¿Qué se dice de Elena?

NOSTALGIA MUSICAL

¿Qué se dice de Elena?

  • “Elena es una de las realidades más contundentes de nuestra cancionística de todos los tiempos.” Foto tomada de la Jiribilla
    “Elena es una de las realidades más contundentes de nuestra cancionística de todos los tiempos.” Foto tomada de la Jiribilla

Para el cumpleaños 90 se organizaron una serie de homenajes a Elena Burke, la diva de la canción cubana, ella agota todos los motivos encomiásticos. Su voz privilegiada, sus grabaciones, sus presentaciones durante más de medio siglo dejan una estela de simpatía y asombro.

Su amigo Luis Carbonell la cataloga como una voz del Parnaso (consagrada a las musas). “Su voz inconfundible, inigualable, voz grave con toda la dramaturgia que exige las canciones”.

En una peña dedicada a Elena en el Salón Musical de la EGREM, el presidente de la UNEAC, Miguel Barnet declaró: “En la década de 1970 la seguía en la noche habanera. Ella cantó como nadie, vivió su vida, al gran escritor Julio Cortázar le encantaba Elena y Maggie Prior”.

La propia Omara Portuondo catalogó a Elena como “la gran dama de la canción cubana”.

César Portillo de la Luz, amigo de la vieja guardia del feeling, consideró que “Elena hubiera podido ser una gran cantante dramática. Tenía unos graves que la hacían una cantante única, su dicción diáfano, su mensaje estético la convierten en una clásica-popular”. Sabía darle la carga poética que tenía cada canción, utilizaba la libertad, el coloquialismo propio del movimiento feeling. Elena fue para nosotros como María Teresa Vera para la trova más tradicional”.

El compositor mexicano, amigo de Cuba, Vicente Garrido (Todo o nada), me dijo en un Festival Boleros de Oro: “Lucho Gatica en Chile nos llevó a la cúspide internacional; pero Elena con su voz demostró las más grandes posibilidades estilísticas del bolero feeling. Es una Reina de la canción, ejemplo y canon en la canción latinoamericana”.

Frank Domínguez fue uno de sus pianistas acompañantes y asegura que “Elena es la intérprete ideal de cualquier compositor, pues si bien se aprende la canción, interiorizando las motivaciones del autor, hace visible la palabra, la metáfora más sutil, con una gestualidad característica, contenida y, al mismo tiempo, con una fuerza expresiva tremenda. Tiene un oído armónico increíble, y si cambia la melodía, en definitiva, la realiza con su sentimiento. Pero, si el acompañante varía en algo una nota, con su mirada de saeta, por encima del hombro, es capaz de preguntar en medio del espectáculo: ¿Qué pasó? No lee música, pero sabe exigir el acorde perfecto. Y ha levantado canciones sin tanto vigor, a partir de su versión”.

Otra de las autoras más cercanas a Elena fue Marta Valdés, ella definió a su amiga de esta manera: “Elena es una de las realidades más contundentes de nuestra cancionística de todos los tiempos. Con su voz poderosa, con su descomunal sensibilidad fue sierva y señora de la canción de un siglo entero. Esta mujer, fiel y voluntariosa, sencilla, de pocas palabras, que solamente quiere cantar y cuando se nos para delante a entonar una de ellas, siempre lo hace convencida de que en aquello que está diciendo hay, por lo menos, una parte de la verdad. Todo el saber que le han dado los años vividos, se concentra en el momento de la canción. Gracias a ello ha conservado en don de la inocencia. Gracias Elena por enseñarnos el valor de cantar”.

Juan Formell, en una de sus entrevistas me dijo que se asombraba la manera en que Elena dejaba de cantar y comenzaba a conversar con el público; “entonces cuando reanudaba el canto, siempre entrega en el mismo tono. Conocí a Elena en los camerinos del cabaret Caribe del hotel Habana Libre, cuando yo tocaba en la orquesta de la revista Madame Pa´cá. Me la presentó el percusionista Blas Egues (hermano del flautista Richard), le dijo que yo componía canciones. Ella aceptó escucharlas y, decidió grabarlas. Al final, Caturla no pudo hacer las orquestaciones y decidí encargarme de los arreglos para la orquesta dirigida por Somavilla. Ella me abrió el camino en la canción, la recuerdo con mucho amor”.

Cuando Elena falleció, su hija Malena reveló a la prensa secretos de su madre: “Cantaba como si de cantar dependiera su existencia, con un gozo tan profundo y contenido que entonces parecía estar sola en el mundo. Pero nunca dejó de tener en cuenta que cantaba para los demás. El público era lo primero, aunque estuviera muriéndose. Ella era un caso muy extraño, una pisciana hija de Changó, muy centrada. No permitía que nadie entrara a su cuarto. Ni siquiera yo. Le gustaban las cosas correctísimas. Quería ensayar todos los días. Compraba los regalos para la familia y para las amistades un año antes de dárselos. Mi regalo de los quince lo guardaba desde que yo tenía un año. Era muy organizada. De todos sus viajes, desde que comenzó, tenía un orden por mes. Me he encontrado anotaciones como éstas: “Le presté a Moraima (Secada) siete arreglos (musicales). Fulano me debe 3.10”; incluso cosas simpáticas: “No me dieron el pollo esta semana”. En una libreta bellísima del año 1943 hay autógrafos de Celia Cruz, Julio Gutiérrez, Orlando de la Rosa. Hasta me encontré una lista de sus maridos”.