En los ciento treinta de la abolición de la esclavitud en Cuba (III)

LUGARES COMUNES

En los ciento treinta de la abolición de la esclavitud en Cuba (III)

Nicolás Guillén y Poesía negra de América. Cuarenta años de una antología

 

El gran poeta martiniqués Aimé Césaire, sustentó el término negritud. El concepto adoptado, del que son portadores pensadores, artistas y poetas de África y de Estados Unidos, afirma con claridad el orgullo de ser negro y se deshace de los prejuicios racistas y colonialistas.

Cuando las circunstancias van cambiando, la poesía va cambiando también. El negrismo y la negritud, y lo que sería en el habla inglesa el nacimiento negro, se ocupaban por incorporar la música a la poesía y adoptaron muchos ritmos distintos. Si vas, por ejemplo, a los poetas de la negritud, puedes ver que son muy diferentes a los poetas del negrismo. En Estados Unidos era el blues, había una intención consciente de incorporar la música y volverla la base de la esencia cultural. Ahora no hay esa idea específica que era como un objetivo de los movimientos poéticos de esos años; en la contemporaneidad se experimentan nuevas formas de poesía y se habla de la cultura de distintas maneras. A veces es explícito, a veces implícito.

También la presencia de los poetas cambia. Cuando yo hice la primera antología se podía encontrar muy poca poesía de mujeres porque ellas no tuvieron la oportunidad de publicar. Ya en esta segunda investigación aumenta la cantidad de poetizas que hablan de la negritud en distintas regiones, pero aún siguen siendo insuficientes las oportunidades editoriales de estas escritoras. 

Si no cuentan los negros, ni las mujeres, ni los poetas, estamos ante un sistema de discriminación. Por tanto lo que hoy se escribe no es la misma poesía de aquellos tiempos.1

En las páginas dedicadas en esta antología a Cuba se incluyen una docena de autores, algunos no nacidos en la Isla pero muy vinculados a ella y a la temática “afrodescendiente” como el adelantado en esos tópicos, el asturiano Alfonso Camín, u otros menos conocidos, como en un temprano siglo xix el gallego Bartolomé José Crespo, quien se dio a conocer entre otros seudónimos, con el de sonoridad bozal de Creto Gangá. Según Lezama Lima, “Creto Gangá puede considerarse un precursor de la poesía negra que se cultivará en la Cuba del siglo siguiente, alcanzando mantenida calidad en Nicolás Guillén y Emilio Ballagas”.2 Sin duda estos últimos los más sobresalientes de la selección que compartimos, amén de nombres ilustres como José Martí o Alejo Carpentier. De Guillén hay un conjunto que sobresale con toda justicia, “El apellido”, “Elegía a Emmett Till”, “Son número 6”, “Sesemayá”, y “Balada de los dos abuelos”. La solo escogencia de estos textos, en una obra donde decenas de ellos podrían cautivar al compilador, es la mejor prueba de la calidad de su representatividad, y como fue asumido el reto.

A Miguel Otero Silva le dedicaría “Elegía a Emmet Till”, pues a la afinidad como grandes amigos se une la de un acercamiento similar a los idearios y a la literatura… Aunque el autor de Lope de Aguirre, príncipe de la libertad, sobresalió más como narrador, es notable también por sus incursiones poéticas, sobre todo como el antillano, en la poesía de temática llamada “negra”. Y aquí podemos encontrar similitudes en su expresión poética, recordemos uno de los textos más antologados del venezolano “El corrido del Negro Lorenzo”: “Negra y rebelde es mi mano / ¡yo soy el Negro Lorenzo! [...] Yo soy el Negro Lorenzo / nieto y biznieto de esclavo, / cruzado de cicatrices / como negro tronco de árbol [...]. Noche con alma. Tambor / dormido bajo mi pecho”.3

Esto nos recuerda, entre otros momentos de la obra guilleniana incluido en el mismo panorama poético, el emblemático “El apellido”: “¿No tengo acaso un abuelo nocturno / con una gran marca negra/ (más negra todavía que la piel) / una gran marca hecha de un latigazo?”. Y más adelante el símbolo común de los ancestros africanos, hechos al sonido de la rebeldía: “¿no veis estos tambores en mis ojos?”. 4

Dos de los nombres imprescindibles en estas páginas, y significativos en sus respectivos idiomas y países, como Langston Hughes y Jacques Romain, fueron igual que el venezolano muy afines en sus presupuestos ideológicos y literarios en la amistad con Nicolás. El poema de Hughes, “En negro habla de los ríos”, es una expresión de la suma poética del hijo del Missouri. De Romain sus versos de “Madera de ébano”, me recuerdan piezas antológicas de Nazim Hikmet como su poema “Esperanza” (Funcionan y funcionan los reactores nucleares /Lunas artificiales pasan al levantarse el sol…),5 y Raúl Hernández Novás con “Los ríos de la mañana” (Amanece con la luz amanece),6 y como en el de Langston podemos compartir asociaciones con la poética guillenania.

…el conjunto de los mejores libros en esta segunda mitad del siglo es como un gran inventario de la realidad latinoamericana, que abarca desde los conflictos históricos geopolíticos, hasta los procesos sociológicos, la evolución de las costumbres y los sentimientos, y la búsqueda de respuestas válidas a las grandes preguntas conscientes o inconscientes de nuestros pueblos.7

Las naciones emergentes del siglo xix, y significativamente las que forman el Caribe, fueron las últimas en concluir el proceso descolonizador, y recipiente de las principales corrientes migratorias del continente, ya sean europeas, asiáticas, y/o africanas, son portadoras en su cultura del eclecticismo propio de su formación mestiza. De esa integración multirracial da fe su poesía.

Poesía negra en América se trata, en resumen, de un acercamiento a una muestra de las diferentes expresiones de una temática poética que desde sus orígenes hasta hoy ha plasmado la justa reivindicación de la presencia de la comunidad de raíz africana y su herencia legítima como componente cardinal de la identidad del hemisferio. Estos cometarios pretenden ser ante todo una invitación a retomar su lectura cuatro décadas después.

Notas:

1 Helen Hernández y Lirians Gordillo. “Poesía de la identidad”. Entrevista a Mónica Mansour (sitio digital La Jiribilla, 3 de febrero de 2006).

2 José Luis González y Mónica Mansour. Ob. cit. pp. 64-65.

3 José Luis González y Mónica Mansour: Poesía negra de América, Biblioteca Era, México, 1976, pp. 184-185.

4 José Luis González y Mónica Mansour. Ob. cit. pp. 83-85.

5 Nazim Hikmet. Duro oficio el exilio (Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1975), pp.143-46.

6 Raúl Hernández Novás. Poesía (Editorial Casa de las Américas, La Habana, 2007), pp. 398-401.

7 Julio Cortázar. Ob. cit. p. 284.