empíricos que por desgracia lo ocupan, es hacer bajar una estrella del cielo para que alumbre la tierra. Yo te prometo comunicarte mis escasos conocimientos prácticos en el magisterio, y sea éste un nuevo vínculo de nuestra afectuosa amistad.
Tuyo affmo.


Setiembre 4 de 1839

Suárez querido:

Recibí la tuya del 29.

Ricardo Palma

Entregué a Domingo los libros que me enviaste; y me ha devuelto La Vieille Fille para que te la envíe de nuevo porque me asegura habértela regalado. Así lo hago.
Siento el término triste de tus esperanzas sobre la escuela; con cuyo motivo he admirado como siempre la generosidad de tus afectos.
Las conclusiones se verificaron el día 22. Los alumnos expusieron ampliamente la nueva doctrina: eran cinco nada más, y cuatro Doctores de réplicas a saber, el Prior Fray Pedro Infante, Horruitiner, Castro y mi hermano Manuel. A la conclusión entró al combate conmigo D. José de la Luz, que como tú sabes de antemano, no está en buena con la teoría moderna. Yo me sostuve con el calor que pude, la discusión se dilató, concluyendo a las 12 y media de un campanillazo del rector. Se tocaron los puntos principales, explanándose por ambas partes, de suerte que los inteligentes pudieron juzgar. Omito referirte los esfuerzos colosales de Luz, la sabiduría y erudición que desplegó, cuando te son bien conocidas. ¡Cómo me hubiera alegrado de tenerte por juez, Suárez inolvidable! Mis ojos te buscaban allí, como si me hubieses avisado que venías... si te hubieras aparecido; no lo extraño absolutamente entonces...
Hay ahora aquí tal movimiento por la Filosofía que pone espanto. Si acaso llegan por allá los Diarios habrás visto la contienda suscitada sobre el principio de utilidad entre Ruiz y Manuel. Yo he tomado cartas por el Noticioso, y si acaso sale mi artículo el jueves, te enviaré un ejemplar, para que lo leas con interés y me hables con sinceridad; como de costumbre entre nosotros. Verás cómo me descarto de personas e incidencias y voy al grano: si allí hay algo bueno, es esto.
La autobiografía de Manzano la tiene Domingo, y las cartas.
¿Sabes que tus cartas sobre el campo me agradan muchísimo? que me interesa su lectura cual la de una novela, y que las hallo tan coloridas y originales como las descripciones de la Vuelta-abajo por nuestro Villaverde? ¿Sabes también que respecto de la segunda sobre la indolencia de los guajiros la estimaron muy severa Allende y José Rafael Travieso, al paso que Massana y otros conocedores la juzgan imparcial, a lo que me agrego yo pensando (por inferencia) en la constitución moral de nuestra sociedad campestre. . .? No me ha gustado menos la 3ª que acabo de recibir.
De Francisco qué quieres que te diga, sino que es una obra interesante por el lado de la novela, como apreciable por la exactitud de sus descripciones, pintura de la servidumbre y generosos pensamientos del autor...? Es verdad que Francisco es un carácter especial con asomos fantásticos; pero ni le falta verosimilitud, ni escasea en toda la obra conocimiento de la realidad, mostrada desnudamente a ocasiones, y cual ella es. Disculpo tanto más el único defecto que en cuanto al plan de la composición se te dirige, cuanto que le es imposible al novelista que retrata horrores, no acogerse a un personaje, hacerlo bueno e idealizarlo, para que sea una protesta contra los demás y lleve el sello de sus pensamientos. A eso se debe el buen concepto que te han merecido.
Siempre tuyo.
¿No llegó el elenco, y una carta de Del Monte?


15 de Noviembre de 1839

Tanco le dice a Domingo en carta de 15 de Noviembre, lo que sigue:
"Te devuelvo la novela de Suárez leída por mí y por otros aficionados, que son pocos en Matanzas no precisamente al género, sino al asunto de la novela, y por mi parte debo decirte que es obra de gusto y que veo en ella nuestra tierra con todo su horroroso colorido: así es como creo yo que debe escribirse, y no de otra manera, que es perder el tiempo. Dejemos la ridícula manía o el error de pintar una sociedad escogida: la sociedad, blanca sola, aislada porque los negros se destiñen y ensucian a esa sociedad, y es preciso verla con los tiznes que le deja su roce: es decir, que es necesario, indispensable ver los negritos. Dile al señor Suárez que su novela tiene la aprobación de cuantos la han leído, y no tienen embrutecida la razón y abotargada la sensibilidad: que está todo muy bien pintado sin afectación, con un lenguaje natural y propio de cada personaje; que el mayoral está divinamente representado de puro infernal y malvado que es, y como lo son todos los mayorales".
Tu affmo

 
   
 

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