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| Donde
las arenas son más diáfanas
Gabriel Pérez
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Cada
siete de diciembre en la Catedral de San Isidoro,
la iglesia de San José o la Parroquia
Nuestra Señora de la Caridad de Vista
Alegre, a las seis de la tarde, un sacerdote
ruega por el alma de quien fue el enfant más
terrible de la historia holguinera, un hombre
que se marchó dramáticamente de
este mundo, en 1990, suicidándose con
una sobredosis de barbitúricos en su
solitario apartamento de Manhattan.
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| Reinaldo
Arenas |
Oneida,
su madre, es una gran lectora, nació
en parajes bucólicos que rodean la ciudad.
Entre los libros que alcanzo a ver en un stand
de la casa sita en calle 10 de Octubre, en la
Ciudad de los Parques, se encuentran: Balzac,
Víctor Hugo, La Biblia... Ella está
cumpliendo años esta tarde gris en que
conversa, nostálgica pero lúcida,
con la misma diafanidad del primer día.
El médico diagnostica que los calambres
y su desequilibrio al caminar se deben al Mal
de Parkinson. La catarata se está haciendo
sentir en sus ojos ávidos de lectura.
Y cerca de sus manos, pero lejos de su corazón,
hay maletas...
Tanto ha cambiado el panorama dejado por nuestro
escritor el 4 de mayo de 1980 que en la ciudad
existe, como evidente homenaje al personaje
más significativo de la novelística
holguinera, un certamen auspiciado por la Asociación
Hermanos Saíz bajo el nombre de Concurso
Celestino de Cuentos.
-
Hay mareas constantes en la vida, obra y muerte
de Reinaldo. Pero el mar de Gibara está
de fondo en muchas de sus descripciones de otros
mares. Allí tuvo su prístino baño
frente al Atlántico, yendo hasta él
de manos de la abuela Toña.
- Ese día había ido a Gibara con
el círculo de abuelos en el que yo estaba
en esos tiempos, y cuando llegué a mi
casa... no ese día, porque ese día
no me lo dijeron, pero al otro día me
dijeron que mi hijo había muerto. Y juré
que nunca más volvería a Gibara.
Yo me había ido para Gibara pensando
en él, porque siempre lo recordaba cuando
veía los paisajes campesinos. A él
le encantaba el campo. Yo venía ese día
tan triste. Y era eso, mi hijo estaba muerto.
Recuerdo que estuve gritando tanto por la muerte
de mi hijo como nadie es capaz de considerar,
porque él luchó y pasó
tanto trabajo y nunca fue feliz. Siempre se
sintió triste. Solitario. Él iba
mucho a Gibara. Y en La Habana, como vivía
cerca del mar, siempre estaba en el mar. Se
pasaba la vida allí, en el mar.
-
Conozco a mucha gente con la inquietud de saber
las opiniones albergadas en el alma de una madre,
que puede considerarse una gran lectora, sobre
un hijo escritor que ha dejado una de las literaturas
más polémicas y controvertidas
de los últimos tiempos...
- De las cosas que él escribía
lo que más me gustaban eran sus cuentos,
eran cuentos sanos, de un niño sano.
Yo he perdido una revista Unión
donde él publicó sus primeros
cuentos: La punta del Arcoiris,
Con los ojos cerrados, y otros
que no recuerdo ahora.
Me gustaban más sus cuentos que las novelas.
Las novelas eran más crudas. Más
duras. Y los cuentos eran de un muchacho sin
esa maldad que adquirió en La Habana.
En La Habana había mucha maldad.
Cuando triunfó la Revolución él
sintió que aquello era lo más
grande que había ocurrido. Que al fin
iba a ser lo que él siempre había
anhelado. En Holguín todo el mundo lo
quería. En La Habana tuvo amistades buenas,
pero también muchas amistades malas.
Hay gente que le hace sombra al otro y no cesa
hasta acabar con él...
-
Reinaldo, durante sus cuarenta y siete años
vivió en ciudades que van desde Holguín,
La Habana, Miami, hasta Nueva York... en ninguna
se sintió completamente a gusto. Es archiconocida
su definición de Holguín como
"una inmensa tumba, con sus casas bajas
simulando panteones castigados al sol..."
¿Usted se marcha de nuestra ciudad?
- Es necesario. Holguín es una ciudad
muy bonita, pero con mucho abandono. Nosotros
hemos sido muy holguineros, todos los hermanos.
A Reinaldo le gustaba Holguín también.
Lo que pasa es que en La Habana vio más
oportunidades. Yo viví en los Estados
Unidos pero regresé y ya siempre me quedé
aquí en Holguín. Juré que
ya había pasado bastante trabajo en mi
vida y que mi hijo no iba a pasar lo que yo
sufrí... Porque lo más triste
que hay es la ignorancia. Me duele que me sacrifiqué
y nunca fue feliz. Él fue pobre, pero
nunca con miseria. Y no fue feliz.
Uno tiene que ser en cada momento lo que en
cada momento sea necesario, como dijo Martí,
y es verdad. Yo siento muchísimo irme,
pero mi hermana Onelia se va y yo siempre he
vivido cerca de ella. Ella se va, su hijo es
periodista y vive en La Habana, y yo no sé
qué sería de mí si me quedara
sola sin ella.
Mi hijo nunca quiso que yo me fuera a vivir
para La Habana. Él decía: "Quédate
en Holguín siempre, que Holguín
es muy tranquilo". Pero la vida va cambiando
de acuerdo a las circunstancias, y hay que asumirla.
-
Después que Reinaldo dejó la Isla,
partiendo en 1980 por el puerto de El Mariel,
¿volvió a encontrarse con él
fuera de Cuba?
- La primera vez que fui, lo vi de lo mejor.
Estaba contento. Trabajaba bien. Me ayudó
a comprar algunas cosas para la familia. Me
dijo que tenían buena acogida sus libros,
sus conferencias...
Después, la última vez que fui
lo hallé muy mal. Yo le dije: "Tú
estás enfermo, Reinaldo". Y él
me dijo que no, que estaba bien, que eran ideas
que yo me hacía... Hasta última
hora, me lo negó.
Cuando él estaba en La Habana y lo visitaba,
yo regresaba para Holguín llorando en
la guagua. Veía a mi hijo tan triste,
era terrible cómo yo sufría al
verlo así, solitario, apartado de todo
el mundo. No quería tener amistades.
Estaba tan amargado, con tan mal carácter.
Los últimos días de mi hijo deben
haber sido de mucho sufrimiento, como casi toda
su obra.
-
En el libro Termina el desfile hay
un cuento: La madre y el hijo,
en el que un personaje dice: "Deberías
leer menos. O no leer nada. Eso hace daño..."
¿Cuáles son los recuerdos que
mejor conserva del niño escritor-lector?
- Lo recuerdo escribiendo en los árboles,
escribiendo en papeles de regalo, en cualquier
papel que caía a su alcance. No sé
qué cosas escribía, pero era una
obsesión que lo hacía diferente.
Yo siempre supe que él iba a ser diferente
de todos. A él le gustaba tanto leer.
Él comía con un libro en la mano.
Al lado de la comida, un libro. Su vida era
leer, leer, leer.
Yo no he podido leer todas sus cosas. Hay cosas
muy fuertes. Las empiezo a leer y paso unas
cuantas páginas para seguir leyendo.
Me gusta lo que dice de sus viajes, sus amistades.
Pero después tiene cosas tan pesadas,
tan terribles, habla mal de la familia, cosas
que no son ciertas. Esas son cosas negativas.
Sin embargo, tiene muchas cosas bonitas, de
sus amistades, sus viajes por los Estados Unidos.
Él dice que llegó allí
huyendo del comunismo y se encontró con
un pueblo sin alma.
-
Refiriéndose a la primera novela de Reinaldo,
el poeta Eliseo Diego dijo que se trataba de
un hallazgo prodigioso… antes de convertirse
en el personaje mítico de nuestra literatura,
¿quién fue Celestino?
- Reinaldo se inspiraba en los nombres de la
familia. Cuando a él le publican
Celestino antes del alba, yo estaba
en Holguín. Celestino fue un tío.
El tío más querido en la familia,
el hombre más honesto del mundo. El tío
que más lo quiso a él... Celestino
murió en la calle Cervantes, aquí
en Holguín, después de un infarto
al miocardio… Un día, mi hermana
pasó un telegrama desde La Habana diciéndonos
que a Reinaldo le habían dado la Mención
de honor por su novela.
A él lo ayudó mucho Camila Henríquez
Ureña. Yo tenía en casa un libro
escrito por ella donde hablaba muy bien de Reinaldo.
También Lezama Lima. Pero cuando él
odiaba, odiaba de una manera terrible. Eliseo
habló bien de él. Pero él
se amargó tanto que también habló
mal de Eliseo Diego. Eliseo dijo que una vez
él fue a Rusia por un amigo que lo invitó
y cuando regresó, Reinaldo le reprochó
su viaje a Rusia.
También Delfín Prats. Delfín
es un gran poeta, lo que pasa es que es medio
loco. Es una buena persona. Es noble, sencillo
como no hay otro. Lo que pasa es que él
ha vivido siempre muy solo, en mucho abandono.
Mi hijo y él tenían muy buena
amistad, con sus problemas, como es natural.
Delfín es muy bueno, pero ya te digo,
es algo loco.
-
¿Qué suerte ha corrido la madre
de un escritor cuya vida y obra han sido llevadas,
incluso, hasta Hollywood? ¿Qué
significan para Oneida Fuentes Rodríguez,
las palabras: derecho de autor?
- Nada he recibido ni por su película
ni por los libros. Lo que más desearía
es volver a ver a mi hijo, te lo he dicho varias
veces que sueño con reencontrarme con
él. De España, de Francia y de
los Estados Unidos hay gente maravillosa que
me escribe y me da aliento. Margarita y Jorge
Camacho, por ejemplo. Ya murió Roberto
Valero en Washington. Alberto Lauro también
se comunica conmigo desde Madrid. Y Luis Marcelino,
un poeta de aquí que vive en Miami. Pero
los derechos de mi hijo yo no sé en qué
han parado. Yo creo que todo está detenido.
-Before
night falls es el título en inglés
de la película basada en la autobiografía
Antes que anochezca…
-La autobiografía la hizo él.
La película no. Unos dicen que la hallan
bonita y otros dicen que no tiene nada que ver
con mi hijo... Pero eso es como todo. Cada cual
sacará su propio partido. Antes de la
película, cuando él estaba lejos
de la muerte, ya era así. Tal vez la
película hubiera tenido más suerte
si la hubieran hecho aquí, quienes lo
conocieron en su dolor más grande, sus
días en la cárcel, y ese desasosiego
por todo que lo mantenía tan ansioso,
siempre luchando, buscándose problemas.
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Oneida,
mamá de Reinaldo Arenas |
Oneida
está preocupada. Si las cenizas se pierden,
se perdería la última huella del
cuerpo de su hijo en Manhattan... Lázaro,
amigo de confianza en la "aventura"
de 1980 se ha comprometido en salvarlas.
-
Él fue cremado como pidió en su
testamento. No he sabido nada más. Sólo
que sus cenizas están guardadas en Nueva
York. Yo hubiera querido traerlas para Holguín,
guardarlas aquí, pero no me lo permiten...
y eso me causa una gran preocupación.
No sé si de verdad las tienen guardadas.
Lázaro, su amigo, no me contesta. Yo
le he escrito varias cartas pero nunca me ha
contestado. Él debe tener las cenizas,
pero quién sabe. No es cuestión
de caprichos. Creo que al menos sus cenizas
tengo derecho de reclamar. Yo creo que pensándolo
bien ya lo he perdido casi todo.
-
¿Cómo desea despedirse de los
lectores de su hijo sabiendo que, sin dudas,
son muchos en esta ciudad y más allá
de sus colinas?
- Deseándoles mucha felicidad. Y, que
aunque sea algo tarde, les agradezco que hayan
reconocido la obra de Reinaldo aquí.
Y que se quede en la memoria de los holguineros,
sobre todo, su obra y todo lo que se quedó
inconcluso. Todo lo que él quiso hacer
y que ya el tiempo no le alcanzó. Les
agradezco que lo admitan y les deseo muchas
felicidades.
Tomado
de El Caimán Barbudo
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| Adiós
a Ángel Gaztelu, voz esencial de
la poesía cubana
Pedro
de la Hoz
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| Ángel
Gaztelu junto a Lezama |
A
los 89 años de edad falleció
ayer el poeta Ángel Gaztelu, una de
las voces esenciales de la lírica cubana
del siglo XX. Cintio Vitier, hermano más
que amigo del autor de Gradual de
laúdes, definió su
obra como "fina captación de lo
cubano como interior y como paisaje (...)
que no constituye nunca una obsesión
ni un objeto absorbente de confidencia o búsqueda,
sino como un leal instrumento, en humilde
sitio mantenida, de gloria diáfana
y venturoso cántico".
Nacido en Puente de la Reina, España,
en 1914, Gaztelu, junto a su familia, se instaló
en la Isla trece años después
y se hizo entrañablemente cubano, no
solo al adoptar la ciudadanía, sino
por sensibilidad.
Prácticamente en los mismos días
en que recibió la orden sacerdotal,
tras haber estudiado en el habanero Seminario
de San Carlos y San Ambrosio, Gaztelu se daba
a conocer como poeta, al acompañar
a su fraterno José Lezama Lima en las
páginas de la revista Verbum, en 1937.
También colaboró con Espuela
de Plata (1941) y Nadie Parecía (1943),
hasta que como algo lógico y natural,
participó en la fundación de
Orígenes, en 1944.
Bajo el sobrio título, Poemas
reunió sus versos de aquella época
en un cuaderno publicado en 1940. Pero su
más celebrado libro sería Gradual
de laúdes, que vio por primera
vez la luz en 1955, ilustrado por René
Portocarrero. Letras Cubanas realizó
una reciente edición exitosamente acogida
por la actual generación de lectores.
Ante el deceso del poeta, la doctora Graziella
Pogolotti recordó ayer en La Habana
su vinculación con la vanguardia artística,
evidente en los encargos que hizo a Portocarrero
y Mariano Rodríguez para que pintaran
murales en la Iglesia de Bauta y la capilla
de Baracoa.
Desde 1988 residente en Estados Unidos, donde
murió en Miami, Gaztelu mantuvo un
vínculo muy vivo con la cultura cubana.
En el 2002, con motivo de la entrega del Premio
de Crítica de Arte Guy Pérez
Cisneros, visitó por última
vez su Patria y sostuvo un memorable encuentro
con Cintio, Fina García Marruz y Roberto
Fernández Retamar, en la Fundación
Ludwig de Cuba. En esa oportunidad, abordado
por Granma, expresó: "El cuerpo
de esta isla siempre vivirá en el tiempo
y nada ni nadie podrá reducirlo a cenizas".
Tomado
de Granma
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Celestino premió
Rubén Jorge
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El
Concurso Nacional de Cuentos Celestino, auspiciado
por la Asociación Hermanos Saíz
en Holguín, premió en su quinta
edición a la obra De la felicidad
y otros temores, del camagüeyano
Obdulio Fenelo Noda, por abordar con eficacia
literaria y mediante un lenguaje adecuado asuntos
de profunda reflexión existencial.
Se otorgó también primera mención
a Iván Darias Alfonso, de Santa Clara,
por El negro Vergara, dueño del
mundo. Asimismo se entregaron menciones
a Víctor Hugo Pérez Gallo, por
Sólo lo fugitivo permanece y
queda, y a Daneris Fernández
Fonseca, por Sábanas blancas.
El jurado, compuesto por los escritores Anna
Lidia Vega Serova, Ángel Santiesteban
y Rubén Rodríguez, resaltó
el valor literario de la mayoría de los
textos presentados y sugirió la inclusión
de los mejores en Cuarto Libro de Celestino,
volumen resultante del certamen.
Desde 1999 se han publicado tres ediciones del
Libro de Celestino, co-editado por Ediciones
Holguín y Ediciones La Luz.
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| Noam
Chomsky en el Palacio del Segundo Cabo
Laylí
Pérez Negrín
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Chomsky
de paseo por barrio de Pogolotti |
El
paso de Noam Chomsky por el Palacio del Segundo
Cabo, este miércoles 29 de octubre, con
el propósito de completar la presentación
de Noam Chomski en La Jornada,
reunió uno de los públicos más
numerosos que se han dado cita en los portales
de este edificio. Como en los momentos de las
grandes presentaciones de los últimos
tiempos: los Cuentos completos
de Piñera, el Ulises
o Memorias de Adriano, acudieron
a la sede del Instituto Cubano del Libro una
buena cantidad de perseguidores de este intelectual
norteamericano reconocido por sus aportes a
la lingüística y a la politología.
También engrosarían la cifra de
personas algunos de los participantes en la
reunión del Consejo Latinoamericano de
Ciencias Sociales, que sesiona en estos momentos
en La Habana, varios medios de prensa cubanos
y extranjeros, y distintas personalidades de
la política, las letras y la intelectualidad
de la isla, entre las que se encontraban el
Ministro de Cultura Abel Prieto y el Presidente
del ICL, Iroel Sánchez.
Retomando su participación en el lanzamiento,
durante la última feria del libro, de
la edición cubana que compila algunos
de los artículos publicados por Chomsky
en La Jornada, el presidente de la Asamblea
Nacional del Poder Popular, Ricardo Alarcón
de Quesada, les fue relatando a los presentes
los vínculos de este intelectual con
Cuba, y sus esfuerzos para informar a otros,
para comunicar y vincular, para romper ese aislamiento
entre las personas, que es usado como arma de
dominación por los centros de poder.
También recordaría que antes de
los 30 años Chomsky había revolucionado
la lingüística y que su participación
en el rumbo de la politología contemporánea
ha llevado a algunos a reconocerlo como "el
americano imprescindible", ese que ha aportado
su luz al mapa que describe la realidad política,
social, económica y cultural de estas
décadas.
Después de explicar que solo pretendía
decir unas breves palabras, Chomsky agradeció
la oportunidad de aproximarse de una manera
más concreta a Cuba, y reconoció
la admiración que sentía frente
al valor y el compromiso demostrado por los
cubanos a la hora de defender su independencia.
También se refirió a la contribución
histórica de Cuba a la soberanía
de distintas naciones africanas, y al apoyo
que ha prestado a países latinoamericanos
y de otras regiones del mundo en campos como
el de la medicina y la educación.
Pero lo que pretendió ser una breve intervención,
terminó extendiéndose hasta abarcar
algunos de los problemas más urgentes
que enfrenta el mundo contemporáneo,
debido al interés de los presentes en
formularle preguntas. Fue así como Chomsky
recorrió las contradicciones entre el
gobierno de Aznar y el pueblo español,
que en un 80% se opone a su presidente; y el
hecho de que una de las consecuencias inmediatas
del 11 de septiembre fue el uso del terrorismo
como pretexto para reprimir a la población,
tanto en los EEUU como en otras partes del mundo.
Las posibilidades de Bush de ser reelegido en
las elecciones presidenciales, que tendrán
lugar en noviembre del próximo año,
fue otro de los temas a los que le dedicó
su atención el intelectual norteamericano,
alegando en este caso las grandes cifras de
dinero que mueve el presente gobierno en función
de su campaña publicitaria, y el uso
del terror, como en administraciones anteriores
de este partido, para ganar el favor de la población
y desatar ofensivas contra distintas naciones
del mundo, que supuestamente representan una
amenaza para los Estados Unidos.
Antes de concluir, Chomsky se referiría
a la necesidad de que el individuo se desprenda
de las convenciones autoritarias y represivas,
como única forma de alcanzar una mentalidad
libre, una mentalidad que funcione de manera
autónoma a esos centros de dominación
que siempre intentarán conformar una
manera de pensar y de actuar que los favorezca;
y reconoció, en su respuesta a la última
pregunta formulada, la escasa participación
de la población en las decisiones de
las democracias occidentales actuales, aclarando
que este estado de cosas no es, sin embargo,
una ley natural, que, como las demás
creaciones del poder, es una realidad que puede
ser subvertida.
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| Cuba
bajo escrutinio en nueva novela negra
de Amir Valle
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BARCELONA,
España (Librusa) - Una investigación
ficticia que lleva a un personaje por los caminos
del mercado negro de la droga en Cuba y a tener
conexiones con ciertas esferas del poder en ese
país, constituye en parte el eje central
de la trama de la nueva novela de Amir Valle,
titulada Entre el miedo y las sombras.
"Tres cadáveres aparecen en una de
las tumbas privadas de Alex Varga en el Cementerio
de Colón. El teniente Alain Bec, amigo
de Alex, está con su familia en Santiago
de Cuba y el viejo mafioso volverá a hundirse
en el mundo secreto de La Habana oculta, igual
que se vio obligado a hacerlo cincuenta años
antes para poder sobrevivir en La Habana de las
putas, la mafia y el juego", indica una nota
a manera de sinopsis de la obra.
"Esta vez lo asiste una doble razón:
averiguar quién cometió los crímenes
y saber quién ha osado violar las claves
que fijan su territorio en su poder marginal.
La investigación lo irá llevando
hacia los caminos del mercado de la droga en Cuba,
a la revelación de los capos cubanos del
narcotráfico y a las conexiones con ciertas
esferas del poder real en el país y en
otras naciones centroamericanas y los Estados
Unidos", agrega la nota.
El autor dedica la novela a Francisco Alexander
Vargas Machuca, descrito en un comunicado como
"viejo hombre de la mafia de Meyer Lansky
y una especie de alcalde de la marginalidad en
Cayo Hueso, Centro Habana, quien le sirviera al
escritor para caracterizar a su personaje Alex
Varga".
Publicada en Barcelona por el sello Zoela, en
su Colección Negrura, en Entre
el miedo y las sombras reaparecen personajes
de obras anteriores de Valle, como Las
puertas de la noche y Si Cristo
te desnuda.
Amir Valle nació en 1967 en Cuba. Además
de las mencionadas, entre sus obras destacan La
danza alucinada del suicida, Ciudad
jamás perdida, Manuscritos
del muerto y En el nombre de
Dios.
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| Nueva
novela de Leonardo Padura narra historia
de los 60 en Cuba
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SANTO
DOMINGO, Rep. Dom. (Librusa) - El escritor Leonardo
Padura, uno de los más importantes del
género policíaco en América
Latina, dijo que en su próxima novela,
cuyo título provisional es La
niebla del ayer, narra una historia
que se desarrolla en los años sesenta
en Cuba.
"La historia me interesa sobre todo porque
los años sesenta en Cuba siempre se han
escrito desde el punto de vista político
y aquellos tiempos fueron mucho más que
eso", dijo Padura en una entrevista publicada
este miércoles en el diario El Caribe,
de República Dominicana.
"El título es un verso de Vete
de mí, uno de mis boleros preferidos
(...) La historia será como uno de esos
juguetes que se meten uno dentro de otro y van
creciendo", explica el escritor, quien
se encuentra actualmente de visita en Santo
Domingo.
En ese sentido, explica que la obra "tiene
tres elementos importantes: la vida actual de
Mario Conde después de dejar la policía
y dedicarse a vender libros viejos, la historia
de una cantante de finales de los años
cincuenta de la que nadie más ha vuelto
a saber y la intriga de un libro maldito en
el siglo XIX que él encuentra en su nuevo
oficio".
Mario Conde es un policía ficticio que
aparece en novelas anteriores de Padura y cuyo
retiro fue anunciado en Adiós,
Hemingway, obra que el autor cubano
considera "muy peculiar" por haber
sido fruto de un encargo que le hiciera La Companhia
das Letras, editorial que publica sus libros
en Brasil.
Otros títulos de Leonardo Padura son
Pasado perfecto, Vientos
de cuaresma y Máscaras.
El autor vive en Cuba y sus libros son publicados
por el sello Tusquets, de España.
El
sociólogo brasileño Emir Sader
dictó dos conferencias en el Centro de
Investigación y Desarrollo de la Cultura
Cubana Juan Marinello, en lo que constituyó
una posibilidad para confrontar a una de las
voces críticas más lúcidas
de América Latina en la actualidad.
La primera exposición se titula Hegemonía
y contrahegemonía en tiempos de guerra,
y la segunda, Los dilemas del Brasil
de Lula. Este espacio es auspiciado
por la Cátedra Antonio Gramsci, orientada
al estudio y debate de la interpretación
marxista de las realidades contemporáneas.
La
obra de Sader es ampliamente conocida en América
y Europa. Se graduó en Filosofía
e hizo el Doctorado en Ciencias Políticas,
en la Universidad de Sao Paulo. Es autor de
numerosos libros, entre ellos Siglo
XX: una biografía no autorizada: un siglo
de imperialismo y El poder,
¿dónde está el poder?
Ejerce como profesor de las universidades
de Sao Paulo y Estadual de Río de Janeiro;
en la primera desarrolla un posgrado sobre América
Latina, en la segunda es el Coordinador del
Laboratorio de Políticas Públicas.
Fue Presidente de la Asociación Latinoamericana
de Sociología (ALAS).
Tomado
de Granma
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| En
el epílogo nueva novela de Senel
Paz
Mary Luz Borrego
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Una
nueva novela del escritor espirituano Senel
Paz, entre de los más laureados literatos
del patio, se encuentra en fase de terminación,
según comentó a Escambray digital
el propio autor, quien especificó que
la obra en cuestión aún no tiene
título.
El creador del cuento El lobo, el bosque
y el hombre nuevo, que mereció
hace alrededor de una década el Premio
Juan Rulfo, otorgado por Radio Francia Internacional
y el Centro Cultural de México, después
de varios años dedicados al cine, retomó
casi de cero la novela que entonces tenía
en preparación y cuyo tema no reveló
todavía.
El autor de los guiones de populares películas
como Fresa y chocolate, Una
novia para David y Adorables
mentiras, durante los últimos
tiempos también escribió tres
cortos de ficción, colaboró en
Lista de espera, Un
paraíso bajo las estrellas y
en dos filmes españoles: Malena
es un nombre de tango, basada en una
novela del mismo título, con la dirección
de Gerardo Herrero y la importante actriz Ariadna
Gil como protagonista; y Cosas que dejé
en La Habana, de Manuel Gutiérrez
Aragón, uno de los más destacados
directores de aquel país.
Senel se ha dedicado, además, a la enseñanza
y asesoría en el campo de la dramaturgia
cinematográfica, en Cuba y en el extranjero,
y llevó por tres cursos la cátedra
de guiones de la Escuela Internacional de Cine
de San Antonio.
En su currículo aparece también
que El lobo, el bosque y el hombre nuevo,
se ha publicado en 21 países y 11 idiomas,
entre ellos Japón, Suecia e Israel, y
este año ha salido una edición
de Un rey en el jardín,
en Egipto. Fresa y chocolate
acumula 19 versiones teatrales en 10 naciones,
incluidos los Estados Unidos, donde se han realizado
tres. El teatro El Público hizo una gira
con su versión, dirigida por Carlos Díaz,
durante seis meses por España con notable
éxito.
Tomado
de Escambray
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| Las
palabras de un río
Dean Luis
Reyes |
Los proyectos editoriales suelen originarse
como por combustión espontánea:
hay un grupo de autores cuyas ambiciones desbordan
el interés por sorprenderse entre sí
y brota entonces la idea del libro como escenario
para un diálogo con muchos más
semejantes. A menudo hay una cabeza visible,
un autor con la capacidad de liderazgo y la
vocación emprendedora capaz de hacer
coincidir "factores objetivos y subjetivos"
que explican la actividad de una editorial.
También los hay que surgen por decreto,
y llegan para resolver un problema o incluso
hasta para crearlo.
Ahora, ¿qué justifica la existencia
de Ediciones Damují? Allá en Rodas,
región de Cienfuegos por donde corre
el río del que toma su nombre la editorial,
surgió en 1992 lo que no ha dejado de
ser un humilde intento por publicar la obra
de sus autores y de otros que no lo son. Sus
libros nacen en un mimeógrafo, con papel
reciclado y una artesanalidad que, paradójicamente,
redunda en cierto atractivo naif, pues la ausencia
de una factura industrial da lugar a cuadernillos
bien pintorescos.
He preferido dejar la pregunta con que abre
el anterior párrafo sin responder por
cuanto apenas imagino una respuesta. Apenas
conozco que los vestigios rodenses de actividad
editorial son bien serios. Se dice que el más
antiguo antecedente data de inicios del siglo
XX, cuando se editara allá el Directorio
Geográfico y Económico de Rodas.
Los investigadores José Ramón
Calatayud y María Elina Espinosa aseguran
que Cienfuegos no tuvo un documento semejante
hasta 1908. Y a fines de los años 50
gozaba Rodas de periódicos y revistas
propios, y así mismo pasaba con el vecino
poblado de Cartagena. Con tales antecedentes,
no era extraño que el afán editorial
resurgiera no obstante las carencias.
La voluntad de publicar hizo arribar a la conclusión
de que a Rodas le urgía un proyecto editorial.
Así que en un principio tratóse
de folletos más bien ingenuos, nacidos
de una urgencia rayana en la imprudencia pero
también en el ansia por fundar. Ya en
1996 creaban el Premio de Poesía Damují,
dedicado a resaltar la poesía temáticamente
vinculada al río y, en el año
2000, con la adquisición de la tecnología
risográfica y el acceso a Internet, se
hace posible otra resucitación: la del
periódico El Heraldo de Rodas.
Tal publicación, vigente durante la década
de 1950 en la zona, acogía sucesos locales
y el manoseo de una identidad local con rasgos
especiales. Hoy El Heraldo tiene una edición
en soporte papel, formato tabloide, y otra en
versión electrónica. Uno se entera
en sus páginas del origen de las celebraciones
locales, de la historia de personajes destacados
no únicamente por su heroicidad épica,
sino por su singularidad, de detalles del patrimonio,
noticias, crónicas de costumbres, comentarios
literarios, poesía, crítica de
eventos, notas necrológicas y hasta breves
reseñas de libros o viñetas dedicadas
a rutilantes damas.
Es curioso El Heraldo. En su cabezal está
la peculiar lechuza que contornea el escudo
local, y en el bajante se lee: "Órgano
de información general, arte y literatura,
vocero de los hijos del Damují"
y junto al fechado de AÑO I, la palabra
RENACIMIENTO. En sus páginas se escribe
con fervor regional, se da cuenta de una vida
municipal que no luce pobre ni cuando alardea
de su simplicidad, de su obediencia al ritual
de la tradición. Allí se lee una
historia pequeña que sugiere un ritmo
propio, suyo, como el tic tac de un orbis mundi.
Todo lo anterior -y los más de 40 títulos
que atesora Ediciones Damují, que van
desde poemas de Dulce María Loynaz y
José Ángel Buesa hasta esbozos
biográficos de mártires locales
y textos de divulgación científica-
habla de una sonora rebelión ante el
fatalismo geográfico e histórico
de comunidades aparentemente condenadas a ejercer
como subalternos frente a las capitales y los
centros de emisión de mensajes culturales.
Desde esta obra chiquita que esbozo se ha alimentado
el abolengo espiritual de una región
que habla su idioma y tiene sus leyendas, su
acontecer, sus cifrados, su historia, en fin.
Y prefiere contarlas por su voz en vez de esperar
por la atención ajena. Las voces de un
campo cultural tan diverso como el cubano exigen
de esta clase de creatividad. Y que donde haya
gente con un imaginario lo suficientemente maduro
como para dar prueba de sí, se haga la
palabra, la imagen, el sonido, que siempre resultan
preferibles al silencio.
Tomado
de Juventud Rebelde
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| Arturo
Arango gana el premio de novela de Casa
de Teatro
Mijaíl
Peralta |
Los
escritores cubanos Arturo Arango y Camilo Venegas
y el argentino José Luis Pedroza fueron
premiados este jueves en las categorías
de novela, cuento y teatro, respectivamente,
en la edición número 24 del Concurso
de Literatura de Casa de Teatro.
La
obra premiada de Arango, Muerte de nadie,
fue ponderada por el jurado por su "alta
calidad y por el excelente cuidado de las figuras
literarias", según expresó
la autora cubana Mayra Montero. Junto a Montero
los demás miembros del jurado fueron
Leonardo Padura (ganador de este premio en 2001)
y José Rafael Lantigua.
El acto estuvo encabezado por Freddy Ginebra,
director de Casa de Teatro, y por el director
de comunicaciones del Grupo León Jimenes,
Teodoro Hidalgo, quien destacó la labor
que ha realizado en las últimas décadas
la entidad que dirige Ginebra, "que ha
permitido el desarrollo de la cultura en el
país".
Freddy Ginebra, por su parte, agradeció
el apoyo que ha recibido la Casa a través
de los años, "sin el cual no se
hubiera podido dar continuidad a este certamen",
que comenzó en 1966.
El jurado encargado de premiar el renglón
de cuento estuvo integrado por los autores dominicanos
Arturo Rodríguez y Armando Almánzar
y la escritora cubana Trinidad Pérez.
Según esta última, la elección
del primer lugar en esta categoría "fue
una labor sumamente complicada, que conllevó
largas horas de análisis". Agregó
que ésta fue la razón por la cuál
hubo que conceder siete menciones de honor,
en vez de tres como estipulan las bases.
"Sin embargo, al final hemos resuelto premiar
la obra Irlanda está después
del puente por su gran cuidado en la
construcción literaria y su perfección
dramatúrgica, que la hacen muy sobresaliente
entre las demás piezas", dijo. Junto
a Venegas, quien es editor del suplemento dominical
Pasiones, de El Caribe, fueron premiados el
dominicano Osiris Vallejos (Cicatriz)
y el cubano Eduardo Heras León (Mercy),
segundo y tercer puesto, respectivamente.
Las menciones especiales en esta categoría
recayeron sobre los cubanos Alberto Ajón
León, Francisco García González
y Alberto Guerra Naranjo, quienes se destacaron
con sus piezas Sagas de un hombre sentado,
No es bueno que el hombre esté
solo y Sudoroso, respectivamente.
También los dominicanos María
Isabel Soldevilla (El Banquete de Don
José), Ariadna Vázquez
Germán (Ángeles)
y José Acosta (Tiempos dificiles)
y el mexicano José Luis Basulta Ortega
con su obra El coño, el Diablo
y el verdugo.
Pedroza, un argentino de origen que reside en
el país, ganó con su pieza teatral
El Incidente, de la cual el
jurado, integrado por los actores y directores
Iván García y Manuel Chapuseaux
y el cubano Abelardo Estorino, resaltó
"sus cualidades muy bien logradas técnicas".
Los demás lugares fueron alcanzados por
el dominicano Lenin Comprés, por su pieza
La razón era verde,
y Los duros pierden como Humphrey Bogart
del cubano Miguel Terry Valdespiro. Asimismo,
las tres menciones recayeron sobre Angels Aymar
Ragolta, con su Las Falenas;
los cubanos Rubén Sicilia y Jorge Félix
Echevarría, con Cenizas de Ruth;
y Hombre atado a una silla,
de la autoría Ingrid Luciano Sánchez.
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| El
canto (diríase postmoderno) del
Quetzal
Ricardo Riverón
Rojas |
Bajo
el sello de la Editorial Oriente, vio la luz
en el 2002 El canto del Quetzal,
libro de crónicas de Rufo Caballero
cuya amena lectura nos convoca, desde una
mirada de postmoderna relajación, a
viajar de su mano por los escenarios mexicanos
mientras él glosa y desglosa, sin enjaularse
en lo monotemático, muchos códigos
entrañables de esa gran cultura.
Es la plástica el gran tema de este
libro, aunque también se deslizan por
él agudas reflexiones sobre el oficio,
las venturas y desventuras del escritor; una
especie de cine debate virtual y una simpática
historia de amor donde el humor, la ficción
y la poesía les dictan al corazón
muchas frases.
Lo primero que me interesa aplaudir en El
canto del Quetzal es la incestuosa
aleación estilística que pone
a convivir, desde loable naturalidad, pronunciamientos
teóricos y especializados con una desenfadada
y criollísima crónica de la
acromegálica, pero siempre cautivante
capital mexicana. Este aspecto, sin lugar
a dudas, le aporta ritmo, espesor y, paradójicamente,
ligereza expresiva al texto.
Es la de Rufo, a pesar del crítico
que constantemente hace honor a su oficio,
una mirada de deslumbramiento virginal, de
ahí la profusión de detalles,
el tono apologético de muchas descripciones,
la indisciplina teórica que lo conduce
a pronunciamientos entusiastas donde, no obstante,
devela esencias -esas hondas esencias que
habitan en la superficie de los objetos y
los ambientes- del Ser y el Pensar de una
nación que se sabe portadora del murmullo
de los siglos.
Otra de las virtudes que me ganó como
lector de El canto del Quetzal
es su impronta, desacralizadoramente respetuosa,
que lo lleva a exponer una curiosa galería
de grandes personalidades sin que al autor
le tiemble la mano al ofrecer el gesto, bien
sea de aprobación o cuestionamiento.
Y hasta de conmiseración. Gabriel García
Márquez, Diego Rivera, Frida Khalo,
Luis Cardoza y Aragón, Lya Kostakovsky,
Eliseo Diego, Juan Marinello, Guillemo Cabrera
Infante y muchos otros de alto porte, son
pasados por el cuidadoso tamiz reflexivo de
un narrador que se preocupa por asumirlos
en toda su estatura intelectual, sin soslayar
las limitaciones que los obligan a ser, a
la par, tan universalmente pequeños
como todos.
El canto del Quetzal podría
ser visto desde muchos ángulos: como
un libro de viajes, como un testimonio (fragmento
de un libro de memorias), y hasta como un
ensayo ancilar sobre el postmodernismo y la
nueva actitud hacia la cultura y el disfrute
de sus códigos que éste supone.
A mí en particular me interesa asumirlo
como un testimonio (post-testimonio, diría
mejor) capaz de marcar más atrevidos
rumbos para un "género" que,
quizás en breve, ofrezca miradas de
avezada frescura al agónico panorama
de nuestra actualidad.
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| Instituto
Cubano del Libro publica obras de Augusto
Roa Bastos |
El
Instituto Cubano del Libro acaba de lanzar
tres títulos del escritor paraguayo
Augusto Roa Bastos, quien visitó La
Habana esta segunda quincena de agosto como
invitado especial del presidente Fidel Castro.
Entre los libros, editados por primera vez
en Cuba, figura la novela Hijo de
hombre, considerada una obra clásica
del autor nacido en 1917 y ganador del Premio
Cervantes en 1989.
También se encuentran Cuentos
completos y Poesías
reunidas, que reúnen la narrativa
corta y la producción poética
del también autor de Yo el
supremo, una de las obras cumbres
de la novelística hispanoamericana
del siglo XX.
Roa Bastos fue además homenajeado por
sus grandes aportes a las letras universales
y condecorado por Castro con la Orden José
Martí durante una ceremonia que se
realizó en el Consejo de Estado en
la Plaza de la Revolución.
Otras obras de Roa Bastos son Contar
un cuento y otros relatos, Cuerpo
presente y otros cuentos,
El fiscal, Contravida
y Madama Sui.
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| Resultado
final del premio de novela Plaza Mayor |
La
novela Cundo Macao, del escritor
cubano Gregorio Ortega, resultó seleccionada
para recibir el Premio de Novela Plaza Mayor
en su primera convocatoria. Como novela finalista
ha sido también destacada Carne
de cambio, de Miguel Terry.
Ambas novelas presentan historias similares
al relatar la búsqueda de una vía
para emigrar de Cuba, y el jurado observa
en ellas su eficaz escritura.
Cundo Macao se vale de los
recursos de la novela policial para contar
la historia de Valentín, quien sale
de la isla para irse a California mediante
una estratagema que utiliza las investigaciones
sobre la vacuna del SIDA en Cuba. Otras intrigas
incluyen al asesinato y la corrupción,
y de todo esto es testigo el personaje principal,
Tigre, un coronel jubilado que asume el rol
de investigador típico en las narraciones
detectivescas.
El título se refiere a un personaje
clave en el argumento y destaca el sentido
preponderante que tiene la santería
en la vida cubana, y en particular para la
intriga novelesca.
Nacido en 1926, Gregorio Ortega tiene una
extensa trayectoria en el periodismo y la
literatura cubanos. Su primera novela, Una
de cal y otra de arena, apareció
en 1957. Otra de sus novelas, La red
y el tridente, recibió el
Premio de la Crítica, así como
su libro de crónicas Del Guatao
a Hong Kong.
Ha incursionado también en la ciencia
ficción con Kappa 15.
Sus novelas más recientes son Juego
de espejos (1998), que tiene como
protagonista el poeta Silvestre de Balboa
entre los siglos XVI y XVII, y Villa
Adelaida (2000), que relata escaramuzas
de amor y de muerte en una antigua mansión
del Vedado habanero, devenida en pensión
para turistas.
En Carne de cambio, un cirujano
madrileño -Damián- promete a
Mario llevarlo a España, donde le practicará
una operación de cambio de sexo y lo
instalará en un chalet en Aranjuez
como amante suyo. Al final, Mario comprende
que nada de esto ocurrirá y le escribe
una carta a Damián en la que le expresa
su decisión de quedarse en Cuba (a
pesar de la situación difícil
en la que se encuentra el país) porque
su dignidad personal es más importante.
Su autor, Miguel Terry (1963), ha publicado
la novela Ajuar de guerra
y las obras teatrales Laberinto de
lobos y Ángeles y
cenizas. En el año 2000 ganó
el Premio Razón de Ser, de la Fundación
Alejo Carpentier, por su novela Caballo
de batalla. Es jefe de la página
cultural en el periódico El habanero.
Santería y sexualidad son en estas
dos novelas medios y metáforas para
aludir a los significados profundos de sus
respectivos argumentos y de la realidad cubana
actual.
El Premio de Novela Plaza Mayor tiene una
dotación de $5,000 dólares para
la obra seleccionada, y $1,500 dólares
para la obra finalista. La Editorial Plaza
Mayor publicará la novela premiada
en su Colección Cultura Cubana. Está
previsto que su presentación se realice
en la Feria Internacional del Libro de La
Habana.
El jurado, cuyo fallo fue unánime,
estuvo integrado este año por los puertorriqueños
Edgardo Sanabria Santaliz, narrador y poeta;
José Luis Vega, ensayista y poeta,
decano de la Facultad de Humanidades de la
Universidad de Puerto Rico en el Recinto de
Río Piedras y presidente de la Academia
Puertorriqueña de la Lengua Española;
así como Kalman Barsy, narrador de
origen húngaro-argentino y catedrático
de Español en la Facultad de Estudios
Generales de la Universidad de Puerto Rico,
también en el Recinto de Río
Piedras.
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| Premios
de la Crítica Literaria
Omar Perdomo
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Fueron
dados a conocer los títulos y autores
ganadores del Premio Nacional de la Crítica
Literaria correspondiente a los libros publicados
por las editoriales cubanas en el 2002.
La Editorial Letras Cubanas fue merecedora
de seis premios por los volúmenes de
ensayo Paradiso: la aventura mítica,
de Margarita Mateo, y Grandes momentos
del ballet romántico en Cuba,
de Francisco Rey Alfonso; los poemarios Manos
de obra, de Sigfredo Ariel, y Música
vaga, de Alberto Acosta-Pérez;
la novela La mujer sentada,
de Efraín Rodríguez Santana,
y el libro de cuentos Cibersade,
de Alberto Garrandés.
También resultaron premiados dos títulos
de Ediciones Unión: La novela
de mi vida, novela de Leonardo Padura
Fuentes, y Descarga número
dos. El jazz en Cuba 1950-2000, ensayo
de Leonardo Acosta; así como La
edad de la herejía, ensayo
de Juan Antonio García Borrero, publicado
por la Editorial Oriente, y El zapato
sucio, teatro de Amado del Pino,
de Ediciones Alarcos.
El jurado del Premio estuvo presidido por
Luisa Campuzano e integrado además
por Ana Cairo Ballester, Reinaldo González,
Guillermo Rodríguez Rivera, Marilyn
Bobes, Cira Romero, Marta Lesmes, Norge Espinosa
y Vivian Martínez Tabares.
La proclamación oficial de los títulos,
autores y editoriales premiados tendrá
lugar el 31 de octubre próximo en el
Palacio del Segundo Cabo, sede del Instituto
Cubano del Libro.
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