Música y diversión en el verano caliente

Música y diversión en el verano caliente

  • No es posible que espacios como el Pabellón Cuba del Vedado capitalino se mantengan cerrados buena parte del año. Foto tomada de Internet
    No es posible que espacios como el Pabellón Cuba del Vedado capitalino se mantengan cerrados buena parte del año. Foto tomada de Internet

Comienza el verano caliente en la capital, una serie de actividades muy amplias se han organizado; y la Televisión Cubana y el ICAIC se preparan.

En realidad, no hay que esperar al verano para emprender una serie de planes de recreación, los encargados de esa tarea tienen que echar a andar la imaginación.

No es posible que espacios como el Pabellón Cuba del Vedado capitalino se mantenga cerrado buena parte del año, es inconcebible que ese espacio vital, en el corazón de la ciudad, no se aproveche convenientemente.

El Pabellón Cuba celebra este año su aniversario 55, concebido el VII Congreso de la Unión Internacional de Arquitectos (UIA) en 1963, cuyo tema era "La Arquitectura en los Países en Desarrollo".

Aunque no soy arquitecto, basta observar el pabellón para percatarse que, después de 55 años, ya amerita una readecuación estructural para ganar en espacio. Hay áreas que ya no se utilizan, como el canal donde debiera haber agua, jardines que estorban, puentes de madera que ya no son apropiados. Al Pabellón  hay que reestructurarlo en aras de un mejor servicio público y, en ello deben colaborar arquitectos y diseñadores. Los tiempos han cambiado y el Pabellón ya tiene otros usos.

Hay muchos restaurantes que se han remozado; pero ya el problema no son los restaurantes con comidas bien costosas. El gran público lo que necesita son espacios para compartir la música y la recreación cultural entre amigos. Históricamente esa ha sido una de las mayores necesidades de los jóvenes.

El café literario que existía en la calle G y 23, nunca debió perderse para uso de los intelectuales que quieran leer o escribir. Esos espacios existen en todas las ciudades del mundo. ¿Por qué hay que crear lugares para tomar bebidas o para comidas, que ya abundan en la ciudad?

No todo tiene que ser fiesta y pachanga, muchos jóvenes, mucha gente de todas las edades, quieren simplemente sentarse a compartir entre amigos, entre enamorados, entre familia. No todo tiene que ser consumismo, en un mundo en que los jóvenes no  trabajan sino que estudian para el futuro. Todo hay que pensarlo y repensarlo. Para eso están las encuestas, las opiniones tan útiles de los propios jóvenes y del público en general.

En la década de 1960 (en la etapa de la Revolución), muchos jóvenes iban a las sociedades simplemente a escuchar y bailar música, las bebidas alcohólicas no existían y todos eran muy felices. Hay que hacer una cruzada contra el alcohol y las adicciones de todo tipo. En ningún espacio público se permite fumar.

Hay que buscar lugares bien pensados para que se converse de arte, de cultura, cafés donde se pueda ver un juego de beisbol o de futbol, para tomar un té (que falta hace), un café, un jugo de frutas, una limonada —tan reclamada en este cálido país—.

Ni siquiera la edificación de la Casa de la FEU (Calle L y 25, El Vedado), donde casi siempre observábamos a los jóvenes estudiantes disfrutar de grupos musicales de una cafetería está convenientemente a disposición de los jóvenes. La FEU también cuenta con otra casa en la calle 23 entre G y H que pudiera dar cabida a estudiantes que quieran compartir juntos.

Y, ¿qué decir del Estadio Universitario? Pasa sin  penas ni glorias, en la década de 1990 allí se ofrecieron soberanos conciertos del Boom de la salsa: Los Van Van, NG La Banda, La Charanga Habanera, Paulo FTG, Isaac, etc. En las gradas caben miles de asistentes y, en el área cementada de la pista otros miles.

¿Para qué hacer conciertos en zonas tan alejadas como la Ciudad Deportiva, si hay que ahorrar transporte?

La calle 23, la más céntrica y concurrida de los tiempos modernos, es la avenida más desaprovechada de Cuba, hay que rescatar los espacios del pueblo, protegerlo de los malos vientos (usando palabras de José Martí).

Hay que iluminar con luces led una zona turística que es del pueblo, hay que engalanar con diseños, pinturas y arte nuestra calle ejemplar, como lo es en otras ciudades del mundo, todo un  bulevar público internacional. Si no aprovechamos lo que tenemos, nos quedamos sin opciones. No olvidemos que la acera de La Rampa está ilustrada con obras de Mariano, Wifredo Lam, Portocarrero y otros consagrados.

“Hay que salvar a Coppelia”, dice una canción de Frank Delgado que cantaba Xiomara Laugart. Hay que salvar nuestras avenidas para el disfrute de todos, los que estamos y los que nos visitan. Las calles no pertenecen a las tribus de la ciudad, es parte del disfrute de todo el pueblo y ese pueblo debe tomar lo que es de ellos.

En Manhattan, Nueva York, los grupos musicales se lanzan a las calles para llenar Broadway de música. Lo mismo se puede decir de la Séptima de Bogotá, una de las avenidas más extensas de América.

En las ciudades altamente industriales, comercialistas y consumistas, muchos de sus grandes espacios son de entrada gratis, lo que desean consumir consumen, los que no desean consumir no consumen. En esas áreas hay museos musicales, áreas bailables para pequeños grupos, piscinas, cafeterías, bares. ¿Por qué no tenemos pequeños museos musicales de tantos ritmos con lo que contamos?

¿Por qué hay que pagar la entrada en Fábrica de Arte?, ¿Por qué, entonces no creamos centros parecidos para el disfrute de los que no cuentan con posibilidades, como los jóvenes estudiantes? ¿Por qué todo debe obligar al gasto de una población de poco alcance?

¿Cuándo van a aprovechar ese espacio, cerca de la Fábrica de Arte, donde estaba la fábrica de bicicletas (Línea y 26), para enfrentarlo a la costosa Fábrica de Arte?

¿Por qué no aprovechamos el fabuloso Parque Martí, y el Círculo Social de la calle 12 y Línea, en El Vedado, con luces LED para que, en la noche, menos calurosa y sin sol, los niños y jóvenes jueguen béisbol y fútbol?

¿Por qué el Paseo del Prado —diariamente— no muestra las mejores charangas danzoneras de Cuba, que tanto gustan a los visitantes y tanto pueden ayudar a mantener las tradiciones de fundación?

¿Qué esperamos para acondicionar convenientemente lo que históricamente, turísticamente eran los “Aires Libres”, los Paraguitas, frente al Capitolio, la zona más rutilante de la ciudad, los “Campos Elíseos” de La Habana? El Prado de arriba abajo está muy desperdiciado.

Qué mejor educación artística podemos dar que mostrar lo bueno que tenemos, eso es lo que queda en la memoria de los niños y la gente. Cuando uno visita un país, esas cosas de la cultura auténtica es lo que uno se lleva para siempre.

¿Por qué el Parque Central no muestra los mejores conjuntos soneros para el disfrute de todos? “El son es lo más sublime”.

¿Por qué el Centro Histórico no se llena de congas y rumbas en el mismo escenario donde nacieron estos ritmos dentro de los negros esclavos de África? ¿Por qué no existe un espacio, como lo tienen las Escuelas de Samba, en Brasil, donde puedan las congas cubanas mostrar al visitante sus comparsas?

¿Por qué, desde ahora, no hacemos un plan inteligente para el Bulevard de San Rafael que se espera sea el más rutilante de la nación, como debe ser?

¿Por qué el Barrio Chino, ahora que se acerca el V Centenario, no tiene un renacimiento, siendo parte de una de nuestras descendencias?

¿Por qué las Casa de la Cultura no ocupan el lugar que merecen de centros de enseñanza artística, lugares de esparcimiento, eventos musicales y artísticos, centros de creación?

El primer paso que tenemos que dar es el de salvar las Casas de la Cultura (con esfuerzo propio si es necesario), brazo fuerte de la cultura cubana, mucho antes que apoyar eventos que nada aportan a la cultura popular popular, nacional de la identidad.

Estos son solamente meditaciones, para invitarlos a reflexionar, a idear nuevos proyectos de recreación cultural para el verano y para todos los tiempos.