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En La imaginación contra la norma. Ocho enfoques sobre la República de 1902 , el investigador Julio César Guanche revisa distintos aspectos referidos a la complejidad de ese período histórico tan prejuzgado y habitualmente poco estudiado dentro de las ciencias sociales cubanas. Ello se fundamentas en entrevistas enjundiosas a igual número de especialistas en los temas tratados. Aparte de su acercamiento revelador, el libro se aproxima a una nueva metodología de indagación histórica, que toma en cuenta las zonas de la vida cotidiana y las microhistorias yacentes en la trama de la Gran Historia, aunque se les considere malamente.
La isla en peso reproduce uno de los diálogos de Guanche recogidos en el volumen, en este caso con Tomás Fernández Robaina y acerca del tema racial en la Cuba del siglo XX y todavía más.

Entrevista con Tomás Fernández Robaina
El negro espacio del negro. Raza y nación en Cuba

Julio César Guanche


Después de contribuir decisivamente a las guerras independentistas del siglo XIX, los negros se encontraron sin espacio dentro del diseño social con que se inauguró el novecientos cubano. Las dos razas que habían aprendido a convivir en los campos de Cuba -amén de las inevitables tensiones raciales que también recorrieron las filas insurrectas- volvieron a enfrentarse de manera descarnada. Los prejuicios raciales creados durante 400 años continuaron perviviendo, los negros no fueron admitidos en la policía, se crearon cuerpos de artillería segregados, y los veteranos no recibieron el tratamiento que requería su aporte a la gesta patriótica. La ocupación norteamericana traspuso la filosofía racista de aquel país y agudizó las tensiones por índole de raza.
La cuestión afectó a los negros en general, rebasó las dimensiones clasistas y no distinguió ni trayectorias ni estatus público: al general Quintín Banderas le ofrecieron un cargo de cartero; al senador Martín Morúa Delgado le extendieron una invitación para un convite, con la condición de que dejara en casa a su atezada esposa; y al comandante del Ejército Libertador José Encarnación Montejo no se le concedió el indulto por dar muerte en defensa propia a un hombre, aun cuando así lo solicitó el Consejo Nacional de Veteranos, mientras sí era indultado un alto oficial blanco que había cometido delito de robo.
Los nacionalismos cubanos del XIX habían desconocido al negro. Si bien José Martí elaboró su proyecto inclusivo sobre la patria de todos, el miedo al negro y la exclusión consciente de los miembros de esa raza del discurso cultural y la práctica política entraron al siglo XX sin ser cuestionados de manera radical.
La primera respuesta orgánica al apartamiento de los negros fue la creación, en 1908, de la Agrupación Independiente de Color, dos años después convertida en el Partido Independiente de Color (PIC). El levantamiento de los independientes en 1912, hizo estallar la primera masacre llevada a cabo en la República: tres mil negros y mestizos muertos y asesinados, contra solo doce bajas por parte del Ejército Constitucional. Más allá de amenazar con quebrar el bipartidismo que alternaba el poder en Cuba, el PIC planteaba un problema medular a la estructura republicana de control social. Previsión, el periódico del PIC, se preguntaba: "¿Somos los cubanos de hecho y de derecho ciudadanos de una república democrática o no? ¿ Tenemos iguales derechos los nacidos en Cuba a sentirnos libres, respetuosos y respetados en el orden político ? [.] El día en que en este país todos los nacidos en él puedan ser todo lo que haya que ser; desde Primer Magistrado de la nación hasta el último barrendero, entonces y solo entonces, empezará a brillar la aurora republicana para este miserable pueblo."
La campaña racista desatada contra el PIC arrancó desde su misma fundación y se extendió después como parte del complejo ideológico que pretería al negro como individuo y a lo afrocubano como cultura. En lugar de una guerra racista, los independientes se habían alzado para presionar al establishment a respetar el derecho del PIC a concurrir a elecciones. (1) El fin de la represión, con Evaristo Estenoz fusilado a quemarropa -junto a otros cincuenta hombres-, y con Ivonet arrojado en una fosa común (luego de tres días sin comer antes de morir}, fue una "victoria" de la República contra sus ciudadanos. Los titulares de la prensa dieron cuenta entusiasta del hecho y se celebró un banquete en el Parque Central para celebrar el triunfo sobre los negros. El mito de la igualdad racial quedó sin sustentación alguna en Cuba republicana.
El reconocimiento del peso de la raza y la cultura negras en la formación de la síntesis nacional comenzó a abrirse paso después de la década de los 20. Los estudios históricos y antropológicos, la poesía negrista y la música popular comenzaron a legitimar la significación de la herencia negra para la cultura cubana. No obstante, la discriminación efectiva contra los negros fue un problema que, a pesar de avances y retrocesos, de los silencios y los espacios abiertos, quedó sin solución, aunque registre muchas complejidades. En 1948, como en la época del PIC, un artículo del periódico Hoy aseguraba: "Bajo el gobierno del PRC (Partido Revolucionario Cubano Auténtico) al igual que ayer bajo el Partido Liberal, el cubano negro no tiene oportunidad de hacerse industrial ni comerciante, no tiene acceso tampoco a la carrera diplomática, pasa las de Caín para obtener un título universitario y cuando lo logra, si es maestro, va a engrosar la larga fila de educadores sin aula; si es dentista o músico tiene que convertirse en sargento político para obtener un puestecito en el campo; si es abogado, está I. condenado a andar con los bolsillos rotos, porque no hay dependencia del gobierno, ni empresa privada, ni hombre de negocio que le dé empleo y en la carrera judicial las puertas están cerradas. (2)
Para arribar a la nación cubana, los habitantes del siglo XIX, y los que les siguieron en el XX, debieron forjar una identidad compartida en medio de esas tensiones. El nivel de integración y asimilación de la cultura cubana fue fundamental para albergar la conflictiva relación interracial, aunque la política no propugnó, en los hechos, una solución realmente inclusiva.
Tomás Fernández Robaina ha dedicado el centro de su actividad intelectual a la investigación de las problemáticas del negro en la historia de Cuba. Investigador de la Biblioteca Nacional José Martí, tiene publicados seis libros sobre el tema y es conferencista habitual en eventos en Cuba y el extranjero. Con una larga e interesante historia personal, tiene en proceso editorial un libro sobre sus relaciones con los intelectuales cubanos que trabajaron en la Biblioteca Nacional -entre ellos Cintio Vitier, Eliseo Diego y Fina García Marruz- y ha concluido también un testimonio sobre su relación con Reinaldo Arenas, de quien fue amigo en los años 60. Muy apasionado cuando defiende los derechos de los negros (y de los homosexuales), Fernández Robaina atesora en su casa quizás una de las colecciones más amplias, de las existentes en Cuba, sobre elefantes -tapices, tallas, esculturas, porcelanas- y asegura que su carácter se identifica plenamente con el sino de ese espléndido animal. La entrevista que sigue la sostuvimos en medio de aquel museo de paquidermos, temprano en la mañana, y si habíamos pensado que la conversación nos tomaría una hora, en realidad estuvimos más de dos hablando de hombres y mujeres "de color" -blancos, negros, mulatos, amarillos-y del común denominador que entre nosotros posee esa variedad cromática: el hecho de ser cubanos. El aporte del cosmos afrocubano a nuestra espiritualidad, la crónica del paso del negro por la historia cubana, la complejidad de la lucha contra la discriminación racial y los adelantos y regresos de esta era en cuanto a la integración racial, entre otros, fueron los temas que nos ocuparon.

J.C.G.: ¿De qué manera contribuyó la experiencia de la guerra independentista a la creación de un pueblo cubano multirracial?
T.F.R.: Los movimientos conspirativos de los negros, como el de Aponte en 1812, estuvieron enmarcados dentro de un proceso general de lucha contra la esclavitud. Era un movimiento abolicionista de mucha complejidad, dentro del cual no podemos pasar por alto la existencia del miedo al negro en los siglos que precedieron al XX. Hasta esa fecha, todos los movimientos organizados por los negros habían fracasado o no habían llegado a realizarse plenamente. En el proyecto de la República Cubana, de la Nación Cubana, el negro no existía. No existía en el proyecto de José Antonio Saco, ni en ninguno de los proyectos de la burguesía o los terratenientes cubanos. El negro estaba ausente cuando se hablaba de la independencia nacional. Al comienzo de la Guerra de los Diez Años, toda la dirección está en manos de blancos. Yo estoy estudiando cómo se desarrolló, en esa guerra, el tema del negro, cómo Carlos Manuel de Céspedes se percata de que necesita a los negros, esclavos y libres, para llevar adelante su proyecto independentista y cómo esto fue visto por otros terratenientes esclavistas. La Guerra de los Diez Años, por esta cuestión, posee una connotación muy singular. A partir de esa guerra, el negro emerge como parte constituyente de la nacionalidad y de la cultura política y social cubana. Los negros, que habían empezado como simples soldados, llegaron al final de la guerra como generales. Las figuras de los Maceo, de Quintín Banderas, de Moncada, aportan matices importantes.
Algunos investigadores encuentran las causas del fracaso de la Guerra de los Diez Años, amén del regionalismo, en la agudización -en la etapa final de la contienda- de las tensiones raciales. La abolición de la esclavitud no se alcanza por la solicitud realizada por los blancos durante el pacto del Zanjón, sino por la negación de Antonio Maceo a aceptar ese Pacto. La Protesta de Baraguá trajo, entre otras cosas, la abolición gradual de la esclavitud de todos los que permanecían como esclavos y la abolición inmediata de aquellos que habían peleado. El miedo al negro, que había surgido aun antes del siglo XIX, se manifestó cuando, tras la Protesta de Baraguá, Maceo quiso seguir la lucha y no encontró apoyo económico. Quienes tenían el dinero eran los terratenientes, los burgueses blancos que no quisieron seguir contribuyendo a esa guerra. Por supuesto, ya en la Guerra de1895, las peculiaridades son otras, pero no podemos olvidar que el miedo al negro estuvo presente durante el siglo XIX y que hay referencias a ello en los testimonios y los libros de memoria de los combatientes negros. En un texto de la época se le llama a Maceo "mosca negra que anda por el occidente" . Ciertamente, hubo problemas raciales en el ejército independentista durante las guerras del 68 y el 95. Esa fue una constante a la hora de promover a los oficiales: los negros tenían que ser muy bravos, muy cojonudos, muy valientes para que se les reconocieran sus grados.
Existió una política de marginar a los negros, expresada en las discusiones sobre el derecho al voto, la tenencia de propiedades o el grado de instrucción, factores que pesaron mucho también en el ejército. Los negros, para ascender en la escala jerárquica, debían tener un nivel de instrucción que, obviamente, la mayoría de ellos no poseía. Por lo tanto, es preciso analizar el tema del negro en la Guerra de Independencia de forma dialéctica. La guerra contribuyó, en buena medida, a la creación de una nación multirracial, en la cual el negro no podía pasar inadvertido, y debía tener derecho, por el valor mostrado en las batallas por la independencia, a ocupar puestos públicos y a ser tomado en cuenta. Los racistas blancos, consciente y, a veces, inconscientemente, buscaban por todos los medios imposibilitar la llegada de los negros, con o sin instrucción, a los puestos altos, o a determinados puestos. Un hecho elocuente fue la preferencia otorgada a los que habían sido colaboradores de los españoles, a los integristas, que al poseer determinada educación fueron promovidos a cargos en las Secretarías y niveles de administración de entonces.

- ¿Qué tratamiento recibió la cuestión racial durante el período de las ocupaciones militares norteamericanas ?
- Bueno, todos los pájaros comen arroz y el totí es el que carga la fama. Evidentemente, en aquel momento los norteamericanos tenían un país en extremo racista. Las tropas que vinieron a Cuba pertenecían, básicamente, a las hoy llamadas minorías, descendientes de negros, de indios. Aquel racismo galopante fue transferido a la ocupación, pues los yanquis tenían el poder. Pero a los Estados Unidos se les achacan siempre todos los males del racismo en Cuba. Yo pienso que la ocupación incentivó el racismo blanco de los cubanos. Ahí están las cartas donde Maceo lucha contra la discriminación de la cual él mismo es objeto. Maceo decía: "nada pedir como negro, todo como cubano". Era casi unánime la esperanza de que con la república soñada, la república martiana, el mal de la discriminación racial se solucionaría. Por tanto, cuando vinieron los americanos, los racistas blancos se pusieron el anillo en el dedo ante tradiciones y prácticas que les resultaban comunes, pues mantenían a los negros en su lugar. La ocupación yanqui incentivó, estructuró y creó condiciones óptimas para lo que posteriormente se ha llamado el racismo y la política discriminatoria que imperó en Cuba. Ahora bien, esto hay que verlo con matices; no se puede decir que todo se hizo en función de crear el racismo para luchar contra la discriminación racial y por la igualdad. Ese equilibrio es necesario para no presentar al Ejército mambí como la panacea de la multirracialidad. En ese ejército hubo de todo, hubo niveles, áreas donde eso pudo materializarse, cuajar, pero en otras no fue así. Por eso debemos huir de los términos absolutistas y triunfalistas.
También es necesario investigar el contexto. Ahora se habla de las minorías y de sus culturas. En aquel momento, la cultura dominante era la eurocéntrica, todo lo que no fuera la cultura del colonizador, del conquistador, era considerado como culturas inferiores que debían desaparecer con el tiempo.

- En ese espíritu está inscrito el pensamiento de trabajos de Fernando Ortiz del año 1910.
- Si Ortiz lo dice, o lo repite, en 1910, imagínate cuán difícil resultaba en el siglo XIX prever una nación integrada con los valores de igualdad, de derechos culturales y sociales para todos los miembros de la sociedad. En nuestro caso, yo me he enfrentado, en muchos momentos, a cubanos negros que dicen que jamás se sintieron marginados, discriminados, y que todo lo dicho sobre el racismo en la historia de Cuba es totalmente falso, politiquería demagógica del comunismo.
Mi lucha radica en no hablarles solamente a los blancos. En una etapa de nuestra historia, los negros miraron a los blancos como los poseedores de la cultura, por lo que debían ayudar a los negros a salir del estadio en que se encontraban. Como parte de esa política, muchos negros se asimilaron y ahora hay muchos que nada tienen que ver con la Santería ni con la rumba ni con las comparsas, más bien las detestan porque consideran que son asuntos de gente inculta. Hay muchos negros que escribieron: "Hay que olvidar el tambor africano", "África es la patria de nuestros ancestros, pero nosotros somos cubanos". Decían haberse asimilado totalmente a la cultura cubana sin deber nada a África ni a las culturas de ese continente. Renegar de esa idiosincrasia, de sus raíces, era la forma de acceder al poder, a los estratos de la sociedad dominante. Los negros necesitaban mostrar que portaban la cultura y los valores culturales reinantes en ese momento. A un político, o personalidad de importancia, nunca se le ocurría decir que era santero o palero, porque eso no era indicativo de prestigio. Así pueden encontrarse criterios de Fernando Ortiz y Rómulo Lachatañeré, quien decía que con la cultura y la educación todos los negros de las capas marginales progresarían, y los valores asociados a la "marginalidad" adquirirían una importancia solo histórica, folklórica, pero no un valor realmente social.

- A pesar de que en la Asamblea Constituyente de 1901, encargada de redactar la primera Constitución de la República, apenas había negros y mulatos, los delegados establecieron el sufragio masculino universal como principio de la política cubana. Esa posibilidad de elegir y ser elegido, ¿ cómo se revirtió en la práctica de la participación política de los negros y mulatos y en su integración a la vida cívica nacional?
- Con nivel cultural o sin él, votando o no votando, el negro fue simplemente un elemento de interés para los politiqueros de aquella época. Un negro era un voto. Con todo, la República nacida el 20 de mayo fue un paso de avance para los negros, independientemente del estatus neocolonial de esta. Fue un avance, sobre todo al comparársela con Filipinas y Puerto Rico, que quedaron, como es el caso de este último país, en condición de colonias. No obstante, aquella era una sociedad que consideraba al negro como elemento de sufragio y lo marginaba de la vida social y política. Para poder avanzar, el negro debía asumirse como portador de la cultura dominante, en su sentido más positivo o más desastroso. Es el caso de la politiquería, un recurso que los negros encontraron para avanzar socialmente. Y en esa actitud el "hombre de color" asumía posiciones demagógicas, politiqueras, de engaños, de acordarse de sus hermanos negros en función de las elecciones, para después seguir la misma postura de los politiqueros blancos, y vivir, como se decía, del jamón, del Estado.
La politiquería también era utilizada para mantener la ilusión de que había negros en el Senado o en la Cámara de Representantes, lo que era importante, pero significó, realmente muy poco para los propios negros. Cuando surge un "hombre de color" con una conciencia más avanzada, que trata de acercarse a los partidos creyendo honestamente que podía hacer avanzar a la masa negra, la realidad reflejaba que elecciones tras elecciones -y eso venía desde la colonia- nada se lograba para los negros. De ahí surge -como frustración del negro como votante dentro de la política tradicional cubana- la idea del Partido Independiente de Color (PIC). Los negros se habían sentido engañados, frustrados en sus aspiraciones dentro de los partidos existentes. El PIC había estado precedido por la fundación, en 1908, de la Agrupación Independiente de Color. Este proyecto, muy interesante, podía haber contribuido a un balance, a un equilibrio importante en nuestra República, pero por el miedo al negro fue aniquilado.

- Hubo muchas polémicas en relación con el alzamiento de 1912, dentro de los propios negros y mulatos. La prensa de la época da cuenta de un banquete, en el Parque Central, que festejaba el triunfo sobre los negros.
- Ahí se estaba reflejando el racismo interiorizado, enraizado, de muchos cubanos, porque cuando se miran las fotos del banquete, cuando tú ves lo que se dijo, te das cuenta de que hay una postura totalmente racista. El PIC es, para mí, un ejemplo clave de lo que pudo haber sido algo muy positivo. Es evidente que hubo acuerdos entre Evaristo Estenoz y el presidente José Miguel Gómez, de eso no tengo la menor duda; como sé que no hubo tal alzamiento. Ahora hay un historiador que está haciendo un análisis de la guerra desde el punto de vista del Ejército Constitucional. La primera experiencia que tuvo ese ejército de "enfrentarse" a un supuesto ejército enemigo fue la guerrita de 1912. Y aunque todo eso fue una invención, es evidente que del lado constitucional, del gobierno, los movimientos armados se hicieron como si se estuviera enfrentando a una invasión increíble. (3) Todos los que pelearon, la mayoría de los alzados, de los independientes de color, eran veteranos, gente de experiencia. No obstante, hasta el momento yo no he visto un solo parte del ejército asegurando que en determinado encuentro un solo oficial del ejército resultase herido por bala.
Hay un caso famoso en Boquerón, donde voluntarios negros resultaron asesinados por otros voluntarios, que alegaron haberse equivocado pensando que eran independentarios. Pero no hay una batalla entre las fuerzas de los Independientes de color y el ejército donde haya bajas por parte de estos. (4)

- ¿ Qué cree de las diferencias entre los alzamientos de Cienfuegos y los de Oriente ? En estos últimos los negros fueron masacrados, pero no fue así en el centro del país.
Los alzamientos de otros lugares no fueron realmente significativos. Lo sé porque he estado en los seminarios que se han dado sobre esto. En Cienfuegos sí hubo alzados, partidas, pero la represión no fue igual y pienso que hay que seguir hurgando más sobre este tema. (5)

- Louis Pérez Jr., historiador cubanoamericano, sostiene que en el fondo de lo sucedido en el oriente del país, en aquel año de 1912, había un asunto de tierras.
- Todo se da al unísono. Cuando hice la investigación para mi libro El negro en Cuba , encontré que Pedro Ivonet había comprado grandes extensiones de tierra en Oriente. Cuando uno lee el periódico P revisión, órgano oficial del Partido Independiente de Color, encuentra cartas donde ellos se identifican como pequeños agricultores, como personas que están luchando por surgir como una clase, por tener tierra para mejorar socialmente. Y no puede pensarse que el alzamiento tiene su causa exclusivamente en el problema racial, ni que fue solo un problema politiquero de Evaristo Estenoz, como me dijo una vez una historiadora cubana (me decía que Evaristo Estenoz quería venir a la arena política, aprovechar el hecho de aparecer como una figura, y tratar de pelear y discutir con los blancos los puestos políticos del país). Yo me niego a aceptar esa afirmación. He leído textos de Evaristo Estenoz. Pienso que era un hombre de principios y que realmente quería que el negro despertara y comprendiera que estaba siendo engañado por los políticos tradicionales y que algo era necesario hacer. Ese algo hubiera podido llegar a ser una revolución, aunque ahora se tilde al partido de reformista, por sus planes. Cuando uno lee su programa, se da cuenta de que la plataforma del PIC no era en modo alguno racista. Ellos demandaban la representatividad de los negros en el cuerpo diplomático; pero, además, el derecho a la tierra, a la creación de cooperativas, al acceso a la educación primaria, secundaria y universitaria, a la jornada de ocho horas, y todo eso no lo estaban exigiendo para los negros, sino para todos los cubanos. El programa del PIC era muy equilibrado, en función de nuestra cubanidad, de nuestra patria, acentuando aquellas áreas donde el negro, por las razones históricas que ya sabemos, había estado marginado y no contaba con las mismas posibilidades.

- La denominación de la masacre de 1912 como una guerra racista, ¿era entonces una instrumentación del tema racial desde el poder para ocultar la cuestión social implícita en ella?
- En ese momento se publican dos folletos que son los más racistas que yo haya podido leer de los escritos en mi país, aunque hay toda una bibliografía racista -se pudiera hacer una antología del racismo en Cuba partiendo de fragmentos o de la reproducción de textos publicados donde se habla de la supremacía blanca y de que el negro tiene que desaparecer. En esos folletos se dice que dentro de cincuenta años no habrá negros en Cuba; que ya la guerra entre las dos razas que conviven en Cuba había comenzado, y que una de las dos dejaría de existir -la negra, naturalmente. Eso se publicó justamente en 1912, y luego hay toda una literatura que demuestra que en Cuba ha habido racismo a tambor batiente. La lucha en contra de eso es lo que hace rica la historia de nuestro país. Muchos cubanos tenemos en el subconsciente esa cosa del miedo al negro, que viene desde la colonia y que todavía se visualiza en nuestra realidad cotidiana.

- ¿ Cómo se modificó la política hacia la raza después de 1912?
- Ya en 1918, un periodista llamado Armando Pla publica un trabajo muy interesante en el que señala los avances del negro y las tendencias que había usado, o con las cuales había peleado, para luchar contra la discriminación. Pla llegaba a la conclusión de que el proyecto del PIC podía tener validez en la Cuba de entonces. Es evidente que en esa época imperaba un racismo muy grande, a veces no muy abierto, solapado, pero que se reflejaba en la valoración de las culturas afrocubanas, al considerar que todos los crímenes del pasado eran causa de los brujeros, de la gente negra.
Durante ese lapso, hay textos escritos sobre la superioridad blanca, aunque también hubo cambios. Sin embargo, creo que más que de carácter político, social, de resolver las esencias, las reformas se basaban en intenciones puramente politiqueras. El mismo presidente Menocal, conservador, es el que otorga la amnistía a los independientes que están presos en las cárceles. Eso hace que los negros simpaticen con Menocal, que voten por él. Es muy significativo que los gobiernos de los dos dictadores más connotados de nuestra historia, Gerardo Machado y Fulgencio Batista, hayan sido considerados como los momentos cuando, aparentemente, los negros lograron un espacio mayor, aunque, en efecto, hayan obtenido cierta representatividad. Existe la idea de que los negros estaban con Machado y que apoyaron luego a Batista. El negro pudo visualizarse un poco más en determinados momentos, pero eso también formaba parte de una política destinada a crear la ilusión de una igualdad racial. Sobre todo antes de la caída de Machado, se vivió uno de los momentos más importantes de la cultura cubana con el abordaje del tema afrocubano: cuando llega a reconocerse la existencia de valores estéticos, éticos y, sobre todo, de los aspectos culturales de la herencia africana. Todavía las religiones se veían de otra forma, pero empieza a reconocerse el conjunto.
A partir de 1928, con Machado todavía en el poder, Gustavo Urrutia comienza a publicar su columna "Ideales de una raza". Derrocado Machado, continúan apareciendo en la prensa muchos textos acerca de la cultura afrocubana y del derecho de los negros. Es cuando aparece la sociedad Adelante, con su revista de igual nombre, ambas muy importantes. En 1937, se fundará la Sociedad de Estudios Afrocubanos. Hay una aparición del negro en la escena política y cultural, como antes no había sucedido. El negro comenzó a visualizarse desde el punto de vista cultural, aunque socialmente existían problemas. Hubo algo interesante, un texto que publica Carlos M. Trelles en el veintipico, en el que hace un estudio sobre la educación en Cuba y señala que, en esos años, los negros están asistiendo más a la escuela y avanzando más en el plano educativo que los blancos. Trelles, que fue considerado y homenajeado por la sociedad de color en aquella etapa por ser el autor de la Bibliografía de los autores de la raza de color , alerta, en esa investigación, sobre el hecho de que si los "etiópicos" o los "abisinios" seguían con ese ritmo de estudio y de superación, se iban a ir por encima de los "caucásicos". Él llamaba a estos a hacer algo para que los negros no se fuesen por encima. Esto era una posición racista y nadie habla nunca de Carlos M. Trelles. Yo soy un apasionado de él como bibliógrafo, pero no dejo de reconocer que era un hombre muy influenciado por el modo de vida norteamericano y refleja el modo de ser de los cubanos que no tienen conciencia de su racismo. (6)

- ¿Cómo progresó la participación en los espacios públicos de negros y mestizos tras 1940?
- Yo trabajo mucho la Constitución del 40. Pienso que fue un momento muy importante, no solamente para el problema racial, sino para todos los problemas sociales, desde el punto de vista legal, constitucional. Obviamente, la Constitución del 40 fue un texto muy avanzado, extraordinariamente avanzado para su época y generó, en el plano específico del racismo, grandes debates que dejaron artículos donde se le combate. Sin embargo, nunca se llegó a legislar o adicionar las leyes complementarias de condena a las acciones discriminatorias. Esa carencia de leyes especiales fue objeto de muchos debates, hasta el punto de que llegó la Revolución sin haber sido promulgadas. En la Constitución se decía que no había discriminación, pero era evidente que, en los centros de trabajo, a los negros se les discriminaba. Era muy raro ver en una cafetería o en un bar elegante a un negro trabajando, como tampoco en los bancos. Un ejemplo es la Ley del cincuenta por ciento. La mayoría de los centros de trabajo, sobre todo del comercio, estaba en manos de extranjeros, de españoles. En 1933 se reguló que en cada centro de trabajo debía laborar al menos un cincuenta por ciento de cubanos. En esa ley los negros fueron ignorados por completo, o alcanzó solo a algunos, para lograr una representatividad, pero el beneficio de los negros con esa ley fue mínimo, comparado con lo que significó para los cubanos blancos.
No obstante, quiero decir que la Constitución del 40 fue muy buena desde el punto de vista intelectual; pero en acciones positivas, como hubiera sido dar o garantizar derechos, no generó realidades diferentes a lo que sucedía en Cuba anteriormente. Nadie respetaba la Constitución. No quiere decir que, en algunos casos, en ciertos niveles, determinados negros pudieron verse beneficiados por su aplicación, pero no era la generalidad.

- ¿No fue abordado el tema del negro con la misma fuerza que el problema obrero, que al parecer avanzó más con el peso adquirido por los sindicatos después de la Revolución del 30?
- Para esta etapa ya existe el Partido Socialista Popular y no se puede ignorar en modo alguno la labor de las fuerzas comunistas de aquella época e, incluso, un poco más atrás, de las ideas anarquistas en todos estos movimientos, en pos de una mejoría social y de un mayor espacio para la clase obrera. Eso es algo que se hace muy patente. En los 30, cuando la revolución antimachadista, surge el movimiento del "poder a los soviets" en algunos centrales azucareros. Siguiendo esta tendencia progresista de la visión obrera, se pretendió crear la Franja Negra de Oriente, patrocinada por el Partido Comunista de la época. Los líderes del movimiento obrero tienen mucha incidencia en la vida política y social del país, garantizándoles derechos a los trabajadores, que constituyeron grandes conquistas de la clase obrera. Esas conquistas estuvieron impulsadas básicamente por los líderes del movimiento comunista. Estaban Juan Marinello, aunque fuese blanco, BIas Roca, Lázaro Peña, Salvador García Agüero y muchos otros. Dentro de esa lucha, el Partido Comunista de Cuba tomó como una bandera emblemática el problema de la cuestión racial y las posiciones de los comunistas constituyeron siempre una vanguardia, algo totalmente significativo, porque estaban planteando y apoyando la lucha contra la discriminación racial.

- ¿Qué opinión le merecen otros acercamientos al problema negro de la época, el del Partido Auténtico, por ejemplo?
- No quiero absolutizar, porque podía haber personas que lo dijeran sinceramente, pero cuando uno lee las palabras de Carlos Prio Socarrás, que habló de la discriminación racial en unos discursos muy bellos, te das cuenta de que eran palabras muy lindas que en la práctica nada resolvían. Por eso mismo, por la esencia del miedo al negro que siempre se ha tenido en Cuba y del uso y el manejo del negro con fines politiqueros.

- ¿Cuáles serían para usted las principales manifestaciones de la ideología del racismo y cuáles las principales prácticas discriminatorias ?
- Había áreas, edificios, casas de vivienda, donde no les alquilaban a los negros; había áreas de trabajo y sectores donde los negros no podían trabajar. Recordemos que cuando algunas negras empezaron a trabajar en la tienda El Encanto, aquello se convirtió en un gran suceso. En los parques existían áreas donde los negros no podían caminar. Otro hecho es la necesidad de crear las sociedades de negros y mulatos que dieron origen a la formación de la Federación de Sociedades de Color.

- ¿Hubo diferencias entre negros y mulatos?
- Hubo diferencias entre los negros y los mulatos; no quiero decir que las hay aun, y puede ser que en la siquis de algunas personas aun quede; pero esto fue también algo empleado por la clase dominante durante la colonia para mantener a negros y mulatos diferenciados. Además, para la educación, las culturas de origen afrocubano eran temas folclóricos, de minorías, se estudiaba todo lo que era de negros como algo inferior, de gente salvaje, de gente chusma. Incluso entre los propios negros hubo un gran debate cuando en el año 1937 se decidió que recomenzaran los desfiles de comparsas, y hubo negros muy asimilados que consideraban que eso era un hazmerreír, una burla a los negros. Tanto es así, que hasta el triunfo de la Revolución no hubo un conjunto folclórico nacional. La Sociedad de Estudios Afrocubanos, creada por Fernando Ortiz, pretendió investigar esas culturas, pero realmente no hubo una institución que divulgara, estudiara o tratara de rescatar estos valores. Todo lo que se hizo fue a partir de iniciativas individuales de Fernando Ortiz, Lydia Cabrera, Rómulo Lachatañeré, Teodoro Díaz Fabelo. No había una valoración justa de la herencia africana, ya no solo de la cultural, sino también de la histórica. Fernando Ortiz lo señala en un discurso, al ser nombrado Presidente de honor del club Atenas, cuando dice que en Cuba del negro no se quería hablar, y que solo se hablaba de determinadas figuras históricas.
Cuando yo estudié, en la escuela pública, se hablaba contadamente de algunos negros, no se hablaba de la intelectualidad negra, se mencionaba muy poco la participación negra. No recuerdo que me hayan hablado del Partido Independiente de Color. Es decir, los planes de estudio en la enseñanza general, desde la Primaria hasta la Secundaria, no contaban con la participación negra en la formación de nuestra historia.

- ¿Qué estimula la discusión actual sobre el nacionalismo cubano, en lo que respecta a la integración racial?
- Los problemas sociales en Cuba han sido históricamente postergados por los problemas políticos y económicos. En el año 59 debió asestársele un golpe todavía más fuerte al racismo. Pero el miedo al negro también pesó, a su manera. Y ya no el miedo a que el negro tomara el poder, que fuera una mayoría dirigente, sino el miedo a que el tema negro pudiera ser usado por los enemigos de la Revolución cubana. Con eso se creó una imagen idealizada: el problema racial estaba resuelto. Ciertamente, tuvo solución en muchas cosas prácticas, como la eliminación de las divisiones en los parques públicos para blancos y negros, y la apertura del acceso de los negros a diferentes niveles de trabajo. Con mucha generalidad, muy eufemísticamente, se habló de la superación del problema negro, se pensó que la conciencia era el único factor determinante y no se creó un programa de prevención, de divulgación, de sistematización, para evitar, o al menos limitar, el resurgimiento de los elementos reproductores del racismo. Así, cuando las primeras personas señalaron que había problemas en ese aspecto fueron considerados contrarrevolucionarias; su discurso se consideró un atentado contra la unidad nacional por "dividir a los cubanos entre negros y blancos".
Martí dijo que "cubano es más que blanco, más que mulato y más que negro" en un momento en que se necesitaba de un discurso de inclusión, porque España estaba atizando el miedo al negro. Ahora bien, mientras Maceo estaba luchando por la libertad de Cuba, en Nueva York se publicó un análisis de su pensamiento. El texto inducía a creer que Maceo quería fundar una república de negros. Cuando los blancos leyeron aquel folleto dijeron: "Bueno, ¿vamos a estar apoyando a este negro para que funde una república de negros?". Con la Revolución avanzamos mucho, pero no en la profundidad que debimos avanzar, por estos temores sobre la conveniencia de no hablar del negro y de evitar la división de la unidad nacional. En nuestra sociedad hay muchos que tenemos como divisa el pensamiento martiano, pero hay otros que por cualquier motivo siguen viendo al negro en una escala inferior. Y aunque a la Revolución cubana no se le puede acusar -eso sería una gran injusticia- de tener una política racista o discrirninatoria, hay individuos que, en diferentes niveles, pueden ejercer, inconscientemente tal vez, determinadas políticas raciales que se han generalizado. Yo he estado en reuniones con grupos y las cosas que se dicen que están pasando son asombrosas, y esto lo saben los niveles más altos del Estado cubano. Incluso el propio Fidel Castro ha reconocido que pensamos, muy románticamente, que el problema ya estaba resuelto, pero que en realidad está ahí y cada día se agudiza, por varias razones: la apertura del país a las inversiones y al turismo extranjeros, que traen de todo, desde lo más sano hasta los que solo buscan mulatas y mulatos. Pienso que estamos viviendo momentos muy importantes de nuestra historia social, política y económica. Es un momento difícil, porque el racismo en Cuba está muy enraizado. La gente no se da cuenta, a veces nosotros mismos, involucrados en este pensamiento positivo, progresista, a favor de una igualdad más generalizada, caemos en la trampa e involuntariamente reproducimos expresiones racistas. Es complejo y difícil, porque no hay conciencia masiva del problema. En Cuba hay blancos, negros y mulatos. Es nuestra diversidad, y como en los quebrados, el común denominador es que todos somos cubanos, aunque es preciso reconocer que, por razones históricas, hay sectores de la población que han sido marginados.
La enseñanza cubana no puede tener una orientación eurocéntrica -aunque yo sea un admirador de la cultura europea-, hay que hacerle un espacio a la valoración de la participación del negro en la historia. Cualquier reforma en los planes de enseñanza, para ser efectiva, deber ir acompañada por una política de representatividad, de apertura de espacios. Cuando vemos el televisor no se ve a ningún negro, como tampoco en los diferentes niveles de la administración pública. ¿Qué está pasando? Cualquier video filmado al azar en las calles de Cuba mostraría por igual negros y blancos. Hay provincias como Guantánamo, donde la representatividad de los negros en niveles de dirección intermedios es realmente impresionante y justa. La representatividad es importante; sin embargo, si promovemos a negros que culturalmente, y desde el punto de vista ideológico, son, digamos, eurocéntricos, no hemos hecho nada para asegurar el respeto a la diversidad.
Con todo, en Cuba el problema racial es de menor gravedad que en otros países. Yo asistí a un Congreso de la familia negra latinoamericana y cuando oí las demandas de los negros en esos países, en Ecuador, en Argentina, en Uruguay, en Perú, parecían cosas realmente de ciencia ficción. Al hablar de los negros en Cuba, me dije: ¿de qué nos quejamos en cuanto al problema racial? Los problemas que tienen esos pueblos nosotros los tenemos superados: acceso a la educación, a la posibilidad de trabajar en todas las áreas. Nuestro problema es por qué eso no funciona de una manera más orgánica. No notamos el racismo porque estamos inmersos en esta realidad. A la inexistencia de trabajadores negros en un hotel no le concedemos la más mínima importancia, como mismo ocurre con que los ministros sean blancos o que todas las grandes figuras del país lo sean. Esas cosas están muy arraigadas, aunque yo nunca me preocupé por ellas antes de la Revolución. Este problema del negro y otras cuestiones sociales como el tema femenino, siempre han sido postergados ante hechos de la realidad cotidiana, crisis políticas, crisis económicas. Lo social se relega hasta que se convierta en un problema político o en un problema de envergadura.


Notas:

1 Según la Enmienda del senador Martín Morúa Delgado, mulato perteneciente a la fracción miguelista, el PIC no podría concurrir a elecciones en 1912, objetivo perseguido por los independientes.
2.- Tomás Femández Robaina, EI negro en Cuba , Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1990, p. 158.
3.- "Al iniciarse las operaciones por la fuerza armada gubernamental contra el Partido Independiente de Color, el Ejército nacional estaba compuesto por 15 000 hombres, estando divididos en: guardia rural con tres cuerpos de ejército: occidente, centro y oriente. Ejército permanente dividido en dos cuerpos: infantería y caballería; contando además con la artillería de costa y el cuerpo de sanidad militar. El armamento usado por el Ejército nacional estaba constituido por machetes paraguayos, revólveres Colt -último modelo-, sables, espadas de reglamento para la oficialidad y jefes, rifles Springfield del último modelo, ametralladoras Hoei-Krupp de 200 a 300 tiros por segundo con sistema giratorio de ascenso y descenso, cañones de tiro rápido de costa y de montaña y artillería rodada sistema krupp. La armada se componía de 23 buques, dos eran acorazados de segunda clase: "Cuba", de 2400 toneladas y "Patria", con 1 700 toneladas. Los otros eran cañoneras de primera y segunda: "Hatuey", "Enrique Villuendas", "Habana", "Las Villas" y "Pinar del Río". El jefe superior de la armada lo era el coronel Julio Morales Coello. Tres de estos barcos tenían aparatos de telegrafía sin hilos, todos ellos con alumbrado eléctrico, muchos de ellos tenían reflectores de extensa proyección, telégrafo, teléfono y tubos acuáticos y bocinas para comunicación a corta distancia con otro buque. El armamento de los mismos se componía de cañones eléctricos de cuatro movimientos de alta y de baja, derecha e izquierda, pistoletes de percusión eléctrica y mecánica para el caso de que llegara a faltar el fluido eléctrico, cañones de 25 mm. de tiro rápido giratorios de carga y descarga simultánea. Iniciada la protesta armada del Partido Independiente de Color, el gobierno de José Miguel Gómez repartió rápidamente más de 17000 fusiles en todas las provincias". Silvio Castro, La masacre de los Independientes de color en 1912 , Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2002, pp. 82-83.
4.- "El balance exacto de la masacre racista de 1912 nunca será conocido. Las cifras oficiales cubanas informaron que el número de muertos era más de 2000. Los ciudadanos norteamericanos residentes en Oriente lo estimaron de 5000 a 6000. Guillermo Lara, un independiente que estuvo junto a Estenoz, habló de 5000 muertos. Estos informes contrastaban con la cifra oficial de 16 muertos en las fuerzas armadas, entre los que estaban incluidos ocho negros y mulatos asesinados por sus compañeros blancos y otras víctimas de disparos escapados". Aline Helg, Lo que nos corresponde. La lucha de los negros y mulatos por la igualdad en Cuba (1886-1912) , Editorial Imagen Contemporánea, La Habana, 2000, p. 312.
5.- Un criterio diferente es el de Alejandra Bronfman: "La rebelión no se limitó a Oriente. Cuando se amplía el alcance de la investigación a otras regiones, surge un cuadro más complejo. Una mirada cuidadosa al entramado de acontecimientos en Cienfuegos, en la provincia central de Santa Clara fue un lugar significativo de la organización del Partido Independiente de Color y el único lugar de insurgencia armada en 1912." Alejandra Bronfman , Más allá del color. Clientelismo y conflicto en Cienfuegos , en Espacios, silencios y los sentidos de la libertad. Cuba entre 1878 y 1912 , UNIÓN, La Habana, 2001, p. 285. Aparecieron también grupos de insurrectos en Pinar del Río, La Habana, Las Villas y Oriente. Sus operaciones comenzaron el 20 de mayo de 1912 y fueron liquidadas en agosto.
6.- En el año 1894, antes de que comience la Guerra de Independencia, ocurre un incidente racial en Matanzas ante el cual Trelles ofreció como solución emplear cantineros o dependientes negros para que les sirviesen a los negros, y blancos para que les sirviesen a los blancos. Él lo decía de forma natural, no pensaba que su conducta fuese racista, lo hacía para evitar problemas. (T.F.R.)

 

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