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| Pesquisa*
Elvia Rosa Castro
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Absolut Revolution
Nelson y Liudmila
Ambientación, 2003
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La demanda del contexto como tema de representación en las obras de arte -aunque no sea visible como puede suceder con el minimalismo- se acentuaba más en Latinoamérica y el Caribe que en cualquier otro escenario, y esto puede tener una posible explicación en el hecho de que esta edad, de repente convertida en otredad o, mejor dicho, "la común circunstancia periférica" (1) no se asimila a sí misma como una realidad en ciernes porque tiene tras sus espaldas el peso de culturas milenarias.
Situación que provoca un trauma insalvable y que reside en la constante interrogación por nuestro SER, siempre plural, inasible, heterogéneo, "democrático", out of joint, dislocado.
Martín Heidegger, cuando ya avizoraba una crisis del discurso moderno y también del proyecto que lo generó, i.e., la modernidad, nos dice incómodo que todo el mundo se pregunta por el SER, mientras la cuestión reside en indagar por la pregunta que interroga sobre ese SER (2). Simplemente parecería un juego de palabras si no tenemos en cuenta que si un objeto de estudio muta, cambia, se oculta o adquiere otros matices, nuestro acercamiento nunca puede ser el mismo (ahistórico), esto es, pegando etiquetas venidas de Occidente sin tener en cuenta que nuestra realidad es otra y que, por demás, cambia. El concepto cambia en la misma medida que cambia el devenir histórico. Lo lógico -concepto- es lo histórico rectificado. Entonces la pregunta debe interrogarse ella misma en nuestras coordenadas. En otro texto Heidegger nos confiesa, desanimado: "no alcanzo con la ayuda del lenguaje de la metafísica" (3). Si Europa no podía ya con un discurso generado por ella, ¿qué va a poder América con uno importado?
A propósito del lenguaje, Clony, acaso mi conciencia clonada, sufre por supuesto los mismos desvelos que yo:
En el cementerio Pére-Lachaise conversará
con el señor que está apostado cuidando
la tumba de Jim Morrison porque, mademoiselle,
esto aquí era espectacular, ¿no ves
cómo le dejan flores, velas, cartas y yerba?
Clony sintió pena por no haber comprado unas
flores al irreverente, pero recordó que llevaba
su talismán de la suerte, una piedrecita de
las minas del Santuario del Cobre, en Santiago de
Cuba. Aliviada, le gritaría a la Piaff que
sólo con gafas la vida en rosas, que mira cómo
vivíamos nosotras y un discurso interminable
sobre la relación centro-periferia. Aunque
ya cualquier cosa era centro y también periferia.
En fin, que el lenguaje nos ha echado a perder el
coito con la realidad, que no hay identidad entre
una cosa y la otra, que habría que inventar
metáforas de metáforas y nuevos diccionarios,
que debía existir un lenguaje caótico,
que las palabras se están vaciando de contenido.
Rosa ni rosa, rezongaría con sendos lagrimones,
pasando por las tumbas de algunos ilustres.
Del Cementerio al Barrio Latino Clony pensaba en sus
propósitos de fundar una Filosofía
de la Liberación. Sospecho que detrás
del oleaje, de ese vaivén que nos resta solidez,
hay un sustrato aún no descubierto. Tengo la
certeza de que la balsa está anclada. Tal vez
desmantelando la imagen, llegue a explicarme qué
es lo cubano. El secreto debe estar en el ancla, invisible
como toda esencia. Tiempo es lo que falta, meditó
segura de que solo lo intangible es capaz de provocarnos
tanta angustia, de esclavizarnos y, simultáneamente,
inyectarnos dosis de esperanza y libertad. El ancla
es la contrapartida de la palma, concluyó segura
y espantada al ver que en el sonado Barrio unos listoncillos
metálicos unían los adoquines. Después
supo que eso era una nadería, que años
atrás habían cubierto de asfalto las
calles por temor a otro levantamiento, que la entonces
izquierda del 68 ya estaba acomodada, que en realidad
todo, en todo sistema, está diseñado
para reabsorber al individuo, haciéndolo escéptico
o afirmativo ¿Que a la larga qué? No
seas ingenua. Petite fille, ¿no has
oído hablar de la palabra amnesia? ¿No
ves que esta Universidad perdió su encanto,
que únicamente ostenta su orgullo medieval?
La Sorbona y Mayo 68 fueron evento, no historia.
Clony necesitaba pintarse de ánimos para llegar
al Panteón. Por un instante otorgó la
razón a Francis, por aquello del reciclaje
y la desmemoria. Recordó al grupo de Pensamiento
Crítico de la Universidad de la Habana.
Luego de censurados, ahora les va muy bien si de status
oficial se trata. Una mujer en el grupo, como una
sola hay en el Panteón. Es más elitista
y discriminatorio que el Cementerio: Voltaire, Víctor
Hugo... ¡gracias a Dios que la Curie está
ahí, salvando la honrilla! (4)
Por esas agonías de aspiraciones fundantes
se ha desplazado el quehacer latinoamericano, ya desde
la reflexión académica y teórica,
ya desde el cosmos simbólico-representacional
que es la esfera del arte.
En toda reflexión siempre existen más
preguntas que respuestas, del mismo modo en que siempre
es saludable y de buen síntoma que existan
más preguntas que respuestas. Una pregunta
lleva implícita, en buena medida, una respuesta.
Algo que no genere una interrogante no existe.
Al menos se nos exige una pesquisa, y no una investigación
de talante germano, donde todo es aparentemente abstracto.
Ahora me percato de que tal vez esa sea la causa de
que el continente esté plagado de sociólogos
y no de pensadores in sensu estrictu: no
cabe dudas que vivimos en traumatizadas tierras que
vociferan por el referente.
Por estos lares la mayoría de las veces no
se permite una mediación prácticamente
sublime: los elementos mediadores deben ser visibles,
de ser posible inmediatos, porque, entre otras cosas,
la distancia es tan corta que no tenemos tiempo para
dejarla reposar, para invertir la mirada sobre ella,
para sublimarla. Tanto es así que si volcamos
la mirada en eso que ya está inscrito como
lo "real maravilloso" vemos que su causa
está en lo que acabo de afirmar. En lo "real
maravilloso" nada está sublimado: las
imágenes se atropellan, se superponen, se yuxtaponen
y se mezclan creando ese velo, esa extraña
transparencia que opera no con los conceptos sino
con "la lógica de lo concreto" (Levi-Strauss)
o con la lógica del pensamiento mitológico.
Esto, por supuesto, no se tome por una carencia. Simplemente
estoy constatando un dato que ha sido superado, en
mi vulnerable y especuladora opinión, con el
minimalismo brasileño.
Sin embargo, ese adelanto carioca no borra el hecho
innegable de que estamos atropellando la historia,
pidiéndole un sustrato que no acaba de cuajar.
En cinco siglos queremos explicar nuestro devenir
exigiendo extrañas razones que aún el
continente no puede brindarnos, o puede que sí,
pero que necesita de un estudio más sincrónico
que diacrónico, que vaya del metarrelato al
correlato. A fin de cuentas, ser "periféricos"
nos da esa ventaja. Porque siempre seremos el correlato.
De igual manera, nos convierte en espectadores de
primera fila, en privilegiados a la hora de hacer
añicos el pensamiento racional.
Con su obra La evolución creadora Henry Bergson propuso, en 1907, una nueva cualificación
de lo humano: el homo faber. Según
el filósofo, al hombre lo tipifica su capacidad
para fabricar objetos artificiales. Pero esta cualificación
es sólo un síntoma. Bergson acaso recoge
la sensibilidad epocal: en ella el homo sapiens contiene una identidad perdida que muchos reconocieron
en su momento al tiempo que proponían otras
miradas. Así, desenfrenados, aparecen el homo
theoreticus (Spranger), el ludens (Huizinga)
y el simbolicus (Cassirer). (5)
Ellos pueden parecer extravagantes pero las propuestas
de las últimas décadas son más
radicales. Han desfilado el posthuman de
Jeffrey Deitch; "la identidad líquida" de Sandy Stone y el cyborg de la norteamericana
Donna Haraway, término que define el empañamiento
de las fronteras entre los humanos y la tecnología.
Los unos y los otros confiesan ser la huella de una
incesante búsqueda de identidad, más
que el interés cientificista de la taxonomía
o clasificación. Las primeras definiciones
de este siglo se estaban mordiendo la cola: mientras
la sustancia homo permanezca siempre ella
misma y lo que cambie sea el atributo: léase faber, sapiens... no llegaremos
a lugar alguno.
Pero ahí no acaba todo. Toda categoría
impresa en otros lares se acopla a nosotros, insulares
y cubanos, con el donaire de "una presencia sin
deseo"(Baudrillard), pues estas clasificaciones
no obedecen a la estirpe de nuestro contexto. La cuestión
sería entonces: ¿somos capaces de armar,
cubanos, un aparato teórico que nos satisfaga?
O ¿nos durarán los bastones prestados
toda la vida?
Todo parece indicar que no. Por lo menos hasta el
momento lo primero es imposible y lo segundo inseguro.
Ni Saco, tampoco Martí; ni Don Fernando, tampoco
Mañach; ni Lezama, tampoco los estudios postrevolucionarios,
a quienes les falta densidad y sobra espectáculo,
folklor, salvo contadísimas excepciones.
No es la vagancia o la máscara; la somnolencia
o el choteo; el "vivío" o la luz,
ni tampoco la vocación por el martirio (Ponte) (6) lo que nos hace cubanos.
Es todo ello integrado. Es algo que sabemos, no permite
disección ni la mirada parcelaria de una sola
ciencia.
Nadie ha ensartado la aguja y todavía resulta
un acertijo a dilucidar si el inconveniente está
en que la sustancia de lo cubano es tan joven que
no ha cuajado aún y por tanto no puede congelarse
para convertirse en un fundamento ontológico
que soporte una exploración etnológica,
sociológica, antropológica y filosófica
al mismo tiempo o si es nuestra aristocracia mental
tan ligera que solo anda por las ramas, sin gravedad
para penetrar las oscuras cavernas de nuestro sino.
Constituye un reto poder afirmar lo cubano es
esto, en un término solo y sintetizador.
En Cuba, la tragedia reside en que parece no haber
tragedia. Y eso da qué pensar. En Cuba no tenemos
que avergonzarnos del indio delantal, ni podemos renegar
de nuestra madre, esencialmente porque no la tuvimos
o no sabemos cuál es. Es por ello que, creo,
el tema de lo 'cubano' se centra más en una
cuestión ética que ontológica.
Nadie se cuestiona por nuestro SER, pues saltamos
de la NADA (7) al ajiaco y esta
imagen parece confiable. Precisamente ésa es
la visión. Don Fernando Ortiz tuvo la visión
del ajiaco, y lo somos. O más bien, hemos vivido
cómodos con ella, sin reclamar muchas reflexiones.
Los cubanos vivimos con el donaire de los franceses
liberales del XVIII cuando pedían laisse
faire, laisse passé. Pero si
la exigencia de los galos venía desde lo económico,
la connotación que adquiere el lema en manos
de nosotros -cubanos- es diferente: supone una libertad
no exigida, ni demandada públicamente, supone
la libertad de actuar en las arenas mismas de lo prohibido.
De ahí que los cubanos seamos unos eternos
transgresores de la norma y la convención,
ya en la vida cotidiana, ya en la historia y la política (8), ya en la esfera artística.
La Isla no puede con su propio peso.
En este drama, sin dudas, son los artistas los que
mejor han salido parados, los más afortunados,
pues al no estar regidos por las coordenadas que la
teoría impone pueden darse el lujo de la especulación
de la imagen. Pero cuidado, no por ello son más
veraces. La imagen siempre será ambigua, llena
de sentidos y contrasentidos, camaleónica.
Lo que sí es indudable es que, a lo sumo, lo
cubano ha soportado más la imagen que el concepto.
Ella, tan resbaladiza y saltarina como la serpiente
o el pez lezamianos. Precisamente con su poder Orígenes se corona, blandiendo el cetro con inusitada parsimonia,
tejiendo las redes para una pesca grande, bordando
la geografía etérea de la NACION, limpiando
cada parte del mito encontrado para transportarla
en imagen: "a nuestro parecer la adquisición
fundamental de Orígenes es el concepto
de la imagen como una fuerza tan creadora como la
semilla. La imagen operante en la historia, con tal
fuerza creadora como el semen en los dominios del
resurgimiento de la criatura" (9).
Los origenistas, tal vez los más preocupados
por estas cuestiones, encontraron con Lezama acaso
otra imagen confiable. El árbol, que a nivel
de lo general-abstracto puede decirse sin más
ni más que es el árbol de la vida, el
de todas las culturas y que en cada una se refracta
y toma una fisonomía diferente.
"En el centro de toda casa hay una estructura,
un árbol, que convierte lo real en sacramental
en germinativo. El árbol en el centro de la
casa logra un tiempo sin precedentes ni consecuentes
un tiempo resguardado de su fragmentación en
los anillos de la serpiente. En lo inmediato en la
lejanía, el cubano sentirá siempre esas
ciudades y esas casas... como una imagen que tocó
el árbol. Sencillamente como un árbol". (10)
En Cuba, quizás el árbol sea sólo
eso, una acentuada a más una erre,
más una be, más una o más una ele. Un sonido o pura grafía.
En Cuba, ¿cómo escoger entre la palma
y la ceiba?
En Cuba no hay lugar para lo UNO.
Al final, tenemos dos árboles y no tenemos
ninguno.
¿Tendremos, también, dos patrias?
*Este trabajo formó parte de mi propuesta de
tesis en la Maestría de Historia del Arte.
Luego fue solicitado por la revista Dédalo,
en la que -cosa rara- no apareció. Parte de
él se publicó en la revista Habáname con la cual me place colaborar, pues además
de creerla seria, me reencuentra con viejos amigos
de beca, tertulia y fandango. La presente versión
resulta una suerte de copia y pega de "Una imagen
confiable" con "La imagen de la imagen o
complicación de San Francisco" publicado
en Elvia Rosa Castro. Erizando las crines
(o del arte y otras recetas). Ediciones Matanzas
y Aldabón, 2001. Tratándose de un tema
que me seduce y obsesiona y teniendo la posibilidad
de constatar el triste hecho de que ambos trabajos
han sido insuficientemente consumidos, aprovecho la
existencia de este soporte para escribir y destapar
algunas cosillas que pongo a consideración
de todos no sin cierto rubor -increíble pero
cierto!
notas:
1.- Palabras de la Dra. Magaly Espinosa en la mesa
redonda convocada por el CDAV en febrero de 1995 a
propósito de la exposición Relaciones
peligrosas y reseñada por Castro,
Elvia Rosa: Cantar de un tropo a cinco manos. En:
ECB, La Habana, Año 29, Edición 276,
p. 25 y Castro, Elvia Rosa: La conjura de
los fieles. La Habana, Editora Abril, 1998,
p. 32. Excepciones que me contradigan siempre hay,
por ejemplo el concretismo, o el minimalismo brasileño.
2 - Cfr: Heidegger, Martin: Introducción
a la metafísica. México, FCE,
1949. p. 7.
3 - Citado por Alvarez, Ulises: El ex-sistencialismo
de Heidegger. Trabajo de Diploma, 1990. Facultad de
Filosofía e Historia, UH, p. 13
4.- El origen de este cuento está en la novela
inédita Que te compre quien no te conozca,
escrita con la pretensión de ganar un premio
gordo. Las autoras, Melvis González Acosta
y quien suscribe pretendieron, otra vez, ganar en
cuento. De ahí surgió Feeling.
5.- Digamos que son los paradigmáticos pero
no los únicos.
6.- Aún diciéndolo me asalta cierta
duda: ¿quiénes son más suicidas,
los árabes o los cubanos? Si revisamos la historia
ideológica insular y la creación a ella
vinculada vemos que una de las variantes de la disyunción
que siempre hemos generado han estado vinculadas al
suicidio: "será mejor hundirnos en el
mar", "patria o muerte", socialismo
o muerte", "libertad o muerte", "escogeremos
siempre el sacrificio... como nos pongan a escoger
entre la indignidad y el sacrificio", "primero
dejar de ser, que dejar de ser revolucionario".
Y por último esa confesión martiana:
"Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche",
¿la noche?
7.- Entiéndase la nada como un concepto filosófico
tomado aquí como una fuerte metáfora
para llamar la atención en torno al hecho de
no poseer un referente cultural milenario como sí
lo hubo en Meso y Sudamérica. La nada "es
la simple igualdad consigo misma, el vacío
perfecto, la ausencia de determinación y contenido,
la indistinción en sí misma". Hegel,
J. F: Ciencia de la lógica, Argentina,
Solar/Hachette, Tomo 1, p. 77.
8.- Sólo debemos pensar que en menos de un
siglo Cuba ha parido dos grandes hombres: José
Martí y Fidel Castro. Tal dato llevó
al escritor Pablo Armando Fernández a afirmar,
en una 'conversación doméstica' con
un grupo de amigos en Matanzas, que "Cuba es
el altar de la Atlántida". Bellísima
imagen que se convierte en reto a la teoría.
He aquí el poder de la metáfora. La
situación se propició en diciembre del
2000, cuando casi todos los premios nacionales de
literatura, así como Francisco López
Sacha, Carlos Martí, Magaly Espinosa y un grupo
de jóvenes fuimos invitados a la primera reedición
de la Tertulia de Domingo del Monte.
9.- Originalmente en "Señales. Alrededores
de una antología", Orígenes, No.
31, 1952. Reproducido en Imagen y posibilidad,
La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1981, p.9.
10.- José Lezama Lima. La visualidad
infinita. Ed. Letras Cubanas, La Habana,
1994, p. 228.
Elvia
Rosa Castro (Sancti Spiritus, 1968). Filósofa
y crítico de arte. Tiene publicados La
conjura de los fieles (Abril, 1998) y El
mundo como ilusión y apariencia (Abril,
1998), en coautoría con Alba González,
así como Erizando las crines (o del
arte y otras recetas). (Ediciones Matanzas
y Aldabón, 2001).
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