La violencia de género

La violencia de género

  • Imagen tomada de Granma
    Imagen tomada de Granma

En estos días se acaba de celebrar el Día Mundial contra la Violencia de género. Grandes manifestaciones de mujeres se vieron en muchos países a través de la televisora Telesur protestando por el maltrato que reciben de sus parejas o ex parejas, y en países tan remotos como Afganistán, Turquía y también en París y otras capitales de Europa y de América Latina. Y yo me preguntaba, ¿no habrá violencia de género en Cuba?, ¿no ocurrirán femenicidios en la Isla? Y como las estadísticas no hablan de ello, y los medios tampoco dicen nada, tomé la decisión de escribir sobre el tema, y dar, como siempre intento, mi punto de vista sobre un asunto tan agudo.

En primer lugar, pienso que el maltrato del hombre hacia la mujer, que puede tener carácter físico o sicológico, no cabe enla Cuba de hoy por muchísimas razones. Primero porque la ley no lo permite y lo castiga, y segundo, porque la mujer ha alcanzado un desarrollo social tal, que ya son muchísimos los hogares donde ella es quien corre con la mantención de la casa y la crianza de los hijos, asunto este que los hombres, por suerte, perdimos hace mucho rato, por lo menos en Cuba, donde por lo general lo compartimos con nuestras compañeras.

Un altísimo por ciento de los profesionales cubanos son mujeres, y otro tanto de mujeres son dirigentes y funcionarios estatales, lo que constata que muchos hombres perdimos el poder económico y ello independizó a la mujer, y la liberó de, como se decía antes en la jerga judicial, “las labores propias de su sexo”, que eran ser ama de casa y madre de sus hijos, y en la noche, esposa amantísima y complaciente.

Es decir, los nuevos tiempos exigen nuevas relaciones de pareja, y todo lo que recuerde el pasado es una aberración insoportable.

Pero las causales que propician estos remanentes aborrecibles se encuentran en desfasadas manifestaciones de machismo, y también en falta de audacia de algunas mujeres, que por evitar el qué dirán o seguir viejos conceptos de antaño que ya no tienen validez. (Nunca voy a olvidar cuando mi primera esposa y yo nos separamos que mi abuelita me pidió encarecidamente que no lo hiciera, pues iba a ser el primer divorcio que se sucedía en el seno de nuestra familia. Por supuesto que alcancé el primer puesto familiar).

Hace ya nueve años, escribí para un periódico un trabajo titulado “¿Se acabará el machismo en Cuba?”, el cual tuvo cierta resonancia al punto que fui invitado a leerlo en una reunión de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) de mi edificio. De aquel pretérito, pero no desactualizado, por desgracia, trabajo, escojo algunos párrafos a fin de comentarlos al calor de estos tiempos:

“Es cierto que la sociedad cubana sigue siendo por mucho, de acuerdo a mi particular punto de vista, una sociedad machista, donde perviven acciones y maneras de pensar verdaderamente retrógradas, que desembocan en situaciones desagradables, decididamente absurdas, que desgraciadamente mantienen vigencia en la sociedad cubana de hoy.

En uno de los debates organizados por la Asociación de Escritores de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y el Partido Comunista de Cuba (PCC) de esa institución, se abordó el tema “La familia cubana actual: realizaciones y conflictos” y como ponentes estuvieron invitadas las especialistas Berta Durán, del Departamento de Investigaciones Sociológicas y Sicológicas, y Olga Mesa, jurista y Profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana.

En la información que dichas especialistas proporcionaron y luego en el debate posterior, se manejaron algunos datos y ciertas reflexiones que resulta interesante comentar:

La tasa de divorcios en Cuba es una de las más altas del mundo, de cada 100 matrimonios hay 60 divorcios.

Se han incrementado las mujeres como jefes de núcleo ante el abandono de los hombres por causas varias. En Ciudad de La Habana llegan al 52%.

Priman las relaciones de poder, manifestándose mucho machismo y una visión totalmente patriarcal, que se oficializa básicamente por el aporte económico que genera el hombre y la pertenencia de la vivienda.

Hay una absoluta falta de equidad en los géneros, la mujer sigue cargada de trabajo, básicamente de trabajo doméstico.

La relación de pareja es sexista y poco crítica, las mujeres verbalmente se rebelan mucho, pero en la práctica sigue la desigualdad impuesta por siglos.

Se manifiesta mucho sexismo intelectual por parte de los hombres, quienes imponen a las mujeres su supuesta mayor capacidad intelectual.

El matrimonio ha perdido prestigio en la sociedad, se ha desnaturalizado, porque se utiliza como trampolín para obtener bienes materiales, como pueden ser una salida del país, solucionar una herencia, permutar una casa por otra, en fin, se ha convertido en un instrumento. En estos momentos hay un descenso de los matrimonios en Cuba.

De todas maneras, si se compara la situación con cincuenta años atrás, donde legalmente imperaba el dogma de la potestad marital, que viene desde los tiempos del Imperio Romano, y que promulgaba la obediencia de la mujer al hombre, que además podía fijar domicilio, tenía el control de la correspondencia, aprobaba las visitas que recibía la mujer, autorizaba que la mujer trabajara o no, y la venia marital, que autorizaba que la mujer pudiera comprar, vender o recibir o no una herencia, etc. Si miramos todo esto en razón de la situación actual llegamos a la conclusión de que la relación entre parejas se ha alejado del modelo autoritario y patriarcal, pero no se ha democratizado lo suficiente.”

Y ahora vuelvo a peguntarme ¿cuánto ha cambiado esta situación en la sociedad cubana luego de nueve años transcurridos?

Y mi respuesta es: poco

De todas maneras, esta es una lucha de todos, de hombres y mujeres. Es imprescindible que las mujeres tengan todas las condiciones para entrar en la pelea por un mundo sin violencia de género, pero no como compañeras nuestras, sino aportando su inteligencia, su empeño, su decisión, y su valentía.

Si estamos de acuerdo con eso hay que empezar a tomar las medidas pertinentes para llevarlo a vías de hecho.

Entonces, empecemos por nuestra propia casa.