Breve historia de la pornografía

NATURAL DE CAIBARIÉN

Breve historia de la pornografía

  • Una imagen muy sugerente acerca del tema
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Hace ya varios años, en este mismo espacio, el Doctor en Ciencias Filosóficas Jorge. G. Arocha publicó un trabajo titulado “La esterilidad de la pornografía en la era de la información”, donde apuntaba lo siguiente:

“¿Ha notado que en los últimos tiempos los límites morales se vuelven cada vez más difusos, que la permisibilidad sobre temas tabúes aumenta, pero «extrañamente» los prejuicios se mantienen? Este es el caso de la pornografía, donde se conjugan persecuciones, pero al mismo tiempo se reproducen espacios para su comercialización”.

Con los nuevos avances tecnológicos el debate se aviva, ya que cada vez más hay quien reconoce su funcionalidad, y de otro lado hay quien la niega; de esa manera, la actual controversia en torno a su producción, distribución y consumo define dos campos opuestos: por un lado, los que apoyan su difusión si bien con ciertos controles y límites; y por otro lado; quien niega absolutamente su presencia en nuestro mundo.

En cualquier caso, el aumento de su difusión es evidente y, para que se tenga una idea, la palabra más buscada en Google es sex, de la cual obtenemos en 0,08 segundos 194 millones de resultados. Intente con Irán, Guerra Nuclear, Barack Obama u otros términos para que pueda comparar. Cada segundo se gastan 3.065.64 dólares en pornografía, y 28.258 usuarios de Internet la están viendo. El 12 % de las páginas webs de Internet son pornográficas, es decir, un total de 24.644.172 de páginas; y 2.500 millones de emails diarios son pornográficos, un 8% del total. El 25 % de todas las búsquedas realizadas están relacionadas con la pornografía, un total de 68 millones de búsquedas al día. El 35 % de las descargas de Internet son pornografía, y el horario en que más se consume es de 9:00 a.m. a 5:00 p.m., o sea, en horario de trabajo”. [1]

Esto por supuesto que pone de manifiesto la “popularidad” que ha alcanzado la pornografía en los tiempos actuales, y gracias a las nuevas tecnologías.

Si conocemos también que según las mismas estadísticas de la revista GOOD, solo tienen prohibida la divulgación de la pornografía los siguientes países: Arabia Saudí, Irán, Bahréin, Egipto, Emiratos Árabes, Kuwait, Malasia, Indonesia, Singapur, Kenia, India, Cuba, y China, nos daremos cuenta que este es un asunto absolutamente universal, y que quizás valga la pena preguntarnos: ¿cómo y dónde empezó todo?

La pornografía y las representaciones eróticas se ubican en tiempos tan antiguos y primitivos de la historia humana como la era del paleolítico. En la sociedad primitiva se desarrolla el pensamiento mágico como fundamento de las religiones primitivas, y se observaba en las capacidades reproductivas animales.

Se establece el culto totémico hacia las estructuras anatómicas de la procreación: el culto hacia el útero (objeto de culto debido a su capacidad de retener al feto y propiciar su nacimiento); y el culto fálico, considerado como “depositante de vida”. Las figuras como la Venus de Willendorf demuestran la obsesión social por los genitales, la maternidad, la fertilidad y el erotismo, a través de tetas y nalgas de proporciones exageradas, con una posible intención de representar la pornografía.

En la Grecia clásica el arte era falocéntrico, con una dimensión también probablemente pornográfica. La representación de escenas sexuales era habitual en el arte popular del imperio romano, cuyas visiones sobre la sexualidad se acercaban moralmente a las visiones de la Grecia Clásica. Con la aparición del cristianismo, se vio a la pornografía como una forma de la lujuria, y era considerada un pecado mortal junto a la masturbación, la fornicación, la sodomia, el adulterio y la prostitución.

La literatura erótica aparece, bajo controversia, en los últimos siglos de la Edad Media, mientras que la pornografía, en una forma similar a la actualidad (producción en masa), aparece en el siglo XVI durante la cultura de la imprenta.

Durante el siglo XVI la literatura erótica se ve frenada por distintas visiones morales sobre la obscenidad, lo que provoca que los autores publiquen sus obras bajo nombres falsos y con ciertas limitaciones en la distribución.

En el siglo XVIII se populariza el arte erótico con la aparición del arte rococó, y durante los últimos años del arte barroco, cuyo erotismo era principalmente sutil y moderado, recurriendo al desnudo y a escenas que marcaban sentimientos como el amor, la pasión, la felicidad y la ira.

La comercialización masiva de material erótico aparece en el siglo XIX durante el periodo de la Época Victoriana, que culmina en la distribución masiva que surge con la Segunda Revolución Industrial.

La pornografía moderna consigue su mayor presencia a partir de la llamada Edad de Oro del porno, que tiene lugar desde los años 70’ hasta la actualidad.

El concepto de pornografía que se tiene hasta nuestros días tomará una nueva definición con la invención y la popularidad de la fotografía para sustituir los trabajos de ficción literaria y artes plásticas que predominaron en los siglos anteriores. Los burdeles, los cabarets y la prostitución fueron unas de las principales fuentes económicas del siglo XIX en toda Europa.

El cinematógrafo de los hermanos Lumiere adquiere forma comercial en el año 1895. Es un año después cuando es realizada la primera película pornográfica, que fue la película francesa Le Coucher de la Mariée (1896), dirigida por Léar y producida por Eugène Pirou, donde se ve a Louise Willy, una actriz de cabaret, haciendo un striptease y teniendo relaciones sexuales con un hombre.

Durante la primera mitad del siglo XX la pornografía estuvo totalmente prohibida por distintas leyes en Estados Unidos e Inglaterra.

En los años 1960 comienza a tomar una mayor divulgación debido al debilitamiento y anulación de las leyes que la regulaban, influenciados por la corriente de búsqueda de derechos sexuales que motivó el movimiento de la Revolución Sexual.

El cine comercial comienza a florecer en los primeros años del siglo XX a partir de cortometrajes sencillos, que eran presentados en cines que fueron populares en Estados Unidos e Inglaterra entre 1900 y 1920.

En 1952, la Suprema Corte estadounidense determina que el cine está protegido por la Primera Enmienda y la Decimocuarta Enmienda de la Constitución, enfatizando la libertad de expresión como elemento de la producción en los medios audiovisuales. Esa misma institución jurídica, en 1957, dictaminó que el Hicklin Test —que servía para considerar si un trabajo era o no obsceno—, era inválido, y ello permitió la venta comercial de pornografía en calidad de arte, perdiendo su carácter artístico solo cuando mostrase genitales expuestos femeninos, dando inicio así al periodo semi-legal de la pornografía para hombres.

En el año de 1969, la Suprema Corte de Justicia de los Estados Unidos de América retira los cargos levantados contra un hombre que poseía pornografía en video para uso personal; y, en ese mismo año, Dinamarca se convierte en el primer país en legalizar la pornografía, lo que conllevó a una alta producción de películas con material pornográfico entre 1970 y 1974.

A mediados de los años noventa del siglo pasado; aparece la pornografía en formato DVD, permitiendo una distribución mayor de material erótico. Entre 1995 y 2000, varias empresas productoras de pornografía se incorporan a Internet, y abren los sitios oficiales de sus marcas, tales como la revista Playboy en 1994, y la revista Hustler en 1995. También en 1995 se incorpora al alcance de Internet el servicio de videoconferencia, que hizo posible la capitalización de live cams y servicios de cyber sex.

La distribución de estas películas por Internet se desarrolló aproximadamente a partir del 2008. Primero atendiendo a los miembros, y, después a través de la venta o alquiler de copias digitales.

Por mi parte, considero que la pornografía se ha convertido en una masiva aberración social; el sexo debe ser íntimo, tierno, solo entre dos, y si existe el amor es magnífico, si solo es la pasión también vale, pero en las películas pornográficas, los actores son malos, no disfrutan, hacen cosas extrañas, fuera de contexto, y siempre me recuerdan un mal vouyerismo, llamado en Cuba “rascabucheo”, de una pareja que lo hace muy mal.

Verdad que puede ser un paliativo cuando no hay otra cosa a mano, pero no debe constituir una adicción. Parafraseando a Calviño: no vale la pena.

Nota:

[1] Esta estadística está tomada del trabajo “Estadísticas del porno en internet” publicadas por la revista GOOD.