Eusebio Leal y la música y el carnaval

NOSTALGIA MUSICAL

Eusebio Leal y la música y el carnaval

  • El Historiador de La Habana Eusebio Leal recibió el nombramiento como Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. Foto tomada de Internet
    El Historiador de La Habana Eusebio Leal recibió el nombramiento como Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias. Foto tomada de Internet

El Historiador de La Habana Eusebio Leal recibió el nombramiento como Miembro de la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias, asociación integrada en diversos momentos por personalidades como George Washington, Thomas Jefferson desde la fundación en 1780.
La institución con sede en Massachusetts, compuesta por más de 4 000 miembros de Estados Unidos y una cifra superior a 600 miembros honoríficos externos entre los que destacan Charles Darwin, Albert Einstein, Nelson Mandela etc.
Aprovecho este nombramiento de Eusebio Leal para hablar de su amor por la música y las demás artes, pocas veces lo hemos escuchado hablar de sus preferencias, sabemos de su apoyo a la música de concierto; pocas veces lo hemos visto hablar sobre la música popular. He ido recuperando momentos en que sus opiniones hablan de la música de su tiempo.
Recientemente vimos por la Televisión Cubana, me parece que, en el Canal Clave, en un material sobre Omara Portuondo hablar elogiosamente sobre la diva del Buena Vista Social Club. Relacionado con Omara, Leal la recuerda de sus días de juventud cuando ella era parte de Las D´Aida.
A propósito de Buena Vista Social Club fueron nunca olvido sus palabras sobre ese fenómeno de 1996: “En el momento en que Cuba más lo necesitaba, aparece el Buena Vista Social Club para iluminar la música cuando fueron batalladores por el carnaval”.
Sobre esa época de oro de la música cubana, Leal recordó las cosas del pianista Orlando de la Rosa, donde estuvieron Elena Burke y Omara Portuondo, la orquesta de Arcaño y sus Maravillas con sus danzones de Nuevo Ritmo con el mambo inicial; la siempre recordada Aragón de Cienfuegos que llenó un largo historial en la música popular.
En 1958, cuando Leal comienza a trabajar en el Gobierno Municipal y es Emilio Roig de Leuchsenring, la vida musical de La Habana era muy intensa, al igual que las luchas revolucionarias. De esa etapa, no sabemos cómo se desenvolvían los gustos musicales del joven Eusebio.
Leal nace el 11 de septiembre de 1942, un mes después de Juan Formell y, cinco meses después nace Pablo Milanés. Eusebio residía, al igual que Formell, en el entorno de Centro de La Habana, vivieron los mismos momentos musicales.
Sabemos la gran amistad entre Leal y el trovador Silvio Rodríguez, en uno de los documentales hechos a Eusebio. Silvio inicia su despegue en la década de 1960, cuando Leal luchaba tenazmente por alcanzar todos sus sueños. Esos sueños se logran en 1981 cuando se le confiere la responsabilidad de conducir las obras del Centro Histórico de La Habana, el sueño se hace realidad, para ese entonces Silvio materializa también sus sueños de hacer masivo la Nueva Canción Latinoamericana.
A finales del siglo XX, justo el 18 de junio de 1999, en el Hotel Nacional, Leal participó en un encuentro sobre el carnaval del siglo XXI. El maestro, en un rapto de inspiración dijo palabras muy elogiosas sobre el carnaval, ese arte que tanto habla de la cultura de los cubanos. Ningún periodista estuvo allí para publicar tan valiosas palabras, ahora, veinte años después las presento en esta crónica por Eusebio Leal:
“El carnaval es consustancial a las tradiciones, al modo de vida de los cubanos. Hubo alcaldes que apoyaban al carnaval ser lo que fue una vez, un río mayor que se ha extinguido. El carnaval es el reflejo de la nación, se preparaba casi todo el año, lo vimos con sus contradicciones, sus esplendores y sus adaptaciones a las nuevas condiciones sociales que lo hizo cambiar. En Cuba, las navidades nunca dejaron de celebrarse, declinaron por razones económicas, hasta tiempos más propicios. Había un peso fundamental en la zafra azucarera y en las tareas de la producción que La Habana aportaba a la batalla nacional. La fiesta del carnaval se cambió por todos esos motivos. La historia del carnaval es la lucha de nuestra República. Hubo carrozas con leones, con la figura de Rosita Fornés y Armando Bianchi, con toda la parafernalia. El Rey Momo, recuerdo a Germán Pinelli, a las sociedades: los Jesuitas, el Club Atenas, los chinos del Barrio Chino. El carnaval es todo eso, es una sátira, un cuento, una anécdota, una fantasía, el pueblo está dispuesto a aceptar la fantasía. Recuerdo la multitud delirante con aquel platillo volador, montado con imaginación y audacia, con los marcianos, con Rosita Fornés en el área de lo que hoy es la Ciudad Deportiva, en 1954. El sábado las comparsas, el domingo el paseo. El Prado era para medio millón de habitantes, ya no es posible, se destruiría. El carnaval no puede destruir. Antes lo auspiciaban los productos, después de 1959 los sindicatos. La carroza de la Construcción con el Mozambique de Pello el Afrokán. Fue la más grande, medio millón de pesos costaba, era tremendo. El carnaval de 1964-1965 era extraordinaria la magnificencia. Todo eso se distanciaba del carnaval de antes, aquellos autos, aquellos camiones adornados, autos descapotables. El carnaval mostraba a las grandes orquestas, eran grandes batallas. El carnaval era (perdónenme) la estrella, la estrella tenía que ser virtuosa. Nadie podía decir que el carnaval era la corrupción, hay que correr el riesgo, trabajar y convencer. El carnaval es una fiesta masiva, urbana, nacional. Fernando Ortiz con Emilio Roig de Leuchsenring, una sociedad no puede vivir solamente de Martí y Maceo, también debe haber distracción, hay que crear tiempos de fiesta, espacios públicos, grandes bailes, hace falta el tiempo de libertad. El carnaval es eso: libertad. Fuegos artificiales, iluminación, crear distintas temperaturas. Lo importante es la cultura, el espectáculo. Con presupuestos consensuales podemos hacer algo bueno. Hace falta pan y circo, sí. No debemos hacer el carnaval de la pobreza. Me he hecho viejo, porque me he puesto a recordar. Eduardo Robreño ya tiene un sucesor. Muchas Gracias.”