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Instrucciones
para matar un colibrí es el más
reciente libro de Reynaldo García Blanco, poeta
cubano extraño, ubicuo, y no por ello raro en
nuestras letras. Son sus raíces, por un lado,
la de los simbolistas franceses, con el demonio de Lautreamont
presente; por otro, el siglo XIX cubano y Orígenes;
y más allá, la denominada poesía
conversacional en sus expresiones de fervor místico
y apego a la nación. Con todo ello y mucho más
se hace esta obra de constantes, lugares revisitados
y una obsesión por el país que lo impregna
todo. La isla en peso bien
sabe de qué va esa pasión.
Instrucciones
para matar un colibrí (Fragmentos)
Ahora
vemos por espejo, oscuramente;
mas entonces veremos cara a cara. Ahora
conozco en parte; Pero entonces conoceré
como fui conocido.
1
Corintios 13.12
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Plato
Preferido,
2002
Roberto
Fabelo |
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Si
esta ventana diera al mar
a esos pájaros que una vez vi en la costa norte
y caían extenuados del viaje
Si esta ventana
fuera al menos las luces de la ciudad
el tintineo de las torres que avisan alturas
Pero aquí no soy más que una mesa y un
árbol
velador del sueño de mi mujer
que ahora aprende a leer las manos
y no sabe que yo detesto los jueves diez
y que en mi mano no va a encontrar
el cáncer que me ronda
las veces que pronuncio su ojo derecho
los días que caminé ciudad afuera
y fui asaltado por los miedos
y me defendí con su perfume
Esta ventana son cuatro pliegos de madera
comidos por el agua y el tiempo
torpes hilos que un día serán fuego
temblores del jamás y siempre acabar
Por esta ventana que entro y salgo
llegaré a fantasma o diluvio
llegaré a definitivo y complaciente
Por esta ventana he de perder o ganar el oro
de bastos
que mi labio y mi insistencia merecen
¿Qué seré yo sin entrar en esas
lunas calladas
paseante en la hora que todo es río
que baja lento y golpea el cuello de los ahogados?
¿Quién encontrará mi carné
de identidad
y reconoce el labio
y cierto, un día bebimos un café
y él pasaba por mi casa
y dicen, tenía una mujer bella
y qué malo, el tiempo, el voraz
En las mañanas el sol cae diagonal
yo lo he visto
adentro la esposa prefiere dormir hacia la pared
para que los bichos no le coman los pezones
para que disfrace mi antigua contradicción
los cielos que acompañan
los mendrugos que me van a negar
el hospital blanco para decir adiós
como T. S. Eliot tras los cristales
¿Quién a esta hora me escribe una carta
o recuerda el pan y los potajes
y la cerveza en la plenitud de la madera y los niños
que me rodeaban
para que yo les perdiera una moneda
o sacara pájaros y arrecifes?
¿Pájaros? Pero esta ventana gira su aire
y he aquí su verde, su tenuidad
y es otro el extremo de la isla
¿Cuál de ustedes heredará mis costumbres
se ría de la vez que lloré al leer:
Y sin embargo, los muertos no son, no pueden ser
cadáveres de
una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron
siempre de
vida.
Estáis muertos.
He aquí la harina que tiembla
el niño que cruza a nado las mínimas aguas
y un día se va de su casa
se va al brebaje de la esposa
a la trampa del cilantro
a la deidad de no decir las veces de empuñar
su espada y arremeter de lobo y colibrí
leerse en voz alta: quiero decir mi trémulo,
/patriótico peinado
y no me siento al borde de la cama para que
me surquen
o pleiteen y yo le beso el cuello alto y quiera
/deletrear
el reverso de las postales que envié el pasado
/diciembre
Las hierbas me van a merecer
aunque yo no estrene una corbata
o silbe más o menos feliz
y me quede a mirar el cielo como un trasnochado
Ya
he recobrado mi oscuridad
nunca puedo calcular estos regresos
De niño yo miraba al ojo del buey
y tenía miedo del cuerpo cóncavo y aturdido
del buey que me miraba
Labio y tentación no son más que una verdad
y todas las naves no tienen coraza y bandera
algo que resguarde del frío
Mañana o pasado me acodaré en la ventana
y haré memoria del vino
memoria de cuando yo era un solo
y hacía la fábula
y no besaba el cuello alto de la esposa
y de lejos llegaba un rumor de árbol y sentencia.
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| Que
yo escribiera un soneto a Juana Borrero |
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El
oficio del hambre, 1991
Roberto
Fabelo |
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La
mano
que ahora cruzada por los aduaneros, va a detener el
labio que tercia y levanta. He aquí las costas
moradas,
algas de un levante y su ciclo. Que la boca esquirla
justo al tenue y de nuevo la mano que mueve y tiembla.
Pasa de escarabajo a virgen y no es exacto que
viene desnuda o retoma la claridad que adelgaza. Donaire
y volutas serán la quiebra y su montaraz. Que
ya
no es el labio pienso y determino y la palabra oxidará
la lengua de la bella en el estanque por no decir los
espejos, ese alfanje que ha cortado su ombligo, su
capricornia manía de mirar a Julián del
Casal. Que la
mostaza de su pecho reviente el XIX. Que yo escribiera,
vaya ingratitud. Perdiz que se ha posado en el atrio
estable y devorado: Cianuro en ascuas.
Ya harto
enarbolo y pierdo
Desde ya comienza el trasiego
y ella
recostada a las columnas
casi toscanas
y que yo escribiera un poema
es decir
un soneto
a Juana Borrero.
Un
país es como una novia
uno ama sus precipicios
y todos los días conoce un poco más de
sus aguas
Una novia es como un país
te siembras y no pones en peligro su perfume
Y es aquí donde radica el misterio
la casa es larga y viene a la deriva. De un machetazo
han muerto al bandido que asustaba a bichos y perros
que perdían el sentido de ladrar. Yo estoy desde
siempre
en esa foto. Veo flotar la bandera, al parecer le han
comido dos puntas, pero es el viento que mezcla las
cosas malas con las buenas
A la novia le han hecho unos tajos
ni el zumo de la verdolaga cura estas diatribas
de la guerra
Tengo al país a un soplo de la mano
y hablo con los héroes
Martí dice la palabra exilio y se queda mirando
las
tablas de mi casa que ya dije era larga y viene a la
deriva. Yo sigo en esa foto, me rodean unas frutas,
algo milagroso va a caer del techo. Mi padre enseña
unas revistas: Este es Máximo Gómez,
éste es el Che
y los caballos pasan sin otro ademán que poner
los
puntos sobre las íes o el mapa que cuelga de
mi cuarto
Cuando la novia no está
anochece del país para adentro. Ella no sabe
las comidas que hicieron posible al calígrafo
que en 1940 mandó postales por encima del mar
País Novia, largo y acomodado, te amaso con los
dedos y escucho el sonido de los jinetes que ya han
puesto los puntos sobre las íes y el mapa no
resiste
tanta quietud
Novia
estás condenada a esos ríos que al llegar
a la ciudad
son turbios pero inseparables. Te elogio como a este
país que me gano todos los días y ya sabrás
las circunstancias en que uno detesta la sal
y el almanaque
Sigues con esos tajos y el mejunje que puede salvar
no está en los que al otro lado se retratan orondos
y no
han paseado por un camino de vaca escapada de los
corrales y las mieles
Novia hasta los huesos
País mío por siempre
quisiera para ustedes un larguísimo elogio que
diga
de la carne el silencio y el metal, abuelos y dictaduras
Los amo tanto que los confundo
País-Novia
Novia-País
Éste
mi larguísimo elogio.
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Huesos
en busca de carne, 2003
Roberto
Fabelo |
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Amigo
está por acabarse el siglo
y me gustaría que vieras esta foto
antes que los copos de nieve y sangre
borren de por siempre esas noticias
De izquierda a derecha
con una mirada de ángel hay una mujer con bigotes
ella es Frida Kahlo y su mano reposa sobre la mano
de un tal Trotsky (que se lleva a los ojos una
manzana) luego hay una columna dórica (ahora
está
sepia pero en el momento de la foto era roja). Le
sigue un hombre con un cocuyo en la mano y un
tabaco en la boca (hace círculos de luz para
que
veamos en esta oscuridad) y parece darle la espalda
a una niña que se llama Greta Garbo (ella juega
con
un papalote) y esa mano que sale de la nada en un
ademán de arrebatarle su juguete es Salvador
Dalí.
Muy al fondo puedes leer un cartel que dice
"Proletarios de todo el mundo Uníos"
hacia el
extremo derecho un hombre agrega con un pincel
"Último Aviso" la memoria me falla
pero me jugaría
la vida que es Pablo Picasso. Le siguen otras
personas que a juzgar por las vestimentas son
cuáqueros y rusos o chechenios sabe Dios. Sobre
la
mesa hay cebollitas búlgaras y unos vinos Rene
Barbier Rosado. La muchacha y el viejito son María
Kodama y Jorge Luis Borges. El que se está bajando
de la cruz es Jesús. La del traje de enfermera
de la
Segunda Guerra Mundial es Isadora Duncan, el que
le pide una mano a Lenin para aplaudir
es Valle-Inclán y ese de mirada tenue que tiene
un disco de Los Beatles en la mano es Mao Tse Tung
Amigo mío
está por acabarse el siglo
y me gustaría que vieras esta foto
antes que los copos de nieve y sangre
borren de por siempre estas noticias aunque lo más
importante es que recuerdes que esto fue hace
tiempo cuando no éramos de dos bandos y había
cebollitas búlgaras y unos vino Rene Barbier
Rosado
y un hombre con un cocuyo en la mano y un tabaco
en la boca.
Estás
ahí
como un inmenso pedacito de tierra
que Dios ha puesto sobre el agua
Estás ahí
como el toro que va rumbo al matadero
y deja un rastro de cenizas y aire
Hay una vicaria machucada
un jardín a la deriva donde juegan las niñas
Hay un Altazor que restalla
una madreselva donde todo se esconde y la ropa de los
cordeles semeja un barco sobre la planicie. Estoy aquí
bajo el cielo que me han dado y me pongo a dibujar el
arroz y las viandas / los gatos y el mejunje / las sílabas
y los muertos / no soy más que otro cualquiera
sentado
de espaldas al mar y desoye el rumor de las barcas,
el
parloteo de los marinos, la espuma que dejan los pájaros
cuando se internan en la montaña
No me tientes a decir la palabra crepúsculo
esa discordia entre la claridad del día y las
sombras
chinescas que me aturden. No me tientes a caminar
sobre las lajas pues tengo miedo de los hilillos de
sangre
que dejaron los perros
Este que ves temblar es uno que ha estado palpando
la siempreviva y ha regado su perfume
Estás
ahí
y nadie salta ese silencio de agua
esa neblina por la que adivino los cordajes de la ceiba
el laberinto de Creta que me va a perder a medianoche
Estamos aquí
piedra sobre piedra
ojo por ojo
lengua que han puesto bajo el mortero
de las especias
para que yo invente el estío
para que yo invente los ciervos
para que yo me ponga una camisa de fuerza
y enarbole el vaho de la tarde
Esto ya no tiene límites
ni las flores de aire que han puesto sobre el pretil
ni los abrevaderos que dividen a las provincias
Nada es palpable
He aquí
estoy sentado como un hombre que mira partir
a su hermano a la guerra y el agua moja a las piedras
donde yace un polvillo parecido al muérdago
Estas serán las últimas palabras que diga
de la corteza y la podredumbre
Esto ya no tiene cortapisa
Han cortado un bosque de palmeras y no me atrevo
a sembrar un almendro por el miedo a esa carne
interior que me recuerda a una lágrima y sigo
sentado como un hombre que dispone de sus
denarios y pone en jaque la saliva y el tórax
Yo pude predecir estas batallas
dudar de la paloma que emigra y ahora es escombro
planicie
levedad
Esto no tiene periferia y han puesto el pie sobre una
parte del mapa
allí donde hay un río y una mujer de cuello
alto
respira y mordisquea las hierbas del viernes
Esto es un asunto de Dios y su diestra
Esta es la balada que comencé a cantar cuando
no
había nacido y no tenía un pasaporte un
hueso una
hoguera donde poner a secar las humedades
del viento
¿Quiénes al fin convidados vienen a quemarme
las uñas?
¿Cuáles sin otra fiereza ponen cianuro
y mostaza
a la hora del crepúsculo?
Tales y Otros vienen a mi puerta yo les preparo
cocimientos y ternuras me celebran las plantas y los
gatos y yo voy por un poco de agua yo voy por un
poco de confianza y extiendo el mantel de navidad
y los perdono con euforia
Esto ya no levanta su cuaresma
veo pasar leves quincenas
me siento a esperar el cartero junto a la planicie
Es otro el hombre que dibuja la penumbra para que
yo me pierda
No hay un jilguerillo para que me guíe y me quede
azorado de la miel
de la aspereza
de los címbalos
Finis Pais
al polvo voy
al fuego impuro
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| Estrella
y yugo (lamentoso) |
¡Ay!
si yo tuviera dos Matrias
que no fueran Cuba y la noche
¡Ay! Si yo
un plátano sonante
un escudo carmesí
¡Ay! Si yo dos perros
una silva patriótica
un cargo municipal
¡Ay! Si yo tuviera
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| El
regreso de la tórtola (tremolando) |
Tórtola
mía
Ahora que estás presa
-Isla entre dos luces-
veo que tu sombra se aviene como un Golem
un triunfo
una dádiva
Tórtola mía. Mira eso
sin cama
sin mesa
Los pies rojos del tanto caminar
cimarronzuela
es decir los límites.
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| Instrucciones
para matar un colibrí |
Cuán
triste. Estoy detenido al filo de la bandera
con miedo de esos tres azules
y los blancos repartidos en puntas y franjas
Otra cosa es el rojo
-Almácigo tenaz donde los héroes
y las luciérnagas vienen a tragar oscuridad
Estallan los caballos en la planicie
me apresto a buscar el pajarillo
y sacarle los ojos
hacer enaguas de sus plumas
poner en su pico un epitafio
hacer del colibrí un bebedizo amargo
y regarlo por el jardín al amanecer
Amotinado y célebre
he oído contar unas mentiras
que sobrepasan las hierbas y coronan
los huesos de las mujeres que nunca me besaron
y ahora pasan con unos trajes de dril
y torbellinos menos o torbellinos más
se quedan a mirar cómo el rumoroso vuelo
extermino de una vez
Cuán triste. El viento inicia su litigio con
la blanca
pared
donde se espera mi sombra -la sombra recortada
y extranjera-
y de un estornudo me apodero del cuchillo:
ese simulacro de metal
que han puesto en mis manos
Esto será el Apocalipsis
será abrir siete puertas en siete casas:
-Una para la estrella no tan solitaria junto
a los anillos del platero Darío Romano
-Otra para las franjas azules que resguardan un baúl
lleno de los escritos de Martí
-Una para esa blancura dividida en dos por el tiempo
como aquel cuadro de la santísima trinidad
de Manuel del Socorro
-Otra para el triángulo donde se confunden
las frutas pintadas por Rubalcaba
-Una para el viento que lo enarbola todo y se cuida
de no esparcir
las cenizas de Heredia
-Otra casa donde estoy conversando con Tristán
de Jesús Medina:
brillante y sombrío como un faisán
de Indias
-y finalmente una casa inmensa
donde se esconde el colibrí
y las mujeres se disputan las peinetas de Plácido
aquellas peinetas ideales para Fina García-Marruz
o la condesa de Merlín
He aquí los siete sellos que traen la silueta
de un pájaro degollado
(nada tan solemne que esa avecilla
cuando desoye las cornetas que amonestan al dragón
que se quiere comer al colibrí, a los dos monstruos
que quieren reducir el ojo a vidrios que luego uno
se encuentra bajo los árboles
La sangre del colibrí cae en siete copas
una es para derramarla en la tierra (cinco leguas
a la redonda)
otra es para verterla en el mar
y que nazcan azucenas para estar más cerca
del colibrí
La tercera copa la voy a derramar en el Cauto
o en el San Juan de Matanzas
(ya tendremos, José María, nuestra catarata)
Ah, Sol, tú no quedarás sin esa sangre
que ayude
al arco iris
Sangre para el trono del monstruo
y que su reino quede reducido al quejido de uno
que se muerde la lengua
y yo me voy a beber dos copas y me cuidaré
de las ranas y el marabú
me cuidaré sobre todas las cosas del Ángel
de la Guarda
Las mujeres que nunca me besaron abren sus piernas
y de ellas sale el pájaro que persigo como
un pronombre
y no me importa que tenga diez cabezas o siete
cuernos
y todo sea abismo
idioma por aprender
flauta que se olvida y retoma su sonido
a media noche
Ahí
viene
(llega clamoroso como aquel ángel que bajó
del cielo
para anunciar la caída de Babilonia)
He dispuesto un tira piedras / un tragasol /
unos miraluces
para adormecer los belfos de los caballos
que le acompañan
Busca un escudo Colibrí
atrinchera tu plumaje
pon a buen recaudo ese sostenido aletear
que ayer vi al fondo del jardín
Aquí estoy
y veo pasar una carga al machete
y por el flanco izquierdo va un caballo blanco
y el que lo monta se llama Fiel y Verdadero
(Se ve tan bello recostado al oro de la tarde)
Todo el aire municipal enerva y pliega su exactitud
en pos de tu zumbido
Es la hora de comer carne de reyes
y aquí tengo la llave del abismo falso colibrí
arrodíllate y pide perdón
no te confunda con el almácigo
ni la paloma y mucho menos con el perro jíbaro
que en la nocturna
ya no se cuida del riflero
La desnortada acacia no es tu nombre
cero esmeralda, nulo carmín
ven y liba de esta mano convertida en flor casi
vegetal
voy a torcerte el cuello, macerarte la garganta
con hojas de higo
ven a la centinela patriarca del vuelo
ven, pájaro bizambo y desorejado
ya tengo listos los alfileres para sujetar tus colores
y pegarlos en esta bandera donde estoy parado
con miedo de que se pierdan sus remotos azules
sus blancos repartidos en franjas y puntas
(escoltados por un triángulo donde los héroes
y las luciérnagas
vienen a tragar oscuridad)
y entonces no será posible la salvación
de esta Isla
ni de aquellos que quieren matar al colibrí.
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Quince
retratos locos, 2003
Roberto
Fabelo |
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Reinaldo
García Blanco (Sancti Spiritus, 1962)
Dirige el Centro de promoción literaria José
Soler Puig, de Santiago de Cuba. Es uno de los autores
más premiados de su generación. Entre
sus libros y folletos se cuentan Larguísimo
Elogio (Eds. Vigía, 1990), Textos
para elogiar a la Novia y al País (Luminaria,
1993), Perros Blancos de la Aurora
(Oriente, 1994), Abaixar las Velas
(Pinos Nuevos, 1994), Reverso de Foto &
Dossier (Abril, 2000). Ha sido antologado también
en compilaciones como Los Ríos de la
Mañana (1995), Poetas de la
Isla (1995), La Isla Entera
(España,1995), Las Palabras son Islas
(1999), La Eterna Danza (2000). |
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