Breve historia de los burdeles

NATURAL DE CAIBARIÉN

Breve historia de los burdeles

  • La prostitución es el oficio más viejo de la tierra y se refleja en los hallazgos de arqueólogos e historiadores.
    La prostitución es el oficio más viejo de la tierra y se refleja en los hallazgos de arqueólogos e historiadores.

En el Caibarién de mi infancia, del llamado Paseo de Martí hacia abajo estaba la zona de tolerancia, al decir de los burgueses del pueblo. Para la población pobre y muchas veces iletrada de entonces, se encontraba el burdel, y para los más vulgares era el “ballú”, vocablo que procede de la palabra francesa “bayou”, término que en la Luisiana norteamericana, entonces francesa, se usaba para nombrar a los estrechos canalizos que se forman en los puertos de mar, y a la orilla de los cuales se montaban los lupanares, para darle “servicio” a marinos y pescadores.

El burdel de mi pueblo era excesivamente grande, porque al puerto afluían marinos de muchas latitudes. Era una calle muy larga, de diez o doce cuadras llena de bares y casas de prostitución. Cuando caminábamos en la noche acompañados de una luz mortecina, las mujeres, asomadas en las ventanas, nos invitaban a tener sexo, a pesar de que éramos unos niños curiosos de lo desconocido. Cierta vez nos dio por conseguir pomos de desodorantes que se atomizaban, los llenábamos de agua muy fría en una heladería llamada Tropicream, y cuando pasábamos delante de las mujeres en las ventanas le rociábamos agua y salíamos corriendo, porque generalmente nos tiraban botellas de ron vacías acompañadas de mentadas de madre. Alguna que otra vez tuvimos problemas con la policía.

Se dice que la prostitución es el oficio más viejo de la tierra, y que aparece 4000 años antes de Nuestra Era.

En el Poema de Gilgamesh, una narración sumeria en verso que contiene doce tablillas y fueron escritas entre el 2760 y 2500 AC, y que es considerada la obra épica más antigua que se conoce, se puede leer este fragmento:

«[Hijo mío], en Uruk [vive] Gilgamesh. [Nadie hay más fuerte] que él. [¡Como la esencia de Anu, tan [tre]mendo es su vigor! [Ve, pues; hacia Uruk dirige] tu faz, [Refiérele] el poder del hombre. [Haz que te entregue una ramera]. Lléva(la) [contigo]; (20) [Prevalecerá sobre él] a causa de [un mayor] poder. [Cuando abreve los animales en] la aguada, [Se quitará] el ves[tido, mostrando desnuda] su madurez. [En cuanto vea] a ella, a ella se acercará. ¡Le rechazarán las bestias [que crecieron] en su estepa!».

Como se observa ya entonces existía el oficio de ramera y estaba establecido hasta para lo reyes.

La escritora chilena Mónica García Massagué ha escrito una profunda obra investigativa titulada “Historia de los Burdeles” y en ella podemos conocer que al principio, en el imperio sumerio, las prostitutas servían a los dioses en los templos, y que según el historiador Herodoto había una costumbre babilónica que exigía que toda mujer una vez en la vida debía ir al templo y ofrecerle su cuerpo a un hombre desconocido.

Conocemos también que la prostitución era considerada sagrada en la India y las sacerdotisas la ejercían.

Todo funcionó bien para las mujeres “de la vida” mientras el matriarcado dominaba, pero cuando le tocó el turno al patriarcado, las cosas cambiaron. Surgieron además el cristianismo y el islam que se convirtieron en un azote para las féminas alegres, y hacia el 620 AC el Estado se hace cargo de la actividad y comienza a ganar dinero con ella.

Se cuenta que Solón creó el primer burdel llamado Dicteria, que cobraba un precio módico y a las prostitutas se les llamaba dicteriades.

En la Roma antigua alcanzó su plenitud el negocio del sexo y los burdeles se conocieron con el nombre de lupanares, término que proviene de la palabra lupanurium que era el sello de la loba lupa que amamantó a Rómulo y Remo los fundadores de Roma, y que se imprimía en los burdeles que acompañaban a las tropas del imperio en sus invasiones.

En Roma también aparecen nuevas maneras de llamar a las mujeres del ambiente y sus lugares, aparecen las palabras prostíbulo, meretriz y puta. La primera viene de protibula, que se refiere a la clase baja, pobre; las meretrices eran artistas que actuaban, cantaban y bailaban; y puta viene de la palabra putae con que se nombra a un pozo o a un tanque.

Con la Edad Media las cruzadas hicieron que volvieron a las andadas los burdeles acompañantes de los soldados, y se cuenta que hasta el papa Julio II fundó un burdel en Roma.

En el Oriente durante la Edad media proliferan las prostitutas árabes, bien cotizadas, profesionales del sexo, y amantes del canto y el baile, y en el libro “El jardín perfumado” se elogiaba la destreza que tenían y se enseñaba las posturas sexuales recomendadas por el Jeque Al Nefzawi.
En la China el burdel nace en la dinastía Ching, mientras se construía la muralla. Al tiempo pasa a denominarse “casa azul” y las prostitutas son llamadas “las flores caídas” o “mujeres del viento”.

En Japón, las prostitutas son adoradoras de la diosa Kwan Non y el protocolo Zen indicaba las formas en que debían hablar y moverse. Las tayu son maestras del sexo, bailan, bañan a su cliente y le sirven el té. Las geishas, como casi nunca suponíamos, no son prostitutas, si no algo así como damas de compañía, y para aclarar su situación andaban con un letrero que decía “vendemos arte, no nuestros cuerpos”.

Como ven mis queridos lectores, la situación de la prostitución alcanza una dimensión universal e histórica, y pasa de tener un origen divino  a convertirse en el sucio y a la vez lucrativo negocio que hoy existe de la mano de su prima hermana la pornografía.

A este otro tema me referiré en otra ocasión. Espérenlo.