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Palabras de presentación de La Gaceta de Cuba , número 4 de 2005 |
| Caridad Atencio |
Cuando Codina me llamó para que presentara La Gaceta, gústenos o no, la publicación más importante de los círculos literarios cubanos, por su impacto, asiduidad e inmediatez, pensé en algunas de las grandes figuras del mundo de las letras que me habían precedido, y que, en una vana aparición del contraste, habían ensombrecido su nombre, al demostrar en su presentación que no se habían leído los trabajos de las entregas. Eso, por supuesto, no me pasaría. Me recuerdo viniendo a estas presentaciones en los calurosos meses de verano, cuando la gente no puede pensar y se supone que concurren menos personas. A la verdad que, sin un cien por ciento de acuerdo con sus propuestas, no vengo sólo, como me dijo un amigo, "cuando hay un artículo mío o de alguno de ustedes".
Una portada inusual nos entrega este número 4 de La Gaceta, correspondiente a los meses de julio y agosto de 2005, debida al artista plástico René Francisco Rodríguez, a quien se le dedican propiamente un grupo de trabajos y ha ilustrado buena parte de la revista. Abre la misma un esperado dossier sobre el grupo El Puente, preparado con esmero y sanas pretensiones por el crítico y ensayista Roberto Zurbano, cuyo trabajo Re-Pasar El Puente encabeza esta sección de homenaje y se constituye en nota de presentación y sucinto ensayo, donde se nos dice que "Ediciones El Puente no sólo fue un proyecto editorial encabezado por José Mario, Ana María Simo e Isel Rivero en su primer momento", pues "Lanzan un manifiesto en octubre de 1960, donde puede leerse su entusiasta identificación con la efervescencia revolucionaria del país, con el anunciado Primer Encuentro de Poetas y Artistas... y con el Avión de la Poesía ". Zurbano nos entrega su definición de qué cosa fue El Puente y su interpretación de por qué fue marginado. De Gerardo Fulleda León, en su condición de testigo, aparece un emocionado artículo titulado Aquella luz de La Habana , en el que se cuenta cómo se conocieron los miembros de "este grupo de jóvenes que necesitaba expresarse por medio de la literatura" y que, en su opinión, no era un movimiento literario en sí, con postulados o dogmas estéticos. Recrea con su cuota de dolor y sinceridad el tiempo atrás, el tiempo por delante y la inmediatez que emana de una foto, así como la importancia que José Mario tuvo en El grupo y en su vida como ser humano.
Aparece a continuación una entrevista de Arturo Arango a Josefina Suárez, considerada una "figura tutelar" de aquel grupo, quien, como varios de los que aquí escriben, coincide en afirmar que eran "en definitiva un grupo de jóvenes escritores, unidos por lazos de amistad, que compartían una serie de posiciones en relación con la literatura, movidos por la convicción de que era preciso ganar un espacio para que los jóvenes pudieran publicar, rompiendo el monopolio que detentaba la anterior generación". Josefina muestra una visión desacralizada de los hechos, nada de sobreestimaciones de las que nuestra historia literaria padece tanto. Es parte de esta sección dedicada a El Puente, que adolece, a nuestro entender, de falta de una muestra de su labor propiamente literaria, cuentos, obras de teatro y poemas, los poemas, por ejemplo, de la famosa Ana Justina, de quien supe por unas palabras de homenaje de Nancy Morejón en una lectura suya a raíz de la muerte de la escritora, un breve trabajo de una profesora cubana del exilio, Isabel Alfonso, quien concluye un doctorado en la Universidad de Miami con una tesis sobre El Puente. Allí se nos narra en poco espacio la historia del surgimiento y manipulación de que fue objeto El grupo, para lo cual analiza varios poemas de su miembros, curiosamente de los que luego vivieron fuera de Cuba. Resaltan en su trabajo ideas como estas: "Los escritores de El Puente enfrentaban entonces un doble misterio heurístico: El de la creación poética y el de la creación revolucionaria. ¿Cómo conciliar ambos?"
Cierra este esperado dossier El trabajo Para cruzar sobre las aguas turbulentas , de Norge Espinosa, en el que encuentro no sólo la valoración socioliteraria del hecho, como en los otros ensayos que aquí se publican, sino la abiertamente e inmanentemente valoración literaria. Es un ensayo valiente, con certeros golpes de humor y sarcasmo, que dice lo que piensa mi generación y muchos más sobre Jesús Díaz, el caso de este grupo literario e, incluso, este dossier. Cito a Norge: "Los síntomas que hacen nacer y morir El Puente hablan de fricciones que no son delimitadas en un presente que carece ya de pretextos para evadir esas anécdotas y acontecimientos: la lectura de artículos, polémicas y libros mostraría un ámbito menos adocenado y más inquietante." Como me dijo alguien, El Puente sigue siendo una asignatura pendiente, un problema a dilucidar dentro de la Literatura cubana, como la marginación de Jorge Mañach o tantos otros.
El número cuatro de la Revista continúa con un ensayo de Maribel Rivero sobre las expresiones de ascendencia africana en la cinematografía cubana antes y después de 1959. Luego de un sintético recorrido por la filmografía cubana de esos años, la profesora universitaria afirma que "El abordaje del sincretismo religioso alcanza en esta década niveles de complejidad que permiten declarar una evolución en el cuestionamiento de éstas y revela una pluralización de sentidos en la instrumentación del legado religioso", pero nos deja con el deseo de una exposición más fundamentada y conclusiva de su tesis. Un cuento de Ariel Ribeaux y una nota de presentación de Enrique Pérez Díaz sobre el escritor recientemente fallecido, pueden leerse también en estas páginas, un relato sobre niños de la calle, sin edulcoraciones, pero recreando con efectividad el universo y la sicología infantil. Hay aquí igualmente una entrevista a Teresa Cárdenas, escritora galardonada hace poco tiempo con el premio Casa de las Américas en el género de Literatura Infantil, donde la emocionalidad salva el rigor de una historia, y son señaladas varias de las vicisitudes que atraviesan los escritores de mi generación, e incluso de otras más jóvenes. Le siguen los poemas de luz y negación de Chely Lima y un cuento de José Manuel Fernández Pequeño titulado Andamios, que transcurre, entre otros sitios, en Santiago de Cuba.
Y continúan los Dossiers. Ahora toca el turno a René Francisco Rodríguez, destacado artista plástico cubano. De quien escribe estas líneas se publica el trabajo titulado "Una intención contra El destino" donde se explica en qué consiste y se valora el proyecto "Patio de Nin". "El Salto (o los trampolines de René)" es un brevísimo y atinado ensayo de Eugenio Valdés Figueroa sobre la obra de René Francisco, su evolución, inclinaciones, vasos comunicantes entre sus diversos proyectos y algo muy importante: El impacto que obra tan original ha causado y causa entre los amantes de la plástica a todos los niveles. Cierra esta sección una entrevista de Rafael Acosta de arriba a René. Algunos estarán celosos de este autor que ha logrado entrevistar a un artista plástico relevante en realidad, no porque se maneje su nombre para premios definitivos, sino por lo transgresor y la erudición que emana de su obra. Ciertas líneas de sus respuestas que llaman a la lectura son: "soy un asistente asiduo a las charlas teóricas donde se mide la temperatura del presente artístico internacional"[...] "va a ser siempre saludable no olvidar que «la función de toda pedagogía es combinar formas deseadas de aprendizaje con las de un saber correspondiente»". Se echa de menos en esta entrega, que apela más bien, en mi humilde entendimiento, a un borde sociológico, preguntas sobre su poética pictórica, sobre los repasos y circulaciones inevitables en un artista de nuestra época. Siento que se perdió ocasión, y la paloma parece que se fue volando.
Abre sin dilaciones un Dossier sobre la figura y la obra de Máximo Gómez, conformado con la colaboración de Pedro Pablo Rodríguez, estudioso del Generalísimo. Allí se publica "A propósito de Gómez y la narrativa de Campaña", de Ambrosio Fornet, una valoración literaria de su obra narrativa donde se nos recuerda que la imagen de Gómez escritor surgió en 1927, cuando su hijo Bernardo tuvo la feliz iniciativa de reunir textos suyos, de muy diversa índole, en El volumen Revoluciones...Cuba y hogar [...] "Su pasión testimonial le permitió legarnos documentos imprescindibles para la cabal comprensión de la historia de Cuba, y sus piezas narrativas igualan o superan por momento la de otros cronistas de la guerra conocidos" [...] "Gómez es el autor más tenaz y polifacético de nuestra literatura de campaña. En el frondoso árbol genealógico del género, su nombre aparecería una y otra vez por ambos ejes, el cronológico del tronco y el tipológico de las ramas, en la guía vertical que va del 68 al 98 y en la red horizontal que abarca los subgéneros, desde los diarios de campaña y los partes militares hasta las cartas y las crónicas, pasando por la ficción testimonial y las memorias y recuentos autobiográficos".
Se publica asimismo el prólogo de Fernando Martínez Heredia a El viejo Eduá y otros relatos , en el que se destaca que la obra literaria de Gómez es "una fuente inapreciable para conocer el pensamiento, los valores y las estructuras espirituales en general de grandes grupos humanos" en una época decisiva en la formación de la nacionalidad cubana. Cierra este pequeño homenaje un breve testimonio de Reinaldo Montero sobre su niñez y la curiosa presencia que en ella tuvo la figura de Máximo Gómez.
Hay en este número igualmente un artículo de Raúl Fernández, estudioso de la música cubana, sobre Tata Guines, quien se llama realmente Federico Arístide Soto Alejo. Por más que nos afanamos no vimos la entrevista, el intercambio gustoso de este género y sí una elaboración a ultranza de la fuente viva quien es "un mito viviente de los tambores [...] En el desarrollo de la música popular cubana le corresponde al maestro Tata Guines el mérito una técnica sui generis para tocar las tumbadoras y haber elevado este instrumento al máximo nivel en una orquesta."
De Maylin Machado, diligente encargada de la Sección de Crítica de la revista, es el artículo "De la intervención en lo real a la arqueología de la Historia ", donde se aborda la interesante obra plástica de Henry Eric Hernández que la autora resume en la siguiente idea: "En un momento en que el abandono - espontáneo o premeditado - de lo social parece marcar la existencia del hasta ayer comprometido arte cubano, la obra de Henry Eric descubre su complejidad inagotable. Mas no lo hace a la sombra inocua de las estereotípicas metáforas insulares, sino desde la intervención directa en lo real. Su compromiso [...] es con las minúsculas identidades." Hay poesía también de Arístides Vega Chapú, un cuento de Manuel García Verdecia, una crónica de Rosa Ileana Boudet sobre su relación con Albio Paz y Alberto Pedro, dramaturgos cubanos recientemente fallecidos, sobre el rigor de sus obras y los puntos de contacto entre ellas.
Mención aparte merecen las sección Obituario y propiamente la sección de Crítica. La primera es una especie de bramido silencioso por los que se fueron que, la mayoría de las veces, debe convocar a sucesivos homenajes, o esa noticia de primera mano sobre la pérdida de muchos artistas que están en el exilio. - a veces es el único sitio en que se publica -. Quizá ese sea el caso de Rafael Felo Bacallao (Cienfuegos 1935), integrante de la Orquesta Aragón , muerto recientemente en Caracas.
Qué decir de la sección de Crítica, siempre subvalorada por autores que me han precedido en esta misión. Cuánta energía hay que convocar y transformar para escribir una reseña, género noble, intenso, que permite recorrer algunas de las virtudes del ensayo, pero en un tiro al blanco, y que generalmente es muy mal remunerada. Decía Norman Mailer que "probablemente toma veinte años apreciar la reseña de libros por lo que es: un rito primitivo". Abre la Sección de este número con una reseña muy bien documentada de Gustavo Arcos sobre el Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara que deviene a su vez en varias reseñas sobre las obras más representativas presentadas a esta fiesta del audiovisual. Puede leerse igualmente otra sobre la Muestra de Jóvenes Realizadores, de Sandra del Valle Casals, en donde nos recuerda que el dinero no hace el ingenio. A continuación una crítica de Geovannys Manso al libro Contra el documento de Dean Luis Reyes y otra de Efraín Rodríguez Santana sobre la antología Fuga de Soleida Ríos, que coincide en varios puntos con la reseña que escribí sobre este propio libro y que vio la luz en La Letra del Escriba : cuaderno donde subrepticiamente se muestra y no se muestra hasta dónde debe llegar el sueño y dónde debemos entregarnos a la literatura.
Hay también una reseña de Osvaldo Cano sobre la puesta en escena por El grupo de Teatreros de Orilé de Mario Morales de Tren hacia la dicha , obra de Amado del Pino, en la que se cuestiona hasta qué punto ha sido efectiva o no la versión libre de la pieza. "Reporte de Ilusiones" es una crítica de Corina Matamoros muy bien escrita sobre una curiosa exposición y la obra de dos artistas: Luis García y Miguel Moya, que como René Francisco con su proyecto "Patio de Nin" o Henry Eric Hernández, incurren en caminos similares a los que anda la gente común, una incidencia social, hermosa, dolorosa, litúrgica. Una reseña sustanciosa, lindando las honduras del ensayo, nos presenta Héctor Antón sobre la exposición La Biblioteca Blanca de Wilfredo Prieto. Tania Cordero, por su parte, dedica algunas líneas al panorama del último Festival Los Días de la Danza , al desempeño de las compañías participantes, y a comentar la calidad de algunos grupos ausentes de esta edición.
Cierra este número cuatro de La Gaceta de los meses de verano la sección "El punto", con un artículo de Pedro Pablo Rodríguez donde se propone y expone una revalorización de la figura de Gómez en su centenario, que "merecía atención más sistemática y profunda", y cuyas obra completas no se acaban de publicar.
Los llenos de sentido del humor o malditos dirán que este es otro número dedicado a los negros, como aquel de "Raza, Cultura y Nación". Cierto es que algunos de los materiales que se prepararon para aquel ven su luz en este, y otros, que curiosamente destacan la obra de formidables artistas negros. ¿Y qué decir de la elección de la presentadora? No, pero no piensen en sobreestimación, ni discriminación de mi parte o de los demás: los que miran, los que leen, los que valoran. Son laboriosos y formidables escritores y artistas, en el esplendor de un concepto que, pese a resistencias, ya proyectan la sombra de su savia.
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Ver claro en lo oscuro |
| Lohania Aruca Alonso |
Del título del libro que quiero comentar, de la idea central de su autora -quien a su vez nos remite a Lezama Lima-, tomo en parte el nombre de este trabajo. La compleja y difícil actualidad social en que nos desenvolvemos es el tema que trata la obra Ver claro en lo oscuro. El laberinto poético del civismo en Cuba , de Teresita Díaz Canals (La Habana, 1957), profesora e investigadora acerca de temas filosóficos, particularmente del pensamiento ético cubano; ella lleva a cabo su labor docente en la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana. En 2002 fue publicado su libro Moral y sociedad: una intelección de la moral en la primera mitad del siglo XIX cubano , ganador, previamente, del Premio Elena Gil, que otorga el Centro Felix Varela.
En la compilación de seis ensayos breves que nos presenta, de la forma más sencilla y hasta poética posible, Díaz Canals pone ciertos problemas sobre el tapete: la sociedad cívica, la prostitución y la doble moral. Describe en qué consisten sus escollos éticos -cuáles son las amenazas- y donde están los puntos débiles hacia los que estos apuntan: contra el corazón y la cabeza del socialismo cubano. Pero lo hace sin prejuicios y de forma optimista. En la Introducción nos recuerda versos de una canción de Fito Páez: ¿Quien dijo que todo está perdido? / Yo vengo a ofrecer mi corazón.
La ética y la moral se transforman, cada vez más perentoriamente, en ángulos de enfoque desde dónde podemos evaluar qué ocurre en el mundo en que vivimos , tanto en la teoría como en la práctica cotidiana de sus hechos. También los contenidos de aquellas disciplinas de las Humanidades nos debían servir para modelar idealmente el otro mundo mejor en que desearíamos vivir, nosotros o nuestros descendientes.
En el contexto del mundo neoliberal globalizado, al parecer todo vale (como se titulaba una telenovela brasileña que pudimos ver en Cuba hacia la década del noventa). Pero, para los cubanos que participamos activamente en la construcción de una cultura y una nación socialista y humana al máximo en todas sus manifestaciones, con conductas diferentes , sí nos preocupan los medios y los fines con que este proceso se realiza, sí tenemos en cuenta los ideales promovidos históricamente por nuestra propia Revolución, y de ningún modo vemos con una mirada superficial o indiferente algunos resultados en que se van concretando los nuevos problemas. Por tanto ¡no todo vale!
Los acontecimientos que marcaron el final del siglo pasado, léase: desaparición del campo socialista en Europa del este y consecuentemente la supuesta eliminación de la guerra fría (sustituida ahora por guerras calientes,llamadas de baja intensidad o conflictos locales , o guerra santa " contra el terrorismo" -conceptos estos que tienden a confundir a la opinión pública- y que son lideradas por el gobierno de los Estados Unidos de América y sus compinches contra naciones súper explotadas del Medio Oriente). Todo este conjunto de hechos se instituyó como un hito, marcó la entrada planetaria a una nueva etapa del largo y escabroso camino que transita la Humanidad bajo el capitalismo.
La repercusión de tales acontecimientos sobre Cuba, su economía y sociedad, fue desastrosa; aumentaron las tensiones que ya provocaba entre nosotros el bloqueo comercial despiadado que nuestro vecino del norte se complace en obsequiarnos desde 1960, con su política anti humanista y plutocrática (nada democrática), pues se realiza únicamente en defensa de los intereses de sus ciudadanos multimillonarios y de la contrarrevolución cubana.
Los retos planteados por la subsistencia de los cubanos, mujeres y hombres, niños y ancianos, se multiplicaron durante el Período especial en tiempo de paz, del cual todavía tenemos constancia hoy día. El turismo y la hotelería fueron una tabla de salvación para miles de profesionales, inclusive de alto nivel, que cambiaron el contenido de sus actividades. Muchas familias optaron por la solución emergente de la emigración de todos sus componentes, o de una parte de ellos, hacia los Estados Unidos de América y otros muchos países; de aquí surgieron las remesas, al costo de la ruptura de la familia tradicional. Otros se acogieron a las nuevas posibilidades que abrían las leyes cubanas al crear la categoría de trabajadores por cuenta propia , a costa de enfrentar sus nuevas ocupaciones con el riesgo máximo de fracasar en ellas y de perder sus últimos recursos monetarios (artesanos, fundadores de "Paladares", y una larga etcétera nacida de la creatividad y la perseverancia cubanas). Otros regresaron al seno de su familia campesina, y se integraron a las cooperativas de diversos tipos que existen en el país, en un interesante proceso de re-ruralización de una porción de nuestra población.
Sin embargo, otros y otras, azuzados por la ignorancia, la ambición o el vicio, además de la objetiva necesidad material, dejaron el camino de la decencia y tomaron las veredas que conducen al dinero ganado "fácilmente", a costa de la pérdida de sus valores morales y éticos: iniciaron la frágil carrera de la prostitución y de toda una amplia gama de actividades "subterráneas" o ilegales en que se sumieron por un tiempo relativamente elástico, o para siempre.
La carencia de recursos materiales por parte del Estado cubano para enfrentar y ofrecer soluciones inmediatas a toda la sociedad, en medio de aquel cataclismo económico, además de político internacional, con el que puso punto final el siglo XX y se inició el segundo milenio occidental- cristiano, hizo posible el crecimiento de la marginalidad que ha reflejado ampliamente la literatura cubana de los noventas y más recientemente.
No obstante, los programas básicos del gobierno revolucionario garantizaron la vida, la educación y la salud de nuestros niños, y la seguridad social continuó asistiendo a los grupos menos agraciados (no hubo un jubilado o jubilada, u otros beneficiarios, que dejaran de percibir su mensualidad en momento alguno, hasta donde estoy informada). Los huracanes continuaron azotando nuestro archipiélago y, a pesar de ello, no aumentó el número de pérdidas humanas, muy al contrario, se incrementó y perfeccionó la especialización de los trabajos meteorológicos, y "a brazo partido" se hicieron las entregas de materiales para los que quedaban sin techo a consecuencia del clima.
Las profundas transformaciones económicas ocurridas aceleradamente, con la apertura a la inversión extranjera, con la creación del sector de capital mixto, con la prioridad de la actividad turística y hotelera sobre otras tradicionales, la aceptación del dólar estadounidense como moneda corriente en nuestros mercados para compra de productos en divisas; en conjunto, esto último ya rebasado, trastornó el modo de vida de los cubanos y cubanas que hasta la década de los ochenta habían vivido bajo el amparo del mercado estatal en moneda nacional, incluyendo en este rubro del presupuesto social lo recibido a través de las libretas de abastecimientos de productos alimentarios e industriales (vestimenta, calzado, uniformes, y hasta juguetes para los niños...), sumado al disfrute de la cultura, la recreación y el deporte. A pesar de la magnitud social de los nuevos problemas, estos no fueron suficientes para destruir la fe y el apoyo de la mayoría del pueblo cubano a la Revolución y su liderato. Pero ¿es esta una salvaguardia permanente, que nos quita de encima toda preocupación por la obra magna que defendemos y por el futuro del pueblo?
La erosión mayor apareció, paradójicamente, en los grupos poblacionales educados bajo los beneficios de los programas revolucionarios (1960- 1990), los más susceptibles a la desaparición de estos; es explicable, entre otros motivos, porque no tenían experiencia directa alguna de cómo es la vida bajo los severos rigores del capitalismo, eran de cierta manera ingenuos. La adolescencia y la juventud, representada en ambos sexos, y posiblemente en todos las localidades del país, estuvo y está entre los grupos afectados. En una parte de ellos, no en su totalidad, se presentaron agudamente los rasgos de los problemas que la Dra. Díaz Canals refiere en su libro, revelando un análisis de sus causas: la falta de una orientación teórica (educacional) sobre problemas éticos y morales que les sirviera de valladar ante la agresión de los cambios; el sostén de la familia, su unión y solidaridad para enfrentar los graves problemas de la subsistencia en años de crisis económica, tanto en los campos como en las ciudades, pero especialmente en estas últimas. La desvalorización de la integridad moral, fundamentada en el respeto al trabajo y su justa retribución en relación con las necesidades vitales, trajo a la prostitución como su peor secuela.
Unir con verdadera exactitud teoría y praxis, teorizar sobre la praxis de modo simultáneo a su desarrollo, de modo sistemático y sin discontinuidades, es algo realmente muy difícil de hacer en parte alguna del mundo. Constituye un ideal para los teóricos. Identificar un problema, analizarlo en todas sus partes componentes, reflexionar sobre este, buscar los referentes teóricos -si es que los hay- en el mundo de las teorías científicas sociales, para, después, elaborar una solución, proponerla, aplicarla y controlar sus resultados adecuadamente, es en sí mismo un largo proceso de tareas en las que intervienen muchos especialistas y otros factores insoslayables en las tomas de decisiones.
No es fácil acertar en el momento justo, todos los científicos lo saben. Inventar soluciones, improvisar, tantear lo acertado o erróneo de sus consecuencias, es el camino más corto y común, aunque a veces también es el más lleno de riesgos, el que nos conduce a nuevos problemas, quizás peores que los anteriores, pues hay soluciones que no lo son.
Un diálogo abierto entre la autora, la historia y la literatura cubanas, y las teorías contemporáneas acerca de la sociedad y las mujeres (feminismo ilustrado ), sustentan sus opiniones y argumentos - los que ella denomina el "laberinto"- expresados sobre cada tema al tratar en seis capítulos acerca del civismo ; del progreso moral; de la cultura y prostitución; del amor y de la soledad femenina, redimensionados estos últimos en tres planos distintos: como tormento, como certeza de otras soledades y como derecho de la mujer. El último apartado lo dedica a lo cívico, abarcando lo público y lo doméstico, dos caras de una misma moneda: la vida cotidiana de las mujeres cubanas, que debe ser parte de una vida cívica que está en constante redefinición y padece el peligro de extinción total, si no atendemos urgentemente los síntomas del síndrome que le aqueja.
Esta última idea es el hilo que le permite hilvanar la obra. Ella lo resume en "A modo de conclusiones", mediante cinco tesis cortas. Nos incita a profundizar en nuestros estudios y reflexiones acerca del panorama contemporáneo de nuestra sociedad, a actuar con sinceridad en el sentido mismo de los ideales y sacrificios que depositamos ante el altar de la Patria, por los que generaciones tras generaciones de cubanos arriesgamos no sólo bienestar y progreso, sino, ante todo nuestras propias vidas. Se explica así nuestro compromiso, la implicación de cada uno en responsabilidades presentes y futuras, aunque se obvia el presentismo de temas nimios para remontarnos a una elevación desinteresada, con miras a ver más claro el paisaje próximo que nos rodea, y de igual forma apreciar, a tiempo, los nubarrones que pueden aparecer en lontananza.
Sin dudas, este es un libro controvertido, hay muchos otros criterios en torno a las causas y azares de nuestra realidad y a la explicación de sus problemas, la autora no lo desconoce. Su objetivo al escribir esta obra es la buscar la confrontación de sus opiniones con otras, que también están rasgando sombras aunque con otras luces, desde perspectivas diversas. Un alto para la reflexión es necesario, y mucho mejor después de leer un libro avisador; ejercer el juicio crítico, autocritico, y acertar en la transformación social o familiar, en el contexto de un Planeta en crisis, es tarea de muchos que en Cuba ya están preparados para ello. Los daños económicos por lo general se restauran en menos tiempo que los morales, he ahí uno de los por qué de esta obra. Pensar el futuro es asunto de hoy día, nadie puede evadir esta responsabilidad, sin saber que pesa sobre él o ella misma el juicio de la historia. -
Ficha de la obra:
Ver Claro en lo Oscuro. El laberinto poético del civismo en Cuba.
Autora: Teresita Díaz Canals
Prólogo de Victoria Camps
Publicaciones Acuario, Centro Félix Varela. La Habana, 2004, 109 pp.