uno
dos
tres
cuatro
cinco
seis
siete
ocho
nueve

 
     
Carta abierta a Rainer María Rilke
( Prólogo de la antología de jovenes poetas matanceros )

-invitación tardía a la cena-

El tiempo ha conseguido desligarnos de su querencia, porque aún resuenan aquellas cartas que escribiera para un joven poeta, y que hoy se leen en concilios de escritores como una heredad que habremos de defender. Permítame hacerle partícipe de una utopía hecha verdad, de una verdad hecha carne con las palabras, ese soplo del espíritu que usted tanto alentó. Le dedico estas líneas desde un lugar que ha hecho de la poesía uno de sus símbolos, que parece invadido por susurros, dictados entre sombras, escritos en sus aguas. Pero toda tradición es un cetro, y cada cetro una responsabilidad con la que debemos vivir, o sobrevivir, porque entre ríos es imposible no hablar de los naufragios. Ahora, cuando una amenaza surge también sobre sus papeles, de algún modo me he propuesto salvar las escrituras de los jóvenes poetas de Matanzas. Ya sé que es una empresa vastamente difícil, que apenas he podido resguardar aquellos textos que estaban a mi alcance, y que en la elección sobrevendrán descuidos de los que no me podré defender; pero si hay una iluminación, al menos una iluminación que me justifique, entonces acepto cualquier embate ante la prodigalidad del signo del agua
Tendré en mi contra el afán de fidelidad a la provincia, lo que también se hace notable en esas escrituras que me gustaría llamar de la resistencia, donde cada cual ha ido alzando sus murallas, y donde cada discurso es estrictamente personal, apenas contaminado por lo que nos empeñamos en definir como contemporaneidad. Precisamente por ello no parto de un orden cronológico sino del aparente caos en la aparición de cada autor dentro de la Poesía Matancera, mapa bastante cercano al sentido del desplazamiento de tal Poesía, si es que existe, en aperturas a nuevos modos de concebir la creación, siendo elocuente que cierre con Israel Domínguez, quien ofrece la mirada del viajero, aquel que se ha detenido en Matanzas, y ha trazado sus imágenes bajo el influjo del sosiego.
Sorprende la irrupción de la lírica en extramuros, y si la capital había ejercido notable supremacía con las generaciones anteriores, ahora ocurre un extrañamiento en cuanto a su extensión, sus límites.
Las fechas pueden ser una amable coartada, fin de un milenio, entrada a otro. Cómplice pues el tiempo, en esta antología, ya que estos autores conformarán una generación puente ---palabra de clarísima estima entre los matanceros-y debemos aguardar su plenitud en el ya latente siglo XXI.
Le convido, Rilke, a esta cena, última celebración de la poesía joven matancera en el siglo XX, con sus once iluminadores, siempre faltando uno, siempre faltando, siempre; por las dudas para con su escritura, lo que confirma el carácter cíclico de la historia, y hasta de los mitos; cediéndole un rostro al Judas del banquete. Obviemos las flaquezas para regocijarnos con la participación en el misterio. Hagamos comunión con los versos de Quevedo: Con los doce cené, yo fui la cena.


José Manuel Espino Ortega.
Colón, falso invierno del 2000.

Listado de autores presentes en la antología.
Por orden de aparición (el orden fue establecido por el momento que aparecieron en la literatura).

Gaudencio Rodríguez Santana (1969), Abel G. Fagundo (1973), Naírys Fernández Hernández (1974), Marilín Roque González, Mae (1972), Yurien Emilio Ribot Perdomo (1972), Luis Lexander Pita García (1972), Yunier García Blanchet (1979), Yovanny Ferrer Lozano (1970), Walfrido Dorta Sánchez (1976), Javier Mederos Zuáznabar (1973), Israel Domínguez Pérez (1973).

José Manuel Espino (Colón. 1966) Poeta y narrador. Tiene publicados varios títulos entre ellos Rantés vive en la otra puerta (Letras Cubanas), Magia Blanca (Unión), El cartero llama tres veces (Ediciones Matanzas), entre otros.

 
 

SUBIR