El hombre que enseñaba el número (II)

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El hombre que enseñaba el número (II)

  • Manuel Alarcón Reina, El Cobrero. Fuente: Cubadebate
    Manuel Alarcón Reina, El Cobrero. Fuente: Cubadebate

En el documental de Aurelio Prieto Alemán Cierren la trocha y preparen el Cocuyé [1], ese otro pelotero de multitudes, Pedro Chávez —enconado rival de Manuel Alarcón en el terreno, y fraterno amigo fuera de él— cuenta, y cito de memoria: «Alarcón era muy fresco… muy atrevido. Antes de empezar el juego se paraba frente al banco de Industriales y nos decía “hoy tengo quince ponches pa´ustedes, así que se los reparten”, o “sólo les voy a permitir cinco hits, así que pónganse de acuerdo”. Yo le decía que eso no era conmigo, pero de verdad era muy fresco…y tremendo pitcher».

Me gustaría reproducir el testimonio de alguien de las filas orientales, protagonista de aquella tarde memorable en que el equipo Orientales acabó con la supremacía de los Industriales, el muy respetado don Miguel Cuevas:

Alarcón pide la bola y Natilla [2], el manager, se la da, y como él era tan jovial se paseó por el dugout de los Industriales y les dice «Tienen cinco hits, repártanselos», y les dice, «tienen once ponches, también repártanselos entre ustedes», y recuerdo que Chávez le dijo, «a mí tú no me vas a ponchar». Y de verdad que no lo ponchó, y de los tres hits que dio Industriales, Chávez le dio dos.[3]

Recuerdo, como si lo contemplara ahora mismo en mi retina, por esa virtud que tiene el deporte de impactarse en la memoria, que el segundo de esos sencillos fue quemando el bate en la sexta entrada, con dos outs y las bases limpias; un batazo inofensivo por el infield, pero hit en definitiva, de alguien que siempre le conectó, y que le sirvió al estelar inicialista de Santiago de las Vegas para llevarse el liderazgo de bateo por un punto, 318 contra 317, frente al camarero matancero Félix Isasi.

El out 27 lo cedió Marquetti de pitcher a primera…, y estalló la apoteosis. Fueron once ponches y solo tres hits, lo prometido a manera de atrevimiento se cumplió con creces. Fidel, presente en el estadio, fue entrevistado por Eddy Martin, y ante la broma de organizar a continuación un desafío aclara [4]:

No… Vamos a defraudar a la gente ahí. Después de haber visto un partido tan bueno como este… Jugaron bien, bien. Y Alarcón pitcheó bien. ¿Y la gente por Oriente, como andará ahora? Yo creo que hoy no hubo quien cortara caña por todo aquello.

Como escribiera el gran poeta inglés, John Milton, «la mente es un lugar extraño», y lo mismo me gustaría decir del corazón, y en esos dos lugares extraños, los números que identificaron a nuestros jugadores favoritos o aquellos otros que dejaron una leyenda permanecen para siempre, llámense Miñoso con el 9 consagrado por los White Sox, o Alarcón enseñando el 17, o el mítico 40 de Marquetti, que marca la infancia y adolescencia de mis amigos industrialistas, y que al cronista deportivo Michel Contreras le provoca esta especulación sobre lo que prefiere llamar «la identidad  en el dorsal».

A manera de final, comparto una disfrutable anécdota de Alarcón, cuando en una de sus últimas entrevistas le cuenta al periodista Aurelio Prieto Alemán [5] sobre uno de sus momentos más emotivos, y que fue cuando conoció a Fidel Castro y le dio la mano por primera vez, después de la batalla de Guisa. Ante la sorpresa del entrevistador, Alarcón le aclaró que él no había sido un rebelde, sino que ante la pobreza familiar, y siendo un adolescente, se había enrolado como «un casquito» de la tiranía por unos pocos pesos. Hecho prisionero después del combate, observó cómo el líder revolucionario alternaba con las tropas derrotadas. Nadie podría predecir que años después fueran cercanos, compartieran en el estadio y que El Cobrero se convertiría en uno de los peloteros distinguidos por el futuro primer ministro.

 

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Notas:

[1] Como rectifica el biógrafo de Alarcón, Norton Lorenzzi, el termino correcto es “cocoyé”.

[2] Un lapsus en la evocación de don Miguel, que el periodista no enmienda, pues el manager era ese año Roberto Ledo.

[3] Aurelio Prieto Alemán: Confesiones de grandes (Ediciones Envivo, 2012, p. 24)

[4] Norton Lorenzzi. Ob. cit.

[5] Aurelio Prieto Alemán. Ob. cit. p. 76.