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Juan Francisco Manzano suele ser reconocido más por su Autobiografía que por el resto de su obra, que incluye además textos poéticos y dramáticos, aparte de una serie de epístolas. Recién la editorial Vigía hizo una edición especial de su poema Treinta años . En la misma, aparecen las dos versiones conocidas del texto, más una introducción a propósito del mismo, a cargo del poeta Jorge Ángel Hernández Pérez.
La isla en peso ofrece tales textos, así como otras obras salidas de la pluma de Manzano.
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Líneas de la mano
René Peña |
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La disyuntiva de las versiones de las obras de Juan Francisco Manzano no se resuelve sino con el viaje constante entre el juego de las comparaciones y, sobre todo, con una lectura de sentimiento y aprehensión capaz de recibirlo como era y a la vez como lo arredraríamos ahora mismo. Leído en la Tertulia delmontina, el poema Treinta años convence porque cada uno de los contertulios le concede el terreno que considera le falta, porque cada uno de ellos siente la recíproca tranquilidad de que, siendo un esclavo de nuestra primera mitad del siglo XIX, no puede exigírsele mayor ilustración que la que muestra, ni puede él negarse a cualquiera de las correcciones que se le administren, sobre todo las de estilo, esenciales para grupos literarios de febriles proclamas de avanzada.
Aunque pocas, las variaciones añadidas a Treinta Años nos hablan tanto de los remilgos de época en relación con el concepto de poesía -Alberto Lista era considerado un As de Ases- como del itinerario que hubiera emprendido en la figuración del sentido un poeta de la condición de Manzano. De hecho, la creación posterior rescataría más como valor lo corregido que los añadidos. En cualquiera de los casos, no obstante, el soneto reclama un lugar en nuestra poesía y aventaja a aquellos otros que en su época se concedían el lujo de mirarlo a distancia, contemplando con algo de condescendencia cómo retiraba de su cabeza el sombrero con humildad de hombre de inferior condición, un ser muerto ante su amo mientras era esclavo y escribía ese poema, y nulo ante la justicia y la amenaza del blanco cuando por fin alcanzó la libertad.
Jorge Ángel Hernández Pérez
Cuando miro al espacio que he corrido,
desde la cuna hasta el presente día,
tiemblo, y saludo a la fortuna mía
más de terror que de atención movido.
Sorpréndeme la lucha que he podido
Sostener contra suerte tan impía,
Si tal puede llamarse la porfía
De mi infelice ser, al mal nacido
Treinta años ha que conocí la tierra;
Treinta años ha que en gemido estado
Triste infortunio por do quier me asalta
Más nada es para mí la cruda guerra
Que en vano suspirar he soportado,
Si la calculo, ¡oh Dios! con la que falta.
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Treinta años (A partir de la versión de puño y letra de Juan Francisco Manzano) |
Cuando miro al espacio qe he corrido
Desde la cuna hasta el presente día
Tiemblo y saludo a la fortuna mía
Mas de terror qe de atención movido
Sorpréndeme la lucha qe he podido
Sostener contra suerte tan impia,
Si así puede llamarse la porfía
De mi infelice ser al mal asido;
Treinta años háy, qe conosí la tierra:
Treinta años háy, que en gemidor estado
Triste infortunio pr do quier me asalta.
Más nada es para mí la dura guerra
Qe en vano suspirar he soportado,
Si la carculo (1), oh Dios con lo que falta.
1.- Aparece tachado: comparo
Volad tiernas letras
Volad hijas mías,
Las alas batiendo
Que esta pluma os fia:
Salid de la cuna
Do en miseros días,
Mis ojos os vieron
Por amor nacidas
Huyd cual sefirillos
Que suaves se animan
Y amorosos pasan
Las alcovas frias:
Llegad silenciosos
A par de sumisas
Por donde peligren
Vuestras palabrillas:
Cuidad no tropiezen
Con la atroz malicia
Que siempre inhumana
Fulmina la envidia:
Seguid en la corte
Vuestras cortas vidas,
Mas ¡ay! que estas sean
Donosas sencillas,
Esquivando aplausos
Honor y otras miras,
Que el genio parlero
De la fama brinda;
No los templos cuenten
Que el poder avita,
Pues siempre en sus atrios
El devil peligra:
Ni tampoco las cienes
De lauros señidas,
Por que son de Marte
Gloriosas dadívas:
De amor, de amor solo
Yenad vuestros días
En plasidas horas
De amistad sencilla:
Aya os digo, donde
Fue de mis delicias,
El unico tiempo
Feliz de mi vida:
Y así cuando gosen
Con envidia mía,
Tan pura ignosencia
Tan dulces caricias:
Estando en las manos,
En las manos lindas,
De aquella a quien llamo
Solaz de mi vida:
Las direis que libre
Mis pobres letrillas,
De los que rabiosos
Por morderlas lidian:
Pues si a ella sola
Mi afecto dedica,
Sus tristes tareas
En gratas poesías;
Que de los sapientes
Oculte las rimas,
Lugar nunca dando
Que os oigan y rian:
Y en amante gozo
Con vosotros fina
Repita mis ecos
La amorosa mía.
Volad tiernas letras
De amor producidas,
Por los altos pisos
Que mi amor avita.
Un incauto cocuyo
Revolaba brillando,
Ya del prado a la selva,
Ya de la selva al prado.
Libre cual mariposa
Hendiendo el aire vago,
Liba en vírgenes flores
Jugos almibarados
Ora esplende, ora oculta
Del fósforo inflamado
La luz a que no cabe
Color acomodado.
¡Cómo vuela invisible!
Lucero es ya bien claro:
Si puesto se oscurece,
Presto ilumina el campo
En vano los mancebos
Le siguen anhelando.
Con teas encendidas.
El placer de tomarlo,
Pues revolando en torno
Al silbo suave y blando,
Vuelve la luz en niebla,
Se pierde entre las masas:
Y en la frondosa capa
De un florido naranjo,
Opaca lus despide
Dejándolos burlados
Entonces Niña bella,
Gloria y honor del campo,
Envidia de las flores,
Delicia de su amado,
Toma la cocuyera,
Que con curiosas manos
Labró en felices dias
Su tierno enamorado,
Y en alto suspendiendo
Tan bellísimo encanto,
La mueve, y mil cocuyos
Alumbran encerrados.
"Baja, le dice, baja,
Que en mi amante regazo
Cañas dulces te ofrezco,
De cañutos dorados:
Dormirás en mi alcoba
Mi aliento respirando;
Serás de mis amores
Confidente sagrado."
El fúlgido cocuyo
Placido susurrando,
Vuela, desciende y toca
Sobre sus mismos labios;
Probó la miel hiblea,
Con que amor ha endulzado
Los divinos claveles,
Honor del cútis blanco
Del nuevo prisionero
Celebrase el hallazgo,
Y en la prisión contento
Brilla que es un regalo...
(Se ha respetado la ortografía original de los manuscritos que se conservan en la Biblioteca Nacional José Martí)
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