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LA UNEAC EN LA MEMORIA.

Por: Pablo Armando Fernández

Acudir a la memoria, que suele fijar puntos reveladores, es tarea de difícil acercamientos. ¿Dónde y cuándo se origina el quid que nos convoca?
El propósito de unir Lunes de Revolución y Hoy Domingo, suplementos lite-rarios de los periódicos Revolución y Hoy, algo urdido por personas que en aquellos años se ocupaban en dirigir la cultura, nos reunía. De esos reencuen-tros surgió una invitación a la Unión Soviética para Carlos Franqui y Gui-llermo Cabrera Infante, directores del periódico Revolución y del suplemento literario y otra para China, que me incluía, entonces yo ejercía el cargo de subdirector de Lunes. Este viaje se extendió hacia la URSS.
En noviembre de ese año, 1960, a nuestro regreso, se nos comunicó que la Dirección de Cultura y el Consejo Nacional de Cultural, organizaban el Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos. Ya era comenta-rio general que de tal evento surgiría la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
Personalmente se me hizo conocer que en el Ejecutivo del Comité Gestor del Congreso, fungiría como Responsable de Organización. No olvido el momento en que Nicolás Guillén me hiciera entrega de la llave de la puerta principal de una mansión en la calle 17, esquina G, en el Vedado. La entrada a aquella residencia, aventurarme por habitaciones esplendorosamente amue-bladas, que mantenía la suntuosidad del un reciente pasado y acogería en sus recintos a escritores y artistas nuestros, es sin dudas un momento persistente en mis recuerdos.
Durante esos meses de trabajo organizativo conté con la asistencia de dos jóvenes: Rolando López del Amo y Jorge Hart Dávalos, quienes contribuye-ron a la realización de labores de intensa dedicación. Concluido el Congreso, la UNEAC configuró su Comité Director. Mi memoria persiste en recuperar cuál fue mi impresión al constatar que tras meses de intenso trabajo, y consciente de que Lunes desaparecería, no se me había destinado un cargo en nuestra recién nacida institución. La puerta abierta para creadores de tres generaciones en un país en lucha por recuperar su rostro y voz, era la respues-ta que satisfacía a plenitud mi mente-corazón.
Es de afirmar que mantenía presente algo que escuché de labios de Nazim Hikmet: “El hombre en la acción se equivoca, a veces, inevitablemente: equivocarse no es una desgracia, pero repetir equivocaciones es una idiotez.” La UNEAC mantuvo activo un programa de televisión que Lunes iniciara en el que yo escribía el guión y presentaba personalidades de nuestra cultura e invitados internacionales.
En un momento de celebración como el que nos convoca con la puerta abierta en catorce provincias y sus municipios, ignorar las equivocaciones puede someternos a lamentables “idioteces”, sufridas durante el decenio oscuro. He de apuntalar que nuestro padre espiritual, poeta nacional Nicolás Guillén, extinto ese periodo sórdido de los años setenta, recuperó a quienes en esa década se les cerró la puerta.
En 1987 Lisandro Otero, a cargo de la presidencia de la UNEAC me propuso la dirección de la revista Unión, responsabilidad que acepté y mantuve hasta 1994.
Henos aquí en sus jardines remodelados, en su sala Martínez Villena, en el Hurón Azul, en la Galería Manuela, las celebraciones, amistosas que nos familiarizan en un cumpleaños o conmemoración que distingue a sus miem-bros, participar en eventos internacionales, Festival Internacional de Poesía, Feria del Libro, Festival del Cine Latinoamericano, Bienal Wifredo Lam, Premio Casa de las Américas es mantener la puerta abierta. La puerta que nos recibe y acoge en defensa de los principios e ideales que nos hermana, nuestra Revolución Cubana.