Cuba, hace, exactamente, dos siglos

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

Cuba, hace, exactamente, dos siglos

  • La estatua del escritor emplazada en su guarida preferida.
    La estatua del escritor emplazada en su guarida preferida.

Ernest Miller Hemingway tuvo varias guaridas en Cuba. Una de ellas fue el bar-restaurante Floridita. Y, en los días a los cuales ahora nos remontamos, se está fraguando la fundación de La Piña de Plata, antecesor de El Floridita en esa misma ubicación habanera, Obispo y Monserrate.

Cuba tiene 572 363 habitantes. O sea, cinco por kilómetro cuadrado (una densidad como 20 veces menor a la de ahora). Hay un 57 por ciento de negros. La Habana, contabilizando los dos lados de la muralla, acoge a más de 80 mil habitantes. En este mismo año, una Real Orden delinea un plan de urbanización para extramuros. (Lo cual pocos resultados tendrían. De ellos heredamos nuestra capacidad para “planificar”).

España firma con Inglaterra un tratado que prohíbe la trata a partir de 1820. El acuerdo sería reiteradamente burlado, especialmente en Cuba. (“La ley se acata, pero no se cumple”).

Gracias al progreso aportado por los franco-haitianos, en El Caney una caballería de tierra vale 25 veces más que hace un siglo.

En Santiago, el periodista Manuel María Pérez “describió pormenorizadamente los desposorios de Fernando VII y María Isabel […] Amenizaban dos orquestas que tocaban aires marciales, participaban jóvenes criollas sobre sus volantas y el pueblo. […] Al día siguiente, se repetía el paseo, con añadidos de fuegos artificiales […] y al otro, el batallón de pardos costeó la presentación del santísimo sacramento en la iglesia de Dolores, y una comparsa de dieciocho bailarines ricamente vestidos como indios…”, nos informa Olga Portuondo Zúñiga, quien también nos hace saber que en la ciudad santiaguera de entonces andan “santeros [que] carecían de licencia diocesana y se dedicaban a pedir limosnas sin gozar, precisamente, de buena vida y costumbres…”.

Un Real Decreto liquida el estanco del tabaco. Mientras, una Real Cédula permite que extranjeros blancos cristianos se radiquen en Cuba, y hasta los autoriza a portar armas. Claro, es un intento de “blanquear” al país, y tendría entre sus consecuencias la fundación por franceses de Fernandina de Jagua, es decir, Cienfuegos.

Bachiller y Morales informa sobre la salida de cierto Semanario Político Cristiano, que lo mismo contiene malas traducciones del latín que recetas para la cura de los tumores cancerosos. (¡Ah, la prensa!).

Está en La Habana el ecuatoriano Vicente Rocafuerte, amigo del poeta Heredia, y que sería presidente de su país.

Apertura del Jardín Botánico, en los terrenos que hoy ocupa el Capitolio. Reflejó “el desarrollo de una cultura de la naturaleza” (C. Venegas F.).

Se edifica la habanera Plaza del Vapor.

Inaugurado el cementerio de El Cerro. Primer sepultado: un africano, el lucumí Apolonio, esclavo del Real Consulado. El camposanto sería clausurado en 1860, por su antihigiénica fetidez.

Se coloca la primera piedra del puente sobre el espirituano Yayabo. La obra solo estaría lista 24 años después.

Puerto Príncipe recibe el título de ciudad. También en este año, se prohíben allí las festividades de San Juan.

 “...la villa de Cifuentes, tuvo su origen hacia 1817 en donde se construyó una pequeña iglesia, pero por lo malsano del lugar se trasladó a donde hoy se levanta” (A. Núñez Jiménez).

Nace en La Habana el pianista y compositor Manuel Saumell.

Toma posesión el presidente James Monroe, quien preconizaría el expansionismo norteamericano.

Nos dice Pezuela que el país produce 3 millones 569 mil arrobas de azúcar.

Mientras tanto, en esta gran caldera donde se ha ido cociendo nuestro ajiaco, están todos los ingredientes que fraguarán en la epopeya libertaria.