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Ha
muerto Ángel Gaztelu. Así como si nada
se ha ido otro origenista, siguiendo al puñado
de artistas cubanos de distintas manifestaciones que
han muerto últimamente. Con ellos vivió,
pero con su partida se hace aún más
visible, la tradición que pesa sobre una nación
que ha parido, a falta de mayores riquezas, una espiritualidad
de envidia.
La isla en peso ha querido
dar cuenta de esa acumulación de razones del
alma en una edición donde se cruzan tradición
y ruptura con una comodidad que asombra.
Por un lado, hacemos Una
reverencia al Padre Varela rescatando aquí
fragmentos de su último texto, las Cartas
a Elpidio; por otro, proponemos dos cuentos
de la joven narradora Mariela Varona, bañados
de la violencia cotidiana y los olores de la carne,
en su libro Cable a tierra.
La historia se hace territorio fértil para
el autorreconocimiento de lo cubano en la entrevista
que ofreciera Leonardo Padura para la presente Entrevisiones;
mientras que el poeta Reynaldo García Blanco
se bate con los espectros de la poesía cubana
en los textos que integran Instrucciones
para matar un colibrí. Asimismo,
José Quiroga recupera a un Piñera
inconcluso (otra vez Virgilio, El Inacabable)
y Amado del Pino se va al campo cubano en El
zapato sucio, acaso el texto dramático
más importante del teatro cubano del momento.
Por último, el escritor Lorenzo Lunar evoca
su recorrido por las brumas de Granada en nuestro
Parque Central y Las
últimas bibliotecas de la isla comentan
la antología Textos de teorías
y crítica literarias (Del formalismo a los
estudios postcoloniales), inestimable esfuerzo
del mundo académico cubano por actualizar su
instrumental.
Así va la isla. Viaja con un fardo que es apenas
desafío para el continuo hacer.