Cuentos de la fonda II

NATURAL DE CAIBARIÉN

Cuentos de la fonda II

  • La picúa es muy parecida a la sierra, solo un gran concedor sabe diferenciar sus carnes.
    La picúa es muy parecida a la sierra, solo un gran concedor sabe diferenciar sus carnes.

Alguna vez el escritor peruano Ciro Alegría, allá por los años cincuenta, hablaba de una carencia marítima en nuestra literatura. Esto es, a todo lo largo de la historia literaria pocos autores cubanos han abordado la temática del mar. Solo Enrique Serpa, Lino Novás Calvo. Ernest Hemingway por supuesto con El viejo y el mar que es considerada una novela muy cubana, y más tarde, este escritor que les cuenta con La agonía del pez volador publicada 35 años después que viera la luz El viejo y el mar.

Y esto es muy dramático porque Cuba es una isla, donde se supone que nuestra dieta básica salga directamente del mar que nos rodea, es decir que debiéramos consumir pescados y mariscos. Pero la realidad es que el cubano vive de espaldas al mar, al punto que su dieta más popular es arroz, frijoles y carne. Además se dice que a mediados del siglo XX muy pocos cubanos comían pescado y el 95% no sabía nadar. Eso explica por qué muchas personas asumen con alegría que en la bodega nos den “el pollo por pescado”.

El caso es que Caibarién es un puerto de mar, con una bahía llena de peces y crustáceos, básicamente langostas, y el famoso cangrejo moro; y en la fonda, si bien se vendía arroz, frijoles y carne, también existían muchos platos marineros.

Para mí y para muchos, el pescado más sabroso que hay en nuestras costas es la barracuda, conocida popularmente como “picúa”. Pero la picúa tiene un problema, que puede estar enferma y provocar en quien la consuma una enfermedad llamada ciguatera que antes era muy peligrosa, al punto que si una madre le estaba dando de mamar a su niño pequeño y comía un trozo de picúa enferma, antes de que a ella le aparecieran los síntomas, el bebé moría. Otros síntomas eran diarreas, vómitos y se caía el pelo de la cabeza y las cejas.

La picúa es muy parecida a la sierra, que nunca se ciguata, pero quien sabe diferenciar se da cuenta de que la carne de la picúa es más jugosa, y la de la sierra más seca y dura.

Entonces, en la fonda se vendían ruedas de picúa como si fueran ruedas de sierra, y papá las hacía frita o grillé y eran muy sabrosas.

Porque el truco estaba en que siempre se probaba el pescado antes de cocinarlo echándole sus entrañas a un gato. Este lo comía, y si el pescado estaba enfermo moría inmediatamente.

Que yo sepa nunca hubo un caso de enfermedad provocado por la fonda, pero un día se apareció a comer un hombre que era muy amigo de papá, de tez muy roja que denotaba su adición al ron. La verdad era muy serio. En el pedido solicitó una rueda de sierra grillé. La comió despaciosamente, terminó su cerveza, se levantó de la mesa y fue hasta la puerta de la cocina. Al llegar llamó a papá y le dijo: si mañana me ves llegar sin pelo y sin cejas y con un machete en la mano, ¡corre Emilio, corre…!