Taque, donde estés. ¡Guárdanos un sitiecito!

AYER Y HOY: MIRANDO A CUBA

Taque, donde estés. ¡Guárdanos un sitiecito!

  • Juan Taquechel López, incansable luchador y fiel servidor de la clase obrera cubana. Condecorado por Fidel Castro Ruz con la medalla Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba.
    Juan Taquechel López, incansable luchador y fiel servidor de la clase obrera cubana. Condecorado por Fidel Castro Ruz con la medalla Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba.

Dijo Simone de Beauvoir que la muerte es “una violencia indebida”.

Si lo sabremos —hoy y aquí— cuando Rafael Taquechel Hernández (Santiago de Cuba, 1942- La Habana, 2017) acaba de dar el salto irreversible hacia el trasmundo.

Este insignificante emborrona cuartillas comenzó a despedir duelos, con quince años, en su inconmensurable Oriente natal. Pero nunca se le había planteado un reto semejante.

Porque, ¿cómo encasillar al que ha partido? Su personalidad, escurridizamente inatrapable, plantea un desafío.

Nunca la discutida TV Cubana tuvo en su nómina, bajo el rubro “asesor”, a alguien con más valía como para ser incluido en semejante clasificación.

Ser de cultura insondable. A las tres de la madrugada, uno —encaquilla’ o, en alguna crónica— lo llamaba telefónicamente para saber cuáles habían sido las bajas en la batalla de Las Guácimas. Y él, sin que le temblase un músculo de la cara, te respondía que fueron tales del lado español, y tales en las filas cubanas. (Claro, después me recordaba, amablemente, a la autora de mis días, por haberlo despertado).

En cada instante, jamás la Patria esperó por él. Claro, era asunto del mismísimo ADN. ¿No dice ese evangelio del pueblo, el refranero, que “De casta le viene al galgo”? ¿Y que “De tal palo, tal astilla”? Y El Taque, más que con leche materna, se crió con comunismo a pulso. Ese padre fue decisorio. Juan Taquechel López. Un estibador que comenzó liderando, dígame usted, a los obreros portuarios, y nada menos que… ¡en Santiago! Era de los ñángaras tiratiros. Sí, porque fue invento suyo ciertas Brigadas de Autodefensa: cuando salían en una manifestación, y la policía balaceaba, ellos hacían lo mismo. Habían ñampios de la’o y la’o. Y vaya lo uno por lo otro. Después Juan ocuparía una curul en la podridísima Cámara de Representantes, para defender a los de abajo, a los preteridos, a los ninguneados.

Sí, El Taque resultó fiel seguidor de sus genes.

A modo de cierre, dígase que Rafelito fue todo un gentleman (no británico, sino criollísimo, claro está). Sobre todo con las damas. (Quizás por eso siempre se vio tan bien favorecido por ellas, sus hadas madrinas, provistas de celestiales alitas).

El Taque, junto al actor y dramaturgo Carlos Padrón.