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Donde las arenas son más diáfanas
Gabriel Pérez

Cada siete de diciembre en la Catedral de San Isidoro, la iglesia de San José o la Parroquia Nuestra Señora de la Caridad de Vista Alegre, a las seis de la tarde, un sacerdote ruega por el alma de quien fue el enfant más terrible de la historia holguinera, un hombre que se marchó dramáticamente de este mundo, en 1990, suicidándose con una sobredosis de barbitúricos en su solitario apartamento de Manhattan.

Reinaldo Arenas

Oneida, su madre, es una gran lectora, nació en parajes bucólicos que rodean la ciudad. Entre los libros que alcanzo a ver en un stand de la casa sita en calle 10 de Octubre, en la Ciudad de los Parques, se encuentran: Balzac, Víctor Hugo, La Biblia... Ella está cumpliendo años esta tarde gris en que conversa, nostálgica pero lúcida, con la misma diafanidad del primer día. El médico diagnostica que los calambres y su desequilibrio al caminar se deben al Mal de Parkinson. La catarata se está haciendo sentir en sus ojos ávidos de lectura. Y cerca de sus manos, pero lejos de su corazón, hay maletas...
Tanto ha cambiado el panorama dejado por nuestro escritor el 4 de mayo de 1980 que en la ciudad existe, como evidente homenaje al personaje más significativo de la novelística holguinera, un certamen auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz bajo el nombre de Concurso Celestino de Cuentos.

- Hay mareas constantes en la vida, obra y muerte de Reinaldo. Pero el mar de Gibara está de fondo en muchas de sus descripciones de otros mares. Allí tuvo su prístino baño frente al Atlántico, yendo hasta él de manos de la abuela Toña.
- Ese día había ido a Gibara con el círculo de abuelos en el que yo estaba en esos tiempos, y cuando llegué a mi casa... no ese día, porque ese día no me lo dijeron, pero al otro día me dijeron que mi hijo había muerto. Y juré que nunca más volvería a Gibara. Yo me había ido para Gibara pensando en él, porque siempre lo recordaba cuando veía los paisajes campesinos. A él le encantaba el campo. Yo venía ese día tan triste. Y era eso, mi hijo estaba muerto.
Recuerdo que estuve gritando tanto por la muerte de mi hijo como nadie es capaz de considerar, porque él luchó y pasó tanto trabajo y nunca fue feliz. Siempre se sintió triste. Solitario. Él iba mucho a Gibara. Y en La Habana, como vivía cerca del mar, siempre estaba en el mar. Se pasaba la vida allí, en el mar.

- Conozco a mucha gente con la inquietud de saber las opiniones albergadas en el alma de una madre, que puede considerarse una gran lectora, sobre un hijo escritor que ha dejado una de las literaturas más polémicas y controvertidas de los últimos tiempos...
- De las cosas que él escribía lo que más me gustaban eran sus cuentos, eran cuentos sanos, de un niño sano. Yo he perdido una revista Unión donde él publicó sus primeros cuentos: La punta del Arcoiris, Con los ojos cerrados, y otros que no recuerdo ahora.
Me gustaban más sus cuentos que las novelas. Las novelas eran más crudas. Más duras. Y los cuentos eran de un muchacho sin esa maldad que adquirió en La Habana. En La Habana había mucha maldad.
Cuando triunfó la Revolución él sintió que aquello era lo más grande que había ocurrido. Que al fin iba a ser lo que él siempre había anhelado. En Holguín todo el mundo lo quería. En La Habana tuvo amistades buenas, pero también muchas amistades malas. Hay gente que le hace sombra al otro y no cesa hasta acabar con él...

- Reinaldo, durante sus cuarenta y siete años vivió en ciudades que van desde Holguín, La Habana, Miami, hasta Nueva York... en ninguna se sintió completamente a gusto. Es archiconocida su definición de Holguín como "una inmensa tumba, con sus casas bajas simulando panteones castigados al sol..." ¿Usted se marcha de nuestra ciudad?
- Es necesario. Holguín es una ciudad muy bonita, pero con mucho abandono. Nosotros hemos sido muy holguineros, todos los hermanos. A Reinaldo le gustaba Holguín también. Lo que pasa es que en La Habana vio más oportunidades. Yo viví en los Estados Unidos pero regresé y ya siempre me quedé aquí en Holguín. Juré que ya había pasado bastante trabajo en mi vida y que mi hijo no iba a pasar lo que yo sufrí... Porque lo más triste que hay es la ignorancia. Me duele que me sacrifiqué y nunca fue feliz. Él fue pobre, pero nunca con miseria. Y no fue feliz.
Uno tiene que ser en cada momento lo que en cada momento sea necesario, como dijo Martí, y es verdad. Yo siento muchísimo irme, pero mi hermana Onelia se va y yo siempre he vivido cerca de ella. Ella se va, su hijo es periodista y vive en La Habana, y yo no sé qué sería de mí si me quedara sola sin ella.
Mi hijo nunca quiso que yo me fuera a vivir para La Habana. Él decía: "Quédate en Holguín siempre, que Holguín es muy tranquilo". Pero la vida va cambiando de acuerdo a las circunstancias, y hay que asumirla.

- Después que Reinaldo dejó la Isla, partiendo en 1980 por el puerto de El Mariel, ¿volvió a encontrarse con él fuera de Cuba?
- La primera vez que fui, lo vi de lo mejor. Estaba contento. Trabajaba bien. Me ayudó a comprar algunas cosas para la familia. Me dijo que tenían buena acogida sus libros, sus conferencias...
Después, la última vez que fui lo hallé muy mal. Yo le dije: "Tú estás enfermo, Reinaldo". Y él me dijo que no, que estaba bien, que eran ideas que yo me hacía... Hasta última hora, me lo negó.
Cuando él estaba en La Habana y lo visitaba, yo regresaba para Holguín llorando en la guagua. Veía a mi hijo tan triste, era terrible cómo yo sufría al verlo así, solitario, apartado de todo el mundo. No quería tener amistades. Estaba tan amargado, con tan mal carácter. Los últimos días de mi hijo deben haber sido de mucho sufrimiento, como casi toda su obra.

- En el libro Termina el desfile hay un cuento: La madre y el hijo, en el que un personaje dice: "Deberías leer menos. O no leer nada. Eso hace daño..." ¿Cuáles son los recuerdos que mejor conserva del niño escritor-lector?
- Lo recuerdo escribiendo en los árboles, escribiendo en papeles de regalo, en cualquier papel que caía a su alcance. No sé qué cosas escribía, pero era una obsesión que lo hacía diferente. Yo siempre supe que él iba a ser diferente de todos. A él le gustaba tanto leer. Él comía con un libro en la mano. Al lado de la comida, un libro. Su vida era leer, leer, leer.
Yo no he podido leer todas sus cosas. Hay cosas muy fuertes. Las empiezo a leer y paso unas cuantas páginas para seguir leyendo. Me gusta lo que dice de sus viajes, sus amistades. Pero después tiene cosas tan pesadas, tan terribles, habla mal de la familia, cosas que no son ciertas. Esas son cosas negativas. Sin embargo, tiene muchas cosas bonitas, de sus amistades, sus viajes por los Estados Unidos. Él dice que llegó allí huyendo del comunismo y se encontró con un pueblo sin alma.

- Refiriéndose a la primera novela de Reinaldo, el poeta Eliseo Diego dijo que se trataba de un hallazgo prodigioso… antes de convertirse en el personaje mítico de nuestra literatura, ¿quién fue Celestino?
- Reinaldo se inspiraba en los nombres de la familia. Cuando a él le publican Celestino antes del alba, yo estaba en Holguín. Celestino fue un tío. El tío más querido en la familia, el hombre más honesto del mundo. El tío que más lo quiso a él... Celestino murió en la calle Cervantes, aquí en Holguín, después de un infarto al miocardio… Un día, mi hermana pasó un telegrama desde La Habana diciéndonos que a Reinaldo le habían dado la Mención de honor por su novela.
A él lo ayudó mucho Camila Henríquez Ureña. Yo tenía en casa un libro escrito por ella donde hablaba muy bien de Reinaldo. También Lezama Lima. Pero cuando él odiaba, odiaba de una manera terrible. Eliseo habló bien de él. Pero él se amargó tanto que también habló mal de Eliseo Diego. Eliseo dijo que una vez él fue a Rusia por un amigo que lo invitó y cuando regresó, Reinaldo le reprochó su viaje a Rusia.
También Delfín Prats. Delfín es un gran poeta, lo que pasa es que es medio loco. Es una buena persona. Es noble, sencillo como no hay otro. Lo que pasa es que él ha vivido siempre muy solo, en mucho abandono. Mi hijo y él tenían muy buena amistad, con sus problemas, como es natural. Delfín es muy bueno, pero ya te digo, es algo loco.

- ¿Qué suerte ha corrido la madre de un escritor cuya vida y obra han sido llevadas, incluso, hasta Hollywood? ¿Qué significan para Oneida Fuentes Rodríguez, las palabras: derecho de autor?
- Nada he recibido ni por su película ni por los libros. Lo que más desearía es volver a ver a mi hijo, te lo he dicho varias veces que sueño con reencontrarme con él. De España, de Francia y de los Estados Unidos hay gente maravillosa que me escribe y me da aliento. Margarita y Jorge Camacho, por ejemplo. Ya murió Roberto Valero en Washington. Alberto Lauro también se comunica conmigo desde Madrid. Y Luis Marcelino, un poeta de aquí que vive en Miami. Pero los derechos de mi hijo yo no sé en qué han parado. Yo creo que todo está detenido.

-Before night falls es el título en inglés de la película basada en la autobiografía Antes que anochezca
-La autobiografía la hizo él. La película no. Unos dicen que la hallan bonita y otros dicen que no tiene nada que ver con mi hijo... Pero eso es como todo. Cada cual sacará su propio partido. Antes de la película, cuando él estaba lejos de la muerte, ya era así. Tal vez la película hubiera tenido más suerte si la hubieran hecho aquí, quienes lo conocieron en su dolor más grande, sus días en la cárcel, y ese desasosiego por todo que lo mantenía tan ansioso, siempre luchando, buscándose problemas.

Oneida, mamá de Reinaldo Arenas

Oneida está preocupada. Si las cenizas se pierden, se perdería la última huella del cuerpo de su hijo en Manhattan... Lázaro, amigo de confianza en la "aventura" de 1980 se ha comprometido en salvarlas.

- Él fue cremado como pidió en su testamento. No he sabido nada más. Sólo que sus cenizas están guardadas en Nueva York. Yo hubiera querido traerlas para Holguín, guardarlas aquí, pero no me lo permiten... y eso me causa una gran preocupación. No sé si de verdad las tienen guardadas. Lázaro, su amigo, no me contesta. Yo le he escrito varias cartas pero nunca me ha contestado. Él debe tener las cenizas, pero quién sabe. No es cuestión de caprichos. Creo que al menos sus cenizas tengo derecho de reclamar. Yo creo que pensándolo bien ya lo he perdido casi todo.

- ¿Cómo desea despedirse de los lectores de su hijo sabiendo que, sin dudas, son muchos en esta ciudad y más allá de sus colinas?
- Deseándoles mucha felicidad. Y, que aunque sea algo tarde, les agradezco que hayan reconocido la obra de Reinaldo aquí. Y que se quede en la memoria de los holguineros, sobre todo, su obra y todo lo que se quedó inconcluso. Todo lo que él quiso hacer y que ya el tiempo no le alcanzó. Les agradezco que lo admitan y les deseo muchas felicidades.

Tomado de El Caimán Barbudo

Adiós a Ángel Gaztelu, voz esencial de la poesía cubana
Pedro de la Hoz

Ángel Gaztelu junto a Lezama

A los 89 años de edad falleció ayer el poeta Ángel Gaztelu, una de las voces esenciales de la lírica cubana del siglo XX. Cintio Vitier, hermano más que amigo del autor de Gradual de laúdes, definió su obra como "fina captación de lo cubano como interior y como paisaje (...) que no constituye nunca una obsesión ni un objeto absorbente de confidencia o búsqueda, sino como un leal instrumento, en humilde sitio mantenida, de gloria diáfana y venturoso cántico".
Nacido en Puente de la Reina, España, en 1914, Gaztelu, junto a su familia, se instaló en la Isla trece años después y se hizo entrañablemente cubano, no solo al adoptar la ciudadanía, sino por sensibilidad.
Prácticamente en los mismos días en que recibió la orden sacerdotal, tras haber estudiado en el habanero Seminario de San Carlos y San Ambrosio, Gaztelu se daba a conocer como poeta, al acompañar a su fraterno José Lezama Lima en las páginas de la revista Verbum, en 1937. También colaboró con Espuela de Plata (1941) y Nadie Parecía (1943), hasta que como algo lógico y natural, participó en la fundación de Orígenes, en 1944.
Bajo el sobrio título, Poemas reunió sus versos de aquella época en un cuaderno publicado en 1940. Pero su más celebrado libro sería Gradual de laúdes, que vio por primera vez la luz en 1955, ilustrado por René Portocarrero. Letras Cubanas realizó una reciente edición exitosamente acogida por la actual generación de lectores.
Ante el deceso del poeta, la doctora Graziella Pogolotti recordó ayer en La Habana su vinculación con la vanguardia artística, evidente en los encargos que hizo a Portocarrero y Mariano Rodríguez para que pintaran murales en la Iglesia de Bauta y la capilla de Baracoa.
Desde 1988 residente en Estados Unidos, donde murió en Miami, Gaztelu mantuvo un vínculo muy vivo con la cultura cubana. En el 2002, con motivo de la entrega del Premio de Crítica de Arte Guy Pérez Cisneros, visitó por última vez su Patria y sostuvo un memorable encuentro con Cintio, Fina García Marruz y Roberto Fernández Retamar, en la Fundación Ludwig de Cuba. En esa oportunidad, abordado por Granma, expresó: "El cuerpo de esta isla siempre vivirá en el tiempo y nada ni nadie podrá reducirlo a cenizas".

Tomado de Granma

Celestino premió
Rubén Jorge 

El Concurso Nacional de Cuentos Celestino, auspiciado por la Asociación Hermanos Saíz en Holguín, premió en su quinta edición a la obra De la felicidad y otros temores, del camagüeyano Obdulio Fenelo Noda, por abordar con eficacia literaria y mediante un lenguaje adecuado asuntos de profunda reflexión existencial.
Se otorgó también primera mención a Iván Darias Alfonso, de Santa Clara, por El negro Vergara, dueño del mundo. Asimismo se entregaron menciones a Víctor Hugo Pérez Gallo, por Sólo lo fugitivo permanece y queda, y a Daneris Fernández Fonseca, por Sábanas blancas.
El jurado, compuesto por los escritores Anna Lidia Vega Serova, Ángel Santiesteban y Rubén Rodríguez, resaltó el valor literario de la mayoría de los textos presentados y sugirió la inclusión de los mejores en Cuarto Libro de Celestino, volumen resultante del certamen.
Desde 1999 se han publicado tres ediciones del Libro de Celestino, co-editado por Ediciones Holguín y Ediciones La Luz.

Noam Chomsky en el Palacio del Segundo Cabo
Laylí Pérez Negrín

Chomsky de paseo por barrio de Pogolotti

El paso de Noam Chomsky por el Palacio del Segundo Cabo, este miércoles 29 de octubre, con el propósito de completar la presentación de Noam Chomski en La Jornada, reunió uno de los públicos más numerosos que se han dado cita en los portales de este edificio. Como en los momentos de las grandes presentaciones de los últimos tiempos: los Cuentos completos de Piñera, el Ulises o Memorias de Adriano, acudieron a la sede del Instituto Cubano del Libro una buena cantidad de perseguidores de este intelectual norteamericano reconocido por sus aportes a la lingüística y a la politología. También engrosarían la cifra de personas algunos de los participantes en la reunión del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, que sesiona en estos momentos en La Habana, varios medios de prensa cubanos y extranjeros, y distintas personalidades de la política, las letras y la intelectualidad de la isla, entre las que se encontraban el Ministro de Cultura Abel Prieto y el Presidente del ICL, Iroel Sánchez.
Retomando su participación en el lanzamiento, durante la última feria del libro, de la edición cubana que compila algunos de los artículos publicados por Chomsky en La Jornada, el presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón de Quesada, les fue relatando a los presentes los vínculos de este intelectual con Cuba, y sus esfuerzos para informar a otros, para comunicar y vincular, para romper ese aislamiento entre las personas, que es usado como arma de dominación por los centros de poder.
También recordaría que antes de los 30 años Chomsky había revolucionado la lingüística y que su participación en el rumbo de la politología contemporánea ha llevado a algunos a reconocerlo como "el americano imprescindible", ese que ha aportado su luz al mapa que describe la realidad política, social, económica y cultural de estas décadas.
Después de explicar que solo pretendía decir unas breves palabras, Chomsky agradeció la oportunidad de aproximarse de una manera más concreta a Cuba, y reconoció la admiración que sentía frente al valor y el compromiso demostrado por los cubanos a la hora de defender su independencia. También se refirió a la contribución histórica de Cuba a la soberanía de distintas naciones africanas, y al apoyo que ha prestado a países latinoamericanos y de otras regiones del mundo en campos como el de la medicina y la educación.
Pero lo que pretendió ser una breve intervención, terminó extendiéndose hasta abarcar algunos de los problemas más urgentes que enfrenta el mundo contemporáneo, debido al interés de los presentes en formularle preguntas. Fue así como Chomsky recorrió las contradicciones entre el gobierno de Aznar y el pueblo español, que en un 80% se opone a su presidente; y el hecho de que una de las consecuencias inmediatas del 11 de septiembre fue el uso del terrorismo como pretexto para reprimir a la población, tanto en los EEUU como en otras partes del mundo. Las posibilidades de Bush de ser reelegido en las elecciones presidenciales, que tendrán lugar en noviembre del próximo año, fue otro de los temas a los que le dedicó su atención el intelectual norteamericano, alegando en este caso las grandes cifras de dinero que mueve el presente gobierno en función de su campaña publicitaria, y el uso del terror, como en administraciones anteriores de este partido, para ganar el favor de la población y desatar ofensivas contra distintas naciones del mundo, que supuestamente representan una amenaza para los Estados Unidos.
Antes de concluir, Chomsky se referiría a la necesidad de que el individuo se desprenda de las convenciones autoritarias y represivas, como única forma de alcanzar una mentalidad libre, una mentalidad que funcione de manera autónoma a esos centros de dominación que siempre intentarán conformar una manera de pensar y de actuar que los favorezca; y reconoció, en su respuesta a la última pregunta formulada, la escasa participación de la población en las decisiones de las democracias occidentales actuales, aclarando que este estado de cosas no es, sin embargo, una ley natural, que, como las demás creaciones del poder, es una realidad que puede ser subvertida.

Cuba bajo escrutinio en nueva novela negra de Amir Valle

BARCELONA, España (Librusa) - Una investigación ficticia que lleva a un personaje por los caminos del mercado negro de la droga en Cuba y a tener conexiones con ciertas esferas del poder en ese país, constituye en parte el eje central de la trama de la nueva novela de Amir Valle, titulada Entre el miedo y las sombras.
"Tres cadáveres aparecen en una de las tumbas privadas de Alex Varga en el Cementerio de Colón. El teniente Alain Bec, amigo de Alex, está con su familia en Santiago de Cuba y el viejo mafioso volverá a hundirse en el mundo secreto de La Habana oculta, igual que se vio obligado a hacerlo cincuenta años antes para poder sobrevivir en La Habana de las putas, la mafia y el juego", indica una nota a manera de sinopsis de la obra.
"Esta vez lo asiste una doble razón: averiguar quién cometió los crímenes y saber quién ha osado violar las claves que fijan su territorio en su poder marginal. La investigación lo irá llevando hacia los caminos del mercado de la droga en Cuba, a la revelación de los capos cubanos del narcotráfico y a las conexiones con ciertas esferas del poder real en el país y en otras naciones centroamericanas y los Estados Unidos", agrega la nota.
El autor dedica la novela a Francisco Alexander Vargas Machuca, descrito en un comunicado como "viejo hombre de la mafia de Meyer Lansky y una especie de alcalde de la marginalidad en Cayo Hueso, Centro Habana, quien le sirviera al escritor para caracterizar a su personaje Alex Varga".
Publicada en Barcelona por el sello Zoela, en su Colección Negrura, en Entre el miedo y las sombras reaparecen personajes de obras anteriores de Valle, como Las puertas de la noche y Si Cristo te desnuda.
Amir Valle nació en 1967 en Cuba. Además de las mencionadas, entre sus obras destacan La danza alucinada del suicida, Ciudad jamás perdida, Manuscritos del muerto y En el nombre de Dios.

Nueva novela de Leonardo Padura narra historia de los 60 en Cuba

SANTO DOMINGO, Rep. Dom. (Librusa) - El escritor Leonardo Padura, uno de los más importantes del género policíaco en América Latina, dijo que en su próxima novela, cuyo título provisional es La niebla del ayer, narra una historia que se desarrolla en los años sesenta en Cuba.
"La historia me interesa sobre todo porque los años sesenta en Cuba siempre se han escrito desde el punto de vista político y aquellos tiempos fueron mucho más que eso", dijo Padura en una entrevista publicada este miércoles en el diario El Caribe, de República Dominicana.
"El título es un verso de Vete de mí, uno de mis boleros preferidos (...) La historia será como uno de esos juguetes que se meten uno dentro de otro y van creciendo", explica el escritor, quien se encuentra actualmente de visita en Santo Domingo.
En ese sentido, explica que la obra "tiene tres elementos importantes: la vida actual de Mario Conde después de dejar la policía y dedicarse a vender libros viejos, la historia de una cantante de finales de los años cincuenta de la que nadie más ha vuelto a saber y la intriga de un libro maldito en el siglo XIX que él encuentra en su nuevo oficio".
Mario Conde es un policía ficticio que aparece en novelas anteriores de Padura y cuyo retiro fue anunciado en Adiós, Hemingway, obra que el autor cubano considera "muy peculiar" por haber sido fruto de un encargo que le hiciera La Companhia das Letras, editorial que publica sus libros en Brasil.
Otros títulos de Leonardo Padura son Pasado perfecto, Vientos de cuaresma y Máscaras. El autor vive en Cuba y sus libros son publicados por el sello Tusquets, de España.


Emir Sader en Cuba

El sociólogo brasileño Emir Sader dictó dos conferencias en el Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana Juan Marinello, en lo que constituyó una posibilidad para confrontar a una de las voces críticas más lúcidas de América Latina en la actualidad.
La primera exposición se titula Hegemonía y contrahegemonía en tiempos de guerra, y la segunda, Los dilemas del Brasil de Lula. Este espacio es auspiciado por la Cátedra Antonio Gramsci, orientada al estudio y debate de la interpretación marxista de las realidades contemporáneas.
La obra de Sader es ampliamente conocida en América y Europa. Se graduó en Filosofía e hizo el Doctorado en Ciencias Políticas, en la Universidad de Sao Paulo. Es autor de numerosos libros, entre ellos Siglo XX: una biografía no autorizada: un siglo de imperialismo y El poder, ¿dónde está el poder?
Ejerce como profesor de las universidades de Sao Paulo y Estadual de Río de Janeiro; en la primera desarrolla un posgrado sobre América Latina, en la segunda es el Coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas. Fue Presidente de la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS).

Tomado de Granma

En el epílogo nueva novela de Senel Paz
Mary Luz Borrego

Una nueva novela del escritor espirituano Senel Paz, entre de los más laureados literatos del patio, se encuentra en fase de terminación, según comentó a Escambray digital el propio autor, quien especificó que la obra en cuestión aún no tiene título.
El creador del cuento El lobo, el bosque y el hombre nuevo, que mereció hace alrededor de una década el Premio Juan Rulfo, otorgado por Radio Francia Internacional y el Centro Cultural de México, después de varios años dedicados al cine, retomó casi de cero la novela que entonces tenía en preparación y cuyo tema no reveló todavía.
El autor de los guiones de populares películas como Fresa y chocolate, Una novia para David y Adorables mentiras, durante los últimos tiempos también escribió tres cortos de ficción, colaboró en Lista de espera, Un paraíso bajo las estrellas y en dos filmes españoles: Malena es un nombre de tango, basada en una novela del mismo título, con la dirección de Gerardo Herrero y la importante actriz Ariadna Gil como protagonista; y Cosas que dejé en La Habana, de Manuel Gutiérrez Aragón, uno de los más destacados directores de aquel país.
Senel se ha dedicado, además, a la enseñanza y asesoría en el campo de la dramaturgia cinematográfica, en Cuba y en el extranjero, y llevó por tres cursos la cátedra de guiones de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio.
En su currículo aparece también que El lobo, el bosque y el hombre nuevo, se ha publicado en 21 países y 11 idiomas, entre ellos Japón, Suecia e Israel, y este año ha salido una edición de Un rey en el jardín, en Egipto. Fresa y chocolate acumula 19 versiones teatrales en 10 naciones, incluidos los Estados Unidos, donde se han realizado tres. El teatro El Público hizo una gira con su versión, dirigida por Carlos Díaz, durante seis meses por España con notable éxito.

Tomado de Escambray

Las palabras de un río
Dean Luis Reyes

Los proyectos editoriales suelen originarse como por combustión espontánea: hay un grupo de autores cuyas ambiciones desbordan el interés por sorprenderse entre sí y brota entonces la idea del libro como escenario para un diálogo con muchos más semejantes. A menudo hay una cabeza visible, un autor con la capacidad de liderazgo y la vocación emprendedora capaz de hacer coincidir "factores objetivos y subjetivos" que explican la actividad de una editorial. También los hay que surgen por decreto, y llegan para resolver un problema o incluso hasta para crearlo.
Ahora, ¿qué justifica la existencia de Ediciones Damují? Allá en Rodas, región de Cienfuegos por donde corre el río del que toma su nombre la editorial, surgió en 1992 lo que no ha dejado de ser un humilde intento por publicar la obra de sus autores y de otros que no lo son. Sus libros nacen en un mimeógrafo, con papel reciclado y una artesanalidad que, paradójicamente, redunda en cierto atractivo naif, pues la ausencia de una factura industrial da lugar a cuadernillos bien pintorescos.
He preferido dejar la pregunta con que abre el anterior párrafo sin responder por cuanto apenas imagino una respuesta. Apenas conozco que los vestigios rodenses de actividad editorial son bien serios. Se dice que el más antiguo antecedente data de inicios del siglo XX, cuando se editara allá el Directorio Geográfico y Económico de Rodas. Los investigadores José Ramón Calatayud y María Elina Espinosa aseguran que Cienfuegos no tuvo un documento semejante hasta 1908. Y a fines de los años 50 gozaba Rodas de periódicos y revistas propios, y así mismo pasaba con el vecino poblado de Cartagena. Con tales antecedentes, no era extraño que el afán editorial resurgiera no obstante las carencias.
La voluntad de publicar hizo arribar a la conclusión de que a Rodas le urgía un proyecto editorial. Así que en un principio tratóse de folletos más bien ingenuos, nacidos de una urgencia rayana en la imprudencia pero también en el ansia por fundar. Ya en 1996 creaban el Premio de Poesía Damují, dedicado a resaltar la poesía temáticamente vinculada al río y, en el año 2000, con la adquisición de la tecnología risográfica y el acceso a Internet, se hace posible otra resucitación: la del periódico El Heraldo de Rodas.
Tal publicación, vigente durante la década de 1950 en la zona, acogía sucesos locales y el manoseo de una identidad local con rasgos especiales. Hoy El Heraldo tiene una edición en soporte papel, formato tabloide, y otra en versión electrónica. Uno se entera en sus páginas del origen de las celebraciones locales, de la historia de personajes destacados no únicamente por su heroicidad épica, sino por su singularidad, de detalles del patrimonio, noticias, crónicas de costumbres, comentarios literarios, poesía, crítica de eventos, notas necrológicas y hasta breves reseñas de libros o viñetas dedicadas a rutilantes damas.
Es curioso El Heraldo. En su cabezal está la peculiar lechuza que contornea el escudo local, y en el bajante se lee: "Órgano de información general, arte y literatura, vocero de los hijos del Damují" y junto al fechado de AÑO I, la palabra RENACIMIENTO. En sus páginas se escribe con fervor regional, se da cuenta de una vida municipal que no luce pobre ni cuando alardea de su simplicidad, de su obediencia al ritual de la tradición. Allí se lee una historia pequeña que sugiere un ritmo propio, suyo, como el tic tac de un orbis mundi.
Todo lo anterior -y los más de 40 títulos que atesora Ediciones Damují, que van desde poemas de Dulce María Loynaz y José Ángel Buesa hasta esbozos biográficos de mártires locales y textos de divulgación científica- habla de una sonora rebelión ante el fatalismo geográfico e histórico de comunidades aparentemente condenadas a ejercer como subalternos frente a las capitales y los centros de emisión de mensajes culturales.
Desde esta obra chiquita que esbozo se ha alimentado el abolengo espiritual de una región que habla su idioma y tiene sus leyendas, su acontecer, sus cifrados, su historia, en fin. Y prefiere contarlas por su voz en vez de esperar por la atención ajena. Las voces de un campo cultural tan diverso como el cubano exigen de esta clase de creatividad. Y que donde haya gente con un imaginario lo suficientemente maduro como para dar prueba de sí, se haga la palabra, la imagen, el sonido, que siempre resultan preferibles al silencio.

Tomado de Juventud Rebelde

Arturo Arango gana el premio de novela de Casa de Teatro
Mijaíl Peralta

Los escritores cubanos Arturo Arango y Camilo Venegas y el argentino José Luis Pedroza fueron premiados este jueves en las categorías de novela, cuento y teatro, respectivamente, en la edición número 24 del Concurso de Literatura de Casa de Teatro.
La obra premiada de Arango, Muerte de nadie, fue ponderada por el jurado por su "alta calidad y por el excelente cuidado de las figuras literarias", según expresó la autora cubana Mayra Montero. Junto a Montero los demás miembros del jurado fueron Leonardo Padura (ganador de este premio en 2001) y José Rafael Lantigua.
El acto estuvo encabezado por Freddy Ginebra, director de Casa de Teatro, y por el director de comunicaciones del Grupo León Jimenes, Teodoro Hidalgo, quien destacó la labor que ha realizado en las últimas décadas la entidad que dirige Ginebra, "que ha permitido el desarrollo de la cultura en el país".
Freddy Ginebra, por su parte, agradeció el apoyo que ha recibido la Casa a través de los años, "sin el cual no se hubiera podido dar continuidad a este certamen", que comenzó en 1966.
El jurado encargado de premiar el renglón de cuento estuvo integrado por los autores dominicanos Arturo Rodríguez y Armando Almánzar y la escritora cubana Trinidad Pérez. Según esta última, la elección del primer lugar en esta categoría "fue una labor sumamente complicada, que conllevó largas horas de análisis". Agregó que ésta fue la razón por la cuál hubo que conceder siete menciones de honor, en vez de tres como estipulan las bases.
"Sin embargo, al final hemos resuelto premiar la obra Irlanda está después del puente por su gran cuidado en la construcción literaria y su perfección dramatúrgica, que la hacen muy sobresaliente entre las demás piezas", dijo. Junto a Venegas, quien es editor del suplemento dominical Pasiones, de El Caribe, fueron premiados el dominicano Osiris Vallejos (Cicatriz) y el cubano Eduardo Heras León (Mercy), segundo y tercer puesto, respectivamente.
Las menciones especiales en esta categoría recayeron sobre los cubanos Alberto Ajón León, Francisco García González y Alberto Guerra Naranjo, quienes se destacaron con sus piezas Sagas de un hombre sentado, No es bueno que el hombre esté solo y Sudoroso, respectivamente. También los dominicanos María Isabel Soldevilla (El Banquete de Don José), Ariadna Vázquez Germán (Ángeles) y José Acosta (Tiempos dificiles) y el mexicano José Luis Basulta Ortega con su obra El coño, el Diablo y el verdugo.
Pedroza, un argentino de origen que reside en el país, ganó con su pieza teatral El Incidente, de la cual el jurado, integrado por los actores y directores Iván García y Manuel Chapuseaux y el cubano Abelardo Estorino, resaltó "sus cualidades muy bien logradas técnicas".
Los demás lugares fueron alcanzados por el dominicano Lenin Comprés, por su pieza La razón era verde, y Los duros pierden como Humphrey Bogart del cubano Miguel Terry Valdespiro. Asimismo, las tres menciones recayeron sobre Angels Aymar Ragolta, con su Las Falenas; los cubanos Rubén Sicilia y Jorge Félix Echevarría, con Cenizas de Ruth; y Hombre atado a una silla, de la autoría Ingrid Luciano Sánchez.


El canto (diríase postmoderno) del Quetzal
Ricardo Riverón Rojas


Bajo el sello de la Editorial Oriente, vio la luz en el 2002 El canto del Quetzal, libro de crónicas de Rufo Caballero cuya amena lectura nos convoca, desde una mirada de postmoderna relajación, a viajar de su mano por los escenarios mexicanos mientras él glosa y desglosa, sin enjaularse en lo monotemático, muchos códigos entrañables de esa gran cultura.
Es la plástica el gran tema de este libro, aunque también se deslizan por él agudas reflexiones sobre el oficio, las venturas y desventuras del escritor; una especie de cine debate virtual y una simpática historia de amor donde el humor, la ficción y la poesía les dictan al corazón muchas frases.
Lo primero que me interesa aplaudir en El canto del Quetzal es la incestuosa aleación estilística que pone a convivir, desde loable naturalidad, pronunciamientos teóricos y especializados con una desenfadada y criollísima crónica de la acromegálica, pero siempre cautivante capital mexicana. Este aspecto, sin lugar a dudas, le aporta ritmo, espesor y, paradójicamente, ligereza expresiva al texto.
Es la de Rufo, a pesar del crítico que constantemente hace honor a su oficio, una mirada de deslumbramiento virginal, de ahí la profusión de detalles, el tono apologético de muchas descripciones, la indisciplina teórica que lo conduce a pronunciamientos entusiastas donde, no obstante, devela esencias -esas hondas esencias que habitan en la superficie de los objetos y los ambientes- del Ser y el Pensar de una nación que se sabe portadora del murmullo de los siglos.
Otra de las virtudes que me ganó como lector de El canto del Quetzal es su impronta, desacralizadoramente respetuosa, que lo lleva a exponer una curiosa galería de grandes personalidades sin que al autor le tiemble la mano al ofrecer el gesto, bien sea de aprobación o cuestionamiento. Y hasta de conmiseración. Gabriel García Márquez, Diego Rivera, Frida Khalo, Luis Cardoza y Aragón, Lya Kostakovsky, Eliseo Diego, Juan Marinello, Guillemo Cabrera Infante y muchos otros de alto porte, son pasados por el cuidadoso tamiz reflexivo de un narrador que se preocupa por asumirlos en toda su estatura intelectual, sin soslayar las limitaciones que los obligan a ser, a la par, tan universalmente pequeños como todos.
El canto del Quetzal podría ser visto desde muchos ángulos: como un libro de viajes, como un testimonio (fragmento de un libro de memorias), y hasta como un ensayo ancilar sobre el postmodernismo y la nueva actitud hacia la cultura y el disfrute de sus códigos que éste supone. A mí en particular me interesa asumirlo como un testimonio (post-testimonio, diría mejor) capaz de marcar más atrevidos rumbos para un "género" que, quizás en breve, ofrezca miradas de avezada frescura al agónico panorama de nuestra actualidad.

Instituto Cubano del Libro publica obras de Augusto Roa Bastos

El Instituto Cubano del Libro acaba de lanzar tres títulos del escritor paraguayo Augusto Roa Bastos, quien visitó La Habana esta segunda quincena de agosto como invitado especial del presidente Fidel Castro.
Entre los libros, editados por primera vez en Cuba, figura la novela Hijo de hombre, considerada una obra clásica del autor nacido en 1917 y ganador del Premio Cervantes en 1989.
También se encuentran Cuentos completos y Poesías reunidas, que reúnen la narrativa corta y la producción poética del también autor de Yo el supremo, una de las obras cumbres de la novelística hispanoamericana del siglo XX.
Roa Bastos fue además homenajeado por sus grandes aportes a las letras universales y condecorado por Castro con la Orden José Martí durante una ceremonia que se realizó en el Consejo de Estado en la Plaza de la Revolución.
Otras obras de Roa Bastos son Contar un cuento y otros relatos, Cuerpo presente y otros cuentos, El fiscal, Contravida y Madama Sui.

Resultado final del premio de novela Plaza Mayor

La novela Cundo Macao, del escritor cubano Gregorio Ortega, resultó seleccionada para recibir el Premio de Novela Plaza Mayor en su primera convocatoria. Como novela finalista ha sido también destacada Carne de cambio, de Miguel Terry.
Ambas novelas presentan historias similares al relatar la búsqueda de una vía para emigrar de Cuba, y el jurado observa en ellas su eficaz escritura.
Cundo Macao se vale de los recursos de la novela policial para contar la historia de Valentín, quien sale de la isla para irse a California mediante una estratagema que utiliza las investigaciones sobre la vacuna del SIDA en Cuba. Otras intrigas incluyen al asesinato y la corrupción, y de todo esto es testigo el personaje principal, Tigre, un coronel jubilado que asume el rol de investigador típico en las narraciones detectivescas.
El título se refiere a un personaje clave en el argumento y destaca el sentido preponderante que tiene la santería en la vida cubana, y en particular para la intriga novelesca.
Nacido en 1926, Gregorio Ortega tiene una extensa trayectoria en el periodismo y la literatura cubanos. Su primera novela, Una de cal y otra de arena, apareció en 1957. Otra de sus novelas, La red y el tridente, recibió el Premio de la Crítica, así como su libro de crónicas Del Guatao a Hong Kong.
Ha incursionado también en la ciencia ficción con Kappa 15. Sus novelas más recientes son Juego de espejos (1998), que tiene como protagonista el poeta Silvestre de Balboa entre los siglos XVI y XVII, y Villa Adelaida (2000), que relata escaramuzas de amor y de muerte en una antigua mansión del Vedado habanero, devenida en pensión para turistas.
En Carne de cambio, un cirujano madrileño -Damián- promete a Mario llevarlo a España, donde le practicará una operación de cambio de sexo y lo instalará en un chalet en Aranjuez como amante suyo. Al final, Mario comprende que nada de esto ocurrirá y le escribe una carta a Damián en la que le expresa su decisión de quedarse en Cuba (a pesar de la situación difícil en la que se encuentra el país) porque su dignidad personal es más importante.
Su autor, Miguel Terry (1963), ha publicado la novela Ajuar de guerra y las obras teatrales Laberinto de lobos y Ángeles y cenizas. En el año 2000 ganó el Premio Razón de Ser, de la Fundación Alejo Carpentier, por su novela Caballo de batalla. Es jefe de la página cultural en el periódico El habanero.
Santería y sexualidad son en estas dos novelas medios y metáforas para aludir a los significados profundos de sus respectivos argumentos y de la realidad cubana actual.
El Premio de Novela Plaza Mayor tiene una dotación de $5,000 dólares para la obra seleccionada, y $1,500 dólares para la obra finalista. La Editorial Plaza Mayor publicará la novela premiada en su Colección Cultura Cubana. Está previsto que su presentación se realice en la Feria Internacional del Libro de La Habana.
El jurado, cuyo fallo fue unánime, estuvo integrado este año por los puertorriqueños Edgardo Sanabria Santaliz, narrador y poeta; José Luis Vega, ensayista y poeta, decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Puerto Rico en el Recinto de Río Piedras y presidente de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española; así como Kalman Barsy, narrador de origen húngaro-argentino y catedrático de Español en la Facultad de Estudios Generales de la Universidad de Puerto Rico, también en el Recinto de Río Piedras.

Premios de la Crítica Literaria
Omar Perdomo

Fueron dados a conocer los títulos y autores ganadores del Premio Nacional de la Crítica Literaria correspondiente a los libros publicados por las editoriales cubanas en el 2002.
La Editorial Letras Cubanas fue merecedora de seis premios por los volúmenes de ensayo Paradiso: la aventura mítica, de Margarita Mateo, y Grandes momentos del ballet romántico en Cuba, de Francisco Rey Alfonso; los poemarios Manos de obra, de Sigfredo Ariel, y Música vaga, de Alberto Acosta-Pérez; la novela La mujer sentada, de Efraín Rodríguez Santana, y el libro de cuentos Cibersade, de Alberto Garrandés.
También resultaron premiados dos títulos de Ediciones Unión: La novela de mi vida, novela de Leonardo Padura Fuentes, y Descarga número dos. El jazz en Cuba 1950-2000, ensayo de Leonardo Acosta; así como La edad de la herejía, ensayo de Juan Antonio García Borrero, publicado por la Editorial Oriente, y El zapato sucio, teatro de Amado del Pino, de Ediciones Alarcos.
El jurado del Premio estuvo presidido por Luisa Campuzano e integrado además por Ana Cairo Ballester, Reinaldo González, Guillermo Rodríguez Rivera, Marilyn Bobes, Cira Romero, Marta Lesmes, Norge Espinosa y Vivian Martínez Tabares.
La proclamación oficial de los títulos, autores y editoriales premiados tendrá lugar el 31 de octubre próximo en el Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto Cubano del Libro.

 
 
 
 

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