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DÍA MUNDIAL CONTRA LA HOMOFOBIA Y LA TRANSFOBIA
LA HOMOFOBIA EN TELA DE JUICIO

Fecha de publicación 11/05/2009

 
¿Qué porvenir le espera a la heterosexualidad?
Maks Banens...

¿Qué porvenir le espera a la heterosexualidad?
Maks Banens
Modys – Universidad de Lyon, Francia 

Con mi colega Rommel Mendès-Leite, he realizado una investigación para la MiRe, en el marco del proyecto “Producción y tratamiento de las discriminaciones”.1 La investigación tuvo por objeto de estudio los efectos a largo plazo del reconocimiento administrativo de la pareja homosexual sobre la construcción de las orientaciones sexuales. En este artículo, quisiera discutir algunos problemas de terminología concernientes a la discriminación de la homosexualidad y colocarlos en un contexto más general.

Homofobia para decir discriminación de la homosexualidad

Para describir la discriminación y el rechazo de la homosexualidad, un término parece lograr la unanimidad hoy día: homofobia. Ése es el título de un bien conocido diccionario que agrupó recientemente a un gran número de intelectuales. Ése es también el nombres utilizado por el Parlamento Europeo, este mismo año, para la resolución sobre la homofobia, que logró reunir numerosos parlamentarios de horizontes diversos.2 Ahora bien, esa unanimidad aparente no impide la aparición de crítica numerosas y serias. Dos aspectos son particularmente criticados. Por una parte, el origen etimológico y psicológico de “fobia”, es decir, de miedo. Por otra parte, su empleo extensivo, que cubre todas las manifestaciones de rechazo y de discriminación de la homosexualidad.

Homofobia y heterosexismo: temor u hostilidad

En su origen, el término “homofobia” hacía referencia, efectivamente, al miedo: miedo de los homosexuales, primeramente;3 después, miedo de la homosexualidad, de volverse homosexual o de ser considerado como tal.4 Smith y Weinberg crearon el término “homofobia” tomando como referencia fobias psicológicas clásicas, tales como la claustrofobia o la agorafobia, y la han considerado siempre, hasta en entrevistas recientes, como una enfermedad psicológica.5

No hay duda de que esa homofobia psicológica existe. Sin embargo, muy pronto resultó demasiado estrecha para representar todo rechazo y toda discriminación de la homosexualidad. La homofobia tomó entonces el sentido amplio de rechazo de la homosexualidad, tomando como referencia no ya la fobia psicológica, sino la xenofobia, concepto más sociológico que psicológico. Con ese sentido fue que la homofobia entró en los diccionarios corrientes de la lengua francesa. El Petit Robert habla de aversión; el Petit Larousse y el Dictionnaire Flammarion, de rechazo, y el término más utilizado (Larousse, Hachette y Flammarion) es el de hostilidad. Ninguno de los diccionarios corrientes hace referencia al miedo.

La extensión, y hasta el desplazamiento de sentido del concepto de homofobia más allá del solo campo del miedo, suscitó el deseo de introducir, junto al término de “homofobia”, otros términos para describir las manifestaciones de hostilidad que no estarían motivadas por el miedo. Es así como se han propuesto los términos de “heteronormatividad”, “heterosexismo” y otros más.6 La homofobia sería entonces un fenómeno múltiple cuyas diferentes manifestaciones no serían de la misma naturaleza. Algunas, como la desigualdad ante la ley, serían de orden legislativo y se entenderían sobre todo por la historia ideológica; otras, como la violencia física, serían de orden psicológico y se entenderían por mecanismos psicológicos como el miedo, el resentimiento o el conformismo. Las diferentes formas de discriminación, estrechamente ligadas a ellas, obedecerían, no obstante, a lógicas diferentes.

El continuum homofóbico

Los argumentos del origen psicológico, por una parte, y del empleo extensivo y heteróclito, por la otra, son exactamente los argumentos por los cuales otros autores defienden la noción de homofobia.7 Ésta tiene el mérito de aprehender el continuum que existe entre las diferentes manifestaciones de rechazo de la homosexualidad. Fobia psicológica y heterocentrismo estructural, para mencionar solamente las dos manifestaciones más importantes, no existirían una sin la otra. Algunos retoman el sentido original que le dio Weinberg: la homofobia es una fobia, es decir, un miedo, un sentimiento irracional, y ese miedo está realmente en la base de toda forma de rechazo de la homosexualidad. 8 La orientación heterosexual estaría construida entonces sobre la represión de la parte homosexual presente en todo individuo, represión que genera la fobia de su reaparición.9 Otros, por el contrario, ven la homofobia ante todo como un elemento de la dominación heterosexual y masculina, de la cual la homofobia sería la faceta psicológica. En los dos casos, la homofobia es considerada como un continuum, que responde a una única lógica.10

La ventaja de esta visión es que ella parte de una lógica de conjunto que sustenta las diversas manifestaciones de hostilidad hacia la homosexualidad. En efecto, no se podría considerar como un azar la coexistencia de estructuras heterocentradas, de violencias antihomosexuales físicas, legislativas o ideológicas, y la fobia psicológica ante la homosexualidad. La introducción de una terminología específica en cada dominio podría ocultar el vínculo entre esos fenómenos. Podría hacer que la discriminación de la homosexualidad resultara una conjunción accidental de varios factores independientes. El empleo del término “homofobia” en su sentido amplio tiene, pues, el mérito de suponer un continuo homofóbico detrás de las diversas manifestaciones de discriminación.

Homosexualidad reprimida o constreñimiento a la heterosexualidad

Pero eso plantea de inmediato la interrogante: ¿qué le da unidad a ese conjunto homofóbico? ¿La fobia psicológica o el heterocentrismo estructural? Algunos postulan la presencia original y universal de la homosexualidad o de la bisexualidad, y, por ende, su represión por los que se consideran heterosexuales. Eso recuerda, evidentemente, la teoría freudiana, aunque Freud concebía la construcción de la heterosexualidad lo mismo como un desplazamiento de la pulsión sexual que como una represión de ésta. Eso recuerda también la hipótesis de la represión de la sexualidad, que ha estado en el centro del pensamiento de liberación sexual. Uno se acuerda de la crítica de Foulcault al respecto: lejos de haber reprimido y suprimido las diferentes formas de la sexualidad, la moral victoriana y burguesa las ha producido, construido y creado. Por lo menos ésa es la tesis de La Voluntad de Saber.

O, también, se considera que la dominación masculina está en el centro de la homofobia. Ésa es la hipótesis de Adrienne Rich en cuanto a la homosexualidad femenina.11 Extendiendo esa concepción de la «compulsory heterosexuality» ["homosexualidad obligada"] al sexo masculino, se puede ver la construcción de las sexualidades como un producto derivado de la construcción de los géneros, al servicio ella misma de la reproducción de la dominación masculina.

La hipótesis de la represión de la homosexualidad original y la del constreñimiento a la heterosexualidad no son incompatibles. La represión de la homosexualidad original es considerada a menudo como el instrumento que el género masculino ha establecido para perpetrar su dominación. La fobia sería entonces necesaria y racional en un sistema de dominación masculina, y sería más difícil considerarla como un disfuncionamiento psicológico en el sentido que le dio Weinberg.

La homoaversión y los procesos de civilización

Los debates en torno a la noción de homofobia son ricos e importantes, pero también muy embrollados, porque confunden la cuestión de las causas con la de la descripción misma de la homofobia. Además, tienden a concentrarse en el rechazo de los homosexuales y de la homosexualidad en general, y olvidan el rechazo del acto homosexual en sí mismo, que me parece mucho más extendido que el rechazo de la homosexualidad en general. En efecto, la idea de una relación sexual con una persona con la que uno se ha encontrado puede suscitar entusiasmo, indiferencia o aversión. Esos diferentes sentimientos, bien conscientes, se deben a múltiples factores en parte inconscientes. Uno de los factores puede ser el sexo de la persona. A riesgo de embrollar aún un poco más el debate, quisiera proponer, como suplemento a la noción de homofobia, que se llame homoaversión a la aversión hacia una relación sexual con una persona del mismo sexo en la medida en que esa aversión esté ligada al sexo de la persona.

La homoaversión y la homofobia, su relación o no con la heterosexualidad

Dos diferencias separan esa noción de homoaversión de la de homofobia: en primer lugar, la homoaversión describe la aversión que se siente sin proponer una hipótesis sobre su origen; en segundo lugar, rechaza la idea de una relación sexual en función del sexo del compañero, y no de su orientación sexual; en otras palabras, no se opone a los homosexuales, ni a la homosexualidad en general, se opone a la relación homosexual. La noción es, pues, a la vez, más estrecha y más amplia que la de homofobia. Más estrecha porque no se pronuncia sobre las motivaciones ni sobre las opiniones de la persona. Más amplia, porque puede ser considerada como una componente casi constitutiva de la orientación heterosexual exclusiva.

Es en eso precisamente en lo que yo veo el interés de la noción de homoaversión: homofobia y heterosexualidad no están ligadas entre sí, excepto por intermedio de una hipótesis suplementaria sobre el origen de la homofobia. Homoaversión y heterosexualidad, por el contrario, están ligadas por definición: toda orientación exclusivamente heterosexual contiene como parámetro en la búsqueda del cónyuge el sexo de éste. La preferencia sexual por el otro sexo es, al mismo tiempo, el rechazo sexual del propio sexo. Como escribieron recientemente Bozon y Héran: «Preferir un tipo de compañero, es, ante todo, descartar otros.”12 Y descartar es algo que raras veces se hace por un sentimiento neutro. La “aversión” en el sentido de la evitación (a-versere: desviarse de) es también, a menudo, quizás no siempre, “aversión” en el sentido del disgusto. Así, la búsqueda del compañero sexual está hecha de atracciones y aversiones, de las que pueden formar parte las concernientes al sexo del compañero. Homosexualidad y homoaversión son contrarios: la homosexualidad define la atracción sexual hacia las personas del mismo sexo --como un parámetro entre otros, por supuesto, porque la homosexualidad no implica, en ningún caso, que toda persona de nuestro sexo nos atraiga. Por su parte, la homoaversión define la aversión sexual hacia las personas del mismo sexo, una vez más como parámetro entre otros.

Historia del rechazo de la homosexualidad: evolución del "mercado matrimonial"

La estrecha relación entre heterosexualidad (exclusiva) y homoaversión muestra de entrada que esta última es un hecho social masivo. La homoaversión está tan extendida como se exhibe la heterosexualidad exclusiva. La noción de homoaversión permite quizás describir mejor la historia del rechazo de la homosexualidad en el curso de los últimos siglos, y, a partir de allí, entrever algunas evoluciones futuras posibles. En efecto, la historia de la homoaversión está ligada a la de la heterosexualidad, y ésta no es sino la búsqueda del cónyuge. Ahora bien, la búsqueda del cónyuge ha experimentado considerables transformaciones en el curso de los últimos siglos. La más importante de ellas se sitúa en el nivel de los actores implicados. En el espacio de varios siglos, hemos pasado de un mercado matrimonial en el que las familias son los actores a un mercado en el que los futuros cónyuges son los actores mismos. Más exactamente, si ya eran mercancía en el mercado matrimonial, en adelante son mercancía y actor.

En lo que respecta a la construcción de la orientación sexual, eso modifica profundamente las reglas del juego. En la situación tradicional, el sexo del compañero no es una variable negociable. Las familias casan a sus hijos e hijas con el objetivo explícito de la reproducción biológica, eso impide las parejas del mismo sexo. Lejos de toda preocupación ideológica, se trataba de la supervivencia de la familia. Es así como la familia cristina europea practicaba la misma heterosexualidad obligatoria que las familias tradicionales de los demás continentes. Fuera del cónyuge escogido por la familia, toda sexualidad está proscrita. También en ese caso se trata de un objetivo familiar: hacer que todos los niños nazcan dentro de los marcos decididos por ellas. La homosexualidad se halla así fuera de la ley, de la misma manera que la heterosexualidad extraconyugal o también la sexualidad con los animales, de la que todo parece indicar que era entonces mucho más importante que la homosexualidad.13 No hay duda de que la homoaversión existe en esa sociedad tradicional. La homosexualidad es sancionada severamente y en esas ocasiones se apela ampliamente al sentimiento de aversión. Pero la homoaversión no forma parte de los parámetros de elección del cónyuge.

Todo cambia cuando el mercado matrimonial se individualiza y cuando los actores de ese mercado son a la vez mercancía, comprador y vendedor. Los parámetros ligados a la transmisión del patrimonio retroceden con el avance del salariado, y nuevos parámetros, como las atractividades y aversiones sexuales, hacen su aparición. Y cada parámetro es tanto argumento de compra como argumento de venta. Entre ellos, el sexo del compañero. Buscar un compañero del otro sexo deviene una opción, lo que no era antes. Deviene igualmente un argumento de venta: mostrarse en público como exclusivamente heterosexual es mostrarse como sano y moral, de la misma manera que mostrarse como fiel o limpio. La homoaversión deviene así un elemento constitutivo de la identidad heterosexual. Y por carambola, surge una identidad homosexual que reagrupa a todos los que, a menudo a pesar de años de esfuerzo, no logran responder a esa nueva exigencia. Lo que sigue es conocido: las dos identidades se han enfrentado violentamente, en detrimento de la más débil, claro está.

Las razones de la cohabitación: respeto de las diferencias o informalización de las costumbres

La historia reciente muestra, sin embargo, una cohabitación pacificada entre las dos identidades, desde mediados del siglo XX. El viraje ha sido espectacular. De la visión que se tenga sobre ese viraje depende la apreciación de la eventual continuación de la historia. Dos visiones se oponen:

Primera visión. Con arreglo al modelo de los derechos del hombre y de las minorías, la cohabitación actual es la de una comunidad minoritaria que vive en medio de una sociedad que le hace un lugar. A la manera de las comunidades religiosas o étnicas. Según esta visión, está en el interés de la minoría homosexual mantener la construcción sexual en torno al parámetro del sexo del compañero, porque se trata de la identidad del grupo. El matrimonio homosexual se inserta en esa visión de la historia reciente. Podría desempeñar un papel positivo en el mantenimiento del modelo de cohabitación comunitaria. Sin embargo, mantener el sexo del compañero como elemento identitario de la orientación sexual significa también mantener el riesgo de que la homoaversión así cristalizada conduzca a nuevas violencias. Por añadidura, y contrariamente a las comunidades religiosas y étnicas en las que el modelo se inspira, la comunidad homosexual no se reproduce de manera autónoma y cada joven homosexual estará siempre obligado a “emigrar” del mundo heterosexual al mundo homosexual; migración que, como es sabido, siempre es tan dolorosa, no sólo a causa de la homofobia, sino también a causa de la migración identitaria misma.

Segunda visión, más sociohistórica, y que apela a las teorías recientes de los neo-eliasianos, como Cas Wouters y Hans-Peter Waldhoff. Se resume en una expresión: la informalización de las costumbres. El siglo XX, y sobre todo sus primeras décadas, estuvieron caracterizados por una transformación del proceso de civilización. La primera fase del proceso de civilización, la que Elias describió sobre todo desde el punto de vista de la gestión de la violencia, corresponde, en el campo de la sexualidad, a la interiorización de las normas sexuales tradicionales, y, por ende, de una adhesión identitaria a la homoaversión bajo la forma de una exhibición voluntarista de la identidad heterosexual.

A mediados del siglo XX, esa fase está, de cierta manera, terminada. Todas las clases sociales interiorizaron esas normas, como interiorizaron el control de la violencia. A partir de ahí, la interiorización puede perder su carácter rígido, la autoridad puede aceptar un espacio de negociación y, en el dominio sexual, las identidades pueden perder su rigidez. Así, la homoaversión podría perder su fuerza identitaria. La teoría de la informalización me parece particularmente interesante en el campo de la sexualidad, puesto que otras evoluciones, de orden demográfico esta vez, empujan en el mismo sentido. En efecto, la necesidad del control de los nacimientos acabó por desvincular eficazmente la sexualidad de la reproducción. También redujo el tiempo dedicado por las mujeres a la reproducción, cambiando así de manera radical la relación entre los géneros.

El análisis de esas dos visiones rebasa el marco de esta comunicación metodológica y deberá ser profundizado en otra parte.

Traducción del francés: Desiderio Navarro

Referencias:

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Notas:



1 El informe, titulado «¿Nuevas visibilidades de homosexualidades, nuevas discriminaciones?» (Convención de investigación con el Ministerio del Empleo, de la Cohesión Social y de la Vivienda y el Ministerio de la Salud y las Solidaridades), está disponible en el sitio web del primero.

2 Resolución sobre la homofobia, adoptada por el Parlamento Europeo el 18 de enero del 2006. Véase abajo.

3 Es así como Kenneth Smith introdujo el término en 1971 (Smith K., Homophobia: a tentative personality profile. Psychological Reports, 1971, 29:1091-1094).

4 Es en ese sentido en el que Georges Weinberg lo utiliza, en 1972, en su libro Society and the Healthy Homosexual. Por su éxito comercial, ese libro ciertamente estuvo en el origen del éxito de la noción de homofobia. Para el psicólogo Weinberg, la homofobia es indiscutiblemente una fobia, un miedo, y, como tal, una enfermedad. Él se explica al respecto en una entrevista publicada en GayToday: “Las raíces de la homofobia son el miedo. Miedo y más miedo. Está basado en la absurda idea de que si uno es como todos los demás, uno estará seguro y feliz. (...) También la envidia desempeña un papel, porque las personas miedosas que inhiben sus vidas les tienen mala voluntad a otros que no inhiben sus vidas de la misma manera. Muchas personas piensan secretamente que los gays son mucho más felices que ellos, y quieren castigarlos. Desde luego, toda respuesta a la pregunta de cómo se desarrolla una enfermedad (y la homofobia es una enfermedad, no hay duda) tiene que estar incompleta.” (GayToday, vol. VIII, Issue 167) (N. del T.: en inglés en el original francés).

5 Véase la nota anterior.

6 En Francia, ha hecho propuestas en ese sentido Eric Fassin. Véase Tin L.-G. (ed.), Dictionnaire de l’homophobie, PUF, 2003.

7 En Francia, Louis-Georges Tin (op. cit.), Didier Eribon, Daniel Welzer-Lang oo también Daniel Borrillo están entre los representantes de esa visión de la homofobia.

8 Numerosas investigaciones parecen confirmar la relación estrecha entre homofobia y homosexualidad reprimida. Un ejemplo entre otros: en este experimento, hombres que se definían como homófobos estaban más excitados sexualmente en un grado considerable al ver imágenes pornográficas homosexuales que los hombres que se declaraban no-homófobos. "Is Homophobia Associated With Homosexual Arousal?", por Henry E. Adams, Ph.D., Lester W. Wright, Jr., Ph.D. y Bethany A. Lohr, University of Georgia (Athens), Department of Psychology, Journal of Abnormal Psychology, Vol. 105, 1996, No. 3, pp 440-445.

9 "Compulsory Heterosexuality and Lesbian Existence", escrito en 1980, publicado en Adrienne Rich, Blood, Bread, and Poetry, Norton 1986.

10 La resolución sobre la homofobia, adoptada por el parlamento Europeo el 18 de enero de 2006, rtetoma el término de “homofobia” en el sentido amplio. Ella distingue entre lo que define la homofobia (un «sentimiento irracional de temor y aversión”) y sus manifestaciones privadas (“la violencia verbal, psicológica y física”) o públicas (“discriminación que viola el principio de la igualdad»): «A. considerando que la homofobia puede ser definida como un sentimiento irracional de temor y aversión hacia la homosexualidad y las personas lesbianas, gays, bisexuales y “transgéneros”, basado en prejuicios y comparable al racismo, a la xenofobia, al antisemitismo y al sexismo; B. considerando que la homofobia se manifiesta en los dominios privado y público en diferentes formas, entre las cuales los discursos de odio y la incitación a la discriminación, la ridiculización, la violencia verbal, psicológica y física, así como la persecución y el asesinato, la discriminación que viola el principio de igualdad y restricciones injustificadas y abusivas de los derechos a menudo impuestas so capa del orden público, del principio de la libertad religiosa y del derecho a la libertad de conciencia…».

11 Solamente en lo que respecta a las mujeres. El concepto de constreñimiento a la heterosexualidad de Rich está menos cercano a la noción amplia de la homofobia de lo que parece a primera vista. En efecto, para Rich, la heterosexualidad es impuesta a las mujeres, cuya homosexualidad original no deja lugar a dudas, puesto que corresponde a la primera relación con la madre. En lo que respecta a los hombres, aunque Rich no se pronuncia à ce sujet, el razonamiento parece ser el mismo: heterosexuales de nacimiento, por así decir, a causa del sexo de sus madres, tendrían necesidad efectivamente de imponerles la heterosexualidad a las mujeres, que, por sí solas, no llegarían a ella. Así pues, si el constreñimiento a la heterosexualidad es bien aplicable a las mujeres, no lo es a los hombres.

12 Michel Bozon y François Héran en La Formation du Couple, éd. La Découverte, 2006, p. 18.

13 Véase, entre otros, H. Puff (2003), Sodomy in Reformation Germany and Switzerland 1400-1600, Chicago, University of Chicago Press ; J. Rydström (2003), Sinners and Citizens, Bestiality and Homosexuality in Sweden, 1880-1950, Chicago, University of Chicago Press.









Sociodemógrafo, Maks Banens es maestro de conferencias en la Universidad de Lyon; trabaja, entre otras, las cuestiones de la pareja, las sexualidades y las relaciones intergeneracionales.

La Revue, n° 3, Genres & générations, « L’homophobie en question. Quel avenir pour l’hétérosexualité ? », http://www.lrdb.fr/file/Banens.pdf