Nostalgia por la canción cubana

NOSTALGIA MUSICAL

Nostalgia por la canción cubana

  • La canción cubana presenta a través de los años un rico arsenal melódico y sonoro.
    La canción cubana presenta a través de los años un rico arsenal melódico y sonoro.

La canción cubana es el reflejo del alma de Cuba —como escribiera en 1930 Eduardo Sánchez de Fuentes Peláez. Las composiciones que aparecen en la Isla desembarcó con los colonizadores, donde traían en sus alforjas: boleros, polos, seguidillas y tiranas que se fueron fundiendo con la raíz criolla en la búsqueda de una identidad nacional, tanto en lo amoroso como en lo patriótico.

Ciertamente la canción cubana presenta a través de los años un rico arsenal melódico y sonoro. Todo lo que el hombre canta sirve para comunicarse y, para unirlos en la búsqueda de la identidad. De esa manera se presenta una conjunción tridimensional: música, letra, ideología. Estas canciones se propagaban de boca en boca, con hondo anhelo de libertad.

El sociólogo Argeliers León siempre me decía que los africanos no solamente poseen un ritmo poderoso, cuentan también con ricas melodías y los aportes hispanos no fueron menos importantes. El maestro Gonzalo Roig escribió: “en la antigua canción cubana y en sus letras, casi se pueden prever los estados de ánimo del pueblo, dsus dolores y anhelos. En las que se cantaban allá por 1868 y 1871, revelaron el orgullo del cubano. Por ejemplo, en el Siboney y la Rosa de Cuba —no en el Siboney de Ernesto Lecuona, sino en una antigua canciones de ese nombre y de mucha índole patriótica—, la desesperación por la huida forzada del ser querido es notable.

Influyeron en la creación de la canción cubana la romanza, el vals y el aria operística, que en su primera etapa se adornaban con tradicionales artificios vocalistas como era el caso de La bayamesa de Céspedes, Castillo y Fornaris (1851). En esa línea de tradiciones europeas llegaron polos, seguidillas, tiranas, tonadillas escénicas —difundidas por compañía de bufos—, romances y boleros de origen español. De muchos de esos tipos de canciones podemos encontrar su huella en algunos cantos tradicionales como Mambrú se fue a la guerra o La pájara pinta, que los niños cantaban hasta hace poco en rondas infantiles, sobre todo en los pueblos de campo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                    

Todos los cambios efectuados dentro de la canción en Cuba, debieron transitar un período largo y brumoso de reintegración y cambios. Ritmo y forma fueron transformándose durante unos tres siglos.

De ese bolero venido de España, muy cerca de la canción, por su carácter lírico, amoroso y patriótico, surgió el bolero típicamente cubano, con una línea melódica más fluida, que es otra cosa muy distinta.

Aquellas canciones se interpretaban en una atmósfera de salón, en tertulias y serenatas de emigrantes españoles y criollos nacidos en la tierra cubana. Las clases dominantes preferían la canción de “salonniére (canción de salón)”.

Observen que poesía primorosa tiene esta, que hoy llamarían los musicólogos: “Canción pensante, inteligente”.                                                                                                                                                                                                      

Zagal, tus cantares deja,

No el dulce silencio alteres

No te quejes a mujeres

Que no han de escuchar tu queja.

Cesa de observar la reja

Que rondas sin ocasión.

Que en vano a la puerta llama

Quien no llama al corazón

Siempre existió un público esnobista, extranjerizante, influido por las modas de Europa. Algunas de las canciones nacionales fueron relegadas al ambiente callejero, humilde, a veces despreciadas e incomprendidas. Muchas no se podían cantar en cenáculos artísticos porque era cursi. Ya desde esa época se hablaba de las letras chabacanas. Lo elegante era lo extranjero. En tanto, para hacer la contrapartida a la saturación de melodías italianas o francesas, tan del gusto de la burguesía criolla de aquellos días. Lógicamente los emigrantes asumen el “enraizamiento” de su cultura que imponen en el país donde radican. Pero, siempre existen los que quieren componer las canciones de su pueblo y de su momento.

A través de los años encontramos buenas creaciones entre la gente de pueblo, llamada por algunos la “gentualla”, ellos cantaban y bailaban cosas muy costumbristas: la picaresca, la chispeante y arrabalera guaracha como La guabina que desde 1800 gozó de popularidad en La Habana:

La mulata Celestina

Le ha cogido miedo al mar

Porque una vez fue a nadar

Y la mordió una guabina

Entra guabina

Por la puerta de la cocina.

La canción está compuesta de una melodía y un texto atrayente. Este último  puede ser relacionado con el amor o referirse a muchas cosas referentes con cualquier suceso de la crónica diaria, el éxito o fracaso depende de la resonancia popular que alcance en su larga trayectoria. Ella, muchas veces guarda misterio, magia y puede ser inexplicable.