Entre Delicias y Buenaventura (II)

LUGARES COMUNES

Entre Delicias y Buenaventura (II)

  • Cubierta del libro Los niños se despiden. Premio Casa de las Américas. Foto tomada de Internet
    Cubierta del libro Los niños se despiden. Premio Casa de las Américas. Foto tomada de Internet

Junto a esa memoria familiar ya mencionada, guardo del autor de Salterio y lamentación, acompañando a anécdotas diversas, algunas palabras que con su proverbial generosidad concibió, como cuando en 1994 de visita a mi apartamento de entonces en Línea no. 10, me regaló un poema en la página de la dedicatoria de su entonces recién publicado libro de relatos El Talismán y otras evocaciones (1), para mi uno de sus mejores títulos y que fuera merecedor del Premio de la Crítica en 1995. De la lectura de ese volumen ha dicho con razón Marilyn Bobes que allí descubrió “al más raro y atractivo cuentista que yo hubiera podido sospechar entre nosotros”. Pablo escribió estas líneas con su caligrafía clara y amable:

Para Norberto y las cosas lejanas

La memoria hace su casa,

crea su espacio

y en él: tiempo para seguir

haciéndose recuerdos.

Son las casas

custodios de la poesía

parece que alzan vuelo

y van de Sur a Norte

pero siempre permanecen

allí, donde habita

la memoria tenaz

implacable: la poesía

y todo mi amor

Pablo A

O igual en la dedicatoria “A Maruja. A mis hijos”, de su antología El sueño, la razón(1), agrega estas dadivosas palabras —fechadas hace ya justo treinta años, el cuatro de enero del 88—, siempre en el estilo de ese regalo versificado y tan personal cuando te dedicaba un libro, y con el familiar Pablo A al final de su escritura:

Norberto, hay siempre un día,

una razón, un hecho

que hermana.

Ya pasaron el pitirre

y el sinsonte

y dejaron su estela:

canto o briza crepuscular.

Hijo mío, hermano, amigo

vuelve tus ojos a ese día,

a ese hecho, a esa razón

y con él, en ellos

nos reencontramos.

Con un fuerte abrazo

y mi cariño

tuyo

Pablo A

Por todo esto, y más, quiero celebrar y compartir en estas torpes, egoístas  palabras, el tesoro de mi “egoteca” que es el haberlo conocido.

Notas:

  1. Pablo Armando Fernández. El talismán y otras evocaciones (Editorial Letras Cubanas, 1994).
  2. Pablo Armando Fernández. El sueño, la razón (Ediciones UNIÓN, 1988).