Para leer un poema de Raúl Hernández Novás

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Para leer un poema de Raúl Hernández Novás

  • Cubierta del libro Otros poemas (antología, 2015). Foto tomada de Cubarte
    Cubierta del libro Otros poemas (antología, 2015). Foto tomada de Cubarte

De Raúl Hernández Novás (La Habana, 1948-1993), poeta, crítico y ensayista, se cumplen setenta de su natalicio y veinticinco de que en plena madurez creadora se quitará la vida. Autor de una obra imprescindible en la literatura cubana contemporánea, que incluye una docena de poemarios y compilaciones entre los que me gustaría mencionar Da capo (1982); Enigma de las aguas (1983); Animal civil (1987); Sonetos a Gelsomina (1991); y post-mortem Amnios (antología, 1998); y Otros poemas (antología, 2015), dio a conocer en 1982 en las páginas del diario Juventud Rebelde su texto “Los ríos de la mañana”, que mereciera ese año el premio de poesía convocado por el periódico, y recogido posteriormente en el volumen Animal civil.

Este poema de mi entusiasta preferencia lo he incluido en cinco ocasiones en selecciones de la obra de Raúl o antologías de poesía cubana de las últimas décadas. La primera vez fue en la compilación de poetas de los 80 que justamente como homenaje al recordado amigo la nombré Los ríos de la mañana (Ediciones UNIÓN, 1995). Comencé este libro en vida del poeta, e igual que hice con el resto de los autores, consulté con él la selección que había hecho, y ambos compartimos plenamente las afinidades sobre el poema ya citado. Nada más natural que al sobrevenir su muerte durante el proceso editorial le dedicara el volumen cuyo título le correspondía. Después vendrían Material de Lectura de Raúl Hernández Novás (UNAM, México, 1996); Amnios (obra poética de Raúl Hernández Novás. Ateneo, 1998); Poesía cubana del siglo XX, (Fondo de Cultura Económica de México, 2002); y “Veinte poetas cubanos”, un libro solicitado por una editorial chilena y que naufragó en el proyecto.

Hombre solitario y a la vez compenetrado y atormentado con su época, escribe un poema como “Los ríos de la mañana”, donde muestra la tendencia de un plano cotidiano y universal que recuerda a Nazim Hikmet en ese texto del turco de legítima vigencia que se nombra Esperanza, y que comienza…”Funcionan y funcionan los reactores nucleares /Lunas artificiales pasan al levantarse el sol /Y al levantarse el sol…”, versos que me recuerdan, igual empleando el recurso del “ritornelo”, el inicio de Los ríos….: “Amanece con la luz amanece /Y los macheteros se levantan…”, una expresión discursiva que representa de forma auténtica la épica y el drama del hombre contemporáneo y sus confluencias, decantadas hasta lograr una suma tan personal e interrelacionada como vasos comunicantes de sus lecturas y su tiempo.

Como escribió su principal estudioso, Jorge Luis Arcos, Raúl posee “una cosmovisión poética enfáticamente materialista”, una “poética materialista y dialéctica”, de lo cual da fe este poema que lo lleva a un trascendentalismo donde se sintetizan sus influencias de la tradición poética cubana (nuestro siglo XIX, Martí, el grupo Orígenes, algunos autores de la Generación del 50) y su consciente asimilación de lo universal. Más allá de una sospecha, estoy convencido que en Novás se da, como escribiera  Julio Ortega “que la importancia del escritor es su soledad, que es la fundación de un diálogo real, el inicio de un destino verbal”.

Pese a su oficio de hombre triste, de escamotear su enorme corpachón, de mutismo y sombra en aquellas largas tardes de cinéfilo, donde buscaba tregua a su infelicidad como un personaje de su admirado Woddy Allen pasando de la realidad a la ficción, el destino del poeta no se reducirá al epitafio borgiano de “las dos abstractas fechas y el olvido”.

Ya va siendo un lugar común argumentar que Hernández Novás es, junto a Ángel Escobar (otro autor de vida y poesía agónica que igualmente puso fin a su existencia), el primer poeta cubano de mi generación. Me atrevo a asegurar, compartiendo esa opinión con lectores y críticos, que es uno de los dos o tres más sobresalientes surgidos después de la llamada Generación del 50, igualándose a sus principales figuras. Al hacerse la antología de los imprescindibles del siglo xx cubano (estoy hablando de una lírica que recoge a Guillén, Lezama, Eliseo, entre otros ilustres), su nombre deberá estar incluido. Y donde claro está, contendría el poema que me permito citar en su totalidad. La palabra, ni pobre ni olvidada, en la alquimia de los días no consentirá que desaparezca el equilibrista, “como luz empecinada que amanece”.

                                                                      

El Vedado, noviembre de 2018

Los ríos de la mañana

 

Amanece con la luz amanece

Y los macheteros se levantan

y toman el café de la mañana

y las madres de la Plaza de Mayo se levantan

y las abuelas de la Plaza de Mayo se levantan

componen sus huesos y sus rostros

y se aprestan a esperar eternamente

como un mudo grito señas del retrato conocido

            del corazón

y en Guanacaste el campesino se levanta

a llevar sus pintadas carretas al mercado

y en Cochabamba el obrero de cobre se levanta

y en Adén y en Huambo y en Harar el joven cubano se levanta

quizás añore la unción del café de húmeda tierra

pero el sol es el mismo para todos los hombres

y en su casucha el hombre que muere en Madrás en la Costa

            de Marfil se levanta

el hombre que muere su vida sangrante acumulada

en la mirada de ojos azorados como el hambre

y el monje esquelético del Ganges se levanta y reza

y el bonzo de Hanoi se levanta con recuerdos llameantes

reza porque no venga otra vez la bomba sombría

y el obrero y el soldado y el campesino en Vietnam se

            levantan

aunque su día es nuestra noche y su noche es nuestro día

de modo que cuando dormimos ellos velan

para que nadie duerma y la sombra no olfatee las rendijas

y en Morazán y en Verapaz y en Namibia y en el Sahara los

            guerrilleros se levantan

porque dormir le es dado a todo hombre

ahuyentan de sus párpados

las telarañas legañosas del sueño

y en Ciego de Ávila y en Kursk y en Lobito hay un

hombre que no ha dormido y aún se levanta un hombre que

            ha velado porque los otros duerman

en paz y ningún viento errado encrespe su respiración

            sin orilla

y el constructor del Baikal-Amur se levanta

para seguir uniendo con un hilo férreo las entrañas del

            hombre

y los pedazos de la tierra rota por la helada

Los hombres se levantan y entonces amanece

amanece amanece sobre las canciones

que hablan del río blando y sin fin que no retrocede

y un nuevo día se ha agregado a la muchedumbre de los días

como ola de un mar de espuma de segundos

también sin duda el asesino se levanta pero no importa

es una noche más que ha borrado el recuerdo de otras

            noches sufrientes

también sin duda el banquero y los coroneles se levantan

            pero no importa

porque el sol fluye con la mansedumbre de un buey de agua

y gira el mundo y las sombras de ojos callados son abolidas

Amanece

obrero de Moa que vigilas tu rebaño de máquinas

pastor de Mongolia que empujas tu río lanar espumante

guerrillero Polisario aferrado con uñas y dientes a la piel

            rugosa del desierto

machetero de Las Tunas que vas y vienes entre batallas

            vegetales con el viento y columnas altas y dulces y

            aguerridas

sindicalista que en Corrientes te detienes a prender un

            cigarrillo y con él el día

guerrillero quiché que acaricias la alada esmeralda y velas

            por sus hijos redondos

esclavo del estaño que desciendes a la noche metálica

joven con tu fusil en el Guazapa velándole el sueño al

            volcán callado

llanero que impulsas las cicatrices de los ríos al compás de

            tu cuatro de pequeña cintura vidente

habitador andino de la altura donde el cóndor erige su vuelo

            lacerante

soldado fronterizo vietnamita que detienes al tigre amarillo

campesino del Yang-Tsé con tu roja conciencia de masa

            y tus manos y ojos trabajosos

recién desempleado de New Jersey en cuyo rostro empieza

            a crecer la barba de Lincoln

hermosa joven de la ciudad de Ho que fuiste prostituta y hoy

            reeducas el viento tierno de tus miembros y de tu espíritu

hombre de Hiroshima con una llaga en forma de hongo

            sobre la piel indefensa

poeta que encuentras oscuro el día y sales a tu ómnibus

            cotidiano como arrastrando una sarta de pasadas palomas

soldado angolano de semen enterrado que detienes el pecho

            racista

doctor de Phnom Pehn que conociste la bestia del horror y la

            esclavitud sin reposo y el hombre

campesino de Senegal de Zaire sin razones para vestir tu

            hueso a flor de piel a flor de amor

guerrillero palestino desterrado en la diáspora de sangre

obrero negro de Sudáfrica que en tu carnet enseñas una

            afilada sonrisa

joven que has visto al coloso calvo y desnudo al Momotombo

            que callado retumba sin espantar las garzas blancas de

            Darío

maestro cubano de Estelí de Zelaya que unes tu corazón de

            letras a los ojos no abiertos por los libros

todos confirman con sus párpados la lenta luz que nace

Amanece en la luz amanece

Y más de un hombre no ha dormido y más de un hombre

durmió y ya no despertará y más de un hombre despierta en

            la mazmorra

y hasta los secuestrados y desaparecidos despiertan

y hasta los muertos despiertan con el canto de los ríos como

            la gruesa voz negra de Robeson

el canto humilde del río que no retrocede

y va de menos a más y no puede detenerse

el canto humilde el canto rodado en el pecho del río

que guarda un huevo de esperanza para vosotros hombres

un canto que se abre por fin en la luz empecinada que

            amanece

 

julio de 1982