La Gracia de Adriana Arronte

Prefiere el silencio, para que nada interrumpa su diálogo interior con las piezas que están por nacer. A simple vista Adriana Arronte parece una mujer frágil. Su diminuta figura y su tono de voz bajo y pausado pudieran hacerlo creer. Sin embargo, al asomarnos en su obra plástica, se descubre una fuerza tal que nos hace cambiar esa impresión superficial que en un primer momento uno se lleva de la personalidad de esta pintora.

Para comunicarse, ella se vale por sobre todas las cosas de la belleza y de una constante experimentación. A veces, como ahora, echa a un lado la pintura y el dibujo para apoyarse en las instalaciones, porque le permiten integrarse más a la obra.

De pensamiento inquieto, meticulosa, incisiva  y hasta irónica a veces, la joven profesora de calcografía de la Academia de Bellas Artes de San Alejandro acude también a la lectura filosófica para madurar sus ideas artísticas y enriquecer el contenido de sus obras.

Piezas suyas forman parte de colecciones privadas en el Museo del vidrio en Tacoma, Washington; Cisneros Fontanals Art Foundation (CIFO) y del Consejo Nacional de las Artes Plásticas de Cuba, por solo citar algunos ejemplos.

Desde que se graduó del Instituto Superior de Arte (ISA) en 2006, Adriana no ha parado de crear y exponer sus obras. En principio, exhibía de manera individual cada dos años, pero desde 2017 acortó el ciclo a solo uno. Galerías de La Habana, Madrid, Lima, Sao Paulo, Washington y Miami han sido testigos de su labor creativa. 

Estado de gracia, su más reciente exposición personal, puede apreciarse hasta el venidero mes de octubre en la galería Villa Manuela de la UNEAC. La muestra da continuidad a Cambio de estado, exhibida al público en ese mismo espacio en el año 2015.

Para ahondar en su nueva propuesta, este sitio conversa con Arronte, quien desde 2006 cuenta en su aval con el Premio Nacional en Artes Plásticas de la Unión Latina a la Creación Joven.

EXPOSICIÓN

Estado de Gracia, ¿por qué ese título?

—La expresión estado de gracia es muy polisémica. La noción de estado permite apuntar al estado individual y a una comunidad social con una organización política común. La gracia, a su vez tiene acepciones espirituales y jurídicas. El término puede implicar estados de impunidad, asunción o cinismo, entre otros. Este límite impreciso y delicado, donde se sitúan los ídolos, es el leitmotiv de esta exposición.

—¿Qué ideas hay detrás de la muestra?

—Me interesa analizar estados del individuo organizado en sociedad, criterios de “elevación” espiritual o social, estados de conciencia y estados materiales. También conceptos como gloria, estatus, gracia, que desde los orígenes de las civilizaciones han creado sistemas subjetivos de ilusión y seducción.

—¿En qué período concebiste y preparaste la exposición?

—Es difícil definir el período porque hay ideas y hasta piezas que vienen de hace varios años atrás. Pero la selección y concreción final debió cerrarse en un año. La curaduría de Luis Enrique Padrón fue de gran ayuda. Yo tenía dudas sobre las relaciones entre algunas piezas. Sabía que todo estaba conectado, pero había separado los campos de investigación y el espíritu que cada serie tenía para mí. Sin embargo, unirlos fue gratificante, cambia el tono de aproximación a ideas que son afines entre sí.

—¿Qué técnicas y materiales utilizaste en las obras que exhibes?

—La serie Estado de gracia son collages, construidos con joyas, monedas y medallas de metal, recolectadas en anticuarios y con “merolicos”. Los búcaros son de cerámica porque hacen referencia a la tierra de la cual fueron separadas las plantas. Mientras,Lugares de cultos, son grabados en metal y Limbo grabados con láser sobre hojas de plantas. La raíz fue intervenida con resina. Los mosquiteros también fueron recolectados e intervenidos, pertenecieron a diferentes familias y muestran la huella del uso y el tiempo.

—En la muestra trabajas la escultura —madera con resina— a veces blanca, otras rojas. ¿Por qué estos materiales y tonalidades?

—La resina es similar al barniz, sella la madera, protege y en parte oculta su naturaleza. Separación es una raíz natural cubierta de este barniz rojo para que recuerde sangre coagulada. Las gotas chorreadas se cristalizan y capturan así el gesto. Los búcaros, de la serie Implantes, trasplantes y elevaciones, son blancos para acentuar la esterilidad de esta tierra quemada, horneada por la cocción para producir un objeto que ejerce control sobre la planta. 

—El trabajo con el vidrio, el bordado, el tejido y la orfebrería también están presentes… ¿tiene Adriana cierta inclinación hacia los oficios?

—Me atraen los objetos, involucrados en rituales sociales de uso. En muchas ocasiones los intervengo o recreo distorsionándolos y para ello debo acudir a los oficios con que fueron realizados.

— ¿Cómo llegas a cada uno de ellos?

—Cuando los observo no veo solo su función plana, sino los sentidos que puede detonar el acto de uso, la necesidad que satisfacen, el origen de esta…O incidentes muy puntuales. Por ejemplo, la instalación Los estados débiles, derivó de una experiencia en el hospital Emergencias.

Estaba acompañando a mi tía ingresada allí y en una sala adjunta observé los mosquiteros. Era la sala de enfermedades aerobacteriológicas. Todas las ventanas y puertas, enormes, estaban abiertas de par en par, y los pacientes salían y entraban, abrían sus mosquiteros para charlar. Me pareció muy sugerente. Luego hubo otras asociaciones, con los cortinados teatrales, los salones de actos sociales y políticos, el texto del filósofo alemán Peter Sloterdik Crítica de la razón cínica, donde se refiere a los estados débiles. Así fui construyendo la idea.

—¿Por qué esa necesidad de expresarte a través de instalaciones?

—Las instalaciones te permiten integrarte a la obra, no solo desde una percepción espiritual, sino también físicamente. Implica mayor sinestesia, mayores perspectivas visuales de una misma obra. 

—¿La pintura o el dibujo han pasado a un segundo plano?

—Más la pintura, no soy buena colorista. El dibujo no, tengo la serie Derrame, de dibujos-vitrales rojos, sobre cristal, que es bastante extensa. Y más reciente las series de dibujos Culto y Sacrificio, porque me interesó conectar joyas y paisajes que no podía intervenir físicamente. Aquí el dibujo fue lo más viable, en color plateado, para mantener la naturaleza metálica de las joyas, el tono espiritual de las cumbres de las montañas.

LA ACADEMIA

—¿Cuánto aportó a tu obra los estudios en San Alejandro y luego en el ISA?

—Muchísimo, una transformación total. Antes de estudiar en San Alejandro, desconocía muchas técnicas de las artes plásticas, así como historia del arte universal y nacional. Esta información me dio una mejor perspectiva de cuánto se podía hacer.

Luego el ISA aportó una visión más contemporánea y menos ingenua. En este momento me di cuenta de que no bastaba con hacer lo que el impulso me dictara, sin menospreciar la intuición. Debía estar consciente de los resortes que activaban cada elemento que integra la obra, de elegir un material u otro, una escala, las referencias históricas, por mencionar algunos.

—¿Cuáles materias consideras imprescindibles en la formación de un artista plástico?

—Semiótica, filosofía, historia del arte. La semiótica te aporta una conciencia de los signos en la vida social, descubres como todo está cargado de información, de referencias sutiles a sistemas familiares y culturales. El poder analítico y cuestionador de la filosofía es parte inherente del arte. La historia vista no desde una visión eurocentrista, sino desde el estudio del arte africano, asiático y latinoamericano. Claro, las técnicas son básicas, y la práctica y la experimentación vitales.

—¿Qué profesores influyeron más en ti?

—En San Alejando Eduardo Hernández, Rogelio Machado, Janet Brosal. En el ISA Jorge Fernández, Luis Gómez, Gustavo Pita, Julia Portela y Sandra Sosa.

—¿A qué artistas admiras y por qué?

—Admiro a muchos artistas. Con relación al arte cubano, me costaría mucho trabajo cerrar la lista, por el peligro de mencionar a uno y obviar a otro igualmente importante. Pero entre los que tengo como referentes por su relación con los objetos o el espacio están Duchamp, Cildo Meireles, Mona Hatoum, Jorge Macchi… de Cuba: Antonia Eiriz, Félix González Torres, Eduardo Ponjuan, Garaicoa.

—Cruzar las fronteras y conquistar espacios en Madrid, Nueva York, Miami o Perú ¿Cambió en algo a Adriana y a su obra?

—Sí, por una parte, fue revelador visitar los museos y ver en vivo las obras del arte universal que conocía por catálogos; ello me permitió entender mejor porque fueron trascendentes. Por otra parte, estudiar la existencia de códigos o símbolos locales e internacionales ampliaron mi espectro.

EL MUNDO DE ADRIANA

—¿La llegada de tu hija Audrey cambió tu ritmo de trabajo?

—No. Cuando reviso el trabajo hecho antes de ella nacer y los años posteriores, no hay pausa. Porque en sus primeros años yo estaba muy motivada y eso me daba fuerzas, aun cuando estaba a cargo de todo lo relacionado con mi hija. Claro, también tenía el apoyo de mis padres y mi esposo. Aun cuando es agotador, la satisfacción de educar y amar a un hijo lo compensa todo.

—¿La niña ha influenciado tu obra?

—En realidad no sabría definir en qué medida ha influido en mi obra, solo sé que soy más feliz desde que soy madre y me preocupo por hacer algo de lo que mi hija pueda estar orgullosa. Pero ahora que preguntas, hay un detalle de la pieza La ilusión de los sistemas, unos muñequitos armados con cascos, que se los vi construir a ella, cuando jugaba con mis accesorios mientras yo estaba trabajando. La imagen me pareció perfecta para incorporarla a mi escena.
—¿Cuál es el ambiente y el horario en que crea Adriana? 

—Me gusta el horario de la mañana por la luz natural, y la noche más para leer e investigar, pero nada se cumple de modo exacto. La música me acompaña solo cuando estoy haciendo algo más de acción física, que se puede volver un trabajo un poco mecánico. Pero a veces interrumpe mi diálogo interior y prefiero el silencio.

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