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Lo que sigue es una rareza: La isla en peso publica un cuento desconocido de Alejo Carpentier, el primero que publicara el escritor en fecha tan temprana como mayo de 1923. Se trata de "El sacrificio", aparecido en las páginas de la revista Chic, una de las tantas publicaciones de la burguesía habanera en la que, entre crónica social y fotos de muchachitas bien, aparecieran algunos de los primeros atisbos de la vanguardia que sobrevendría de inmediato. El texto fue traído a la luz por el ensayista Roberto Zurbano, quien nos lo presenta a continuación en un estudio donde lo ubica con más pelos y señales que los que brevemente podríamos reunir aquí.

Un sacrilegio a Carpentier: apuntes para su protohistoria narrativa  
Roberto Zurbano Torres

Si en la obra narrativa de Alejo Carpentier sus novelas ocupan un sitio privilegiado, también vale destacar -por su significativa importancia, menos sistematizada por la critica, pero igualmente abordada- las características y aportes de su cuentística; la cual constituye una zona muy peculiar dentro -y también más allá- de la obra total de este cubano universal. En el periodismo y la narrativa corta surgen y se desarrollan la mayor parte de los principios ideotemáticos y estilísticos que durante su larga carrera literaria este escritor desarrollaría en sus obras de madurez -más y menos- extensas.

El caso del periodismo ha sido suficientemente atendido; sin embargo, la atención sistémica al cuento carpentereano, sus orígenes, evolución estilística y conceptual, así como sus aportes al genero en Hispanoamérica, ha sido un tanto escasa. Quizás porque el propio Carpentier, en conferencias, ensayos, prólogos, entrevistas y otros de los muchos paratextos que nos dejó en su vastísimo ejercer, realmente prestó poca atención al cuento: especialmente como parte de su creación narrativa, pero también como género, como estructura artística y discurso de atendibles valores. La rigurosa fundamentación y exquisita proyección teórica que arrojan sus textos sobre la novela, sus autores, sus teorías y sus contextos; provocan en lectores y estudiosos de sus cuentos cierto estupor: la sensación de haber llegado a un espacio de sombras y algún silencio. Nada más lejano de la verdad, a pesar de que algunos críticos de la narrativa carpentereana se explican muchos de sus cuentos al revés; es decir, a partir de determinadas referencias y abordajes novelísticos, asumiendo estos desde el conocimiento y los presupuestos de sus novelas y no desde la resistente especificidad que tales textos cortos poseen.

"Empecé a escribir cuentos -cuyos originales se han perdido- a la edad de quince años"(1), nos revela Carpentier en una entrevista de 1969, llevándonos a pensar en este género como en el primer espacio literario al cual accedió nuestro escritor -anterior al periodismo incluso-, espacio donde afila sus primeras armas y descubre los primeros secretos de la creación literaria. Difícil sería la búsqueda de aquellos cuentos escritos entre los quince y los dieciocho años por este autor, solo el azar pudiera depararnos una sorpresa de este tipo. Afortunadamente, ya en 1923 Alejo Carpentier publica "El sacrificio", subtitulado como "Historieta fantástica"(2); pieza que sus bibliógrafos identifican como su primer texto narrativo édito. Este cuento apareció en el número 93 de la revista habanera CHIC, que circulara en mayo de 1923. Dedicado a Jorge Mañach y fechado en abril del mismo año, dicho texto constituye el primer indicio, el punto de partida de una obra literaria que años más tarde inscribiría a este novel escritor, que entonces firmaba Alejo F. Carpentier, entre los más prestigiosos del idioma. Leonardo Padura, a propósito de esta pieza, describe a un Carpentier en ciernes: "Varios cuentos recuperados con la maleta, al parecer contemporáneos de "El sacrificio", testimonian los tanteos de principiante de Carpentier en su más remoto debut literario y nos muestran a un Carpentier en ciernes, sencillamente "prehistórico", atrapado por los últimos velos exóticos del modernismo hispanoamericano de Rubén Darío". (3)

Tal y como sucediera con Ecue- Yamba-O , su primera novela, Don Alejo ha excluido éste, su primer cuento édito, del conjunto de su obra narrativa. Es cierto que es una pieza inmadura, adolescente, en la cual nos será casi imposible señalar un grupo de valores literarios -epocales o no-, como aquellos que indudablemente pueden hallarse en esa atendible novela que es Ecue-Yamba-O , por lo cual es justamente "El sacrificio" y no dicha novela aquel texto narrativo carpentereano que "se resiente de todas las angustias, desconciertos , perplejidades y titubeos que implica el proceso de un aprendizaje" (4).

Dicho cuento no resistiría un abordaje histórico-literario de demasiadas implicaciones críticas o textológicas, ni complicados análisis estructurales o sociológicos, pero nos permite re-conocer el incipiente discurso narrativo carpentereano y precisar el momento genésico de la evolución estético-ideológica del mismo.

"Entre ese cuento y mi obra posterior preferiría no establecer relación alguna. No creo que sea justo. Fue un producto de mi adolescencia, que solo fue publicado gracias a la exagerada benevolencia de los editores de la revista"

"El sacrificio" como texto es un trabajo completamente inmaduro, noticia que no necesita ser demostrada en detalles, y cuestión que no agregaría mancha alguna a la consistente obra de Don Alejo y mucho menos ameritaría la labor del "estudioso" que se lo proponga. Desde esa posición solo estaríamos consumando el sacrilegio, pero si el análisis histórico-literario en realidad se propone llegar a ese espacio "prehistórico" en que el autor comienza a formar sus intencionalidades discursivas y va explicitando tempranamente el conocimiento de las convenciones literarias del momento, entre las cuales esta obra iniciática logró identificarse con (o se impuso rechazar) determinados valores ideoestéticos, alcanzaremos a iluminar el espacio genésico de una monumental obra, explicándonos -desde su raíz- aquellas preferencias, enfoques y preocupaciones temáticas, estilísticas e ideológicas que su obra posterior vendría a confirmar, desarrollar y superar. Dicho análisis obviará el manejo inmanentista del texto como una pieza sui géneris y aboga -desde él- por una reconstrucción de los contextos literarios y epocales en que nace a la literatura cubana el joven narrador Alejo F: Carpentier.

El año 1923 aún se solazaba entre los aires modernistas, cuya impronta "rubendariana" había sobrevivido a la estancia habanera en 1915 y a la muerte del gran escritor nicaragüense, acaecida un año después. Es cierto que las obras de Regino Eladio Boti, José Manuel Poveda y Agustín Acosta lograron rebasar ciertos presupuestos modernistas, pero sus excelentes libros fueron producidos en un contexto demasiado provinciano, donde tendrían que esperar algunos años para su justa valoración. En la narrativa producida la década anterior (1913-1922), el panorama era igualmente desconcertante; dispersa en periódicos y revistas, la producción de cuentos no alcanza una calidad medianamente atendible y las referencias más cercanas siguen siendo aquellos autores que inauguraron la cuentística cubana de este siglo, cuya más temprana expresión puede hallarse en el último cuarto del siglo XIX en los textos de Esteban Borrero; es decir, que estamos hablando de una cuentística todavía joven, y -por supuesto- atravesada por mimetismos más o menos superados entre los aires del naturalismo y el realismo de origen francés o español, muy de moda en toda Hispanoamérica a finales del siglo XIX y comienzos del XX: Son las obras de Jesús Castellanos, Miguel de Carrión, Alfonso Hernández Catá, Luis Felipe Rodríguez, Miguel de Marcos o Armando Leyva en su pretensión -pocas veces alcanzada- de expresar temática y lingüísticamente la realidad, desaciertos y ambiciones de la naciente República.

Es aquel momento de nuestra narrativa caracterizado por el escepticismo y la frustración en que se debatía el país durante las dos primeras décadas republicanas; visión sombría que permeaba estos cuentos en su diversidad de tonos y estilos (costumbrista, sociológico, esteticista); también, según el propio Alejo, "la literatura fantástica, modelizada en los cánones del siglo XIX, había igualmente cumplido su ciclo de fantasmagorías" (5) y es el momento en que el cuento cubano, como discurso literario epocal, recoge situaciones llenas de incertidumbre y dolor, personajes alienados, enmarcados en un contexto donde se desarraigan y se nos ofrecen en sus fragmentadas sensibilidades y oscuras conciencias de sí. Es un discurso narrativo no maduro del todo, donde sus autores -a pesar de las ataduras europeístas finiseculares- pugnaban por desarrollar una literatura nacional de bases sociológicas y filosóficas, mas la propia endeblez de estas bases, sumado a la falta de una conciencia histórica que lograra definir la situación socioeconómica del país, señalando el origen de sus problemas esenciales, dieron al traste con estas páginas colmadas de pesimismo y corto vuelo discursivo.

"No hay por qué avergonzarse -nos advierte Ambrosio Fornet, revisando la narrativa de la época-; en la literatura de una semicolonia raras veces se produce esa deslumbrante concentración de fuerzas espirituales y sociales capaz de hacer saltar un genio; la genialidad, por llamarla así, se da a retazos, a tropezones, diluida en las líneas de un diálogo, en la pasión de un personaje, entre dos balbuceos, en veinte novelas mediocres" (6). Observación que nos ayuda a describir el campo literario de la época como un espacio poco consistente, donde sus cultores no lograron reconocerse como partidarios de alguna(s) militancia ideoestética, sino en la más absoluta soledad, incomunicación y apatía social, deudos de "ese desequilibrio de una literatura hecha por virtuosos de la palabra desligados de su realidad o por hombres apegados a ella, pero incapaces de expresarla artísticamente en palabras" (7).

Con respecto a las letras extranjeras, en ese momento cubano -principios de 1923- se realizaban apagadas lecturas de una literatura europea enredada en sus propios asuntos y encerrada en una languidez temático-estilística que el propio Carpentier denominara decadente , aclarando que "ser decadente en aquel momento era cosa bien vista; había que ser decadente, decadentismo significaba una forma de la vanguardia, significaba hiperestesia poética, significaba modernismo; significaba Baudelaire, el ajenjo, los paraísos artificiales y un esteticismo completamente estéril" (8). Los preferidos por el joven Carpentier eran Anatole France y Pío Baroja, entre los cuentos de Gabriel D´Annunzio, Oscar Wilde, Azorín, Paul Bourguet, Gabriel Miró, Joseph Conrad, Miguel de Unamuno, John Lean, Franz Kafka, Máximo Gorki y otros pocos autores latinoamericanos (Horacio Quiroga, Mariano Azuela, Ricardo Guiraldes) que por entonces comenzaban a divulgarse en las revistas mas informadas -Social, Carteles, Chic, etc.

Estas son las coordenadas literarias en que Carpentier inicia su carrera. Sus primeras páginas -narrativas y periodísticas- acusan un esteticismo a veces impertinente y casi siempre salvado por esa erudición afable y suficiente que después le caracterizaría, fenómeno más visible en sus artículos de La Discusión (9); precisados evidentemente por el rigor de las reglas de redacción periodísticas, que es justamente todo lo contrario al estilo narrativo de "El sacrificio", en cuya lectura, tal y como ha señalado Sergio Chaple, justamente a propósito del periodismo, "la adjetivación, copiosísima, carente de sello personal, con marcada tendencia a la anteposición y llena de lugares comunes. Como es frecuente en todo escritor novel, los adverbios terminados en mente escapan a la vigilancia del autor, y la afición por el gerundio (no siempre bien empleado), que sí constituirá en lo adelante un rasgo característico de la prosa carpentereana, resulta desmedida (...)" (10)

El recién estrenado narrador de "El sacrificio" colmó dichas páginas de amplias descripciones cuasimodernistas, bajo cuya ornamentación se ocultaba, un tanto ingenuamente, la intención de construir un mundo narrativo entre el exotismo y el mito; elemento -este último- que vendría a ser recurrente en la obra mayor de nuestro autor.

"La nave alargada y ligera cortaba las ondas con bravura, dejando tras de sí, una sinuosa estela de espuma. Su proa estaba rematada, a usanza noruega, por una cabeza de dragón, toscamente labrada en un tronco de encina, cuyos ojos saltones y fauces desdentadas, estaban cubiertos por la verde pincelada de una minúscula vegetación marina. Aunque esta testa tuviese un aspecto torpe y fuese de gran fealdad, Ulrico el Temerario, rudo "viking" e incansable navegante, pirata a veces y defensor de justos, según los casos, se complacía en mirarla como el genio protector de su barco, y durante sus correrías, pasaba casi todo el tiempo junto a ella." (11)

El diseño de los personajes de este cuento -Ulrico el Temerario, el viejo piloto, Araldo y el monje Guenolo-, junto al móvil de sus acciones y al tratamiento de las leyendas y mitos utilizados, responde más bien a una estructura dramática, presumiblemente operática y no propiamente narrativa, muy evidente en lo que de tremendista o grandilocuente poseen algunos pasajes y el final de esta pieza carpentereana (12).

"El mar era la vida; era la acción. Encerraba en sí tanta poesía como todos los poemas de aquellos bardos que relataban las proezas de los dioses antiguos, más grandeza que los hechos heroicos de las divinidades adoradas; antes de la llegada del santo cuyas palabras habían convertido a los forzudos noruegos en la fe del salvador... ¡La Sinfonía del mar!"

Aunque nos parezca que recurre Carpentier a referencias un tanto lejanas, la problemática que nos asalta en este cuento resultara más o menos conocida, cercana y recurrente después. El mundo de los dioses, hechizos y profecías, el misterio de lo desconocido y el asunto de la religiosidad, constituyen propuestas de una perspectiva universal que este autor asumirá en su obra posterior. El hecho de asumir estos asuntos en un contexto tan alejado de las preocupaciones sociales y estéticas del momento -entre los mitos y las leyendas nórdicas-, responde a la intencionalidad ya mencionada de universalizar su obra, salvo que en "El sacrificio" esta propuesta queda incompleta por la endeblez del mundo presentado, donde nuestro autor aun no poseía esa pericia estructural con que años después ira apropiándose de los elementos míticos más diversos, los cuales insertará en estructuras ficcionales e históricas mejor definidas, para crear -finalmente- un espacio reconocible, una experiencia transferible al hombre de todos los tiempos -más allá de los mitos y leyendas. Si años después podremos identificar esta propuesta re-mitificadora desarrollada de diversos modos en textos como "Los advertidos", "Semejante a la noche", "El camino de Santiago" o en la novela Los pasos perdidos , pensemos en esta pieza menor de Alejo Carpentier, donde ese intento quedó oculto por el gesto exótico o evasivo que los críticos del momento no lograron explicarse.

" - Según he oído decir, un venerable monje llamado Guenolo guarda en ese "drakkar" un cofre que contiene un trozo de la verdadera cruz, varios huesos de mártires y otros sagrados objetos... ¿Qué nos sucedería si causáramos la pérdida de estas cosas?..." (14)

El abordaje del mito y la religiosidad nunca fue para Carpentier un vano ejercicio retórico, sino que vendría a ocupar en toda su obra una función determinante: desentrañar las fuerzas de lo desconocido, explorar en el universo ontológico del hombre, sus grandes sueños y ambiciones, en su capacidad de revelación y su poder de rebelión. Desde la publicación de su primer cuento, es preciso señalar dicho fenómeno -notable referencia en la obra carpentereana- como una peculiar búsqueda ideotemática en la realidad sociocultural de su tiempo, con la cual -desde entonces- hemos podido identificar a dichas obras y autor en el panorama cubano e hispanoamericano de la primera mitad del siglo.

Esta idea carpentereana de asumir la realidad histórico-social partiendo de un cuestionamiento del fenómeno mítico y/o religioso fue evolucionando favorablemente e inició -años más tarde- un complejo proceso comparatístico donde el universo americano va a ocupar un lugar relevante, antes desconocido: Significó para Alejo formar parte consciente de una cultura viva cuya originalidad no se somete a patrones eurocéntricos, sino que logra recontextualizar estos, apropiándoselos y redefiniéndolos en ese gesto que -ventiséis años más tarde, en el archiconocido prólogo a El reino de este mundo - él nombraría lo real maravilloso .

"Entonces pasó algo inaudito. Todo el "drakkar" tembló como por obra de una conmoción interna. El cuerpo de la nave se alargó desmesuradamente. El puente se vio levantado por su centro y dividido en dos por algo parecido a un espinazo gigantesco, la quilla tomó la forma redondeada de un vientre de saurio, y la testa del dragón, erguida ahora sobre un cuello largo y flexible como el de una increíble cigüeña, se movió pesadamente, hundiendo en las olas sus fauces abiertas. (...)" (15)

Cuando Leonardo Padura opinaba que "el tratamiento de la magia como motivo desencadenante de las acciones" (16) aparece esbozado por primera vez en "Historia de lunas", cuento escrito y publicado en francés diez años después que este, estaba olvidando a "El sacrificio" como el primer espacio narrativo de nuestro autor donde el suceso mágico vendría a definir el relato. Las numerosas reiteraciones que haría Carpentier de dicha situación narrativa en su primera novela Ecue-Yamba-O y en el citado cuento -ambos de 1933- nos permiten suscribirla -más allá de la simple coincidencia- como el primer elemento conceptual de la poética carpentereana. Si algo resulta consistente aun en "El sacrificio" es esa "inesperada alteración de la realidad" (17) que logramos presenciar cuando la nave vikinga se convierte en un saurio ante los ojos de un lector que no se sentirá violentado con esta escena, porque les han sido aportados los elemento míticos suficientes para asumir una lectura no fantástica del cuento, sino más bien en el orden de lo sobrenatural, en un orden muy cercano a esa línea donde lo natural y lo sobrenatural se comunican o se disuelven quizás.

No sería del todo serio, a propósito de "El sacrificio" , iniciar un grupo de reflexiones sobre los antecedentes de lo real maravilloso con toda la profundidad y el respeto que merece esta concepción ideoestética; mas, por otra parte, nos resulta muy significativo hallar con tal integridad la propuesta mágico-religiosa de Alejo Carpentier mucho antes de lo que Hilario González ha denominado "La Faceta Afrocubana" (18) de este escritor y muchísimo antes de su experiencia con los surrealistas franceses, por lo que, a partir de este elemento genético de la narrativa carpenteriana -verificable ya desde su primer cuento-, podrá definirse con mayor precisión cuándo, cómo y cuáles otros elementos y abordajes (nacionalistas, surrealistas, etc.) fueron enriqueciendo la propuesta carpentereana iniciada en estas páginas de 1923.

Reconozcamos, finalmente, que el elemento que desarticula a "El sacrificio" de toda la obra narrativa de Alejo Carpentier es la ausencia de una perspectiva histórica en la concepción de este cuento, esa evidente falta de lo que Irlemar Chiampi, a propósito de El reino de este mundo , ha identificado como la carpentereana "filosofía de la historia", (19) que en este cuento no logra expresarse sino en una insuficiente relación que se establece entre el plano imaginativo del relato y el plano epistemológico del narrador, ese espacio donde los presupuestos (éticos, estéticos e ideológicos) del escritor determinan la incidencia y el alcance de su creación en el campo literario y cultural del momento.

"El sacrificio" constituye en la obra narrativa de Carpentier ese primer paso de un itinerario que meses más tarde admitirá una posición vanguardista y nacionalista -el minorismo-, más adelante sería conmovido por la revolución surrealista y luego asumirá esa posición marxista que radicalizó su pensamiento social y su visión latinoamericanista, tan evidente en toda su obra de madurez.

Si 1923 es un año significativo en la historia sociocultural cubana, también lo es en la obra literaria de este autor. Tal y como se suceden -a partir de este año- importantísimos sucesos en el orden político y social del país, así también ocurre con las entonces incipientes vida y obra de Alejo Carpentier, quien se lanza al campo literario con solo dieciocho años y un grupo de exquisitas lecturas, su firme voluntad y las claras intenciones de entender, explicar e incidir sobre la cultura de su época, justo en aquel momento en que el país comienza a ser cuestionado y redefinido por las fuerzas políticas y culturales más protagonistas de la nación, entre las cuales el joven Carpentier comienza a identificarse con aquellos presupuestos (democráticos, antiimperialistas) que cerrarían la bien llamada "década critica" (Marinello) con la (frustrada) Revolución del 33.

Quien escribe en abril de 1923 su primer cuento, publicado un mes más tarde, no es aun ese otro que, a finales del mismo año, trabaría amistad con Julio Antonio Mella, Juan Marinello y Rubén Martínez Villena, con quienes -según sus propias palabras- aprendería a pensar, y se incorpora al Grupo Minorista, esa puerta de la vanguardia latinoamericana por la cual entrarían tantos nombres prestigiosos de la Cultura y la Historia nuestras. Era todavía el joven osado y culto cuya avidez intelectual, postura humanista y abierto compromiso ético le permitieron, posteriormente, superar la insuficiente concepción del mundo que apenas se nos confirma en "El sacrificio", estas primeras páginas todavía atadas a cierta weltanschaung modernista desde el punto de vista retórico, pero ya dispuestas en el plano ideotemático a problematizar ese elemento distintivo -lo mágico- que resulta imprescindible a la hora de explicar la narrativa continental de este siglo.

Entre octubre de 1994 y 1999.


NOTAS:

 

1.- Carpentier, Alejo: Entrevistas . Compilación, selección, prologo y notas de Virgilio Lepes Lemus. Editorial Letras Cubanas, Ciudad de la Habana, Cuba, 1985; p. 161.

2.- Carpentier, Alejo, "El sacrificio" (Historieta fantástica). Revista Chic, La Habana, volumen 12, numero 23, mayo de 1923, pp. 26-27.

3.- Padura Fuentes, Leonardo: Un camino de medio siglo: Carpentier y la narrativa de lo real maravilloso . Editorial Letras Cubanas, 1994; p. 20.

4.- Carpentier, Alejo: "Prólogo a la presente edición", en Ecue-Yamba-O, Novela afrocubana. Editorial Arte y literatura, La Habana, 1977, p. 10.

5.- Ver nota 1, p. 345.

6.- Chiampi, Irlemar: "Historia y mitología en El reino de este mundo " en La Gaceta de Cuba, diciembre de 1989, p.24.

7.- Fornet, Ambrosio: En blanco y negro. Colección Cocuyo. Instituto del Libro, La Habana, Cuba, 1967, pp.8-9.

8.- Op. cit., p. 31.

9.- Ver nota 1, p. 202.

10.- "Alejo Carpentier publica su primer artículo, "Pasión y muerte de Miguel Servet, por Pompeyo Gener", en el periódico cubano La Discusión, el 23 de noviembre de 1922, iniciando así la sección Obras Famosas, la cual mantendría hasta el 9 de julio de 1923. En esta sección se da a conocer una veintena de obras de la literatura universal, "Ver García Carranza, Araceli : Breve nota introductoria" en Bibliografía de Alejo Carpentier , Editorial Letras Cubanas, Ciudad de la Habana, Cuba, 1984, p. 7.

11.- Chaple, Sergio : La primera publicación de Alejo Carpentier (Consideraciones en torno a la génesis de su narrativa y labor periodística). Ediciones Unión. 1993. P. 15.

12.- Ver nota 2, p. 26.

13.- Este condicionamiento estilístico respondía posiblemente a una de las principales ocupaciones que tuvo Carpentier durante la etapa de escritura de "El sacrificio": la sección Teatro del periódico La Discusión, donde entre los meses de marzo y agosto de 1923 se dedicó a reseñar los sucesos del espectáculo musical habanero (conciertos, óperas, zarzuelas, etc.). Ver nota 8, pp. 7-8.

14.- Ver nota 2, p. 6.

15.- Ob. Cit, p. 6.

16.- Ob. Cit, p.7.

17.- Padura, Leonardo: "La magia del ciclo: notas para un cuento olvidado" en La Gaceta de Cuba, periódico mensual de la UNEAC, diciembre de 1989, p. 24.

18.- Carpentier, Alejo: Prólogo a El reino de este mundo , Editorial Letras Cubanas, La Habana, Cuba, 1987, p.4.

19.- González, Hilario: " Ecue-Yamba-O por dentro" en IMÁN. Anuario del Centro Alejo Carpentier, Ano II, 1984-1985, p.8.

20.- Chiampi, Irlemar: Ob. Cit, p.19.

Roberto Zurbano Torres (San Nicolás de Bari, 1964). Crítico y ensayista cubano, quien se desempeña como vicepresidente de la Asociación de Escritores de la UNEAC y conductor de la revista cultural A propósito, que sale a diario a través de la habanera Radio Metropolitana.

 


El sacrificio
(Historieta fantástica)

Alejo F. Carpentier

A Jorge Mañach

I

Con las velas hinchadas por un viento glacial, el negro "drakkar" de crujientes cordajes surcaba majestuoso el océano de plomizas olas.

La nave, alargada y ligera, cortaba las ondas con bravura, dejando tras de sí una sinuosa estela de espuma. Su proa estaba rematada, a usanza noruega, por una cabeza de dragón, toscamente labrada en un tronco de encina, cuyos ojos saltones y fauces desdentadas, estaban cubiertas por la verde pincelada de una minúscula vegetación marina. Aunque esta testa tuviese un aspecto torpe y fuese de gran fealdad, Ulrico El Temerario, rudo "viking" e incansable navegante, pirata a veces y defensor de justos según los casos, se complacía en mirarla como al genio protector de su barco, y durante sus correrías pasaba casi todo el tiempo junto a ella. Esa tarde, el marino miraba con atención el horizonte gris. De pronto, al asaltarlo un recuerdo, se sonrió irónicamente:

- "No zarpes hoy, pues te acontecerá una gran desgracia", le había dicho la vieja finlandesa -Bruna según decían- que vivía en el puerto a costa de la credulidad de los marinos y pescadores.

¿Alguna desgracia?, pensaba Ulrico. ¿Qué podía temer del Mar? Estaba en el Mar como el seno de las planicies nevadas. Siempre miraba con cariño las olas que acudían sin tregua de lo ignoto, como los solados de una armada poderosa y múltiple. ¡El Mar era la vida; era la acción! Encerraba en sí tanta poesía como todos los poemas de aquellos bardos que relataban las proezas de los dioses antiguos; más grandezas que los hechos heroicos de las divinidades adoradas antes de la llegada del santo cuyas palabras habían convertido a los forzudos noruegos en la fe del Salvador. ¡La sinfonía del mar! El entrechocar de sus masas producía una música de armonía incomparable; sus rumores tenían una cadencia que apenas igualaban los cantos de las esquilas. Y el "viking" pensaba con placer en los días que pasaría frente a esta incomparable y caprichosa compañera de su existencia, antes de ver las costas remotas de Groenlandia, antaño descubiertas por su abuelo Erico el Rojo, y a las que iba ahora en pos de riqueza.

De repente su faz barbuda, cubierta por un enorme casco de cuero, tomó una expresión de inquietud al divisar sobre el horizonte un punto negro que se movía velozmente. Con gran estupefacción, vio que ese punto, al acercarse, se convertía poco a poco en una embarcación de pocas dimensiones, sobre cuyas combadas velas relucían varias cruces rojas.

- ¡El "drakkar" de Araldo!, exclamó.

Y sintió hervir en su memoria un cúmulo de odios antiguos. ¡Otra vez en su camino! ¡A centenares de leguas de Islandia, el orgulloso jefe del clan adverso se tropezaba una vez más con él, llevando igual rumbo; yendo tal vez a la misma tierra!... En ese instante recordó la vieja historia; evocó su pasado de amor por la blonda Hansa; su bélica expedición por las playas de Irlanda en busca de bienes, y su vuelta, hallando a la mujer deseada en poder de otro; en manos de Araldo. Bruscamente, le asaltó una idea feroz. De una ojeada abarcó su buque de quilla férrea, con sus grandes dimensiones y enormes velámenes, y la comparó con la embarcación de su enemigo, pequeña al lado de la suya. Además, estaban a enorme distancia de toda tierra amiga. ¿quién sabría nunca nada?

Llamó a su viejo piloto y le dio una orden breve. Mas este lo miró con estupor:

- ¿Darle caza?... ¡Pero es imposible, gran "viking"! Conozco los pacíficos designios de Araldo; sé que llevan en el barco algunas santas reliquias para depositarlas en un pequeño monasterio que se ha edificado en Groenlandia.

Viendo que Ulrico titubeaba, el anciano marino añadió:

- Según he oído decir, un venerable monje, llamado Guenolo, guarda en ese "drakkar" un cofre que contiene un trozo de la verdadera cruz; varios huesos de mártires, y otros sagrados objetos. ¿Qué nos sucedería si causáramos la pérdida de todas esas cosas?...

El "viking" pareció reflexionar; pero luego exclamó con furor:

- ¡Calla! ¡Abusas continuamente de mi paciencia, porque sabes que respeto en ti al compañero de armas de mi padre! Esta vez dirigiré yo mismo el "drakkar"; ¡pero nada te salvará de los grillos, te lo aseguro!

Ulrico el Temerario corrió a la popa, donde empuño finalmente la barra del timón, gritando a los marinos:

- ¡Todo el mundo a sus puestos! ¡Aseguren los cordajes!

Y la nave cambió bruscamente de dirección, lanzándose al encuentro del otro barco.

II

Comenzó una caza feroz. La embarcación de Araldo esquivó la embestida de la de Ulrico, merced a su ligereza, y viró hacia el Norte, con todas las velas extendidas. El "viking", siempre en el timón, dirigía las maniobras a gritos. Cada vez que veía flaquear a algún marinero, lo cubría de injurias. El viento se hacía más frío y azotaba cruelmente los rostros mojados por el agua salada. Las olas aumentaban de tamaño a cada instante, levantando en sus crestas a las dos naves, con un continuo y monótono movimiento, que entorpecía algo su marcha, y hacía rechinar sus maderas. Durante varias horas se prolongó esta trágica carrera, hasta que, al anochecer, la nave perseguidora comenzó a acercarse insensiblemente a la de Araldo.

Reinaba casi la completa oscuridad, y el jefe, de un humor atroz, veía llegar el momento en que habría de abandonar su intento por falta de luz. Del barco fugitivo no se distinguía más que la mancha blanca de las velas, destacándose sobre la negrura del mar. Pero, de pronto, el "viking" tuvo un sobresalto de alegría. El "drakkar" enemigo había virado bruscamente hacia el Este, creyendo no ser visto ya por los cazadores. Ulrico maniobró el timón con tal suerte, que variando algo la dirección, encaminó su nave hacia un punto, donde irremisiblemente se encontrarían ambas.

- ¡No se mueva nadie!, ordenó.

Después de un instante de espera ansiosa, se sintió un enorme topetazo, seguido por un estruendo de tablas rotas, de agua atorbellinada y de gritos de terror. El "drakkar" perseguidor había casi cortado en dos al de Araldo, con su sólida quilla. El barco atacado empezó a inclinarse lentamente sobre un costado; su mástil cayó como una maza; sus cuerdas estallaron y un momento más tarde solo flotó sobre el mar un informe montón de maderos al cuales se asían desesperadamente algunos marineros. Sobre los restos del destrozado casco, se irguió entonces una sombra cubierta por un largo sayal ensangrentado. Levantó los brazos y gritó con fuerza increíble:

- ¡Ulrico el Temerario! ¡Sacrílego! ¡Asesino!... ¡Maldito seas!

El "viking", reconociendo la voz el monje Guenolo, sintió de pronto un miedo inexplicable. Asió la barra del timón, tratando de doblarla para huir hacia el Sur; mas lleno de terror, vio que esta no le obedecía y que su barco comenzaba a navegar hacia el Norte con una velocidad inaudita.

Entonces se desencadenó una tempestad horrible.

Olas tremendas comenzaron a lanzarse contra el "drakkar", jugando con él, como con una brizna de paja. Tan pronto lo izaban en la cresta de una montaña líquida, como lo ocultaban en el fondo de alguna sima espumeante, cuyos bordes amenazaban de cerrarse sobre él. La cabeza del dragón de la proa se sumergía y volvía a surgir continuamente del agua, con sus ojos desorbitados y su hocico deforme. Un viento helado y furioso impulsaba violentamente la embarcación maldita, haciéndola correr a una velocidad infernal.

A la luz mortecina de un farol de hierro, los marinos rezaban bajo los constantes latigazos del mar, mientras que Ulrico, empuñando siempre la inútil barra del timón, resistía las cóleras del Océano con una inmovilidad de estatua. La piel de su mano estallaba, su barba estaba blanca de sal, su rostro estaba insensibilizado por el frío, pero con una trágica tenacidad conservaba la voluntad de luchar y de vivir.

A cada instante, parecía que la tempestad hubiera llegado a su máximo de intensidad; que las fuerzas naturales no podrían manifestarse ya de un modo más aterrador; pero como una continua y sangrienta ironía, en esos momentos las olas se volvían mayores, y el viento soplaba con nueva furia. No se comprendía merced a qué protección ignota el "drakkar" seguía subsistiendo en medio de esta crisis de epilepsia de mar, pues el barco, rodando, dando saltos más bien que bogando, no interrumpía su aterradora carrera hacia lo desconocido.

El "viking" vio cómo las olas se iban llevando a sus marinos uno a uno, cómo todos sus compañeros desaparecía, engullidos en los gaznates monstruosos que constantemente se abrían bajo la quilla de su barco. Y con toda la dosis de terror que puede acumular un hombre, Ulrico se encontró solo sobre aquel espantoso infierno líquido.

Entonces comenzó a distinguir en la oscuridad una cantidad de moles blancas que corrían en sentido inverso a la nave. Eran témpanos de hielo de extraordinario tamaño, que flotaban sobre las aguas mugientes, y se entrechocaban con topetazos enormes. Todos afectaban formas extrañas; unos parecían gárgolas deformes, arrancadas de algún templo de gigantescas proporciones; otros tenían el aspecto de monstruos erizados de púas; otros, en fin, se asemejaban a horribles rostros descoloridos, y desfigurados por muecas simiescas.

Ulrico, sintió que su corazón se paralizaba de miedo al dirigir la mirada hacia el frente del barco. En la oscuridad de la noche, distinguió claramente la verde cabeza del dragón de la proa fijando en él dos ojos relucientes como ascuas; y cabalgando sobre ella, vio, calzado por anchas y ridículas botas, cubierto por un manto de algas, un Araldo descarnado y lívido, que reía sobriamente haciendo sonar sus mandíbulas con un ruido seco y sonoro.

Entonces pasó algo inaudito. Todo el "drakkar" tembló como por obra de una conmoción interna. El cuerpo de la nave se alargó desmesuradamente. El puente se vio levantado por su centro y dividido en dos por algo parecido a un espinazo gigantesco; la quilla tomó la forma redondeada de un vientre de saurio, y la testa del dragón, erguida ahora sobre un cuello largo y flexible como el de una increíble cigüeña, se movió pesadamente, hundiendo en las olas sus fauces abiertas. Ulrico, atontado por el terror, no sabiendo, no queriendo saber por qué prodigio se veía izado en el lomo móvil de una bestia sin nombre, se dejó caer en las aguas que rugían en las tinieblas.

No trató ya de luchar; con las fuerzas agotadas y perdidas todas sus energías, se dejó dar el áspero y terrible beso del Mar. En su último instante de lucidez, vio brillar en la noche los ojos desorbitados del horrendo "drakkar" viviente. Haciendo un esfuerzo supremo el marino se sumergió.

Debajo del agua, el "viking" oyó entonces distintamente el eco de una voz que dominaba los bramidos del viento, el fragor de la tormenta y los choques de los témpanos:

- ¡Ulrico el Temerario! ¡Sacrílego!... ¡Maldito seas!...

Abril 1923
Revista Chic, volumen 12, La Habana, mayo 1923, no. 23

 

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