Salsa cubana en China

NOSTALGIA MUSICAL

Salsa cubana en China

Aniversario 170 de la llegada de los chinos a Cuba

La salsa es un movimiento que se alimenta de los géneros musicales de la música cubana, principalmente el son. En 1964, se inicia en Nueva York un proyecto de la disquera Fania All Stars que agrupo muchos cantantes y músicos latinos para reanimar la música cubana que había dominado el panorama de la música en los EE.UU. y toda América.

Después, en Cuba, en la década de 1990 se inicia otro movimiento con el mismo nombre, pero fusionando una amplia cantidad de ritmos: son, guaracha, mambo, rumba, ritmos, aderezado con sonidos caribeños y jazzísticos. A ese ajiaco más adelante, en 1998 le llamaron “timba”, el anuncio lo hizo Juan Formell en la conferencia de prensa, en el hotel Inglaterra, con motivos de la creación del Dream Team (Team Cuba).

Este fenómeno resultó una explosión, un boom que estalló en medio mundo, primero en Europa, después en los EE.UU. y más tarde llegó hasta la China. Llega en el momento en que al gigante asiático se renueva y se abre al mundo.

Isidro Estrada, quien fuera periodista de Prensa Latina, realizó en China un documental titulado Un toque de salsa China, difundido por la Televisión Cubana.

En el documental, realizado de manera independiente, es posible apreciar la soltura que el baile ha traído a los chinos seguidores del ritmo latino, sobre todo entre las féminas, que asumen la timba cubana, con los brazos en alto y los movimientos sensuales que tienen su origen en el África ardiente. Creo que las chinitas se les fueron delante a las europeas en soltura coreográfica, con mucho sabor. Pero los chinos bailan con un concepto, y una filosofía muy consciente.

En el Centro Fresa y Chocolate se hizo una presentación especial del documental. En aquella ocasión, hace unos años, Estrada manifestó:

“Después de una etapa de aislamiento y esterilización del arte durante en la revolución cultural, cuando solamente se escuchaban óperas revolucionarias seleccionadas, la situación dio un vuelco favorable, desde finales de la década de 1970, con el comienzo de la apertura al mundo y la reforma económica, que cambiaron definitivamente el rostro del país, colocándolo entre las primeras economías del mundo y enriqueciendo los contactos de todo tipo con el resto del mundo. Desde la década de 1990, los centros nocturnos de todo tipo pululan por China. Las fiestas latinoamericanas han echado raíces en hoteles, universidades, clubes y hasta embajadas.

De aquellos primeros tiempos Estrada habló de los clubes de Salsa en Pekín, se creó un restaurante bar brasileño llamado Parati, fundado en 1994. Más tarde abrió sus puertas la Casa de David. En realidad David no era más que Huo Yaofei, estudiante de baile, creador de una academia de baile cubano.

Huo se une a los percusionistas Songlian (Andrés) y Gaoxing (Rafael), de la Universidad de las Artes (ISA), con los dos graduados y otros músicos fundó la primera banda de música latina de Pekín, con el nombre de Ahí na´má.

Otro salón es el Havana Café, resultado de la iniciativa de un joven DJ franco-argelino, quien desembarcó en Pekín desde La Habana, cargado de objetos típico y música comprados en La Habana. Tras asociarse con un chino, instaló el negocio en el corazón de Pekín.

Hay que recordar un acontecimiento muy decisivo, en 1997 la orquesta femenina cubana Anacaona organizó una gira por China. Anacaona viajó por las más importantes ciudades de China. Fue la primera vez en que una orquesta de la llamada música latina viajaba en esas condiciones por el gran imperio.

Después le siguieron las orquestas Bamboleo y Pachito Alonso con un espectáculo de bailarinas, además de diversas agrupaciones, tanto cubanas como del resto de América Latina, e incluso Filipinas, del más diverso calibre musical. Hasta 2007 la banda cubana Luna negra amenizaba las noches salseras de Pekín, junto a agrupaciones de Colombia y Venezuela.

La puerta grande de Shanghai

Haciendo una retrospectiva, nos trasladamos hasta la década de 1930, época de oro en Shanghai, cuando se le conocía como “El París del Oriente”. En esa etapa comenzaron a llegar las rumbas de salón y la música del gran Ernesto Lecuona. Este ambiente festivo se vería interrumpido momentáneamente al llegar la ocupación japonesa, a lo que luego se sumó la Segunda Guerra Mundial y luego, en el caso de China, varios años de guerra civil, que culminaron con la fundación de la República Popular China, en 1949.

Tiempo después, en 1962, poco antes de la Crisis de Octubre, un coreógrafo y cantante chino, Sun Jiguan, visita Cuba en misión oficial de aprender danzas cubanas, para interpretarlas con el entonces recién fundado conjunto artístico chino Dong Fang, que se especializaba en danzas del tercer mundo. Sun junto a su compañera de bailes Sun Li, llevaron de regreso a su país el cha cha chá (con el cual organizaron el primer espectáculo de su tipo en China, para presentarlo ante los líderes del Gobierno de entonces).

“Pero el gran auge salsero de China –especifica Estrada– comienza cuando llegan bailarines, coreógrafos y empresarios con la salsa latina de Nueva York. Entonces, una nueva manera de sentir la música estalla entre los chinos, sobre todo en Pekín, Shanghai y Hong Kong. Para muchos de ellos, acostumbrados a observar los preceptos confucianos de esconder los sentimientos, la salsa significa un modo de exteriorizarlos a gusto, luego de mantenerlos guardados por muchos años. Y para las mujeres, como bien señala en el documental la bailarina aficionada Yan Yanna, salsa equivale a la oportunidad de que “las chinas mostremos al mundo nuestra belleza y en general nuestros encantos”.

 “La salsa ofrece una exteriorización de los sentimientos –opina una de las bailadoras de Pekín–, nos hace meditar y comprender muchas cosas. Nos adelgaza, nos hace más hermosas …conseguimos amistades y estamos en la moda”.

También se prepararon ruedas de casino por toda China, ancianos y niños se integran a las escuelas de baile. Esta fiebre ya existía en Japón, y ahora se ha extendido a Hong Kong y Corea del Sur, según me cuenta una colega salsera.

Este fenómeno demuestra el poder de la música y la salsa cubana, como elemento de alegría colectiva, a la vez, nos demuestra que las culturas tienen mucho en común entre los hombres de cualquier lugar en el mundo. Como vemos, la música une a los pueblos en un sentimiento común.