El príncipe que renunció al trono por una cubana

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

El príncipe que renunció al trono por una cubana

  • El niño Alfonso junto a su padre, el rey Alfonso XIII.
    El niño Alfonso junto a su padre, el rey Alfonso XIII.

Al bautizarlo, en 1907, le endilgaron los nombres Alfonso Pío Cristino Eduardo Francisco Guillermo Carlos Enrique Eugenio Fernando Antonio Venancio.

Lo cual ha sido normal en las casas nobiliarias. Como también, en tales familias, resultaban frecuentes las enfermedades provocadas por repetidos matrimonios consanguíneos.

Y Alfonso de Borbón y Battenberg (1907-1938) nació hemofílico. En la corte lo apodaban El Intocable, pues siempre se temía que un golpe le provocase una hemorragia.

Como hijo del rey, desde que vino a este mundo fue Príncipe de Asturias y heredero del trono hasta la proclamación de la Segunda República, en 1931.

Y seguiría siendo príncipe titular hasta que renunció a sus derechos dinásticos en 1933, hecho éste que lo conecta de muy cercano modo a Cuba.

A los 26 años de edad, Alfonso se encuentra bajo tratamiento, en una clínica suiza, por su enfermedad congénita.

Allí conoce a una cubana, natural de Sagua la Grande, hija de padre cántabro, de la cual se enamora. Edelmira Sampedro y Robato (1906-1994) era coetánea suya y prima de Jorge Mañach Robato, quien tuvo entre nosotros una vida tan activa en la política como en los desempeños intelectuales.

Provenía la muchacha de una familia con excelente posición económica, participante del negocio azucarero y propietaria de un palacete en la villa sagüera.

Pero eso no resultaba suficiente. Porque Edelmira era… ¡una plebeya!

No obstante, Alfonso no ceja en su empeño. Por escrito y a petición de su padre —el rey—, renuncia a sus derechos sucesorios. Adiós al principado de Asturias. Ahora sólo será el conde de Covadonga. Pero firma aquel incendiario documento, el 11 de junio de 1933, para diez días después casarse con Edelmira, en la Iglesia del Sagrado Corazón de Ouchy, junto a Lausana.

No sería eterno el idilio: la pareja se divorcia en La Habana, el 8 de mayo de 1937.

¿Se imaginan, querida amiga, amigo dilecto, que ahí terminaron los trajines amatorios de Alfonso, relacionados con Cuba?

Pues no. Helo ahí, contrayendo matrimonio por lo civil, en la embajada española de La Habana, el 3 de julio de 1937, con la cubana Marta Esther Rocafort y Altuzarra (1913-1993), hija de un estomatólogo.

Fugaz fue el segundo enlace. Se divorciaron en la capital cubana, el 8 de enero de 1938.

No tuvo Alfonso descendencia en ninguno de sus matrimonios. El porqué es bien conocido: unos años antes de casarse con Edelmira —la primera esposa— fue sometido a una operación de las vías urinarias que lo dejó impotente. Pasaría más de la mitad de su corta existencia en cama, hospitalizado, sufriendo intervenciones quirúrgicas y con horrendos dolores.

Cuando tenía 31 años anda conduciendo un auto por una calle floridana. Accidente, al parecer insignificante. Pero un pequeño golpe le causa una hemorragia interna, que no pudo ser contenida, por el mal hemofílico que padecía. Fallece en el miamense hospital Gerland.

Aquel pobre ser, que fue recibido en mundo con veintiuna salvas de artillería, que tuvo como padrino de bautizo al papa, que iba a ser monarca, en su sepelio sólo contó con la presencia de Mildred Gayner, una cigarrera de club nocturno que lo acompañó en la etapa final de su vida.