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| José Sanchis Sinisterra, probablemente el más importante dramaturgo español vivo |
En los últimos años no voy tanto al teatro como en otras etapas de mi vida. El ejercicio de la crítica, durante lustros seguidos, me llevó a ver más de una función por semana. Ahora – aprovechando la eficacia de unas bibliotecas públicas que ojalá no se quiebren con la crisis y los severos recortes que azotan la vida española- dedico más tiempo a la lectura, menos intensa en aquella época de tanto teatro y periodismo.
Dentro de esa vida teatral menos asidua, he disfrutado mucho de dos experiencias singulares y auténticas. El ciclo de lecturas de dramaturgia cubana en La Corsetería me permitió volver a conversar con José Sanchis Sinisterra, probablemente el más importante dramaturgo español vivo. En ese espacio pequeño y dinámico, el autor de Ay, Carmela y otros importantes textos, da continuidad en Madrid a su Teatro Fronterizo, que tuvo en la sala Beckett de Barcelona un momento de esplendor.
Tengo en mi mesa de trabajo el libro que me regala el propio autor, Dramaturgia de textos narrativos. Había estado en una conferencia de este notable escritor y director de escena en nuestra Habana, en la arrancada de la década de los noventa en el pasado siglo. Hace un par de años asistí a varias jornadas de un Taller que impartió en Murcia, pero la lectura de este libro permite analizar con calma sus eficaces indagaciones sobre la relación entre la narrativa y el drama. Sanchis es directo, diáfano, práctico. Se aprecia el gran caudal de sus lecturas y experiencias pero todo en el libro apunta al trabajo de taller, el ejemplo concreto, la pista creativa.
Otra vuelta de tuerca
Prisionero en Mayo es el título de la obra de Juan Manuel Romero que pude ver en la pequeña sala Arte 4. Romero logra juntar la calidad literaria de sus textos con una poderosa intuición dramática. Tanto en las escenas más largas y cercanas al realismo, como en la estructura dinámica y desenfadada de la segunda parte, conviven una historia atractiva y personajes adorables.
El tema podría ser la cárcel en un primer nivel de lectura; pero la obra va mucho más allá del ámbito carcelario en que se mueven los personajes. Se reflexiona sutilmente sobre la educación sentimental de los jóvenes, la familia, la soledad y se insinúa una desvaída pero trémula historia de amor.
La puesta en escena (del propio autor) logra buenas atmósferas con un sencillo pero sugerente diseño de luces y se apoya sobre todo en las excelentes actuaciones de Javier Santodomingo, Karlos Aurrekowtxea y Marta Alonso. Aunque los dos intérpretes permanecen más tiempo en el escenario y logran un óptimo contrapunto, me emocionó especialmente el desempeño de la actriz asumiendo esa carcelera con vocación de novia. Marta logra un trabajo de contención y sutileza que se queda en la memoria hasta bastante después de los aplausos finales.
Teatro Vuelta de Tuerca es el nombre bajo el que estos jóvenes realizan su labor. Al saludar al autor a la salida -con esa inmediatez de la otra escena madrileña, la que no suele estar en los grandes espacios ni gozar de la publicidad preferente- evocamos una referencia a Baracoa y salta de júbilo, recordando no sólo nuestra legendaria ciudad del Oriente sino otras experiencias y nombres de Cuba. Empiezo a soñar con verles sobre un escenario de La Habana.