LUBERTA Y… LAS MAYÚSCULAS

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

LUBERTA Y… LAS MAYÚSCULAS

  • Alberto Luberta Noy.
    Alberto Luberta Noy.

Transcurría el sangriento decenio de los 1950.

Un hombre joven, miembro de un comando antibatistiano, se jugaba el pellejo sin abandonar su acostumbrada sonrisa.

Muchos años después, agobiado por los homenajes, iba a susurrar: “Sólo hice lo que tenía que hacer”.

El acoso policíaco lo obliga a exiliarse en Venezuela.

Pero allí no estará cruzado de brazos. Desde Cuba cada medianoche esperábamos ansiosos el programa del 26 de Julio que transmitía la caraqueña Radio Continente. Ah, y nuestro héroe estaba entre los realizadores de tal espacio.

Tras la alborada gloriosa, ya el 2 de enero aterriza en la tierra natal.

Y, alborozado, se dispara su hiperactividad en la patria amanecida. De él diría Enrique Núñez Rodríguez: “Es un mártir cotidiano de la radio”.

Humorista nato –gracias a su raigambre popular--  alguien lo calificaría como “arquitecto de la risa”, mientras él confesaba: “Sacarle una sonrisa a alguien es un placer que no tiene comparación”.

Pero jamás tuvo conciencia de quién él era. Modestísimo, sin pose. Cariñoso con los compañeros a matarse. Dedicando siempre su límpida querencia hasta a quienes no se la merecían.

¿Su título nobiliario? Pues frecuentemente proclamaba con orgullo haber echado cuerpo en el hogar humildísimo de un suplente de tranviario, en el marianense  Pogolotti, barrio obrero.

Murió Alberto Luberta.

Un hombre total. (Sí, HOMBRE TOTAL, escrito con mayúsculas).