Conciencia cultural del fútbol y el beisbol (II)

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Conciencia cultural del fútbol y el beisbol (II)

  • Jorge Luis Borges, uno de los autores más destacados en la literatura del siglo XX.
    Jorge Luis Borges, uno de los autores más destacados en la literatura del siglo XX.

La victoria de la entonces República Federal Alemana en el mundial de Suiza 54, cuando derrotó a la archifavorita Hungría con su “equipo de oro” como era conocido el once liderado por el legendario Ferenc Puskás (considerado por la FIFA como el máximo goleador del siglo), dio comienzo al resurgimiento de la autoestima alemana, con razón reducida a su mínima expresión después de la caída del Tercer Reich y la develación de todas sus atrocidades ante una opinión pública justamente horrorizada.

Ese empezar a recuperar, prácticamente de las cenizas, el orgullo, sin menoscabo de otros pueblos antes invadidos y esclavizados por la soberbia hitleriana, ha quedado en la literatura, la sociología y el cine (hay un filme enfocado sobre estas circunstancias y el partido en cuestión que se titula El milagro alemán), entre otras manifestaciones, y fue conocido como “Milagro de Berna”, pues es el evento marca simbólicamente el inicio del fin de la post guerra para Alemania, y su renacer en el concierto de naciones con el liderazgo pro-occidental y anticomunista de Konrad Adenauer.

En nuestra época, hay otras lecturas sobre el deporte, donde se cruzan circunstancias polémicas de hoy como la demografía y las corrientes emigratorias. La comentarista norteamericana Ann Coulter es famosa desde hace años en EE.UU. por sus posturas ultraconservadoras, habiéndose visto involucrada en numerosas discusiones en los últimos años por sus opiniones sobre los inmigrantes, el racismo o la igualdad de género. Coulter —quien aparece a menudo en la cadena Fox News y es conocida por sus posturas en contra de los inmigrantes— aseguró también que el éxito que el Mundial de Brasil 2014 había tenido entre el público estadounidense es una consecuencia de la reforma migratoria aprobada en 1965 en EE.UU. y que causó un “giro demográfico” en el país. “Ningún estadounidense cuyo bisabuelo haya nacido aquí está viendo 'soccer'. Solo podemos esperar que, además de aprender inglés, estos nuevos estadounidenses olviden con el tiempo su fetichismo con el 'soccer'”, escribió Coulter en su columna. La cuestionada comentarista también aseguró que en el fútbol —llamado en su versión universal “soccer” por los estadounidenses para diferenciarlo del llamado “fútbol americano” —, no se valoran los logros individuales, a diferencia de otros "deportes reales" como el baloncesto, el fútbol americano o el beisbol.

Son innumerables los autores —con diferentes signos ideológicos y tendencias creativas—, que se ocupan del deporte, y en particular sus implicaciones socioculturales, como encontramos en las dos expresiones atléticas por excelencia de nuestro hemisferio. Por ejemplo, el amigo y valioso intelectual que es el brasileño Eric Nepomuceno colaboró con sus crónicas sobre Brasil 2014 y la dinámica de la sociedad brasileña en su columna habitual del periódico mexicano La Jornada, donde puntualmente religó deporte, curiosidades y el entramado político y económico de sus compatriotas. Lecturas interpuestas que calan la cultura en su expresión más abarcadora.

Al otorgarle en 1957 el Premio Nobel a Albert Camus, el jurado argumentó entre sus méritos como su expresión literaria representaba “el conjunto de una obra que pone de relieve los problemas que se plantean en la conciencia de los hombres de hoy”. Camus, que jugó como portero en la Universidad de Argel, llegó a decir: “Lo que más sé sobre la moral y sobre las obligaciones de los hombres, se lo debo al fútbol”. No tengo certeza de cómo se emparenta “la conciencia del absurdo” enunciada por el escritor con el ejercicio del deporte, pero si como lo reconoce —conciencia, moral, obligaciones—, parte ineludible de la condición humana.

Otra autora de lengua francesa, la novelista Francoise Sagan, conocida por su cinismo y sus aforismos acerca de la vida y el amor, llegó a decir “el fútbol me recuerda viejos e intensos amores, porque en ningún otro lugar como en el estadio se puede querer u odiar tanto a alguien”.

Estos referentes encierran una verdad universal sobre como a veces se dice que el deporte es una metáfora de la vida, y hoy, la vida tal vez se ha convertido en una metáfora del deporte, llámese fútbol o beisbol.   

Cuando a la gran estrella internacional del balompié, el argentino-español Alfredo Di Stefano, le preguntaron ¿por qué le gustaba leer el Martín Fierro?, respondió con una lección sobre su “educación sentimental” asociada a sus preferencias literarias:

“Porque siempre aprendo algo. Y como hubo un tiempo en el que me gustó el campo... Mis padres se dedicaban a las cuestiones del campo, a cultivar patatas. Yo empecé a jugar al fútbol organizado a los catorce años en Los Cardales, un pueblito a 60 kilómetros de Buenos Aires. En el río Luján había hasta jabalíes. Y perdiz. Había la de Dios. No gastábamos ni pólvora. Mi padre no quería saber nada de cazar. Había una escopeta en casa por si alguno se quería llevar los caballos o las vacas. Había gente que afanaba, que te llevaban las ovejas si te descuidabas. Había que estar atentos. ¡Como siempre!”.

El conocido autor Eduardo Galeano ha escrito en reiteradas ocasiones sobre su relación con el fútbol. En algún momento comentó como se había reconocido como un jugador muy brillante, el mejor del mundo, mejor que Pelé, Maradona, Messi... cuando estaba soñando. “Cuando despertaba tenía piernas de madera. Entonces decidí ser escritor”.

El colega mexicano Juan Villoro, escritor de múltiples citas que recrean el imaginario futbolístico, sintetizó en términos absolutos: “la eternidad dura un gol”. Villoro tiene una obra prolífica relacionada con “el deporte de las multitudes”, pues entre otros volúmenes, es autor de Balón dividido, Dios es redondo, ambos publicados por Planeta; y por Aguilar dio a conocer Los once de la tribu, cuyo título tal vez le deba a otro clásico de Desmond Morris, La tribu del fútbol (The soccer triebe).

La galería de libros de tema futbolístico a mencionar sería innumerable, bastaría solo un botón de muestra: La economía del fútbol, de Ciro Murayama (Ediciones Cal y Arena); El fútbol a sol y sombra, de Eduardo Galeano (Siglo XXI), Fiebre en la gradas, de Nick Homby (Anagrama); Épica y lírica del fútbol, de Julián García Candau (Alianza Editorial); El fútbol. Mitos, ritos y símbolos, de Vicente Verdú (Alianza Editorial); Valdano. Sueños del fútbol, de Carmelo Martin (El País); Hombre de gol. Crónicas y estampas del fútbol, compilación de Juan José Reyes e Ignacio Trejo (Cal Y Arena); entre otro sin fin de títulos.

Es una propiedad repetida entre los ingleses que, aparte de la obra de William Shakespeare, el fútbol es “la aportación más valiosa y duradera que las islas británicas han hecho a la humanidad·. Todo esto nos lleva a retomar la voluntad provocadora de las expresiones dinamiteras de Jorge Luis Borges —en su indiscutible afán por epatar—, cuando de forma demoledora, a pesar de cuán devoto fue de su lengua y su cultura, acusa a los ingleses como inventores del juego, con una sentencia devastadora que no puede provocar menos que una sonrisa: “El fútbol es uno de los mayores crímenes de Inglaterra”.