Otra de Angola

NATURAL DE CAIBARIÉN

Otra de Angola

  • El grupo musical Manguaré, que entonces dirigía Pancho Amat, al pasar por Luanda tuvieron una experiencia inolvidable.
    El grupo musical Manguaré, que entonces dirigía Pancho Amat, al pasar por Luanda tuvieron una experiencia inolvidable.

Entre las cosas que tuve que atender durante mi estancia en Angola como oficial de la Sección Política del Estado Mayor de la Misión Militar de Cuba en Cabinda, fue mover a los grupos de artistas que provenientes de Cuba, actuaban para la tropa dislocada en la selva, e incluso para los vecinos de tan remotos parajes.

Las experiencias vividas en estos andares dan para hacer un libro, pero hoy quiero dedicarles mi crónica a una situación que se me presentó cierta vez, en un contexto entre dramático y simpático.

Resulta que el grupo musical Manguaré, que entonces dirigía Pancho Amat, más conocido por Pancho Manguaré, además, mi hermano del alma, al pasar por Luanda tuvieron una experiencia realmente inolvidable. Entonces el Manguaré era un conjunto que tocaba básicamente música folklórica latinoamericana, y por eso tenían un cuatro venezolano entre sus instrumentos y, una tarde, mientras estaban almorzando, con todos sus instrumentos arrinconados en el comedor, Pancho se da cuenta de que un niño angolano ha cogido el cuatro y está arpegiando, y no lo hace muy mal. Se le acerca y le pregunta si sabe tocar, y el niño le dice que no, que es primera vez que ve ese instrumento, pero como era tan pequeño, pensó que era algo para jugar.

Aquello terminó en que Pancho fue con el niño a visitar a su madre, el padre había muerto en la guerra, y la mujer vivía en la más completa miseria. Pancho le pidió permiso para llevar al niño en una gira por toda Angola, y la mujer le dijo que sí, y a partir de ese momento Simón se convirtió en un músico más del conjunto Manguaré.

Cuando llegaron a Cabinda ya tocaba la guitarra y el tres, y tenía compuestas varias canciones. Nunca olvidaré una que magnetizaba a los angolanos cuando la oían en su voz, y que decía así: “Sangue du povo angolano, sangue du povo angolano, u povo combatieu en Angola, u povo combatieu en Angola…”.

Pero Simón para mí se convirtió en un martirio, porque solo comía funche. El funche es una comida que hacen los angolanos con la mandioca, que es nuestra yuca, que le rayan la cáscara y la meten en el río, y cuando se pone blanda la ponen al sol varios días hasta que se endurece, entonces la rayan y hacen la “farinha”, que cuando se cocina se parece mucho al almidón que nuestras abuelas usaban para echarle a las guayaberas a fin de que anduvieran paraditas e impecables.

A esa mezcla se le agregaba algunas masas de pescado, o unos trocitos de carne, y era la comida principal de la dieta entonces.

Y cuando visitábamos las unidades mixtas de cubanos y angolanos, siempre conseguía funche para Simón, pero una vez fuimos a una unidad solo de cubanos, y por supuesto nadie tenía funche.

No hay funche Simón, le dije al niño, tienes que comer pollo frito, que es nuestro almuerzo. El muchacho puso cara de pocos amigos, pero se sentó a masticar aquel envío del averno.

Por suerte se lo comió todo y no comentó nada.

Al otro día visitamos una unidad mixta, y como siempre le conseguí un poco de funche.

Le dije: Mira Simón hoy tienes funche.

Y el niño me dijo: No camarada, funche no, eu quer pollo.

Nunca he sabido si Simón vino para Cuba a una escuela de arte, les prometo que en cuanto vea a Pancho o a Pedroso, el actual director del Manguaré, les voy a preguntar.